La legendaria pista Chabrières de Vars acogió la semana pasada la segunda etapa de la Copa del Mundo de esquí de velocidad, también llamado Kilómetro Lanzado. Esta es la modalidad deportiva más rápida sin el empuje de un motor. Aquí los y las participantes se lanzan a tumba abierta por un trazado con una gran verticalidad. El objetivo es lograr la máxima velocidad. Una caída puede ser fatal por las quemaduras que pueden provocar la abrasión de la nieve.
Para alcanzar esas velocidades el equipamiento incluye trajes de látex aerodinámicos para minimizar la resistencia del aire, esquís de casi dos metros y medio, y a partir de aquí material que se suelen fabricar los propios corredores/as como alerones en las botas, cascos especiales y hasta bastones que minimicen al máximo la fricción con el aire.
El actual récord del mundo sigue en manos del francés Simon Billy, quién en el mes de abril de 2023 marcó exactamente una velocidad de 255,500 km/h. En mujeres es la italiana Valentina Greggio con los 247,083 km/h que logró en Vars en 2016. Por su parte, Ricardo Adarraga con 240,642 km/h y Marta Visa con 214,617 km/h son los esquiadores más rápidos de España.
Pues desde el pasado viernes 31 de enero el record del mundo de esquí de velocidad con discapacidad visual está en manos de la esquiadora noruega Andrea Pharo Ronde de 31 años, quién con apenas un 10% de visibilidad, tuvo el arrojo de lanzarse a tumba abierta por la pista Chabrières de Vars con la única ayuda de su guía Liss-Anne Pettersen de 53 años. Juntas alcanzaron una velocidad de 168,77 km/h.
Andrea sigue la gran cruz en el trasero de su guia Liss-Anne
Para lograr este récord, Andrea Pharo, que solo mantiene algo menos de un 10% de su visión, y bajo la luz del sol apenas puede ver los contornos, tuvo que seguir la gran cruz que lleva su guía Liss-Anne Pettersen en el trasero para lanzarse por la auténtica autopista de gran desnivel que es la Chabriéres.
Cuando entrenan, utilizan un intercomunicador para poder ir diciendo constantemente sobre cualquier irregularidad en el recorrido, como curvas largas, horquillas, desniveles, etc...
Las dos mujeres llevan 13 años compitiendo juntas y son la única pareja activa en esquí de velocidad. Liss-Anne Pettersen, lo hace además de forma individual, y aunque lo dejó durante unos años tras haber participado desde 2008 a 2014, ahora ha vuelto para ayudar a Andrea. Ese viernes no tenían claro si iban a haber un récord. Tampoco se sabe si ya había una marca anteriormente. De todas maneras es todo un alarde de arrojo y coordinación a altas velocidades.
Andrea Pharo Ronde nació con albinismo. Se caracteriza por la reducción o incapacidad de formar pigmento, que es una sustancia colorante (melanina) que protege contra los rayos del sol. Es la melanina la que le da color a la piel, cabello y ojos. Las personas con albinismo presentan deficiencia de pigmentación en distintos grados y son fotosensibles y la mayoría de veces tienen problemas visuales debido a la falta de pigmento. Ella ha aprendido a vivir con esto, aunque sabe que siempre tiene que pensar en vivir a oscuras porque la luz le resulta incómoda.
Quiso ser esquiadora paralímpica, pero veía demasiado para ser reconocica como discapacitada visual, y muy poco para lanzarse en una carrera de esquí absoluta. Así que junto a su guía se especializaron en el esquí de Velocidad, donde en teoría debe mantenerse lo más recta posible.
La primera vez que se lanzó en esquí a toda velocidad lo hizo con su hermano. Juntos alcanzaron los 117 km/h. Era una colina pequeña y sin equipamiento especial. Aseguró en una entrevista en un diario noruego que aquello le produjo una descarga de adrenalina.
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Andrea Pharo y su guía Liss-Anne Pettersen tras lograr el récord del mundo de esquí de velocidad con discapacidad visual




