Son muchos los británicos que tienen problemas con la bebida. Y no es porque no la encuentran, sino todo lo contrario: la facilidad que tienen para dar con una botella con la que empinar el codo. Según informes de algunas asociaciones como Global Drug Survey, el 48% de ellos reconoce haber pimplado más de la cuenta. Con una de las tasas de población alcoholizada más altas del mundo, encuentran normal seguir bebiendo cuando salen de turismo, y cuando van a esquiar también. ¿Quién no ha visto esas imágenes de ingleses tratando de ponerse los esquís a la salida de una cabaña de los Alpes? ¿O los que buscan el equilibrio mientras van zigzagueando por alguna bajada al bar más cercano?.
Son imágenes que nos permiten reírnos de ellos, pero que tienen una parte secundaria, y es cuando colisionan con alguien, provocan accidentes o incluso ellos mismos podrían acabar muriendo congelados en el borde de alguna pista.
Tan problemática es esta situación que en 2019 la pareja Lara y Will Sussman, tras más de 20 años trabajando en los Alpes, vieron la necesidad de crear un cuerpo de rescate de beodos. Lo llamaron Ski Angels y después fueron ampliando la ayuda a debutantes o personas en apuros.
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Algunos esquiadores con problemas de alcohol en el cuerpo son ayudados por los Ski Angels
Lo cuenta el The Telegraph de Londres, que fue a pasar un día en pistas con este grupo de voluntarios. Pudieron ver como gracias a la técnica aprendida estos años, los sacaban sin problemas de montones de nieve donde se habían quedado a dormir la mona. A otros les daban instrucciones para poder llegar abajo sin problemas y evitar que nadie se quede atrás en la montaña cuando cierren los remontes.
Los Ski Angels es una organización sin ánimo. Según explican ellos mismos en su perfil de Instagram, en este tiempo han ayudado a más de 150.000 esquiadores a encontrar su alojamiento y han cargado con 60.000 pares de esquís. A muchos de estos turistas han tenido que acercarlos hasta un centro médico para que les atendieran.
Además de borrachos, también ayudan a principiantes que por alguna razón se han acabado metiendo donde no debían y se ven con problemas para bajar una pista. O les dan instrucciones para poder seguir, o cargan esquís al hombro y caminan hasta un remonte que les pueda bajar.
Todo esto parece una intervención divina, pero este concepto no se aleja mucho de la realidad ya que un nexo común de todos ellos es que son cristianos practicantes, "amamos a Jesús" aseguran, y la ayuda al prójimo para ellos incluye también a los esquiadores en los Alpes.
Actualmente los Ski Angels lo forman 18 jóvenes, de 18 a unos 25 años que se toman un año sabático ayudando a los demás. Durante las noches de invierno esperan fuera de los bares de après-ski bajo un frío glacial para ayudar en lo que pueden.
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Algunos de los miembros de Ski Angels en los Alpes, liderados por Will Sussman
Según un informe publicado por Direct Line Travel Insurance, cada temporada nada menos que casi 400.000 británicos entre esquiadores y snowboarders salen a las pistas bajo los efectos del alcohol. Unos 10.000 de ellos sufren accidentes importantes. Y una media de 34 por invierno solo vuelven a casa con los pies por delante.
Pero qué diferencia a este grupo de voluntarios católicos del servicio de emergencia médica en pistas que ponen las propias estaciones de esquí?. Sam Milchem, de 29 años, uno de los líderes del equipo Ski Angel, explica al The Daily Telegraph que había una gran brecha entre lo que el servicio de ambulancia podía hacer en la montaña y aquellos en apuros que necesitaban asistencia urgente,
“Actuamos como un puente intermedio para ayudar a las personas a sentirse tranquilas y seguras porque a los pisteros solo se les llama cuando alguien está realmente herido. A veces están en pánico o no pueden salir de una situación complicada... Eso es lo que es el ski angelling”.
Evitamos de tres a cuatro muertes en las estaciones de esquí cada año"
Además de los 18 Ski Angels, la asociación cuenta con una furgoneta. Los gastos se mantienen gracias a donaciones a través de su página web y patrocinios de algunas estaciones de esquí donde actúan, y una cadena de venta y alquiler de material de esquí y snowboard. Ninguno de los voluntarios cobra dinero alguno. Es más, pasarse una temporada ayudando a esquiadores borrachos, les cuesta unas 7.000 libras por invierno (casi 8.500€), gastos de viaje y forfaits incluidos.
Y muchos de los chicos y chicas que hacen de Ski Angels durante una temporada, se financian esas siete mil libras con donaciones a través de sus iglesias o ahorros propios.
Una de estas voluntarias, de 21 años, explica al diario londinense que se sentía obligada a trabajar para “salvar vidas”,
“Es nuestra manera de devolver algo a la sociedad, nos apasionan las montañas y nos apasiona que la gente las disfrute.
Jesús estaría allí, en medio del frío glacial a las 2h de la mañana, ayudando a alguien a llegar a casa en plena oscuridad después de 20 vodkas. Queremos hacer lo mismo”.
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Cargar esquís y ayudar a debutantes o personas con problemas en días de mala meteorología, también está entre las labores altruistas de estos Ski Angels

























