Edurne Pasabán: la cima no lo vale todo

Edurne Pasabán:  la cima no lo vale todo
Hace tres meses, Edurne Pasaban llegó a su límite en el descenso del Kangchenjunga, su duodécimo ochomil. "Pedí que me dejaran morir allí", admitía ayer. Pero la alpinista ha vuelto con fuerza: hoy vuela al Himalaya para intentar el Shisha Pangma. Si lo consigue, estará a una cima de ser la primera mujer en subir los 14 techos del mundo.
Hace tres meses, Edurne Pasaban llegó a su límite en el descenso del Kangchenjunga, su duodécimo ochomil. "Pedí que me dejaran morir allí", admitía ayer. Pero la alpinista ha vuelto con fuerza: hoy vuela al Himalaya para intentar el Shisha Pangma. Si lo consigue, estará a una cima de ser la primera mujer en subir los 14 techos del mundo.

¿Estar a punto de morir no le hizo replantearse su vuelta a la montaña?


En el Kangchen fallé. No me alimenté ni bebí bien y lo pagué. Casi me muero porque cometí errores. Pero siempre he tenido muy claro que iba a volver. Este verano he trabajado mucho psicológicamente, me he recuperado de las congelaciones y aquí estoy.

Es su cuarto intento al ochomil más bajo (8.027 m) y de los menos peligrosos. ¿Por qué se le atraganta?

He ido siempre en momentos difíciles. Después de otra expedición o en momentos personales muy duros, como cuando pasé una depresión. Y si la cabeza no está bien, no puedes subir ninguna montaña. Ahora estoy genial.

Y con un equipo ideal: alpinistas de élite y amigos.

Iremos dos cordadas, yo con Asier (Izaguirre), y Ferran (Latorre) con Álex (Txikón). Subiremos por la cara sur en estilo alpino –modo de escalada autosuficiente–, aunque quizás fijemos cuerda en algún tramo. También es un proyecto sentimental: hace dos años se mataron tres amigos en el Pirineo con los que habíamos dicho de ir al Shisha, y quiero hacerlo como homenaje.

Días atrás, el alpinismo se estremeció con la muerte de Óscar Pérez en el Latok II. ¿Afectan este tipo de noticias antes de subir al avión?

Sí, aunque no le conocía, fue muy duro. Muchas veces pienso en él y en cómo debió pasarlo todo. Me marcó. Esta mañana me he despedido de mis padres y he tenido una sensación rara: ante todo quiero volver. No me importan los 14 ochomiles o los sponsors; yo quiero volver para ver a mi sobrino y estar con los míos. Antes no me lo planteaba tanto; ahora voy contenta, pero sé que la cima no lo vale todo.

¿Qué opina de escaladores anónimos como Óscar?

Admiro a gente como él. Siento envidia porque son grandes desconocidos, alpinistas de gran nivel que aman la montaña y escalan para ellos. Le admiro.

¿Habría preferido menos revuelo mediático en la carrera femenina por escalar primero los 14 ochomiles?

Acepto que sea así. Me ayudó a encontrar ayudas económicas y sponsors, aunque ahora las marcas no le dan tanto valor a que sea la primera.

La coreana Eun Sun Oh, con trece cimas, diez de ellas en los últimos tres años, lleva ventaja.

Sí, tengo bastante claro que no seré la primera en escalar los 14. Ella va ahora al Annapurna, y creo que subirá por toda la infraestructura que lleva. Me da pena no ser la primera.

No todo el mundo aplaude la forma de escalar de Eun Sun.

Es respetable, pero lleva detrás un equipo enorme con mánagers, sherpas, helicópteros... Le montan las tiendas y las cuerdas fijas antes de que llegue, y un helicóptero la traslada para que pueda encadenar cimas. Me da pena también por Gerlinde y Nives. Llevamos muchos años buscándonos la vida, y ahora viene una chica coreana con un gran sponsor que quiere que sea la primera y le montan todo el camino. Me sabe mal que nuestro trabajo no se valore. Tiene mérito que suba, claro, pero para ella es una carrera total.

Once alpinistas han muerto en los últimos veinte años buscando los 14. La última, la coreana Miss Go, hace unos días.

Es que esto es peligroso. Si soy sincera, me planteé ir este otoño al Shisha y luego al Annapurna para ser la primera, pero las prisas matan. Tenía que subir corriendo y no quiero matarme por una tontería.

¿Sería una decepción ser la segunda en lograrlo?

Estaré igual de contenta. Tengo una vida muy bonita, me dedico a subir montañas y soy feliz. Cuando pienso qué haré cuando acabe, me entra vértigo. Quiero formar una familia y subir el Everest sin oxígeno, pero no sé qué hacer. Mi madre tiene más ganas que yo de que acabe los 14.

Fuente:La Vanguardia

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