Sincio de nieve, esquiar en verano, ski d'été...

Sincio de nieve, esquiar en verano, ski d'été...
Esquiando en dunas en los años ochenta. (Imagen propia).
Este artículo pretende repasar un amplio número de tendencias o recursos encaminados a poder esquiar lejos del invierno o, al menos, aplacar, aunque sea mínimamente, el deseo incontrolado de algunos esquiadores fuera de la temporada regular. Algunas de estas posibilidades las he probado, otras no, aunque conozco a gente que sí lo ha hecho. Se trata de un repaso ilustrativo para tenernos un poco entretenidos al finalizar el periodo estival.

Sincio [1] 

Al esquiador entusiasta le apasiona tanto esquiar que, en cierto modo, le gustaría que los inviernos fueran eternos. Casi como a los protagonistas de aquella película de culto surfista titulada The endless summer[2]. En realidad, esta afirmación es una generalización exagerada. Es de suponer que a la mayoría de los esquiadores también le guste el verano, la playa, las gambas a la plancha, los bañadores (vestirse el propio y admirar algunos de los ajenos), etc. Pero hay muchas temporadas que se hacen cortas, que da pena que terminen, en definitiva, que no acaban de saciar del todo a los esquiadores más volcados en su afición. Y luego está lo otro, la segunda parte, cuando todavía con el verano dando coletazos, son muchos los que ya andan suspirando por nevadas en otoño, lamentando con agorero sentimiento que ese año siguiente no pinta nada bien para las nevadas copiosas (¡algunos lo empiezan ya a presentir en septiembre!), y sufriendo día a día la cuenta atrás hasta poder iniciar la temporada más próxima.

Pese a llevar toda la vida esquiando (ya más de cinco décadas) y apasionarme su práctica tanto que hasta me ha dado por escribir un libro y bastantes artículos sobre temáticas esquiadoras muy diversas, no soy de esos que harían lo que fuera para esquiar todo el año. A mí, las cuatro estaciones, las de Vivaldi y las meteorológicas, me gustan todas. El verano para disfrutar del mar, de un calor moderado, del tiempo libre con amigos y familiares, de la montaña caminada, etc. La primavera y el otoño para viajar sin tumultos y a diferentes latitudes. Y el invierno ¡por supuesto! para esquiarlo a tope. Así que no me considero de esas personas que sufren un profundo sincio de nieve y esquí. Pero tengo que reconocer que, en diferentes épocas de mi vida, tal fuerte nostalgia me ha podido afectar más, provocando, en algunas raras ocasiones puntuales, que me haya lanzado a probar algunos estrafalarios sustitutos del esquí.

Esquiar en nieve.

Un primer bloque de recursos para esquiar fuera de temporada lo componen las opciones de esquí real, es decir, con el material habitual y sobre nieve de verdad, sea esta precipitada por la naturaleza o fabricada artificialmente. Desde nuestra habitual perspectiva eurocéntrica (y más si cabe en materia de esquí alpino), el esquí fuera de temporada se inició en los glaciares de los Alpes, con lo que los franceses dieron en denominar ski d’eté. Ya conté artículos atrás (Los tres Mosqueteros del esquí francés) que el mítico entrenador galo Georges Joubert organizaba campamentos de entrenamiento para el Club de la Universidad de Grenoble (GUC) en glaciares cercanos a la ciudad. Empezó en la década de los cincuenta, inicialmente en Les Deux Alpes y más tarde en la Sarenne de Alpe d’Huez. Sin embargo, práctica veraniega de esquí en glaciares alpinos parece que ya hubo tanto a finales del siglo XIX como principios del XX. En todo caso, hay referencia de algún evento celebrado en 1937 en el glaciar de Grand Pisaillas (Val d’Isere). Pero el desarrollo comercial intensivo empezó a germinar en los años 60-70 con la incorporación de Chamonix, Val Thorens, etc. Tignes, en los ochenta, ya exhibía músculo con sus stages de competición y de baches (Authier mediante) y una sugerente oferta complementaria de actividades para las tardes. Y así, paulatinamente, fue creciendo la oferta de lugares (en casi todos los países alpinos) y cierta demanda de usuarios. Tanto equipos de competición como público en general.

No tengo experiencia con el esquí de verano en glaciares porque nunca me lo he propuesto. Tengo familiares y amigos que sí que lo han probado alguna vez. En concreto, dos personas optaron por la opción específica de cursar campos de entrenamiento de esquí de baches en Tignes. Parece algo interesante para quienes deseen centrarse y mejorar en alguna disciplina técnica concreta. Por el contrario, el esquí de grandes espacios, desarrollo de largos itinerarios variados y excusiones diarias empalmando pistas y remontes diferentes (una de mis preferencias actuales) se ve totalmente reducido en el espacio y en el tiempo. En el espacio doblemente, porque la superficie esquiable es muchísimo más limitada en verano, y porque otro tanto le ocurre al rango de altitud esquiable. Y en el tiempo porque, pese a tener que madrugar, las jornadas finalizan hacia el mediodía, pues la nieve se resiente muchísimo con el calor y la radiación solar. ¿Quiere esto decir que no me lo pasaría bien esquiando unos días en un glaciar? No, ni mucho menos, pero, llegado el verano, en el hemisferio norte, se me ocurren muchos otros planes y destinos con los que disfrutar.

Hablando de hemisferios, otra opción de esquí completamente real es viajar al invierno austral, al hemisferio sur. Es algo que tampoco he hecho. Por un lado, por lo poco que sé al respecto, las estaciones existentes andan lejos de ser comparables, en lo que a grandes dominios esquiables se refiere, a las alpinas. Si a ello le sumamos el precio de los vuelos y otros gastos, la aventura llevaría cierto coste. Y claro, puestos a emplear tiempo y dinero en un viaje de tales características, también se me ocurren muchos destinos de lo más apetecibles para conocer mundo, aunque sea sin esquiar, algo que he corroborado tanto en Sudamérica como en África, aprovechando estaciones meteorológicas cambiadas. Pero vamos, que, si algún día me invitan, ahora que tengo tiempo libre, no le iba a hacer ascos ¡faltaría más! Chile, Argentina, Nueva Zelanda… El recurso del cambio de hemisferio me consta que es bastante utilizado por algunos profesionales del sector. Por ejemplo, monitores que doblan temporada. También, por supuesto, por equipos de competición (aunque sobre su interés y/o conveniencia, ya empieza a haber discusión científico-académica en las publicaciones específicas sobre las ciencias del entrenamiento: básicamente comparando pros y contras del cambio de hemisferio y del trabajo en glaciares alpinos). E incluyendo en el grupo de los profesionales, no debemos olvidar a los creadores (insisto, profesionales o aspirantes a llegar a ello) de contenidos específicos de esquí, ya sean estos en versión de pista o (sobre todo en los Andes) de montaña.

Como tercera opción para esquiar sobre nieve real, queda la más cercana y menos natural: plantarse en alguna instalación cubierta de pistas indoor. Tampoco he probado ninguna, pero mi amor por los grandes espacios hace que nunca me haya interesado por ellas. Al fin y al cabo, en resumidas cuentas, son poco más que una nave industrial con una cuesta (que no montaña) cortita (comparada con las dimensiones de casi cualquier estación) en la que repetir ascensos y descensos. Todo esto la versión micro y pionera, como el caso madrileño de Xanadú (Snozone) u otras. Y es que, por lo que eventualmente he podido ir leyendo en Nevasport, algunas instalaciones en el extranjero (chinas o de otros lugares), andan compitiendo por un más grande todavía, proyectando o construyendo instalaciones de mayor tamaño cada vez (¿podríamos calificarlas como meso?), por lo que no sé si en el futuro se acabará alcanzando una supuesta categoría macro. Eso lo dirá, sin duda alguna, si el asunto se confirma como buen negocio o no. A nivel personal, el actualmente anunciado desparrame chino ha venido para confirmar una mis profecías socioculturales. La de que, probablemente, iríamos viendo proliferar instalaciones cubiertas de esquí, cada vez más grandes y competitivas, tanto en lugares llanos, como cálidos y sin altitud. La estrategia no es nueva, siglos o décadas antes sucedió con los estadios, prados (campos) de juego, piscinas, pistas de hielo, etc. ¿Por qué no esquí? apenas es una cuestión de derroche energético, megalomanía y tecnología. Y a todo ello, si la perspectiva del capital le da el visto bueno ¡adelante! A mi particular ¡ya lo decía yo! que todavía no se ha cumplido del todo, pero pudiera faltarle poco, únicamente le resta celebrar algunas pruebas de esquí alpino de Copa del Mundo o JJOO de invierno en algún emirato árabe o geografía descontextualizada. La modalidad del slalom ya sería viable y al gigante le faltaría poco. Si se han trasladado pruebas importantes de ciclismo, motociclismo, fórmula uno, hípica, JJOO, fútbol, etc. a lugares así, lo único que hace falta es que los anfitriones (emirato o quien sea) expresen su deseo y estén dispuestos a pagar por ello.

Pero claro, una cosa es celebrar una prueba de alta competición convenientemente montada, acotada, preparada y exhibida, y otra bien distinta convencer al esquiador medio para que se vaya a un hotel de más de 5 estrellas a un país desértico a esquiar en entorno perfectamente climatizado, pero, inevitablemente, de dimensiones reducidas. Y ahí es donde, de cara al futuro, se haría necesario (que dado el camino que llevamos puede que se llegue a hacer realidad) cierto complemento expansivo. Dejo abierto el melón del complemento expansivo para retomarlo hacia el final del artículo.

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Vista aérea del Shanghai L*SNOW Indoor Skiing Theme Resort en avanzado estado de construcción. (Imagen: mundodeportivo.com; getty).

 

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Vista interior: Shanghai L*SNOW Indoor Skiing Theme Resort (Imagen: mundodeportivo.com; getty).

Al poco de haber dejado terminado este apartado, conocí, por una noticia en Nevasport, la existencia del proyecto de estación de Trojena (Arabia Saudí) y su conformada candidatura como sede de los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029. Aunque su caso no es indoor y se ubica en verdaderas montañas, podemos considerar que entra dentro de los parámetros de artificialidad exacerbada y, en mi opinión, irracionalidad desmedida. La práctica ausencia de precipitaciones, la lejanía del agua y las condiciones climáticas del enclave hacen que su puesta en marcha se apoye en acciones de ingeniería constructora forzadísimas. Un claro ejemplo de esa hipotética tendencia que vengo vaticinando desde hace tiempo.

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Infografía del proyecto Trojena. (Imagen: snowbrains.com, ParametricArquitecture, Instagram).

Esquiar, con esquís, sin nieve.

De entre esos recuerdos fotográficos que nos suelen quedar en la mente, tengo uno, desde hace décadas, de alguien bajando con esquís convencionales por una pedrera de mucha pendiente. No recuerdo si procedía de algún libro o revista, pero la primera vez que lo vi me impactó. Muchos años después pude ver la película Fuego, nieve y dinamita (1990), dirigida por Willy Bogner, y de la que di cuenta en el artículo Esquí en el cine III (1970-1999). En ella hay una escena en la que varios participantes de una disparatada competición hacen un descenso en esquís por una pedrera. En los cercanos Picos de Europa tenemos algunas laderas pendientes y largas cubiertas de inmaculadas pedreras calizas, pero nunca me pareció viable, sensato ni potencialmente agradable probar a esquiar por ellas. Sin embargo, sí que nos dio, a mi amigo Manuel y a mí, por probar suerte en las dunas de playa. Fue a mediados de los ochenta, época aquella en la que en este país no estaban prohibidas tantas cosas, ni normativamente restringido tanto disfrute del entorno como ahora. Y a ello se sumaba que, jóvenes nosotros, atravesábamos un periodo de verdadera fiebre esquiadora. Así que fuimos un día a probar a esquiar en las dunas con pares viejos. Aquel primer intento fue un fracaso porque la arena, seca por el sol, y pese a la pronunciada pendiente, no deslizaba en absoluto. Pocos días después, un día que llovía, Manuel fue un momento a tantear si la arena mojada funcionaba y me avisó de que sí. Total, que estuvimos esperando a que llegara un frente de lluvia y, en cuanto cesó, nos plantamos allí acompañados de su hermano mayor, y descendimos varias veces la duna más alta que encontramos. Aquello, haciendo wedeln, daba para un corto puñado de virajes, pero pasamos una tarde divertida, y acabamos bien cansados de subir y bajar. Eso sí, no volvimos a repetirlo. La arena no es que deslizase mucho, pero gracias a la pendiente, con un flexión-extensión con moderado apoyo alternativo, funcionaba. Fue en septiembre de 1986 ¡Qué tiempos aquellos!

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Al final di con la imagen que recordaba de hace años. Es Sylvain Saudan, un pionero del esquí extremo. (Imagen: ogso-mountain-essentials.com 1970).

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Primer intento infructuoso: arena muy seca y fijaciones de "alevín". (Imagen propia).

 

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Con la lección aprendida aquello funcionó. Imprescindible aplicar técnica de alternativo para sacarle más sustancia. (Imagen propia).

 

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Descensos brevísimos, pero con algunas pizcas de interés (¡lo que hace el sincio!). (Imagen propia).

 

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Y hasta quedan marcadas las huellas. (Imagen propia).

Ya por aquella época se instalaban en algunos lugares pistas descubiertas de material sintético. La idea que tengo de las mismas es de muy mala calidad de esquí. No sé si las de alpino utilizan o no los mismos materiales que los trampolines de salto. Para los saltadores, que únicamente se deslizan rectos, el recurso funciona bien, pero para andar descendiendo dando virajes, lo ignoro. Mucho tiempo después, un mes de abril, andaba pedaleando en una marcha cicloturista retro al norte de Manchester. Hacía un frío que pelaba y había caído una nevada de 3-5cm de espesor por todas partes. Rodando hacia el norte, poco después de coronar una montañita (Nick of Pendle, de 294m de altura), a mano izquierda, me encontré con una pista de esquí sintética con un remonte. Era corta y de pendiente media. Ya no tenía nieve porque a medida que había ido transcurriendo la mañana la precipitada por la noche se había fundido. Había un equipo de chavales entrenando a pasar palos. Me dieron algo de lástima empática, los pobres ¡qué moral y qué afición! Era el año 2013, buscando ahora el lugar, parece que se trataba de la sede del Pendle Ski Club.

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Panorámica de la "estación" y del entorno. (Imagen: pendleskiclub.org).

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Usuarios de la única pista de Pendle en una fría mañana invernal. (Imagen propia).

Mucho más parecido a esquiar, y prolongable infinitamente, resulta practicar sobre una cinta rodante instalada dentro de alguna nave o edificio. El sistema consiste en una especie de alfombra sintética grande montada sobre dos rodillos anchos, uno delante, a una altura inferior a otro trasero más elevado. Una maquinaria motorizada hace que la alfombra se desplace hacia atrás-arriba por la parte superior del montaje, mientras regresa por debajo. La alfombra es deslizante para los esquís, mejor si además se le empapa ligeramente con agua. El usuario esquía en el sitio, mientras la superficie (la alfombra) es lo que desplaza a su paso. Hace años vi una instalación como esta en un programa de televisión. La tienen en Granada como recurso para el entrenamiento y la evaluación de esquiadores de competición. En Matamorosa, muy cerquita de Reinosa, los hermanos Dimas compraron e instalaron otra que he podido ir a visitar y probar.

Fue un día que salí en moto con cuatro amigos. Era verano. Les dije que nos íbamos de excursión pero que llevaran calcetín largo, unas mallas, camiseta y guantes finos en una bolsa, porque los necesitábamos para esquiar. Sin más explicaciones, cuando entramos en la nave alucinaron. Toda ella está decorada con murales de paisaje alpino nevado. Y, tras un espacio previo para calzarse las botas y prepararse, se eleva la rampa-rodillo. A ojo, la rampa debe tener unas dimensiones de unos cuatro o cinco metros de anchura por ocho o diez de longitud. Una barra delante facilita los primeros y necesarios ejercicios de adaptación. También dispone de una mampara de cristal ahumado frontal que genera cierto efecto de espejo para que quien esquía pueda estar viéndose en tiempo real (feed-back asegurado). Al rodillo se le puede aplicar una amplia gama de velocidades, así como de inclinación.

Al principio la sensación es bastante rara. El deslizamiento es similar al de la nieve primavera o algo pegajosa. Le cuesta un poquito romper a deslizar, aunque una vez que empieza ya lo hace de forma fluida. Lo más raro de todo, lo que rompe los esquemas psicomotrices inicialmente (y a lo que uno tarda un poco en adaptarse) es que las referencias perceptivas están trastocadas, se tiende a seguir buscando detalles espaciales de radios de giro, distancias de frenada o derrape, etc. Otro detalle menor es que, al no haber velocidad real de desplazamiento corporal, no se hace necesario inclinar el cuerpo para compensar la fuerza centrífuga porque no la hay, esto no trastoca tanto las sensaciones pues, en cualquier caso, en el simulador se esquía más despacio que en la realidad.

Nosotros disfrutamos de la experiencia en una única sesión. Nos íbamos alternando. Primero esquiábamos tres juntos, por un periodo de unos 10 o 15 minutos (o más, no lo controlé) después otros dos, y así sucesivamente nos íbamos alternando los dos grupos. Empezamos con una progresión de descenso directo agarrados a la barra, después sueltos, más tarde con frenadas parciales en cuña y virajes también en cuña. Hasta ahí todo me pareció idéntico al hacerlo en la nieve. El artefacto resulta ideal para aprender/practicar viraje fundamental y stem kristiania. Lo es por dos motivos. Uno, porque dichas técnicas funcionan perfectamente en él. Y dos, porque exige finura a la hora de recoger el esquí del monte, aplicando un controlado canteo accionando la rodilla hacia su exterior, y es que, en esta máquina, como en cualquier instante te dejes un canto inferior o parte de él apoyado contra la alfombra, te quedas clavado con inmediato riesgo de caída. Me refiero al canto (de cualquiera de los esquís) que esté por debajo en la pendiente. Al intentar giros en paralelo, lo anterior debe ser muy tenido en cuenta, porque es fácil que, durante algún cambio de inclinación, apoyo de uno u otro esquí, etc. algún canto se disponga, aunque sea muy levemente, un poco a la contra y ¡zas! el sistema no perdona.

Es este un esquí agotador porque mientras estás subido en el tapiz, salvo por caída de alguien, el rodillo no se detiene, así que el descenso es permanente, los minutos van transcurriendo y, pasado un rato, ya has batido cualquier récord de pista más larga del mundo. Así que, ni pensar en una jornada de esquí de rodillo. Con una sesión interválica un par de horas, la fatiga está más que asegurada.

Hacia el final de la sesión, ya fui consiguiendo giros en paralelo. No muy finos ni elegantes, pero ya lo eran. Creo que en una segunda jornada habrían mejorado mucho, pero hasta el momento no he regresado. También eché de menos alguna serie con la pista para mí solo. Y es que, el rodillo permite (con mucha facilidad) poder jugar con todo el ancho de la pista, y con avanzar o retroceder por ella mientras esquías. Pero claro, todo ello se constriñe si compartes superficie, pues a veces el de delante o el de detrás te comen espacio, y hay que andar con ciertas precauciones. Estando solo, creo que me hubiera podido centrar aún más en las ejecuciones y hubiera dispuesto de mayor margen de maniobra.

La conclusión es que este invento me parece que puede ofrecer buenas posibilidades para la evaluación técnica y de entrenamiento. Excelente para bastantes aspectos de la enseñanza, la práctica y el entrenamiento mismo, pero, en ningún caso, desde mi punto de vista, sustituye a un irse a esquiar a la montaña en plan de ocio, naturaleza, etc.

Olvidaba indicar que se utilizan idénticos esquís que en la nieve, pero no los mismos que se vayan a usar en ella, porque para la instalación se emplean esquís convencionales a los que se les han desafilado los cantos.

Otros sucedáneos.

En este apartado vamos a repasar algunos intentos de imitar la práctica del esquí alpino, pero sin esquís, sino utilizando gestos motrices similares, así como material que exija una técnica parecida o que trate de emular al de esquí alpino cuando no hay nieve.

En mi adolescencia y juventud, me tocó vivir una de esas olas de efervescencia popular que el skateboarding viene experimentando desde que se inventó. Tan pronto se pone rabiosamente de moda como cae hasta una especie de discreto estado latente. Yo lo practiqué mucho en la época de los míticos Z-Boys californianos[3]. Entonces, los tracks se llevaban bastante aflojados, lo cual permitía surfear mucho en los descensos, algo que formaba parte de un amplio repertorio de trucos y acciones, incluyendo los primeros pinitos en rampas, piscinas, etc. Y dentro de ese repertorio ¡cómo no! como esquiador que ya era (antes y por delante de skateboarder), estaba el descender alguna cuesta haciendo wedeln con los pies juntos en el centro de la tabla, las rodillas semiflexionadas y el cuerpo y la mirada encarados hacia la línea de máxima pendiente (evidentemente no mucha). Aquello era una especie de viraje corto en puro y estricto simultáneo con los pies… más juntos imposible.

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Juventud y mala calidad fotográfica. Tempranos años ochenta en un aparcamiento cuesta abajo. (Imagen propia).

 

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Un poco más de lo mismo. (Imagen propia).

Con el paso de las décadas, abandoné tempranamente la práctica del skateboarding, pero fui incorporando con ganas e interés el patinaje sobre ruedas. En versión quads (de dos ejes) para jugar algo al hockey sobre patines, y en versión patines en línea para entrenar, participar en eventos de muy larga distancia e incluso para viajar. Y es con los patines en línea con lo que no puedo disimular que procedo del esquí alpino, porque en cuanto el pavimento se inclina, enseguida paso de patinar a esquiar. Se ve que la aplicación de la técnica de esquí (algo avanzada) a los patines en línea es lógica, sencilla, natural y bastante cercana (olvidándonos de los derrapes). Tal es así que existe una modalidad de patinaje en línea denominada alpino, que no es otra cosa que competir en slalom (normalmente paralelos), pasando palos cual si se estuviera esquiando. De hecho, creo que la mayor parte de sus practicantes son en realidad esquiadores alpinos.

Esquiar con los patines en línea, de forma muy resumida, tiene una ventaja y dos grandes inconvenientes. La ventaja es que te puedes hacer muchos kilómetros deambulando de aquí para allá, sin necesidad de remontes, porque las velocidades de crucero en llano se aproximan bastante a las que cada cual llevaría en bicicleta. En cuanto a las desventajas, la primera es que las pendientes que podemos asumir en descenso son muy leves, ya que la práctica inexistencia del derrape, así como la habitual estrechez de las calzadas, hacen casi imposible regular una velocidad que, con muy poca pendiente, pronto se convierte en excesiva. Y la segunda, muy desagradable, que las caídas son sobre asfalto: durísimo y abrasivo a más no poder. Así pues, en realidad, las velocidades reales alcanzadas son mucho menores que esquiando. A pesar de ello, de vez en cuando, cuando patino haciendo kilómetros, cada vez que doy con alguna cuesta adecuada, me permito disfrutar un poquito imaginándome que desciendo alguna pista esquiando.

Un invento que nació para emular al esquí alpino en verano, y no como consecuencia de que ya estuviera inventado antes y sus prácticas se pareciesen, fue el del denominado esquí sobre hierba. Se practica sobre una especie de orugas sobre las que se calzan las botas de esquiar convencionales. Ello hace que el esquiador vea elevado, en no desdeñable medida, su centro de gravedad. Aunque algunos videos que circulan por las redes dan una imagen muy positiva y apetecible, he podido comprobar que la realidad es muy distinta. Tampoco con ellos hay margen de derrape, sino que van como por raíles; no hay tantos terrenos o suelos sobre los que funcionen bien; su utilización es bastante engorrosa por tener que aplicar una especie de capas de plástico sobre las orugas; y no tengo nada claro cómo se puede evitar la molestia que supone remontar la pendiente tras cada descenso. Las mencionadas orugas son las que, por efecto de la gravedad, van rodando sobre la hierba, como si una tanqueta bajase en punto muerto por una pendiente herbosa.

Mi experiencia es muy pobre y de mala calidad, así que no sirve para juzgar del todo esta modalidad. Me prestaron unos esquís (orugas) muy antiguos y pesados. Ruedan poco y no disponen del mencionado sistema de plásticos. A esa pega, hay que añadir que no es fácil encontrar terreno adecuado. Pese a que donde vivo abundan los prados de variadas pendientes, estos, o no están segados con finura, o presentan las rugosidades propias del deambular del ganado. Con lo que mis breves intentos no han servido para prácticamente nada.

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A pesar de lo apetecible del lugar, aquello no funcionaba bien. (Imagen propia).

 

 

A continuación un trabajo de Warren Miller, en 1984, con mucha repetición y un descarado abuso de "proyección rápida":

Seguramente se me habrán escapado algunas otras opciones que la gente haya podido poner en práctica para tratar de emular, en mayor o menor medida, lo que se siente al esquiar. No he prestado atención a los simuladores de tipo gimnasio, de los que enseguida hablaré. Tampoco a una especie de bandas o alfombrillas alargadas satinadas que, colocadas transversalmente en el suelo, se ofertaban para que, con calcetines deslizantes puestos, el comprador pudiera ejercitarse replicando movimientos laterales similares a los que los esquiadores (especialmente de gigante) hacían (más en la época de la técnica de alternativo). Aquello, más que buscar paliar las ganas de esquiar, proponía un medio de ejercicio que poder hacer en casa, y con cierta similitud técnica y de acondicionamiento muscular al demandado por el esquí alpino (aunque realmente muestran mucha mayor transferencia con el patinaje). Nunca lo he probado, pero al verlo no puedo evitar algunos entrañables y divertidos recuerdos de mi vida infantil y adolescente como miembro de una familia numerosa en la que todos los hermanos esquiábamos. Resulta que vivíamos en un piso de bastantes habitaciones conectadas por un largo y algo tortuoso pasillo. Jorge, uno de mis hermanos pequeños, solía utilizarlo para, en calcetines, esquiarlo replicando un slalom. Para ello, utilizaba los quiebros del pasillo, algunas esquinas y columnas laterales, así como la semi apertura de puertas de habitaciones y armarios del pasillo para marcar cada manga y, a todo correr, se deslizaba por el parqué resbalando en los virajes. Lo hilarante llegaba cuando alguna vez te lo encontrabas hacia la parte final del recorrido (en las inmediaciones del salón), tirado en el suelo y retorciéndose de dolor. Y cuando le preguntabas que qué le pasaba, te contestaba entre sollozos «¡una placa!». Quedaba claro que aquel día mi madre había encerado encarecidamente la zona más visitable de la casa y, como consecuencia, la inesperada falta de agarre en aquel punto habría hecho que mi hermano se estampara contra alguna puerta, dicho esto con todo el contundente doble sentido: puerta del recorrido y puerta de alguna estancia.

Y es que la imaginación infantil no tiene límites. El mismo hermano, cuando regresábamos todos a casa después de un domingo esquiando, durante un recorrido en coche de unas aproximadas dos horas, únicamente exhibía tres tipos de comportamientos: dar la brasa contando coches con mi otro hermano pequeño (entonces la mayoría Seat o Renault), dormirse profundamente o, en muchas ocasiones, cuando le tocaba el asiento de en medio en la parte de atrás del 1500, colocarse en posición de huevo e ir esquiando todo el trayecto, cumpliendo con todas las curvas y tramos rectos de la carretera. Parece que el que no esquía es porque no quiere.

En la actualidad, gran parte del poder evocador y recreador de la imaginación (y lamentable y peligrosamente también en el caso de la infantil) está siendo remplazado por la recreación artificial. Enseguida ahondaré en ello. Antes queda mencionar esos señalados simuladores de gimnasio. Se trata de aparatos que sirven para hacer ejercicio emulando movimientos de esquí. Los hay muy básicos, muy malos y ya algunos tan desarrollados que están incluso siendo utilizados para realizar pruebas de valoración fisiológica y de rendimiento condicional. En el fondo, lo que ofrecen es un ejercicio similar al que se podría realizar en la alfombrilla deslizante, pero en simultáneo y de forma más sofisticada y radical. Algunos incluso disponen de fijaciones para botas de esquiar, gran amplitud lateral mediante carriles, diferentes tipos de apoyos para los brazos o acción de los mismos, e incluso graduación de la resistencia a vencer al ejercitarse. Lo dicho, interesante para entrenar una condición física tirando a bastante específica, e incluso para evaluar algunas capacidades. En cuanto a esquiar… ¿Qué decir? En el fondo, vuelve a ser un movimiento lateral repetitivo con cierto parecido, pero sin apenas esencia de deslizamiento en avance. Así que para eso (y de paso para mejorar las prestaciones de control y análisis), las versiones más sofisticadas llegan con software y pantallas incorporadas. En unos casos como complemento técnico, de análisis, prescripción, etc.; y en otros buscando ¡expandir la experiencia!

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Un ejemplo del aparato en cuestión. (Imagen: ski-simulator.com).

Sobre el complemento expansivo.

Al referirme a los modernos complejos de esquí indoor, algunos de los cuales pretenden dar el salto desde el mero concepto de pista al de resort, incluyendo hostelería y demás tipos de servicios vacacionales y de ocio, mencioné la tendencia (quizás por necesidad competitiva a la hora de atraer potenciales clientes) hacia la búsqueda de cualquier tipo de complemento expansivo que sirva para enriquecer una experiencia que, de por sí, difícilmente podría alcanzar o acercarse a una práctica real en condiciones naturales. Estamos centrándonos en el esquí alpino, pero podríamos estar hablando de fútbol o cualquier otro deporte, de visitas a un museo, de casi cualquier tipo de acción humana e incluso… de sexo. Tal y como yo lo veo, el ser humano dispone de una amplísima variedad de posibilidades para experimentar placeres. Algunos más físicos o corporales (comer, beber, hacer el amor, nadar, sestear… esquiar), otros más intelectuales (contemplar o producir arte, leer, estudiar algo voluntariamente, construir cosas…), otros de carácter eminentemente social y muchos de tipo mixto. Lamentablemente, algunos de nuestros placeres preferidos nos son vetados total o temporalmente (como es el caso del esquí). Puede que por limitaciones climáticas, económicas, normativas, corporales, etc. Algo que hasta los Rolling Stones afirmaban con rotundidad en su You can't always get what you want.

Desde un punto de vista evolutivo (comentado esto de un modo totalmente simplista), hasta el momento, la humanidad ha venido experimentado y poniendo en práctica sus actividades placenteras de modo, digamos, natural. Sin embargo, ante determinadas situaciones de euforia y/o de trascendencia próxima a lo mágico, lo religioso, lo profundamente espiritual o incluso lo exacerbadamente festivo, la humanidad ha tirado de catalizadores que le ayuden a expandir determinadas experiencias. Fundamentalmente bebidas alcohólicas, algunos tipos de hierbas u otras sustancias consideradas como con propiedades lisérgicas. A mediados del siglo XX, casi surgiendo en el entorno académico de la Universidad de Harvard, el LSD se las prometía muy felices como agente expansor de sensaciones, de conciencia y de experiencias. Aquello, que comenzó como una exploración casi científica, acabó como acabó (en realidad todavía no ha tocado a su fin, si es que alguna vez llega a tenerlo), dejando a bastante gente tirada o definitivamente desorientada por el camino. El caso es que, en este mundo, siempre hay gente que pretende expandir más sus experiencias. Unos porque no se conforman con vivirlas al natural, y otros porque, lamentablemente, sus experiencias (sus vidas en general) son difíciles, precarias y malamente soportables. Ahí han ido encontrado su hueco los complementos expansivos de tipo químico. De un tiempo a esta parte, gracias a los espectaculares y fulgurantes avances de las tecnologías de la información y la comunicación, con el beneplácito de una apariencia en principio inocua, las pantallas (por ahora), los simuladores electromecánicos (que los hay para casi todo tipo de deportes y placeres), los videojuegos (¿se acuerdan ustedes de la versión de esquí de la Wii de Nintendo?) y, más recientemente, las realidades virtual y aumentada (expandida) avanzan sin descanso en ese ofrecer al ser humano cierta expansión de la conciencia, aunque quizás, en demasiadas ocasiones, la cosa se quede en mera sustitución de una realidad.

Algunos pensarán que todavía estamos muy lejos de que todo este tipo de expansores lleguen a sustituir a la realidad, pero la evolución y el proceso se han acelerado enormemente en los últimos tiempos. Puede que parte de la clave pase (para algunas actividades) por la integración de los conceptos expansivo y complemento. Y es que la expansión de sensaciones puede servir para paliar, disimular, enmascarar y hacer olvidar o pasar desapercibidos los déficits y carencias de las simulaciones o realidades artificiales, es decir, sirvan como complemento definitivo para que una experiencia artificial o simulada compita o sea preferible, incluso, a su homóloga real. Esto es lo que adelantaba anteriormente para el caso de los futuros resorts de esquí indoor. Cada vez más grandes, cómodos, lujosos, perfeccionistas en la simulación y, quién sabe cómo, suplementados mediante algunos tipos de complementos expansivos. ¿Posible? Vayan ustedes a saber. ¿Destino final? ¡No! eso sí que no. El destino final, siguiendo ese camino, es Matrix. Encapsulados en condiciones perfectamente controladas, y sin saber si se está viviendo una realidad o una ficción.

Nada menos que Woody Allen ya veía venir, en cierta medida, todo esto. Por eso, en 1973, cuando estrenó su comedia crítica El dormilón, proponía la invención del orgasmatrón.

Supongo que a mí me tocará poco o nada de todo esto, al menos en lo que al esquí se refiere. En cualquier caso, en lo que respecta a mis placeres, me sigo aferrando a prácticas preferentemente naturales. Por ejemplo, puestos a escoger, prefiero el fuera de pista que las pistas tratadas.

Un saludo y mucho ¡ánimo! Que cada vez queda menos para la siguiente esquiada.


[1] Sincio es un vocablo típico de Cantabria que significa una especie de deseo ansioso, ganas de hacer, comer, practicar… algo que resulta placentero y se echa de menos.

[2] “The endless summer” (1966), dirigida por Bruce Brown.

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19 Comentarios Escribe tu comentario

  • #1
    Fecha comentario:
    01/10/2026 08:08
    #1
    Todos los que llevamos tiempo en esto hemos probado alguna osadía
    Hace ya un par de décadas que estuve deslizando por los cabezos de Mazagon (Huelva) en primavera.
    Una experiencia inolvidable e irrepetible

    Gracias por estos contenidos extensos y sin IA 🙏. Ya hay pocos así

    Pepe

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    • Gracias!
  • #2
    Fecha comentario:
    01/10/2026 11:12
    #2
    buenos dias , reportaje cojonudo , en este foro somos muchos y taraos¡¡¡¡ : :lol2: buenas huellas

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    • Gracias!
  • #3
    Fecha comentario:
    02/10/2026 11:21
    #3
    te falta el clásico ski-hierba ;) ;)

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    • Gracias!
  • #4
    Fecha comentario:
    02/10/2026 18:13
    #4
    #1 Muchas gracias. Sí, la pasión por el esquí nos hace frikis en algunas etapas de nuestra vida ;) .

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    • Gracias!
  • #5
    Fecha comentario:
    02/10/2026 18:22
    #5
    #3 Supongo que te refieres a sobre hierba con esquís de nieve. Te comento:
    - No lo he tratado por falta de experiencia personal. Puse un video ajeno, pero al final lo quité porque no me fiaba demasiado de su realidad... demasiado aparentemente bueno.
    - Y es que hoy en día se hace difícil fiarnos de todo lo que se nos muestra. ¿Os acordáis de aquel famoso largo anuncio de Audi de un esquiador haciendo un descenso eterno Muralla China incluida? fue antes de que la IA empezase a ser de dominio-uso público. No hacía falta: "croma" y otros trucos bastaban. Ahora, cualquier cosa.
    - Sí que he hablado con gente que, en la mili en Jaca, les hacían prácticas básicas sobre cuestas con paja, pero no con personas que hayan descendido laderas de hierba con esquís, por lo que ignoro si lo hacen en mojado, qué pendiente necesitan, si tratan las suelas con algo previamente, etc.
    En cualquier caso, estoy convencido de que habrá algunos otros intentos de sucedáneos que se me escapen :)

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    • Gracias!
  • #6
    Fecha comentario:
    04/10/2026 17:35
    #6
    Pedazo de artículo, de lo humano y de lo divino. Espectacular! Y lo de la placa en el pasillo, me meo!! :lol2:

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    • Gracias!
  • #7
    Fecha comentario:
    05/10/2026 08:34
    #7
    #6 Muchas gracias, me alegro que te haya gustado. "No solo de esquí vive el hombre (y la mujer, que esta frase es una adaptación de origen bíblico)".
    La placa del pasillo... una de tantas anécdotas que, imagino, cualquier familia numerosa con más de medio sigo de práctica esquiadora pueda atesorar. Curiosamente, aquel hermano, apodado familiarmente "pobre J" es de los que más acumulan en la nuestra :lol2:

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    • Gracias!
  • #8
    Fecha comentario:
    05/10/2026 13:23
    #8
    Recuerdo que en ejercito si se iniciaba el esquí con paja donde había mulos o caballos, doy fe.
    También , hace muchos años, había unas pistas de esquí sobre hierba en la bajada del puerto de Somosierra, dirección burgos.

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  • #9
    Fecha comentario:
    05/10/2026 16:12
    #9
    guqpo articulo :+: :+:

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    • Gracias!
  • #10
    Fecha comentario:
    06/10/2026 08:24
    #10
    #5 me ha gustado mucho el report, y yo como enfermo del esquí que soy he probado un montón de cosas. Creo que la mejor alternativa es el hemisferio sur... donde esté la nieve y el invierno que se quiten los inventos o la nieve del glaciar alpino en verano, que a las 11h ya está intratable.

    El esqui de hierba con tablas normales se practica en el pueblo de Pajares de toda la vida y se solía hacer un slalom todos los años, no se si siguen todavia con la costumbre.

    No sabia que en Cantabria había un rodillo para practica de esquí. ¿Está abierto al publico o es privado?

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    • Gracias!
  • #11
    Fecha comentario:
    06/10/2026 08:50
    #11
    #8 Muchas gracias por la confirmación "castrense" y la aportación de Somosierra.

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    • Gracias!
  • #12
    Fecha comentario:
    06/10/2026 08:57
    #12
    #10 Gracias.
    Totalmente de acuerdo. Esquiar es "esquiar"... con los esquís sobre la nieve, al aire libre, en gama de temperaturas apropiadas, etc.
    No sabía lo de Pajares, de estos aguerridos vecinos, cualquier cosa ;)
    Sí, la cinta está abierta al público, funciona por reserva te dejo el enlace (https://www.dimasski.com/indoor/).

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    • Gracias!
  • #13
    Fecha comentario:
    06/10/2026 09:21
    #13
    El esquí en el hemisferio sur hay que plantearlo como un viaje de turismo ampliado, es decir, haces el viaje como un viaje de verano normal y amplias una semana al esquí. Ir sólo a esquiar creo que, como bien dices, es un gasto bastante alto como para sólo dedicarlo al esquí. En eso estoy de acuerdo contigo.

    Y hablando de esquí sin nieve ;) &#8594 ; https://www.nevasport.com/reportajes/art/49754/Esqui-en-Namibia/

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    • Gracias!
  • #14
    Fecha comentario:
    06/10/2026 13:10
    #14
    Muchas gracias por tu artículo. Fascinante la gran cantidad de "alternativas" algunas mejores y otras peores. Una que hace muuuuchos años que practico es la de con la mano derecha ir "trazando" curvas entre las baldosas de la calle imaginando que bajo por una ladera soleada en invierno. Todavía me acuerdo de la cara que puso mi mujer (entonces futura) cuando me preguntó que qué demonios de gestos hacía con la mano cuando paseabamos :lol2: :lol2:

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    • Gracias!
  • #15
    Fecha comentario:
    07/10/2026 13:17
    #15
    Magnífico y novedoso artículo Delmer sobre las otras "alternativas" a practicar esquí...

    Y además lo haces con buenas ilustraciones y vídeos... menudo curro, enhorabuena

    Recuerdo que hace muchos años en las afueras de Rio de Janeiro, había una pista de esquí con material sintético (parecía plástico) y estuve tentado de hacerme una bajada, a pesar de que entonces era un novato.

    El caso, es que desistí al ver las ostias que se pegaban la mayoría...

    :lol2: :lol2: :lol2:

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    • Gracias!
  • #16
    Fecha comentario:
    08/10/2026 16:28
    #16
    #13 Pues sí, opinamos igual respecto al hemisferio sur.
    Esas dunas sí que parecen grandes, las cantábricas son mucho más modestas y tienen cierta humedad hasta cuando hace sol, por lo que es mejor que se mojen bastante y, por lo que te he leído, las técnicas en ellas difieren.
    Gracias por la aportación vía enlace.

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    • Gracias!
  • #17
    Fecha comentario:
    08/10/2026 16:30
    #17
    #14 Es que somos unos pirados . Algún día quizás cuente cómo apañaba mis esquiadores de juguete cuando era niño... :lol2: :)

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    • Gracias!
  • #18
    Fecha comentario:
    08/10/2026 16:33
    #18
    #15 No parece Río el lugar más "cercano" al esquí :lol2: . Tampoco creo que los esquiadores que lo intentaran allí fueran de lo más experto sobre la nieve ;) (aunque nunca se sabe). En todo caso, cuidadín con esquiar en bañador en pistas sintéticas porque las caídas pueden provocar quemaduras :crying:
    Un saludo y gracias por los elogios.

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    • Gracias!
  • #19
    Fecha comentario:
    09/10/2026 11:35
    #19
    Recuerdo haber intentado alguno descenso en pistas sintéticas por la década de los ochenta: el sistema que simulaba la nieve consistía en unos hexágonos con "pelos" plásticos bastante rígidos que, al caer sobre ellos (y con ropa de verano) era lo mas parecido a pasar una lija por la partes de la piel expuestas.

    Luego de algunas bajadas, y una caída, tuve suficiente y no volví jamás.

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    • Gracias!

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