Alp 2500 (La Molina y Masella)

Alp 2500 (La Molina y Masella)
Horizonte desde Alp 2500. (Imagen propia).
Las estaciones catalanas de La Molina y Masella están tan próximas entre sí que, más que colindantes, resulta difícil dibujar un linde entre ellas. Pese a ostentar titularidades diferentes gozan, afortunadamente, de una opción para disfrutarlas como un único dominio esquiable denominado Alp 2500.

Para los esquiadores cántabros no parece tener mucho sentido irse a esquiar a Cataluña (a excepción de las estaciones más occidentales, como es el caso Boí-Taüll, y, sobre todo, por distancia, tamaño y popularidad, Baqueira-Beret). La lógica impone visitar estaciones más próximas como las aragonesas o algunas de las francesas. Si acaso, dispuestos a embarcarse en mayores kilometrajes, la apuesta es ya tirar hasta los Alpes, buscando mayor altura, extensión esquiable y desnivel. Pese a ello, desde hace tiempo tenía un interés especial en esquiar en tres estaciones catalanas muy concretas. Una tendrá que esperar, las otras dos, La Molina y Masella, son el objeto de este artículo. La oportunidad de la visita provino de la decisión de alargar un viaje a los Alpes franceses, dividiendo el regreso en dos etapas, parando unos días en La Molina para esquiar y conocer la comarca.

Así pues, llegamos a Puigcerdá, Alp y La Molina desde Francia, por el este, concretamente, durante el bello tramo final, rodando por la carretera que se codea, casi permanentemente, con el sorprendente trazado del Train Jaune, histórico ferrocarril eléctrico de vía estrecha que discurre por el corazón de los Pirineos Orientales franceses. Su trazado nos llamó mucho la atención porque ofrece vistas panorámicas de la Cerdaña (Cerdanya), cruzando, según lo que afirman los datos, 19 túneles y 40 puentes, destacando especialmente el viaducto Séjourné y el puente Gisclard.

El Train Jaune «[…] une Vilafranca-de-Conflent (Estación "Villefranche-Vernet-les-Bains", 427 metros) con Torre de Querol (Estación "Latour-de-Carol-Enveitg" 1232 metros) en un recorrido de 63 km y sube 1200 metros hasta la estación de Bolquère, la más alta de Francia con 1593 metros. De un extremo a otro de la línea se tarda 3 horas, durante las cuales tendrás tiempo para fotografiar el paisaje del valle del Têt y la meseta de Cerdaña». (https://www.pyrenees-cerdagne.com/es/le-train-jaune-espanol)

Este ferrocarril fue Inaugurado a principios del siglo XX, y está considerado como una joya de la ingeniería de la época. Prueba de ello es que, en un alarde algo visionario, utiliza energía hidroeléctrica. Y es que el tren funciona gracias a un sistema de tracción eléctrica, con energía procedente de un salto de agua. La electricidad pasa por un tercer raíl, un raíl lateral dispuesto a lo largo de toda la vía, colocado unos centímetros por encima, y a un lado, de uno de los dos raíles del lecho. La línea cuenta con 22 paradas entre estaciones principales y apeaderos, atravesando el Parque Natural Regional de los Pirineos Catalanes. Pasa muy cerca de Font Romeu, roza Puigcerdá y finaliza no muy lejos de allí.

Nuestra estancia fue en régimen de apartamento: tú te lo guisas y tú te lo comes. Encontramos uno cómodo, funcional y sobradamente amplio para dos amigos que no somos pareja. Estaba situado en un bloque en el centro aproximado de la estación de esquí de La Molina, que es un poblado de cierto tamaño con varios edificios de apartamentos, hoteles, algunos establecimientos de hostelería, chalets, etc. Tiene acceso directo a algunos remontes. No se corresponde con otra zona situada a mayor altura, la cual dispone de amplio aparcamiento, más bases de remontes y servicios. Tampoco con otra discreta área de aparcamiento y acceso a pistas que está localizada algo más al este que las anteriores. Y tampoco tiene que ver con el núcleo urbano edificado alrededor de la estación de ferrocarril de La Molina, el cual se encuentra a menor altitud que todo lo anterior. Así pues, para empezar a esquiar, en La Molina coexisten varios puntos de acceso diferentes.

Una pizca de historia.

A La Molina se la considera la estación de esquí pionera o decana del territorio español. ¿Pionera, en qué? Pues en casi todo… sobre dónde se esquió primero hay informaciones diversas, bastantes relatos veraces sobre hechos acontecidos en diferentes enclaves de la Península, pero poca precisión en las fechas, así que nadie puede llevarse el gato al agua para presumir (algo que tampoco tiene mucho sentido) de dónde se inició la práctica del esquí en España, ya que además, de hecho, se inició en varios puntos casi simultáneamente (en fechas apenas alejadas entre sí) y con total independencia entre unos y otros. Lo que sí parecen estar bien fechadas (1908) fueron las primeras tentativas (conocidas) catalanas, acontecidas en Rasos de Peguera. Pero entonces ¿qué le quedó a La Molina? Pues casi todo lo demás: la primera prueba internacional (1912), el primer chalet de club (Chalet del Centro Excursionista de Cataluña, 1925), la primera estación de tren (casi empatada) aneja a una de esquí (1924), la primera escuela de esquí (1944), el primer remonte (1943) y la primera semana blanca escolar (1946). Así que sí, simplificando, hay que considerar a La Molina como la primera estación de esquí en España.

El desarrollo de todo lo anterior está detalladamente descrito en uno de los libros apuntados al final del artículo, el de A. Real. En cuanto a los pasos dados durante el proceso, fueron arquetípicos de un itinerario de implantación que se fue dando casi con idénticos detalles en otros puntos peninsulares en fechas muy cercanas. Lo del tren acabó siendo algo más excepcional (una lástima, en eso podríamos habernos parecido un poco a Suiza, pero se nos pasó el arroz por culpa de la Guerra Civil, el desarrollismo de la automoción, una herencia de crisis económica pertinaz, pobreza estatal endémica, etc.). Pero lo de los inicios medio aventureros, lo del perfil urbano-moderno de los primeros practicantes, el papel dinamizador de los clubes de montaña, el afán por construir refugios, la formación de expertos locales, la instalación de los primeros remontes, etc. En todo ello, tal y como yo lo veo, la mayoría de los procesos se parecieron mucho.

La lección histórica no debería desdeñarse porque actualmente, en una época en la que el esquí, convertido ya radicalmente en negocio (o industria), se encuentra en plena evolución y con varias alternativas de potencial dirección a la vista, y mucho me temo que se vienen dando síntomas de que la historia se repita, en el sentido de que, de nuevo, casi todas las estaciones opten por hacer lo mismo o parecido, sin diferenciarse unas de otras. Entonces aquello tuvo sentido, aunque actualmente puede que no. Pero todos estos asuntos han de quedar aparcados porque caen fuera de las intenciones del artículo.

Mis precedentes.

Hace ya muchos años, concretamente a finales de los setenta y principios de los ochenta, yo tenía un amigo residiendo en La Molina. Era un buen amigo con el que había pasado muchas jornadas de práctica deportiva en un club, además de uno de mis colegas habituales en la práctica del skateboarding. Se llamaba Guillermo Rosal y, lamentablemente, falleció hace décadas. Resulta que pasó varios años en La Molina como miembro del entonces equipo nacional de saltos de esquí. Y es que, en La Molina se habían construido varios trampolines. Nos escribíamos mucho. Me contaba sus progresos, me hablaba de su entrenador austríaco Willi Pürstl, de las medidas teóricas de los trampolines, etc. Cuando regresaba a casa para pasar algún periodo vacacional, nos veíamos en el club para entrenar físico juntos. Sin embargo, por falta de medios, económicos y de transporte, nunca fui a verlo allí durante su estancia.

Alp 2500 (La Molina y Masella)

En La Molina. Guillermo es el de la derecha. (Imagen: nevasport y otros lugares de Internet).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Astún, trampolín de 40m. Aquí Guillermo es el de la izquierda. (Imagen: nevasport y otros lugares de internet).

Alp 2500 (La Molina y Masella)

El equipo nacional con el entrenador Willi Pürstl (a la derecha del todo). Guillermo está, de pie, en el centro, justo detrás del chaval de azul marino. (Imagen: nevasport y varios otros lugares de Internet).

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Estado actual de los trampolines de La Molina. Este es el que está paralelo al muro de la pista Estadi. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Otra perspectiva del mismo trampolín. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Otro de los trampolines de La Molina. (Imagen propia).

Mi primera y única visita a La Molina (que no incluyó Masella) databa de 1997. Aquel año Puigcerdá acogió la celebración de los Campeonatos de España Universitarios de Esquí, los cuales gozaron de un estatus internacional open, con presencia de esquiadores andorranos y de la selección de Nueva Zelanda. El campeonato estuvo organizado repartiendo diferentes pruebas en distintas estaciones. Al menos recuerdo que Ordino acogió el supergigante, y La Molina el slalom. Yo estaba allí como miembro del equipo técnico de la UC porque había dirigido la preparación física de un esquiador de fondo y varios de alpino. Recuerdo haber esquiado algunos días en La Molina. Nuestro equipo de alpino se componía de dos monitores (una chica y un chico) sin perfil de competidores, otros dos varones (también monitores) austríacos (por eso del Erasmus) que tampoco tenían perfil de competición, y David. Él había estado en esquí estudio o perteneciendo al equipo nacional desde los cuatro o cinco años hasta los 18. Llevaba algunas temporadas sin competir y casi sin esquiar. Me tocó recuperarlo físicamente porque entonces se había dejado bastante, pero el caso es que llegó, compitió y se ganó una plaza para la universiada de Korea. Mi recuerdo de haber esquiado en La Molina era grato. Sabía que me había gustado, que me lo había pasado bien esquiando con toda aquella compañía, pero apenas recordaba ya las pistas, salvo el inolvidable muro que desemboca en Fontcanaleta.

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Decoración de la pechera de la camiseta conmemorativa del Campeonato Universitario de 1997. (Imagen propia).

Antes y después de aquello sí que había y he visitado la comarca. Dos veces en moto. Mucho antes, durante un viaje transpirenaico a los mandos de una Suzuki 500 GSE, con mi mujer. Entonces ascendimos la Collada de Toses desde Puigcerdá hacia Ripoll. Mucho tiempo después, ya con una BMW R 1200 GS y con un amigo en otra moto, trazando otra versión transpirenaica, salimos desde Bañolas, atravesamos la Garrocha y acometimos el mismo puerto en sentido inverso para, más tarde, brujulear por Font Romeu y el territorio francés. Aquellos viajes fueron veraniegos y motorizados, pero en ambas ocasiones disfruté mucho del paisaje, y me dije que sería bueno volver a esquiar por la zona. Tal y como finalmente así ha sido.

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Paradita en la Collada de Toses. Nuestras motos reposan. Al fondo, a la derecha, se aprecian pistas de La Molina. (Imagen propia).

Alp 2500 (La Molina y Masella)

La Collada de Toses desde las pistas de esquí. (Imagen propia).

Alp 2500.

Esta es la denominación otorgada al dominio conjunto de las dos estaciones. Aunque no lo he preguntado, supongo que el nombre provenga de la proximidad del pueblo de Alp respecto a ambas estaciones, unido a la altitud máxima aproximada de las dos. Curiosamente, al menos para un forastero como yo, los dos resorts tienen titularidades completamente ajenas entre sí. Masella (privada) parece ser independientemente solitaria, mientras que La Molina (pública) está integrada en el grupo Pirineu 365, compuesto por seis estaciones de esquí catalanas.

En todo caso, proponer un dominio de esquí conjunto entre La Molina y Masella no solo parece lógico, sino que, de no ser así, a ojos de un visitante externo, no hacerlo parecería irracional y, tal vez, una muestra de cainismo localista. Y es que la comunicación esquiada entre ambas áreas es posible y natural por varios lugares y, es más, hay un cordal descendente, una especie de arista roma casi totalmente esquiable, que puede ser descendida hacia sus dos aguas (yendo a parar a cada una de las dos estaciones) o por el filo (insisto, romo) de la descrita estribación.

Antes de proseguir, hay que aclarar que esquiar en ambas estaciones una misma jornada implica tener que sacarse un forfait conjunto, de otro modo el visitante podrá utilizar, únicamente, los remontes de la estación de la que haya adquirido el forfait. Nosotros esquiamos algunos días con forfait Alp 2500, pero para el último nos limitamos a Masella, para aprovechar un forfait de correspondencia de cortesía al que teníamos derecho por ser habituales de Alto Campoo. ¡Gracias Masella!

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Forfait del dominio Alp 2500 completo. (Imagen propia).

 

Todos los días gozamos de sol brillante, sin viento y mucho calor. Nieve muy dura por la mañana, transformándose paulatinamente hasta acabar como nieve primavera, agradable en pendientes medias y fuertes, pero pegajosa y trabona en las suaves o casi planas. Ambas estaciones estaban completamente cubiertas de nieve. Sin embargo, habían dejado alguna que otra pista negra sin tratar o cerrada, y mantenían algún remonte sin funcionar, al considerarlos superfluos por la poquísima gente que había y por servir para alcanzar puntos a los que llegaban otros. No es una crítica (quizás lo del pisado sí) porque realmente éramos poquísimos esquiadores en las estaciones. No había ninguna cola y prácticamente nada de tráfico en las pistas (muchas completamente vacías).

Los alrededores del dominio nos sorprendieron mostrando una orografía muy dulce, con cumbres muy redondeadas, grandes espacios libres y casi sin accidentes del terreno agresivos o afilados. A nosotros, que también somos practicantes del esquí de montaña, aquello nos pareció una especie de amplio patio de juego en el que poder diseñar infinidad de rutas y excursiones de fácil diseño a la vista. De hecho, sí que vimos a bastantes practicantes de la modalidad por diferentes zonas.

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Plano de Alp 2500 completo. Curiosamente, cuando estás por allí, lo que encuentras son los dos planos separados de ambas estaciones.

La Molina.

La Molina presenta varias orientaciones y, tal y como señalé antes, diversos puntos de inicio. Su paisaje es bastante romo, montañas altas redondeadas y una especie de gran plateau superior a una altura muy cercana a la de sus cimas más elevadas. Dicho plateau se encuentra prácticamente en medio del dominio e invita a descubrir sus alrededores si se llega a él con esquís de travesía. Pero si se está en modo alpino (con remontes) aquello, pese a estar arriba, es un espacio para debutantes. De él desciende una especie de cauce que se reúne con otro (ambos mediante pistas azules) que nos lleva por un precioso estrechamiento que finaliza en la base de una silla de regreso al plateau que no funcionaba. Lo malo de ese itinerario es que para regresar a la base principal de la estación nos espera un schuss que fácilmente transmuta en remada.

Hacia el este se encuentra la mayor parte del dominio, coronado por Puigllançada (2406m), una montaña que, igualmente, presenta poca pendiente en su parte superior (mayoría de azules) y mucha más desde media altura hacia abajo (casi todo rojas o negras). El recordado muro del Estadi está muy cerca de la base principal. Es ancho, bastante pendiente, orientado al frío, pero con una llegada muy amplia, limpia y de inclinación muy moderada. De media altura hacia arriba, La Molina es dulce, amplia, redondeada y despejada de rocas o bosque. Mientras que hacia abajo casi toda ella está cubierta de bosque de pinos. Rocas hay casi únicamente en la parte alta de una silla muy central llamada Roc Blanc, pero por allí no hay pista. En general, hay abundancia de pistas, aunque muchas de ellas se parecen tanto (sobre todo las de la izquierda del plano) que, aunque son buenas, no aportan mucha variedad. Otra cosa bien distinta son los itinerarios negro y rojo que descienden desde La Tosa (2537) hasta la base, que son variados y con cambios de orientación y de ritmo. La única pega es que, necesariamente, incluyen el plano schuss final. Lo bueno es que son íntegramente remontables mediante una telecabina. La Tosa es, precisamente, la cota máxima compartida por ambas estaciones. Pasar de una a otra es muy sencillo, pero siempre ha de hacerse desde dicha cumbre.

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Una de las sillas centrales que parten de la base de La Molina. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Rincón rocoso en La Molina. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Horizonte francés y carretera de la Collada de Toses, desde una pista de La Molina. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Jardín de nuestro apartamento, con vistas al muro del Estadi. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Muro de la pista Estadi. (Imagen propia).

 

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Uno de los "barrios" de La Molina al caer la tarde. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Modernos chalets de montaña. (Imagen propia).

Mi conclusión es que se trata de una buena estación, más grande de lo que parece. Y es que, cierta monotonía en sus pistas hace que puedas sentir que es más pequeña de lo que en realidad es. Vi posibilidades de fuera de pista y, desde luego, muchas para correr y carvear. Las pistas las trabajan a conciencia y, vacía, es una estación divertida, aunque mucho me temo que, en plena temporada o los fines de semana, aquello deba ponerse hasta la bandera, teniendo en cuenta que podemos considerarla (esto también va por Masella) como una estación de metrópoli (Barcelona) y de capitales.

Masella.

Masella nos gustó bastante más. Principalmente porque su orografía es más rompedora y le aporta mayor variedad en los trazados. Prácticamente comparte con La Molina la arista (no afilada) superior de La Tosa que ejerce de linde entre ambas estaciones. Al descender por ella, en determinado momento hay que decidir hacia cuál de las dos se continúa. Hacia Masella hay opciones azul y roja. Ambas terminan en un pequeño plateau al que llegan, desde abajo, dos potentes sillas. En torno a una de ellas (izquierda del plano) discurren varias pistas rojas y azules de bosque. Aquello es un territorio muy agradable que, muy bien tratado por las máquinas pisapistas, resulta estupendo para carvear de lado a lado de la pista a gran velocidad (recalco que los días en que estuvimos allí apenas había esquiadores). Hasta ahí, una zona algo apartada del grueso principal de Masella.

Y es que, la mayor parte del dominio se encuentra entre su base (1600m) y la cumbre de La Tosa (2535m). La otra silla antes aludida sale de la base en diagonal hacia el plateau antes descrito, y ofrece una roja de bosque con cambios y varias variantes azules para deshacer su ascenso. También desde la base, el eje principal de remontes se configura con una silla que empalma con telesquí, otra silla a la izquierda de este, y otra que proviene del lado contrario. Todo ello hace que los descensos desde la cota más alta puedan dibujar unas cuantas variantes. Y es que la montaña, en esa orientación, parte de una amplia ladera superior con varias pistas casi paralelas y muy parecidas, pero pronto se bifurca en dos evidentes canales. La primera canal (de izquierda a derecha del plano) es muy bella, con un toque agreste aportado por sus flancos rocosos, los cuales, por cierto, invitan a probar algunos corredores de fuera de pista que no parecen excesivamente arriesgados. Por allí discurren unas variantes rojas con algún tramo azul.

La segunda canal (o vaguada estrecha) se puede tomar mediante dos negras que nosotros no disfrutamos por encontrarse irregularmente heladas (se habían quedado sin pisar hacía días, habiéndose endurecido completamente las huellas viejas, los pedazos sueltos congelados, etc. No hubiera sido peligroso, pero sí desagradablemente incómodo). También se puede tomar un poco más abajo, mediante una roja con constantes variaciones de dirección y pendiente, una vez ya metida en el seno de la cuenca. Es una pista muy interesante que alcanza la base de una corta silla transversal, para regresar al núcleo de la zona alta, o que puede seguirse disfrutando, por roja o negra, hasta la base de la estación.

Al igual que en La Molina, en Masella los bosques tapizan en torno a un 60% del desnivel esquiable. También allí queda mucho terreno con nieve por explotar, que ahora queda para el disfrute de los esquiadores de montaña. Entre las dos estaciones, además de una mayor variedad orográfica en favor de Masella, también encontramos que en ella la nieve (hablamos de primavera soleada) se conservaba bastante mejor. Quizás fuera por la menor exposición de la misma al sol en todas las pistas integradas en su territorio de canales, en el cual siempre hay espacios de sombra a lo largo del día.

Por allí, los paisajes mostraban varios macizos franceses bien surtidos de nieve y un skyline muy redondeado en las proximidades. Algo más lejos, una sección pirenaica más cargada y bastante afilada, que identificamos como Andorra. Desde La Molina atrae la cercana carretera de la Collada de Toses, y se intuyen las ondulaciones frondosas del sur de la Cerdanya, el Ripollés y la Garrotxa. Desde la mayoría de los rincones de Masella, lo que impone es el extenso altiplano que acoge a Alp, Puigcerdá, Llívia y multitud de pueblos y territorio llano de altitud. Tal es así que hay pistas en las que, al inclinarse la pendiente y quedar ambos flancos enmarcados por el bosque, en cada cambio de rasante da la impresión de que vas a llegar esquiando hasta el valle. Una gratísima sensación óptica y kinestésica.

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Forfait de Masella. (Imagen propia).

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Vista del final de una de las pistas de Masella más próximas a La Molina. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Autorretrato en Masella. Pista muy bien trabajada. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Bosque en Masella con un lago artificial como reservorio para la producción de nieve artificial. (imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Silla que asciende hacia La Tosa, con la canal izquierda parcialmente visible. (Imagen propia). 

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

La canal vista desde su acceso superior. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Interesante perspectiva en Masella: pista de bosque que apunta hacia el altiplano, más al fondo, los Pirineos orientales. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

F disfrutando de otro día más de sol y nieve. (Imagen propia).

Durante nuestra estancia carveamos sobre nieves rápidas, nos recreamos en giros muy cortos sobre nieve primavera (disponíamos de dos tipos de esquís bien distintos), mantuvimos el tipo en nieves muy duras e incluso disfrutamos de una breve bajada por nieve polvo sin pisar, haciendo huellas mientras sorteábamos algunos parches venteados. Respecto a lo gastronómico, poco pero bueno que contar. Poco porque en mitad de la estancia anduve algo fastidiado del estómago y tuve que cuidar mis ingestas. Sin embargo, me dio tiempo de, un día, comerme un estupendo bocadillo de butifarra con pantumaca y cebolla caramelizada en una terraza en pistas. Y nuestra cena de despedida la celebramos en un restaurante de La Molina con unos sabrosos caracoles picantes, tinto pinot noir y una contundente sopa de cebolla.

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Caracoles picantes. (Imagen propia).

 

Alrededores.

Fieles a nuestro espíritu viajero, alguna tarde complementamos la jornada con alguna visita. Yo había estado en el 97 pernoctando en Puigcerdá durante aquel lejano campeonato universitario. Pero ni tuve tiempo de recorrer la localidad, ni conservaba apenas recuerdos, entre otras cosas porque estuve casi todo el tiempo fuera de la ciudad u ocupado. Recordaba su complejo polideportivo porque allí se celebraron reuniones técnicas previas. También la pista de hielo porque una tarde nos pusimos a patinar. Pero el hotel estaba a las afueras, y únicamente fuimos a una discoteca la última noche, finalizadas las pruebas deportivas.

En esta ocasión nos fuimos a pasear por el centro cuando ya anochecía. Está construido sobre una colina bastante pendiente que incluye un acantilado en un buen tramo de su perímetro. Hay que andar cuesta arriba para llegar a la Plaza de Santa María, que es bonita y colorida. Alrededor, mucho comercio, calles peatonales, establecimientos de hostelería y acogedor ambiente callejero con gente de todas las edades. La plaza está dominada por la torre de la iglesia de Santa María, que es lo único que queda en pie de lo que fue templo. Muy cerca de allí está el edificio del Casino, que es singular y de estilo modernista. Dentro está repartido para diferentes usos. Uno de ellos es un gimnasio de concepción muy al uso actual, chocantemente iluminado por una espectacular araña de la época de la fundación del edificio. No lejos de allí se encuentra la Biblioteca del Contat de Cerdenya, que es pública y ocupa los restos de un bonito claustro que formó parte de un convento dominico construido entre los siglos XIV y XVIII, posteriormente desamortizado por Mendizabal.

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Torre de Santa María iluminada en Puigcerdá. (Imagen propia).

Una tarde, todavía con luz, la dedicamos a pasear por el casco antiguo de Llívia. La localidad tiene el aspecto de típica población pirenaica, con casas agrupadas conformando calles estrechas no alineadas, fachadas de piedras aplanadas y tejados de pizarra. Un centro bonito desde el que, por lo que parece, se va expandiendo radialmente cierta pujanza inmobiliaria que, al menos, trata de conservar el estilo original. El terreno lo domina una iglesia más bien sobria y no demasiado antigua, cuya singularidad radica en los torreones que forman parte de una especie de fortaleza que la circunda. Al lado, unas excavaciones nada vistosas de lo que se asegura que fue un foro romano. Casi pegada al templo está la sede de la oficina de turismo y de un museo local que ofrece información visual sobre Llívia (historia, flora, paisanaje…) y en el que se exponen los restos (muebles, enseres, recipientes, etc.) de la que fuera la farmacia más antigua del Pirineo: Esteve. El museo tiene aspecto de nuevo y su visita no cansa, pero su relato (porque abusa claramente de lo que actualmente suele denominarse relato) nos pareció cargado de mucho sesgo interesado a base de recortes, versiones y nomenclatura modificada en lo que se refiere a algunos datos históricos; enfásis exagerados; y cierta mezcolanza entre la historia y la leyenda. Algo de lo también avisa un autor que enseguida citaré. También hay una placita muy coqueta con varios restaurantes, uno de los cuales se aloja en una casa antigua bastante singular. Un paseo por Llívia merece la pena, pero no lleva mucho tiempo, otro cantar sería ya quedarse a cenar, pues hay una amplia oferta. Durante nuestra visita el pueblo estaba muerto. Era día de labor y en las horas centrales de la tarde, pero gran parte del comercio estaba cerrado, y nos dio la impresión de que todo aquello vivía y estaba dispuesto de cara a los fines de semana y periodos vacacionales de temporada alta. No es algo que me agrade percibir, y sé de lo que hablo por vivir donde vivo…

Para llegar a Llívia (España) hay que atravesar, sí o sí, territorio francés. Aquello es un pequeño enclave territorial pequeño, rodeado de Francia por todo su perímetro, aunque este se encuentra a 1,7km de la frontera española. Viene a ser lo que Sergio del Molino denominaba en uno de sus libros un lugar fuera de sitio. Al autor y al libro (Lugares fuera de sitio: viaje por las fronteras insólitas de España) ya los traje a colación recientemente en un artículo dedicado a Andorra y Grandvalira, pero no me resisto a reutilizarlo (ecológico que es uno).

Por los comentarios vertidos por Del Molino sobre Llívia, podría deducirse que su realidad existencial no le resulta simpática en absoluto. Si su estudiado punto de vista es veraz, a mí tampoco. El escritor le dedica pocas páginas, algo que mantiene cierta congruencia con el tiempo aparentemente necesario para conocer la villa. Sí, la villa, porque el disfrutar de tal privilegio en el siglo XVI fue el principio de la historia de por qué Llívia no es francesa. El origen de su casuística podría, tal vez, fecharse en 1659, al firmarse el tratado de Paz de los Pirineos. Del Molino le achaca a Llívia cierta tendencia al comportamiento chaquetero en sus relaciones con el poder, y pone ejemplos de ello en diferentes épocas recientes, como la del desarrollismo turístico franquista y la de mayor efervescencia independentista catalana.

«Este pueblo, que, en sus días más espléndidos no ha llegado ni a dos mil habitantes, ha recibido desde mediados del siglo XX toda clase de mimos institucionales, y es uno de los pocos lugares de España que puede presumir de haber gozado del favor tanto del franquismo como del catalanismo, con idéntica entrega y parecidos modales». (S. del Molino).

«Llívia es un pueblo que se lleva bien con el poder, porque el poder descansa los fines de semana en sus restaurantes y en sus chalets y Masías». (S. del Molino).

«Es un ambiente ideal para la conspiración, lejos de todo y con las setas y los embutidos ceretanos bien colocados sobre los manteles junto al “pa amb tomaquet”, en las cenas que lubrican cualquier encuentro.

Cada domingo por la tarde, los vecinos de toda la vida ven marchar los coches de los barceloneses ricos, y les despiden deseando, tal vez, que nunca resuelvan sus discusiones y que no se solucione jamás su rareza geográfica. Que no se cumplan los sueños de los catalanistas más insurrectos y que puedan seguir presumiendo de pica y barbacana». (S. del Molino).

En lo que a mí respecta, únicamente cito, porque una visita fugaz no puede dar pie a profundizar en el asunto. Ni confirmo, ni desmiento, aunque, en lo puramente observacional, sí que se aprecia cierta abundancia de residencias de fin de semana y de restaurantes interesantes o de nivel algo selecto.

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Iglesia-fortaleza de Llívia. (Imagen propia).

 

Alp 2500 (La Molina y Masella)

Un pintoresco restaurante de Llívia. (Imagen propia).

 

Un disparate caprichoso.

Voy a cerrar este artículo con un capricho personal que quizás les parezca un disparate a algunos lectores. Advierto de antemano que tal vez no sea apto ni para catalanistas con alergia a lo español y a lo peninsularmente central, ni para madrileños con prejuicios periféricos. Pese a ello, y recalcando anticipadamente que se trata de una opinión personal y de una apreciación de observador neutral, externo y … ¡de provincias!, ahí va:

La Molina y Navacerrada se me parecen bastante. Me recuerdan mucho la una a la otra respectivamente, y encuentro en ambas muchos elementos comunes. Las dos están situadas en sendas zonas bastante redondeadas de sus respectivos sistemas montañosos. Se caracterizan por un paisaje boscoso de pinares de hoja perenne que cubre la mayor parte de las faldas de sus montañas hasta altitudes bastante elevadas. Su nacimiento y desarrollo inicial fue muy similar en los pasos dados, y no demasiado alejados entre sí en lo que a fechas se refiere. Por poner un ejemplo muy concreto, ambas se estuvieron alternando, desde 1924, durante varios años (más o menos hasta el estallido de la Guerra Civil), en la organización de los sucesivos campeonatos de España de esquí. Ambas se caracterizan (y hay muy pocas que añadir a esta lista de privilegiadas) por disfrutar de una línea y estación de ferrocarril, inaugurados, además, con apenas un año de diferencia. Sus urbanismos, en parte, tienen mucho en común, una especie de collage de apariencia algo caótica, a base de chalets, refugios de clubes con solera, hoteles, edificios de servicios, etc. Claramente obsoletos en Navacerrada (por lo que pronto explicaré) y con bastante actualización en La Molina. Y es que, mi defendido paralelismo histórico se rompió, aproximadamente, durante la década de los años ochenta (tal vez finales de los setenta), cuando en Navacerrada, por causas multifactoriales, se detuvo el tiempo, y todo aquello empezó a languidecer y a duras penas sobrevivir, anunciando una futura desaparición que, aunque no ha acabado de consumarse del todo, camino lleva.

Por el contrario, el proceso de desarrollo de La Molina se mantuvo activo, se siguió invirtiendo, planificando, organizando, avivando el mercado inmobiliario, etc. Así que, actualmente, la catalana es una estación viva y presente, mientras que la madrileña apenas un recuerdo físico nostálgico. Distintos destinos, pese a otro importante factor común: ambas son o fueron el patio de recreo esquiador para grandes capitales y ciudades populosas relativamente próximas (Madrid y su enorme cinturón periférico; Barcelona, Gerona y alrededores; en ambos casos varios millones de habitantes). De ello provino su pujanza histórica inicial, aunque su presente haya evolucionado de modo tan dispar. Otro atributo de similitud es que ninguna de las dos es un destino de carretera terminal, como el caso de muchísimas estaciones de esquí. Al contrario, en ambas de coronan uno o dos puertos de montaña con carretera a otra (u otras) vertientes. De hecho, en ambas surge un pequeño nudo de carreteras de montaña: GIV-4082, GI-400, BV-4031 y N-260 en La Molina; M-601, SG-615 y C. Angostura en Navacerrada. Por si todo lo anterior fuera poco, ambas han disfrutado ¿o sufrido? de competencia vecinal prácticamente colindante: La Molina con Masella; Navacerrada con Valdesquí y, en el pasado, con Valcotos. Pero, no se vayan todavía que aún hay más: en sus inicios, las dos apostaron por incluir trampolines de salto en su oferta deportiva.

Y luego está eso otro, intangible, discutible, opinable, difícil de percibir para los protagonistas locales, pero claramente apreciable para el observador externo, el de provincias, para algunos incluso, tal vez, el paleto. En este caso, yo. No sé cómo será actualmente el ambiente de sendos lugares de esparcimiento montañoso, pero para los de mi generación, o al menos para aquellos de mi generación con los que yo he llegado a relacionarme con el paso del tiempo, ambas sierras fueron o han sido lugares de solaz de fin de semana y vacaciones para familias de clases medias y altas. Juventudes de diversión y libertad, alternando ligues con excursiones por la montaña, esquiadas invernales y bautismos de motor a los mandos de motocicletas de campo de producción nacional (Cota, Sherpa, Lobito, varias Ossa, Capra, Pursang…). Fiestas o guateques de Chalet, con o sin piscina, asistencia urbanita a las verbenas veraniegas de los pueblos de alrededor de las estaciones, etc. Seguro que muchos sabrán de lo que les hablo, da igual que sea en catalán o en castellano castizo. La película, al menos desde mi periférico punto de vista, no difiere mucho. Espero que nadie se tome esto como una crítica porque no lo es. Todo lo contrario, tengo maravillosos recuerdos de todo ese tipo de lances porque se me abrieron muchas puertas para disfrutarlos, especialmente en la Sierra de Guadarrama, y porque tengo algunos conocidos catalanes que me han narrado vivencias muy similares en las montañas de la Cerdanya. Ambos entornos algo semejantes, y sobre los que espero que se acierte a saber preservarlos para futuros disfrutes.

Ignoro si volveré a esquiar en Alp 2500, no entra en mis planes, me parece poco probable, pero nunca se sabe. He disfrutado mucho allí, regresando muy satisfecho de la experiencia. Lo que sí tengo claro es que iré algún día al otro destino catalán que tengo pendiente para esquiar, y espero en que no sea a mucho tardar. Quizás la próxima temporada, ya veremos. Sé lo que quiero hacer allí y qué visitar.

Para profundizar (dos películas y unas pocas referencias bibliográficas):

“Amor bajo cero”. (1960). Dirigida por Ricardo Blasco, con Toni Leblanc, Concha Velasco, etc. Música de Augusto Algueró y Los Cinco Latinos. Siendo una típica comedia amorosa de su época, simultáneamente y a todo color, ofrece una potente carga promocional de la estación de esquí de La Molina, lo que la convierte en un estupendo documento histórico.

“Las verdes praderas”. (1979). Dirigida por José Luis Garci, con Alfredo Landa, María Casanova, Carlos Larrañaga, Irene Gutiérrez Caba, etc. Aunque no tiene nada que ver con el esquí, sí que podemos relacionarla con mis postreros comentarios respecto al asunto de los chalets en las sierras cercanas a las grandes capitales. No refleja los ambientes juveniles comentados, pero sí el de sus progenitores. Estamos ante una parodia tragicómica, crítica con el estilo aspiracional de la época, el cual, en gran medida, fue responsable del paisaje urbanístico actual de algunas de nuestras montañas.

REAL, Antoni: “Un siglo de esquí en el Pirineo”. Lectio ediciones. Valls, 2011.

GUTIÉRREZ LÓPEZ, José: “¿Por qué esquiamos? Una crónica cultural del esquí, de su historia y valores”. Libros de ruta. Córdoba, 2025.

DEL MOLINO, Sergio: “Lugares fuera de sitio: viaje por las fronteras insólitas de España”. Espasa. Madrid, 2018.

Sin título



 

 

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13 Comentarios Escribe tu comentario

  • #1
    Fecha comentario:
    30/05/2026 16:21
    #1
    N.P.I. De nada
    "

    karma del mensaje: 15 - Votos positivos: 2 - Votos negativos: 1

    • Gracias!
  • #2
    Fecha comentario:
    31/05/2026 09:38
    #2
    Honestamente no hace falta que vuelvas a nuestras pistas. Quedate en la meseta. Cuidate

    karma del mensaje: -11 - Votos positivos: 0 - Votos negativos: 1

    • Gracias!
  • #3
    Fecha comentario:
    01/06/2026 09:13
    #3
    Impresionante report. Como siempre bien trabajado, y además muy expuesto a nivel personal, cosa que se agradece, sobre todo, vista la cantidad de haters y demás bichos que pululan en estos medios anónimos.
    Curiosa visión del paralelismo con Navacerrada, que me ha sorprendido y que creo, que no te falta razón en muchas reflexiones.
    Gracias x el trabajazo. :+:

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    • Gracias!
  • #4
    Fecha comentario:
    01/06/2026 10:48
    #4
    #3 no hace falta ser anónimo para ser hater wedeln, mira X por ejemplo

    Un saludo
    pepe

    karma del mensaje: 17 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #5
    Fecha comentario:
    01/06/2026 16:50
    #5
    buena info

    karma del mensaje: 14 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #6
    Fecha comentario:
    01/06/2026 20:25
    #6
    gracias por el reportaje , muy cuidado , buenas huellas y sigue disfrutando

    karma del mensaje: 29 - Votos positivos: 2 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #7
    Fecha comentario:
    02/06/2026 09:19
    #7
    #4 Yo no entro ahí ni que me paguen... Al nazi del Musk, le van a dar mucha morcilla, aunque creo que no debe estar muy preocupado que yo y otros cuatro iluminaos, no usemos su red...

    karma del mensaje: 15 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #8
    Fecha comentario:
    02/06/2026 10:22
    #8
    Buen reportaje!! Siendo esquiador habitual de la zona de la Cerdanya , me parece muy interesante las percepciones personales de los no habituales. Gracias!

    karma del mensaje: 29 - Votos positivos: 2 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #9
    Fecha comentario:
    05/06/2026 12:37
    #9
    Me ha gustado mucho tu visión como visitante de la Cerdanya, los comentarios a Llivia creo que son merecidos, y el paralelismo final entre las estaciones de Molina y Navacerrada muy acertado.
    En esto último hay que reconocer que históricamente la Gene ha invertido y continua invirtiendo cada año bastante pasta en La Molina (y en otras estaciones como Vallter, Espot, Nuria, Boi taull, Port Aine, mas las de esqui nordico) para mantenerlas actualizadas y vivas, ya que la actividad económica y el empleo de estas comarcas de montaña depende en gran medida del turismo y de la nieve. Yo lo veo un acierto.

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  • #10
    Fecha comentario:
    05/06/2026 12:44
    #10
    Currado y muy bien ilustrado repor Delmer y con percepciones personales.

    Gracias por compartir

    feliz verano :+:

    karma del mensaje: 14 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #11
    Fecha comentario:
    09/06/2026 08:33
    #11
    #3 Perdona el retraso en la respuesta, pero es que he estado un tiempo de viaje. Gracias por tus comentarios. El paralelismo tiene unos cuantos sorprendentes puntos en común. Todos ellos son hechos (agraden o no), excepto lo que es opinión y tiene que ver con las actividades juveniles en ciertas épocas pasadas. Eso no quita para que ambas zonas hayan, con el tiempo, evolucionando de modos diametralmente opuestos: con sostenido desarrollo en el pirineo catalán, y ostensible deterioro en el caso madrileño.
    Un saludo.

    karma del mensaje: 16 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #12
    Fecha comentario:
    09/06/2026 08:39
    #12
    #8 Te agradezco el comentario, especialmente viniendo de un habitual de la zona. Tal y como he pretendido dejar claro en el texto, la zona me gustó mucho y la disfruté enormemente esquiando. Siempre se ha dicho que viajar a diferentes lugares es una escuela de la vida más. Se aprende mucho con ello. Yo añadiría que también lo es lo inverso: el que foráneos te visiten y contrasten con uno sus percepciones, sean estás más o menos acertadas.

    karma del mensaje: 32 - Votos positivos: 2 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #13
    Fecha comentario:
    09/06/2026 08:45
    #13
    #9 Totalmente de acuerdo contigo. Y dicha inversión se nota claramente. Ambas estaciones funcionan muy bien (el tiempo que las visité) y parece claro que lo hacen dando servicio a una población circundante inmensa, lo cual nunca es fácil. Respecto a Llivia, en apenas unas horas de visita, no soy quien para opinar, por eso me he limitado a citar a un tercero. Pero la impresión de cierre y baja actividad aquella tarde me recordó mucho a lo que ocurre en uno de los pueblos del ayuntamiento en el que resido (que es de costa) y que por estar totalmente centrado en el turismo, entre semana, cuando no es verano, parece una localidad fantasma.

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    • Gracias!

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