Casi siempre que viajo a esquiar a grandes estaciones me suelo decantar por alojarme a pie de pistas, lo cual, en la mayoría de los casos, en los Alpes y, especialmente en Francia, hace que lo haga en una población de cierto tamaño, a estas alturas de la historia configurada de cara a una demanda turística más bien masiva. Que su objetivo sea atender a mucha gente no obliga a tener que sufrir grandes afluencias si el visitante, como es mi caso, tiene mucha libertad para seleccionar las fechas. Cosa que, una vez más, apliqué en esta visita. La gran diferencia, en esta ocasión, es que no opté por alojarme en un el centro neurálgico de ninguna gran estación, sino en un pueblo alpino. Una auténtica aldea de montaña, sin edificios de pisos, encantadora y asentada sobre una empinada ladera: Peisey Nancroix.
Cuando digo pueblo es que lo es. Todo en él son casas o chalets (más o menos rústicas, más o menos rehabilitadas o modernamente construidos imitando el estilo arquitectónico tradicional local). Bastante piedra, muchísima madera en las estructuras superiores y cubiertas de losas, pizarra natural o pizarra procesada y moldeada. Sin adosados, pareados o chalets individuales replicados. Con calles estrechas, sobre un alzado urbano algo caótico en ciertas zonas, una iglesia rodeada de cementerio, panadería, quesería, cuadras de vacas, etc. En definitiva, un ambiente más bien rústico, tranquilo, agradable y, desde un punto de vista alpino, hasta algo bucólico. Lo cual, vivida la experiencia, tengo que decir que me encantó, y que será algo que vuelva a buscar en algunas otras futuras ocasiones.
Nancroix fue un barrio residencial de casas turísticas que algunos locales de Peisey, anteriormente emigrados a las ciudades, se construyeron como residencias vacacionales durante el periodo de entreguerras. Su nombre se añadió al de Peisey, por votación popular, en 1932. Por entonces, Nancroix ya contaba con 5 hoteles, contra los 3 de Peisey (todos pequeños y de montaña). A mediados del siglo XX, algunos regidores del ayuntamiento apostaron por la creación de un resort de esquí varios cientos de metros por encima del pueblo. Con un segundo plan, planteado en 1963, aquello empezó a tomar forma, y un año después ya contaba con algunos edificios (varios chalets) y los primeros remontes.
Las iglesias de los pueblos de la comarca son de un barroco que no lo aparenta en sus exteriores, al ser estos muy sobrios y fríos. Por lo visto, dicho estilo se da en el interior, en concreto en los recargados retablos. Además de lo enumerado, en el pueblo hay un minúsculo museo etnográfico en el que se ha recreado un aula escolar de pueblo, bien surtida de detalles y material didáctico de siglos atrás; y el interior de una cabaña rústica, repleto de enseres y con muestra de algunos trajes regionales.
Peisey-Nancroix coronado por su iglesia. (Imagen propia).
Una de las numerosas casas rehabilitadas en Peisey-Nancroix. (Imagen propia).
La ubicación de Peisey-Nancroix vista desde el Vanoise Express (desde el lado de La Plagne). Algo por encima del pueblo se aprecian las pistas de esquí que surcan el bosque. (Imagen propia).
Acceso a la iglesia y cementerio de Peisey-Nancroix. (Imagen propia).
Detalle de un tejado tradicional. Al fondo se aprecia una de las dos cabinas del Vanoise Express. (imagen propia).
Más detalles del pueblo durante la nevada final. (Imagen propia).
Antigua oficina de correos reconvertida en bistro. (Imagen propia).
F echando un vistazo a una microbiblioteca pública libre. (Imagen propia).
Establo de vacas en el centro de Peisey-Nancroix.
Aula montada en el museo etnográfico. (Imagen propia).
Otro espacio del museo. (Imagen propia).
Nos alojamos en un apartamento insertado en la planta baja de una casa grande tradicional, ubicada en la calle principal en el centro del pueblo. Los propietarios, que alquilan más inmuebles, nos recibieron invitándonos a unas cervezas de producción artesanal local, momento que aprovecharon para mostrarnos sus otras instalaciones y darnos muchos consejos sobre el disfrute del esquí en La Plagne, lugares donde parar a comer, etc. Pasamos una buena tarde con ellos. Los desayunos, poco habitual en el caso de apartamentos, estaban incluidos, y de un modo algo peculiar. Nos habían dejado reservas de zumos, mantequilla, mermeladas, fruta, café, chocolate, etc. así como tantos vales como días para que, cada mañana, cruzáramos la calle hasta la boulangerie, donde se nos proveía de una baguette y varias piezas de repostería (croissants u otras). Quien esté habituado a la panadería francesa de proximidad entenderá que aquello supuso toda una fuente de placer matinal.
Paradiski es el dominio esquiable más próximo a Bourg St. Maurice, localidad clásica para los asiduos a las estaciones de los Alpes franceses porque está situada al norte del Parque Nacional de La Vanoise, lo que implica bastante proximidad con Valmorel y Los Tres Valles por el oeste, y Tignes-Val d’Isere por el este. Pero es que la villa queda justo debajo de Les Arcs, a donde llega un funicular que sale de la localidad. Bourg St. Maurice tiene, al menos, una visita vespertina de apré esquí. Su centro urbano se recorre en poco tiempo caminando. En él se encuentra un típico Café de la Paix haciendo esquina en una especie de plaza de la que parte una animada calle comercial peatonal. En ella, nada de repetitivas franquicias, sino tiendas y establecimientos locales, pequeños y coquetos, muy al estilo galo. A destacar, una maravillosa librería especializada en libros de montaña y de viejo. Hay que estar atentos porque se encuentra en un espacio al fondo, al que se accede atravesando una tienda de artesanía en madera.
Café de la Paix en Bourg Saint Maurice. (Imagen propia).
Para explicar el dominio Paradiski, conviene partir de una simplificación previa. Aunque nominalmente incluye tres estaciones: Les Arcs, la combinación Peisey y Vallandry, y La Plagne. Desde un punto de vista práctico del esquí, podemos considerarlas como dos: Les Arcs (que incluye todos los Les Arcs, Peisey y Vallandry) y La Plagne. Ambas, nacieron y se desarrollaron de forma independiente durante décadas, hasta que, en 2003, se inauguró el Vanoise Express, un impresionante teleférico con cabina de dos pisos, que conecta un extremo de Les Arcs (Peisey) con un extremo de La Plagne. No es un remonte en el sentido de ganar pendiente, sino que enlaza ambos dominios de forma horizontal, salvando una abrupta cuenca, en una de cuyas laderas se asienta, precisamente, Peisey Nancroix. Así pues, el concepto de conectividad es muy similar al que encontré en Whistler-Blackcomb (Canadá) y que también está sirviendo de solución de conectividad para proyectos de ampliación o fusión de dominios en otros lugares.
Cabina de dos pisos del Vanoise Express. (Imagen propia).
El forfait actual.
Que viviéramos en un pueblo no implicó que tuviéramos que utilizar coche para ponernos a esquiar. Sí que lo usamos para algunas visitas turísticas complementarias un par de tardes, pero no para el esquí. Una vez descargado el equipaje a la llegada, aparcamos el vehículo en una zona gratuita junto a la base de una góndola peatonal. En él dejábamos los esquís y los bastones. Nuestro apartamento estaba situado a unos 250 metros, que recorríamos caminando con calzado cómodo y la bolsa de las botas al hombro. Nos calzábamos y descalzábamos en el coche, antes y después de cada jornada, pero las botas iban con nosotros a casa para que se secaran bien. La góndola funcionaba constantemente todo el día. Constaba de unas cestas agrupadas en las que había que subirse de pie con los esquís en la mano. La base superior conectaba exactamente con una silla del dominio de Les Arcs, y con una de las dos estaciones del Vainoise Express, así que, tanto para comenzar y finalizar cada día, estábamos situados en el centro justo entre los dos grandes dominios. Lo ideal para recorrerlos a placer y sin apuros de tiempo.
Les Arcs – Peisey Vallandry.
Esta era mi segunda visita a Les Arcs… ¡40 años después! Mis recuerdos eran muy buenos en lo que se refiere a valoración general. Es decir, sabía que me lo había pasado muy bien esquiando y que me había gustado mucho. Había acudido en mi época de universitario, costeándome el viaje a cambio de impartir dos horas matinales de cursillo a lo largo de la semana de estancia. Había viajado en el autobús del pack completo en un viaje organizado por un amigo y compañero de promoción (Nacho Z.) que solía contar conmigo como monitor para ese tipo de planes. Conmigo venían dos amigos a los que he perdido completamente la pista, pero de quienes tengo muy gratos recuerdos (Carlos y Scacker). El grupo de clase fue un verdadero chollo: un grupo de chavales de mi edad o poco menos con buen nivel de esquí, así que, visto el panorama, mi labor consistió en hacer de guía cambiando de ruta cada día, sacarlos a nieve virgen cuando había posibilidad y proponerles diversas técnicas de virajes menos habituales en según qué zonas. No siempre venían todos a clase porque había noches que se les complicaban mucho a algunos de ellos, pero lo pasamos bien. Años después, me dijeron que uno de ellos, un tal R…, llegó a ostentar algún cargo relacionado con el esquí en La Pinilla, pero no lo puedo asegurar.
Pese a todos esos recuerdos generales, no recordaba ningún detalle del apartamento (creo que estábamos alojados en Les Arcs 1800) ni de la configuración de las pistas, salvo de algunos tramos de bosque muy interesantes. Aquella vez esquiamos todos los días, aunque el tiempo no estuvo siempre despejado, y debió de nevarnos algo.
Mi forfait para Les Arcs cuatro décadas atrás.
El área de esquí de Les Arcs está distribuido en torno a varios núcleos urbanos: Plan Peisey (1600) y Vallandry (1600) prácticamente constituyen uno; luego están Arc 1800, Arc 1600 y otro que casi reúne a Arc 1950 y Arc 2000. Pero la distribución urbanística no coincide con la orográfica, así que, desde el punto de vista del espacio para esquiar, tal y como yo lo veo, el dominio queda configurado mediante tres espacios claramente definidos que pretendo describir de este o nordeste a oeste o suroeste (de izquierda a derecha mirando el plano de pistas).
Plano de pistas de Paradiski. (Imagen: weski.com).
Por un lado, tenemos la joya de la corona, la cima Aiguille Rouge, a la que se asciende mediante un teleférico que parte de una de las cotas más altas de la siguiente área que explicaremos. En un día espléndido, pero de una semana de baja afluencia, tomarlo por la mañana implica algo de cola, aunque esta es más llamativa que realmente lenta, enseguida te toca turno, aunque me imagino que en temporada alta aquello debe resultar algo tedioso. La cima merece la pena. Para empezar, por las magníficas vistas que ofrece de una inmensa porción de los Alpes. Destacando, muy especialmente (y con sorprendente proximidad) todo el macizo del Mont Blanc, el cual, todo hay que decirlo, es perfectamente visible desde casi todo Les Arcs y algunos puntos de La Plagne. En segundo lugar, la cumbre es muy interesante porque se desciende por una larga pista negra cuyo muro inicial impone bastante (por su pendiente) a muchos esquiadores. Pero aún queda lo que quizás sea lo mejor de todo, el que, estirada la negra hasta cierto punto, se puede optar por continuar por una roja, que finaliza azul, tras haberse marcado un fascinante y variado descenso de ¡2000m de desnivel! Desde la cumbre (3200m) hasta Villaroger (1200m). Puedo asegurar que descensos de tal envergadura vertical ininterrumpida no son fáciles de encontrar. Eso sí, regresar al área esquiable más próxima conlleva enlazar tres sillas.
Estación inferior del teleférico de l'Aiguille Rouge. (Imagen propia).
Vista desde la cima de l'Aiguille Rouge con el Mont Blanc en el horizonte. (Imagen propia).
Cabina del teleférico en la estación superior. (Imagen propia).
La siguiente gran área es extensa y está dotada de muchos remontes, algunos de ellos muy modernos y rápidos. Es una especie de gran cuenca esquiable por todas las orientaciones excepto por donde desemboca. Su eje principal es azul, pero la mayoría de sus laderas son negras y rojas de diferentes trazados, orientaciones y orografía. Así pues, muy variado y entretenido y, por lo general, con muy buena nieve porque casi todo ello está por encima de los 2000m. En el hipotético centro de la cuenca están Arc 2000 y Arc 1950. El segundo es un núcleo urbano de concepción moderna, pero buscando una estética alpina tradicional (casi podríamos calificar de estandarizada en versión suiza): edificios no demasiado altos, con tejados inclinados a dos o más aguas, cubrimientos y estructuras en madera, detalles típico y tópicamente alpinos, etc. Un conjunto bonito, poco agresivo, acorde con el gusto tradicional, pero incapaz de ofrecer singularidad o personalidad propia. Desde mi punto de vista, mejor que muchos engendros o caóticos conjuntos que surgen en otros lugares. Lo mejor, probablemente, es que todo ello está construido como un conjunto coherente en el que, además, el mundo rodado (accesos y aparcamientos) está escondido debajo del poblado, evitando muchos de los problemas que actualmente vienen apareciendo en cantidad de estaciones de esquí. Lo de Arc 2000 lo dejo para un apartado posterior.
Aspecto de una zona de la "cuenca" de Les Arcs 2000 y 1950. (Imagen propia).
"Colector esquiable" en el que confluye la citada "cuenca". La pista inferior desciende hacia una silla que sirve de conexión con los otros Les Arcs. En la ladera se puede apreciar el contraste arquitectónico entre Arcs 1950 (siglo XXI imitando estándares tradicionales suizos) y Arcs 2000 (años 70, última fase del proyecto iniciado por los fundadores). (Imagen propia).
En realidad, la cuenca es esquiable hasta algo más abajo de Arc 1950, punto desde el que se puede pasar, silla mediante, a la siguiente gran área esquiable. Otra opción surge con otra silla de similar orientación, pero algo más elevada. Ambas dan acceso a un abrupto cordal que separa esta área de la siguiente. Hacia aquí, son pistas que juegan con los accidentes orográficos, predominando negras y rojas. Diversión asegurada. En cuanto al eje central y menos pendiente de la cuenca, en él predominan el azul y la densidad de gente. Por encima, el Col de la Chal (2732m) se ha convertido en un nodo de paso en el que confluyen varios remontes estratégicos y una multitud de esquiadores que asusta, pero que pronto se dispersa en todas direcciones. Es otro modo de pasar al área siguiente.
El resto de la cuenca son vistas rojas y negras situadas junto a una silla algo arrinconada, o por debajo del Aiguille Rouge, ambas zonas de bastante interés.
Lo que nos queda es la mayor extensión esquiable del dominio. Aunque comprende varios núcleos urbanos y muestra cierta separación entre sus líneas de remontes y pistas, lo he integrado en una única área porque, además de estar bien comunicados todos ellos, la realidad es que casi todos se encuentran a lo largo de una inmensa ladera que va de izquierda a derecha sin accidentes geográficos muy marcados dentro de ella. A lo largo de la misma van apareciendo multitud de remontes y pistas dispuestos de un modo más o menos paralelo. Allí hay multitud de pistas rojas y azules. Unas bajan directamente, otras trazan diagonales que sirven de comunicación entre los núcleos. Otra característica es que, hasta la mitad de la altitud esquiable, todo es bosque de pinos, mientras que, a partir de ella, el resto es montaña despejada. El concepto de ladera no debe hacernos pensar en una zona aburrida y repetitiva. Hay varias pistas similares (muchas rojas estupendas de bosque), pero discretas vaguadas o prominencias montañosas aportan variedad al conjunto. El cual, insisto, es mucho más grande de lo que el plano da a entender y lleva su tiempo recorrerlo desde Arc 1600 hasta Plan Peisey 1600.
Panorámica esquiando en Les Arcs. (Imagen propia).
Pistas que descienden, con Bourg St. Maurice al fondo del valle. Estamos en medio de la "gran ladera" de Les Arcs. (Imagen propia).
Abundancia de pistas rojas variadas. (Imagen propia).
Muchas pistas trazadas en bosque de media altura hacia abajo. (Imagen propia).
Paisaje más alpino y despejado de la mitad de la altura hacia arriba. (Imagen propia).
A Les Arcs le dedicamos tres jornadas completas. Las tres sin nada de viento. Dos de radiante sol y una con copiosa y permanente nevada. Un día nieve de excelente calidad, otro día con zonas ya muy duras, y el de la nevada (maravilloso) con unos 20cm nuevos, sin pisar, para trazar huellas sobre las pistas de los bosques. Su conjunto es amplio, variado y divertido, me gustó mucho. La mayoría de las pistas están bien trabajadas y, de entre ellas, en las que no hay gente y son aptas para ello, que son bastantes, se puede carvear a gusto. Lo que no pisaron durante nuestra visita fueron la mayoría de las negras (a excepción de la del Aiguille Rouge), las cuales presentaban muchas bañeras grandes y algo afiladas. Más o menos negociables en función del horario y la orientación, pero en general aceptables. El dominio estaba esquiable al 100% con todos los remontes en funcionamiento y prácticamente todas sus pistas abiertas.
Les Arcs y la arquitectura.
Les Arcs está considerado como un conjunto arquitectónico destacado por varios motivos que trataré de ir explicando a continuación. Ello se refiere a Les Arcs 1600, 1800 y, ya un poco menos, 2000. Quedando Arc 1950 como un añadido propio del siglo XXI y ajeno al histórico planteamiento inicial. La estación se fundó en 1968 con la inauguración del conjunto 1600. El contexto era el de un marcado desarrollismo turístico de los Alpes franceses con el esquí alpino como motor. Pasadas ya las épocas pioneras del esquí alpino, superadas las guerras mundiales y habiéndose demostrado que el turismo de masas empezaba a ser sobradamente rentable mediante el esquí, Francia apostó con fuerza por la creación y desarrollo de numerosas estaciones modernas y de gran capacidad hostelera y de servicio. En muchos casos ello atrajo a diversos promotores que se fueron incorporando a las normativas o reglas de juego de cada ubicación, mientras que, en otros, como fue el caso de Les Arcs o Avoriaz, el proyecto fue abordado de forma integral, bajo la dirección de un único equipo promotor. Los principales protagonistas de dicho equipo fueron Robert Blanc, Roger Godino y Charlotte Perriand (además de algunos arquitectos miembros del constituido Atelier d’Arquitecture de Montagne (AAM), nacido durante la creación de Courchevel). La concepción partía de la novedosa consideración de un ocio (en este caso el esquí) democratizado (para todos). Además, se pretendía acomodar a mucha gente, con eficacia, comodidad y racionalidad, pero ocupando el menor espacio silvestre posible en las montañas. Blanc, que era monitor de esquí y guía de montaña, eligió las localizaciones y supervisó la implantación del área esquiable; Godino ejerció de promotor; mientras que Perriand, aliada con los arquitectos Gaston Regairaz y Guy Rey-Millet, se implicaron en funciones de arquitectura y como principales diseñadores. El proyecto se inició en 1961, para, tras la compra de terrenos, realización de planes, ejecuciones iniciales, etc. abrirse en 1968 con un primer único edificio, 15 remontes y 42km de pistas.
El logo de Les Arcs proviene de la estructura del techo de la Coupule, uno de los edificios emblemáticos de Les Arcs 1600. La Coupule se creo como centro de entretenimiento y animación social, e inicialmente disponía de una piscina a su lado. El edificio de debajo es el denominado Trois Arcs que flanquea la plaza peatonal principal de Arc 1600. (Imagen: montaje propio con recorte de la fotografía de un panel informativo exterior de la estación con el añadido del logo tipo ocficial de Les Arcs).
La Coupule en su estado actual. La piscina se eliminó hace años. (Imagen propia).
Tramo descubierto del paseo peatonal, encaminándose hacia la plaza de Trois Arcs, dominada por el mencionado edificio. (Imagen propia).
En 1600 Perriand sugirió establecer tres niveles de urbanismo. De abajo hacia arriba: el de los vehículos; el de la vivienda y convivencia de los transeúntes; y el de las pistas. De modo que no se molestasen unos a otros, fueran funcionales para lo que en ellos se iba a vivir, y mostrasen una clara independencia entre sí, sin perder la necesaria permeabilidad de las necesarias transiciones entre ellos. El nivel propiamente habitable está marcado por una calle longitudinal llana peatonal que alterna tramos cubiertos y descubiertos, y que da acceso a los edificios y a las pistas de esquí, las cuales presentan varios puntos de incorporación, como si de los dedos de una mano se tratase. El interés del conjunto es tal que, conscientes de su valor, la estación organiza una visita guiada semanal de carácter arquitectónico. Nosotros nos la perdimos, pero mantuvimos una interesante conversación con alguien de la oficina de turismo y, siguiendo sus consejos, completamos una visita integral de Arc 1600.
Plano urbano de Les Arcs 1600, una buena guía para localizar los diferentes edificios. (Imagen: oficina de turismo de Les Arcs 1600).
Hotel La Cachette (nº 4 del plano). La foto está tomada desde el nivel de los automóviles. Los balcones miran hacia el valle. La calle peatonal lo recorre longitudinalmente por el otro lado en un tramo cubierto. (Imagen propia).
Entrada al hall del hotel desde la calle peatonal. (Imagen propia).
Famoso edificio Cascade (nº 6) visto al descender por una de las pistas integradas en el núcleo urbano. La inclinación de la fachada tiene, entre otras funciones, proteger los portales y transeúntes de las inclemencias del tiempo ("efecto soportales"). (Imagen propia).
Acceso peatonal, junto a la pista, a los portales del edificio Cascades. (Imagen propia).
Así son los portales de Cascades. El diseño interior y exterior de todo el edificio formó parte del proyecto. (Imagen propia).
Tramo abierto de la calle peatonal introduciéndose bajo la fachada de Cascades. En ella se muestra la "democratización" de los espacios de terrazas, luz y paisaje para todos los inmuebles. (Imagen propia).
Otro edificio, creo que este sería Rouelles (nº 18). Básicamente sigue un concepto similar. En continuidad lineal casi ininterrupida con el hotel La Cahette, aquí lo vemos desde el nivel superior, el de las pistas de esquí. (Imagen propia).
Esta es la otra cara del hotel La Cachette. Entre las terrazas y la base de un telesilla se ha dispuesto una terraza común. (Imagen propia).
Semicamuflada fachada posterior de Rive (nº 16). Madera y discreción. (Imagen propia).
Rive por delante tiene acceso directo a las pistas y, de nuevo, reparto racional y equitativo de exteriores. (Imagen propia).
Influencias niponas en exteriores e interiores. En este caso, las cubiertas de Roc Belle Face (nº 17) que adapta sus alturas a la pendiente. (Imagen propia).
Roc Belle Face visto desde la calle peatonal de comunicación (nivel 2). (Imagen propia).
Otro caprichoso encuadre de Roc Belle Face. Casi todo él forrado de madera. (Imagen propia).
Bastante más arriba en la carretera hacia Arc 2000, el Club Med tiene una imponente sede, la cual, en mi opinión, contrasta demasiado con el resto de Arc 1600. Han respetado cierta distancia en superficie y altura, como si el nuevo edificio (2018) admirase, simultáneamente, el paisaje y el conjunto arquitectónico ubicado a sus pies. (Imagen propia).
Creo que son los apartamentos Cachette (nº 5) o tal vez Rouelles (nº 18) por su fachada posterior. También inclinados sobre sus portales, en este caso hacia el nivel inferior. (Imagen propia).
Aspecto de sus portales. (Imagen propia).
Ligeramente separados del núcleo principal, pero también con acceso a pistas y distribución en los tres niveles aludidos, hay dos bloques paralelos longitudinales denominados Adret. Hotel y Spa Arcadien, y Versant Sud. De nuevo la "democratización" y funcionalidad arquitectónicas quedan evidenciadas a la vista. (Imagen propia).
Algo más allá, también con acceso a remontes, pero mucho más escondido y en el seno de un bosque, hay un barrio de chalets unifamiliares denominado Chalets pointus, el cual también formó parte del proyecto inicial. Las casas están bastante separadas y ocultas entre sí. Son observables mediante una pista azul que atraviesa el barrio. (Imagen propia).
Merecido vino caliente tras una larga jornada de esquí y un recorrido arquitectónico vespertino. (Imagen propia).
La figura de Charlotte Perriand la descubrí hace relativamente poco, mientras trabajaba en un ambicioso artículo que publicaré en un futuro, espero que no muy lejano. Ya entonces me fascinó, y esta visita a Les Arcs no ha hecho más que incrementar mi interés por ella, de tal forma que he decidido hacerla merecedora de otro artículo más, ese dedicado enteramente a ella. Por lo tanto, baste por el momento señalar que fue una mujer independiente, de gran personalidad, excepcionales dotes creativas, reconocida arquitecta y diseñadora y, además, consumada esquiadora y alpinista.
En el hall del hotel Le Cachette hay muebles originales diseñados por Charlotte Perriand. (Imagen propia).
Otra vista del hall. La chaise longue del fondo fue un diseño muy famoso. Perriand trabajó bastante tiempo en el equipo de Le Corbusier. Y ese mueble es fruto de aquella época. (Imagen propia).
Charlotte con unos amigos, saliendo de un refugio para una ruta con esquís. (Imagen: Des Archives Charlotte Perriand).
Arc 1800 fue una fase posterior del mismo proyecto. Se inauguró en 1974. Aunque siguió con la idea original, fue mutando, adaptándose a su diferente orografía y paisaje. Las orientaciones de los inmuebles cambian, mirando más hacia el valle. En sus interiores se desarrolló la máxima expresión de funcionalidad e inventiva de aprovechamiento racional: cocinas abiertas, bancos a lo largo de los ventanales, yeso blanco para mejorar el confort acústico, etc. Les Arcs 2000 se abrió en 1979 en colaboración con el Club Med, algo que se hace notar en la marcada diferencia entre el edificio sede que dicha entidad tiene sobre 1600, si lo comparamos con el resto del conjunto. Aunque hay que considerarlo como parte del proyecto original, parece que la influencia de los mencionados artífices pioneros se fue viendo reducida o, tal vez, el frescor de sus primeros pasos se fue evaporando. Aun así, sigue ofreciendo cierto interés, aunque no tan destacado (como referencia de innovación arquitectónica) como 1800 y, especialmente, 1600.
Núcleo urbano de Arc 2000 desde alguna pista. (Imagen propia).
La Plagne.
La Plagne, junto con Les Deux Alps y alguna otra más, estaba entre las pocas grandes clásicas francesas alpinas que no visité en mis años jóvenes, aquellos en los que estuve yendo a los Alpes dos o tres veces por temporada, casi siempre a Francia. La había eludido porque había llegado a mis oídos una leyenda urbana según la cual, haciendo honor a su nombre, era un dominio bastante plano. Por lo visto, según la opinión de nuestros hospederos, sí que algo de ello había habido, aunque en la actualidad, tras cuatro décadas de crecimiento, la cosa se había equilibrado casi completamente. Lo que sí que siempre admiré fue su logo, que me parece divertido, ingenioso y adecuado a la vez. Confío en que perdure.
El plano de La Plagne, no es del todo fácil de interpretar. Es de los que tienen cara A y cara B. Lo que ocurre es que la A ocupa, sobre el papel, casi diez veces más espacio que la B y, sin embargo, se corresponden mutuamente, casi completamente, en la realidad. Un local nos explicó un truco que nos vino muy bien: para recorrer el dominio de izquierda a derecha (en el plano), desde el Vanoise Express hasta el extremo opuesto, lo mejor es ir directamente hacia Roche de Mio y avanzar por detrás esquiando y con remontes, porque por la cara A te eternizas. Sin embargo, para regresar es mejor hacer lo contrario. Pese a su extensión, que francamente es enorme, en tres jornadas pudimos recorrerla completamente.
Su techo (3000m) está próximo a la cumbre Bellecóte (3417m). Desde allí las vistas son espectaculares. Para llegar allí, tras varios remontes, hay que tomar una telecabina que desciende hasta una parada intermedia, antes de ascender de verdad. Aquello es un área amplia con estupendas posibilidades de fuera de pista en las que, al menos un día, pude disfrutar de algo de esquí sobre nieve virgen. Si se está esquiando allí, para regresar al resto del dominio hay dos opciones. Primera, hacerlo desde su parada intermedia, en el tramo de la telecabina que en sentido contrario descendía, o descender por una larga pista negra que discurre por un extremo del dominio. Nosotros optamos por lo segundo (como otra gente) a pesar de que estaba cerrada. La ruta es paisajísticamente muy atractiva porque desciende sobre el lecho de un arroyo de montaña en una especie de valle estrecho, ajeno al resto de la estación y sin apenas signos de civilización. La pista estaba francamente difícil porque en sus pasos más estrechos y pendientes, lo que semanas atrás habían sido baches, en aquel momento ya se habían convertido en graderíos angulosos, profundos y caóticos. Más que esquiar, salvamos los muebles con practicidad y oficio, pero vimos gente con muchísimos problemas. Así que, estaba cerrada con razón.
Mar de nubes bajo la zona más elevada de La Plagne. El Mont Blanc, omnipresente, al fondo. (Imagen propia).
Unas discretas huellas sobre nieve virgen me invitan a adentrarme en el fascinante valle del pico Bellecote abajo. (Imagen propia).
Lecho del solitario valle. En el centro de la imagen, el relieve de los caóticos "graderíos" de nieve. (Imagen propia).
La Plagne disfruta de cuatro lugares de cotas realmente bajas, y pudimos esquiar hasta todos ellos. El más cercano a Les Arcs es Montchavin (1250m) un pueblo enseguida accesible desde el teleférico de intercambio, al que desciende una estupenda roja que conviene disfrutar a primeras horas de la mañana. Aquello está tapizado de bosque. Hay allí varios remontes y pistas. Hay otro punto cuyo nombre no aparece en el plano, Plangagnat, que rondará los 1400m, al que se accede mediante una pista roja de bosque muy agradable denominada Emille Alais. Justo al final de la pista hay un estupendo restaurante en cuya terraza, como plato del día, nos sirvieron un salmón al horno espectacular, sobre lecho de verduras pochadas y puré de calabaza. Fue un momentazo de fusión esquiadora y gastronómica.
Delicioso salmón al horno. La espera mereció la pena. (Imagen propia).
Otro día comimos en otro chalet muy coqueto muy cerca de Plagne Montalbert (1350). Llegar hasta aquella esquina requiere tiempo, empeño y atención al plano. Es una excursión interesante con final de bosque por rojas o azules. El restaurante ofrece comida casera y se llama Le Forperet, aunque nos gustó más el del salmón (Chalet de la Roche). El cuarto punto de baja cota está en la cara B: Champagny en Vanoise (1250m). Se llega allí cuando todo el cúmulo de pistas de la parte trasera del dominio confluye en una roja (entonces negra) que desciende por un bosque trazando las curvas de una pista forestal. Es una pista fácil pero estrecha y sembrada de curvas de radios cerrados. Tenía poca nieve y la mayoría de ella artificial o de relleno.
Restaurante con comida casera en un extremo de La Plagne. (Imagen propia).
La mayoría de las pistas del dominio penetran en los bosques cuando buscan las cotas más bajas. (Imagen propia).
Multitud de pistas interesantes prácticamente vacías. Aquí F aprovechando una. (Imagen propia).
En las terrazas de varios restaurantes acostumbran a prestar sombreros de paja a los comensales para protegerlos del sol. (Imagen propia).
Comentándolo por áreas, la de atrás, la que estoy llamando cara B, constituye una especie de cuenca irregular. Tiene una ladera más pendiente con una negra y varias rojas; también una pista intermedia aislada, azul, con tramos de muy poca pendiente, y a la que únicamente se puede acceder desde un punto concreto de la cara A; y, por último, otra ladera más amplia y larga en la que hay varios remontes, pistas preferentemente azules y amplias opciones muy claras de fuera de pista. Personalmente la cara B no me entusiasmó demasiado. Había más gente que en otras zonas, y de ese perfil de quienes buscan pistas muy pisadas y de pendientes medias o bajas, para correr mucho yendo recto, sin posiciones corporales que muestren verdadera buena técnica. Creo haberme explicado bien.
"Cara B" de La Plagne, algo de fuera de pista pude aprovechar. (Imagen propia).
Aunque me cuesta identificar la localización, creo que también pertenece a la "cara B". (Imagen propia).
Este collado es uno de los comunica la "cara A" (a la izquierda) con la "B" (a la derecha). (Imagen propia).
En cuanto a la cara A, en ella están asentados todos los núcleos urbanos, los cuales, salvo Belle Plagne (2050) muestran una arquitectura setentera, pero sin tanta creatividad, acierto estético ni punto de partida conceptual como Les Arcs. Demasiado masivo. En Belle Plagne, por el contrario, parecen haber optado por un estilo similar al de les Arcs 1950 (siglo XXI): que lo construido se asemeje a los pueblos de montaña suizos de épocas pasadas. Abundancia de rojas y negras hay por la zona de Plagne Aime 2000. La Plagne Centre y Plagne Soleil acumulan muchos remontes y pistas, convirtiendo la zona en un indiscriminado flujo de esquiadores de todos los niveles moviéndose en todas direcciones. Es el hub principal del dominio, por lo que únicamente lo recorrimos de paso hacia otras zonas.
Stade de slalom, mucha actividad de entrenamientos y competiciones en el corazón de La Plagne. (Imagen propia).
¡El centro-centro!. (Imagen propia).
Colmenas: turismo de invierno "industrial". (Imagen propia).
Pero por rincones hermosos que no quede. (Imagen propia).
En La Plagne también esquiamos mucho y a gusto, aunque prefiero Les Arcs. Aquí parecía haber más gente, aunque optando por los peores sitios. Las pistas y zonas que más me gustaron estaban casi vacías, con casi todo el mundo llenando zonas de intercambio, inmediaciones de los barrios urbanos y pistas fáciles. Las negras estaban sin pisar y plagadas de baches ya destrozados y prácticamente inútiles para un disfrute esquiado por mucho que se tenga nivel para ello. Mostraban escalones, aristas y canales transversales fruto del paso de los miles de esquiadores que acababan de dejar ese tipo de huella tras el mes de semanas blancas francesas. También la nieve parecía transformar más y peor, estando muy dura por la mañana y muy blanda por la tarde. En Les Arcs no sufrimos tantos extremos, pese a que alternamos ambos dominios casi día a día. La Plagne no me defraudó, pero no me gustó tanto como otras estaciones cercanas que conozco bien. Es tan grande que puedes encontrar casi de todo y permite trazar itinerarios como si fueran excursiones. También presenta muchas opciones de fuera de pista a vista de aparente poco riesgo, sin necesidad de que quien opte a ello sea un local. Nos hizo bueno los tres días. Sol y nada de viento, únicamente un medio día presentó cierto cubrimiento que hizo perder la vista del relieve durante un par de horas centrales del día. Lo mejor que tiene la estación, por otro lado, es que forma parte de Paradiski y claro, todo ello junto constituye un dominio enorme y muy a tener en cuenta.
Cerca de las alturas de La Plagne. (Imagen propia).
Belle Plagne.
Con respecto a la gente, hay que partir del hecho de que aquella era la primera semana posterior al periodo de semanas blancas francesas. Así pues, se veía gente, pero, en cifras reales, era poca. Únicamente se hacía sentir en las colas de muy pocos remontes concretos en momentos muy puntuales. Coincidencias de remontes de conexión estratégica con horas punta. En tales casos, nunca más allá de unos cinco minutos. El resto, el 90% de las ocasiones y remontes, directamente sin colas. Por otro lado, en todo el dominio de Les Arcs y Peisey Vallandry, al utilizar el forfait Paradiski se goza del privilegio de cola preferente en hasta catorce remontes (estratégicos), no es el caso del teleférico Aiguille Rouge, pero sí de los demás realmente importantes. De todas formas, ante la ausencia generalizada de colas, ese privilegio apenas se hizo evidente en un puñado de ocasiones (no llegarían a 10 colas de remonte en toda la semana). Tal distinción no se da en La Plagne.
En las pistas, ya lo he ido comentando, había mucho tráfico en puntos y tramos de enlace entre diferentes áreas, así como en pistas centrales populares, fáciles y de interpretación rápida por parte de los esquiadores no expertos. A cambio, las negras estaban vacías, también muchas rojas y, desde luego, todas las áreas periféricas, muchas de las cuales me parecen las más atractivas. El nivel de esquí era escandalosamente bajo. Gente con técnica muy pobre, pero, eso sí, aventurándose por cualquier parte, somo si las señales de piste très difficile únicamente estuvieran indicando que esa atracción de parque temático fuera especialmente emocionante. Ello tiene que ver con el tipo de público que disfrutaba de la estación esa semana: preferentemente británicos, holandeses y belgas, algunos franceses jóvenes (universitarios o ya empleados) y poco más. Pocos niños. Público vacacional del que pone una semana de esquí en su vida al año, lo mismo que otra de playa. Todo eso cambió el sábado. Además de fin de semana, nevaba copiosamente, así que ni rastro de los vacacionales. El número de esquiadores se redujo muchísimo. Público casi exclusivamente francés, con notable presencia de niños y evidente subida del nivel técnico. ¡Habían llegado los locales o próximos! Esquiadores y familias habituales, de buen esquí y dispuestos a aguantar condiciones climáticas supuestamente adversas.
Una cabina para mí solo. "Cuando nieva en la montaña, mucho esquiador a la cabaña". (Imagen propia).
Desde la noche del anteúltimo día la nieve empezó a cuajar a partir de 1200m. Aquí el coche ya empezaba a acumular nieve. (Imagen propia).
Llevé dos pares de esquí, ambos Rossignol, unos Experience tipo all mountain de 84 de patín, y unos Forza 70. Hubo días más adecuados para unos u otros, pero varios días en los que, según el lugar y la hora, se echaban de menos los que no llevaba puestos. En cualquier caso, soy de los que opinan que hay que esquiar de todo con todo. Encontramos muy buenos lugares para carvear a tope, nieve profunda, baches, tramos que incitaban al viraje corto, nieve primavera divertida y transformaciones de nieve apreciables en una misma bajada al provocar amplios cambios de altitud. Es decir ¡variedad! Algo que aprecio especialmente.
En este viaje, diferentes esquís para distintas condiciones. (Imagen propia).
La mayoría de los monitores que vimos iban uniformados con la ropa de la ESF y casi todos ellos sin casco, algo que me llama la atención por la cuestión del dar ejemplo. Eso sí, el día que nevaba lo llevaban casi todos, además de su capa.
Comimos algo en pistas cinco días de los seis. En Les Arcs apostamos por un restaurante alejado de los cascos urbanos y de las salidas o llegadas de remontes importantes. Acertamos porque siempre había sitio y sin colas para pedir. Estuvo bien. Excelente terraza con vistas al Mont Blanc y buena comida, un día lasgana y otro tartar. Se llamaba l’Altiport. En La Plagne, además de los mencionados anteriormente, un día comimos en otro un poco más caro, que está justo donde acaba la pista negra cerrada que bajaba de la zona del pico Bellecóte. Como no había sitio en la terraza, comimos en un bonito salón decorado como refugio de montaña, abigarrado de objetos antiguos, con una chimenea enorme y unos sofás tipo chester dignos de algún garito con aires de importancia en Aspen.
l'Altiport: terraza con vistas al Mont Blanc, lasagna, sonriendo ante un tartar y el lugar. (Imagen propia).
Salón vintage. (Imagen propia).
Hubo un día que llovía en el pueblo y retrasamos nuestro inicio de jornada un par de horas. Fue un pequeño error consentido. Por encima de 2500 hacía un día espléndido sobre un mar de nubes. Lo aprovechamos, pero, como en las alturas había nevado algo, cuando llegamos las laderas adyacentes a las pistas ya presentaban bastantes huellas, aún así, encontramos algo de cancha sobre la que firmar.
Nubes abandonando La Plagne tras haber dejado algunos copos por la noche. (Imagen propia).
La Plagne: ¡abriendo! (Imagen propia).
Nos fuimos un domingo después de desayunar. No había parado de nevar desde dos noches antes. Peisey Nancroix estaba precioso, todo cubierto de nieve y con una bruma ligera acariciando el bosque nevado en las dos laderas del tajo que un río ha ido forjando como separación natural entre Les Arcs y La Plagne. Veredicto: Paradiski merece la pena y los Alpes no defraudan.
Momento de la despedida de Peisey-Nancroix
Fuentes complementarias:
- VARIOS: “Architecture du XX Siécle”. Monts & Merveilles. Haute Tarentaise Vanoise. 2021.
- VARIOS: “Côté Patrimoine”. Les Arcs – Bourg Saint Maurice Tourisme. 2023.

