Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. (Parte IV de IV).

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. (Parte IV de IV).
Simulador (ergómetro) para esquí alpino. (Imagen: skisimulatorusa.com)
Cuarta y última parte del estudio sobre los aspectos condicionales del esquí alpino de competición a nivel de Copa del Mundo. Este artículo incluye el repaso de una selección de artículos científicos publicados todos ellos a lo largo de lo que llevamos de siglo XXI.

Autor: J G L. Licenciado en Educación Física (INEF Madrid – UPM) - Máster en Alto Rendimiento Deportivo (COE – UAM) - Premio mejor trabajo de fin de Master COE - Exprofesor de Enseñanzas Deportivas de Régimen Especial (Consejería Educación Cantabria) - Exprofesor universitario (UC).

Con este artículo se cierra la serie dedicada al estudio de las demandas condicionales que se dan en las competiciones de las cuatro disciplinas de esquí alpino en niveles de rendimiento de Copa del Mundo (WC). En este caso, el colofón incluye el repaso de una selección de artículos científicos sobre el tema, publicados todos ellos a lo largo de lo que llevamos de siglo XXI. Inmediatamente después aparecerá una breve reflexión sobre la necesidad de aplicar el sentido crítico, incluso ante la lectura de trabajos científicos y, finalmente, unas conclusiones aplicables a los cuatro artículos que componen la serie. Vamos pues con el repaso de la literatura científica, la cual se aborda por orden cronológico de fecha de publicación.

En 2005, Vogt et al. presentaron un estudio en un congreso internacional sobre deportes de montaña. Quizás el punto más fuerte de su trabajo fue dar el paso necesario y cargar con los bártulos de estudio para medir diferentes parámetros durante un entrenamiento de esquí de 16 mangas. Todos los investigadores del deporte saben que suele ser muy difícil acceder a los deportistas del máximo rendimiento internacional, tanto para experimentar como incluso para medir o evaluar. En este caso, la muestra estaba compuesta por esquiadores juveniles.

He aquí el resumen de los resultados obtenidos. El consumo de energía durante las competiciones se mostró elevado y dependiente, predominantemente, del metabolismo de hidratos de carbono. La reducción de glucógeno muscular fue mayor en fibras de tipo I (de contracción lenta) que en las de tipo II (de contracción rápida). El glucógeno fue casi indetectable en algunas de tipo I al final del entrenamiento. Por otro lado, la ratio de sección transversal tipo II/tipo I, el máximo de potencia alcanzado durante un test de resistencia y el rendimiento de salto en CMJ, así como la fuerza de cuádriceps durante la extensión de rodilla correlacionaron significativamente con el rendimiento específico de esquí. No se encontró relación significativa entre la composición de tipo de fibras (media de 65% tipo I y 35% tipo II; se entiende que en los principales extensores de las piernas) y el rendimiento específico esquiando.

Los mismos autores abordaron la posible discusión de los resultados comentando que la depleción de glucógeno indicaba que las fibras I fueron reclutadas de modo importante. Por lo que los esquiadores deberían reponer sus depósitos tras cada entrenamiento. Tanto la alta capacidad oxidativa (resistencia, fibras tipo I) como la hipertrofia muscular (potencia, fibras tipo II) parecían ser buenos predictores del rendimiento en competición. Por ello se recomienda bastante entrenamiento de resistencia. Respecto al desarrollo de la fuerza, debería centrarse en mejorar la coordinación durante la actividad excéntrica. La utilización de aparatos que permitan el entrenamiento con ejercicios excéntricos parece prometedora en esta línea.

Todo lo anterior sigue dándonos pistas, pero sin acabar de aclarar algunas lagunas. El consumo del glucógeno y el protagonismo de las fibras tipo I inclinan la balanza en favor del metabolismo aeróbico, aunque la potencia máxima alcanzada en el test de resistencia apunta a que el metabolismo aeróbico se expresa en sus niveles máximos, es decir, en lo que podríamos considerar como una zona de convivencia con el anaeróbico. Por otro lado, el CMJ y los resultados del test de fuerza subrayan la necesidad de que sí hacen falta unos niveles de fuerza muscular elevados (suficientes).

En 2009, Turnbull et al. abordaron una extensa revisión de artículos sobre todos estos asuntos, concluyendo lo siguiente:

«Las pruebas de esquí alpino parecen involucrar una compleja integración de muchos sistemas fisiológicos diferentes, ninguno de los cuales pudiera ser más importante que los otros para el rendimiento final. Mientras las competencias técnicas aparecen como el mayor factor de influencia sobre el rendimiento, la capacidad de exhibir de forma continuada la competencia técnica a través de temporadas competitivas largas requiere altas capacidades de todos los sistemas fisiológicos. Identificar la aproximación óptima y el tiempo dedicado a desarrollar tales sistemas es un reto para los científicos del deporte. Se requiere más investigación utilizando herramientas portátiles para determinar las demandas aeróbicas y anaeróbicas y capacidades, especialmente en las áreas de la función muscular y la contribución relativa de los sistemas de energía durante mangas independientes, series de las mismas y terrenos variados».

Finalizando la primera década del siglo, los frentes que se habían abierto durante el último cuarto del anterior, identificar la función muscular, así como las demandas aeróbicas/anaeróbicas, seguían sin cerrarse. Y el camino, según estos investigadores, pasaba necesariamente por la investigación portátil y específica in situ.

Dando un salto hasta 2018, de ese mismo año proceden algunos de los artículos siguientes. Nilsson et al. publicaron un estudio bueno y serio. Ya en su introducción avisaba de que el rendimiento en esquí alpino depende de muchas variables diferentes, donde la técnica cobra gran importancia. Se hacían eco de la controversia metabólica entre potencia aeróbica y capacidad anaeróbica (más en SG y SL) y justificaban su dificultad de estudio afirmando que las competiciones de esquí se basan en ambas. También subrayaban la dificultad de testar, y la hasta ahora excesiva aplicación de bastantes test superfluos. Básicamente, su trabajo investigaba a jóvenes en GS y SL, incluyendo test en cicloergómetro y su rendimiento a través de puntos FIS.

No encontraron correlación entre VO2max y los puntos. Lo explicaban al saber que las demandas energéticas varían de entre un 80 y un 200% del VO2max en cada bajada (lo cual muestra una variabilidad energética entre lo aeróbico y anaeróbico tremendamente dispar según los casos). Según ellos, el VO2max es condición necesaria pero no suficiente, no es determinante. El rendimiento integra un sistema multivariable. Todos los evaluados mostraron valores muy similares. 58 ml.min/kg para hombres y 49 ml.min/kg para mujeres, las cuales parecen cifras suficientes para figurar entre la élite mundial. Se alcanzaron altas concentraciones de lactato, pero no parecían afectar al rendimiento, aunque sí al entrenamiento en series repetidas. No encontraron correlaciones antropométricas (como Neumayr, y en diferencia a Emeterio, que sí la encontró en hombres de nivel nacional en España). Sin embargo, admitían cierta importancia de la composición corporal (más delgada hacia el SL, menos hacia el DH) pero reconociendo que el clásico IMC (índice de masa corporal) no sirve para evaluarlo. Tampoco el OBLA (Umbral Anaeróbico detectado con una acumulación de lactato de 4 Mmol/l) les servía como predictor del rendimiento.

No se atrevían a recomendar ningún tipo de test e insistían en lo complicado de evaluar la aportación mixta aeróbica-anaeróbica a las competiciones. Declaraban que hay escasez de datos por culpa de la diversidad de test empleados hasta ahora. Se necesitan pruebas más específicas.

El mismo año, Stöggl et al. plantearon un estudio comparativo de resultados obtenidos tras la realización de programas de entrenamiento diferentes: HIT corriendo a pie, SL en ergómetro de esquí, GS en ergómetro y mixto de SL y GS en ergómetro. Empiezan citando estimaciones de contribución energética en las pruebas de alpino de 30–65% anaeróbica y 35–70% aeróbica (Veicsteinas et al., 1984; Saibene et al., 1985; Andersen and Montgomery, 1988; Tesch, 1995; Grenier et al., 2013). Algunas de las referencias son algo antiguas, pero, una vez más, se confirma la incertidumbre y diversidad existente.

También aprovechan para resumir el estado de estudios previos: FC (88,9–102,5% de FCmax) respecto a la alcanzada en test maximales corriendo, o por cálculo teórico 220- edad, en cualquiera de las cuatro disciplinas (Karlsson et al., 1978; Veicsteinas et al., 1984; Tesch, 1995; Vogt et al., 2005; Grenier et al., 2013; Polat, 2016). Existencia de discrepancias respecto al VO2max alcanzado en test de carrera a pie (Karlsson et al., 1978; Saibene et al., 1985; Tesch, 1995; Vogt et al., 2005; Grenier et al., 2013) con valores documentados de un aproximado 64% en jóvenes (Grenier et al., 2013) hasta 100% en competidores de élite (Tesch, 1995). El estudio más reciente (Polat, 2016) señala un 75% en GS. Concentraciones de lactato de 5,7 mmol/l en jóvenes y hasta 13 mmol/l en élite, han sido comprobadas en SL y GS (Andersen and Montgomery, 1988; Vogt et al., 2000; Grenier et al., 2013; Polat, 2016).

Defienden la importancia de utilización de metodologías de entrenamiento tipo HIT para los esquiadores, y abordaron el estudio con 18 varones de unos 40 puntos FIS. Utilizaron un ergómetro Pro Ski Simulator (Trgovina in storitve, Race, Slovenia), pero reforzado en sus resistencias y customizado con placas y fijaciones para hacerlo más fiel al movimiento. Las secuencias de movimiento fueron adaptadas a las técnicas de SL y GS basándose en un estudio piloto de Kröll et al. (2015) y otros biomecánicos previos de Supej et al., (2011); Spörri et al., (2012). EL SL se caracteriza por duraciones de ciclo de 0,83” (72 c/min), que son similares a las expuestas por mí en el artículo Parte 3, con mínimo ángulo de extensión de rodilla exterior de 90º en el cambio de giro y máximo de 130º entre dos giros. El GS con duración de 1,41” (43 c/min) (volvemos a coincidir) por giro, y una pronunciada fase casi estática al final de cada fase de extensión de piernas. Con ángulos de rodilla muy similares, aunque ligeramente más altos en el momento del giro (100º aproximadamente). El tronco y los brazos se mantienen muy disociados de la acción, permaneciendo en posición correcta central, agarrados a una barra, con apenas los movimientos compensatorios necesarios para poder ejecutar las acciones laterales de piernas. La frecuencia la marcaban con un metrónomo.

Se realizaron test VO2max mediante carrera tipo Conconi siguiendo a un ciclista, con valoración indirecta del consumo de oxígeno y tomas lactato posteriores a los 1, 3 y 5 minutos. Aunque en el ergómetro se lograban valores ligeramente más bajos de VO2, FC y lactato durante las sesiones de HIT que en las de carrera, se alcanzaban cifras válidas para considerarlo como tal (superar el 90% de la FCmax, el 88% consumo y los 5,0 mMol/l de lactato). Y se lograba en las tres modalidades de simulación (SL, GS y mixta). Es muy posible achacarlo a las evidentes diferencias de tipo de trabajo muscular y su enorme presencia excéntrica.

El caso individual de entrenamiento HIT de varias semanas fue factible con ergómetro y mostrando una mejora del VO2max de un 11%.

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. Una aproximación necesaria. (Parte IV).

Secuencias de las pruebas llevadas a cabo durante las investigaciones citadas, sobre el ergómetro. (Imagen: artículo citado de Stöggl et al.).

Todavía en 2018, se publicó un trabajo firmado por Gilgien et al. Consistía en un abordaje descriptivo de la preparación de algunos esquiadores para los JJOO de 2018. Incluía también datos descriptivos sobre las características de las pruebas: duración y velocidad; SL, 52 s, 54 km/h; GS, 77 s, 65/85 km/h; SG, 93 s, 86/110 km/h; DH, 121 s 94/150 km/h (Reid, 2010; Gilgien et al., 2014, 2015a,b). Su fuente de información fue la aplicación de una entrevista estandarizada, pero abierta, a entrenadores de Alemania, Noruega, Suecia y Suiza, y lo siguiente resume sus hallazgos.

Entrenamientos en general:

  • SL 2–12 series de 40–60 virajes (de 0,8 s), que suman entre 100–700 cambios de dirección por sesión. Cambios que provocan fuerza de reacción de hasta 4 veces el peso corporal (Reid, 2010; Supej and Holmberg, 2010).
  • GS 2-12 series de 25–50 virajes (de 1,4 s) para un total de entre 50–600 cambios con fuerzas de reacción de hasta 3,2 veces el peso (Gilgien et al., 2014, 2018).
  • Variable según épocas, SG 2-8 series de 15–40 virajes (de 2,3 s) resultando entre 30–300 cambios. Provocando muy ligero aumento de fuerza de reacción respecto a SL y GS, 2,6 veces el peso (Gilgien et al., 2014, 2018). En SG sobre un 20% del tiempo esquiando recto.
  • Con variaciones, DH 3–8 series con 55% del tiempo en virajes (15–35 virajes), cada uno 2,3 s, con fuerzas de reacción máximas de 2,6 veces el peso (Gilgien et al., 2014, 2018). 45% del tiempo yendo rectos y 36,8% a huevo (Gilgien et al., 2018).

Respecto a lo anterior, su cálculo de tiempos de virajes coincide con los que mostré en la Parte 3, lo cual ratifica aquella aproximación. Lo que reconozco que no entiendo del todo, porque el artículo no lo explica y habría que ir a las fuentes originales citadas, es a qué se refiere con las fuerzas de reacción soportadas, esto es, cuándo y cómo se miden, aunque parece claro que van desde un 2,6 veces el peso corporal en DH y SG, hasta un 4 en el SL.

Revisadas las entrevistas, dejan claro que el acondicionamiento físico es muy diverso y personalizado, con todo tipo de medios y utilizando también otros deportes. Buscan fuerza, resistencia, trabajo de core, coordinación, habilidad, etc. Las disciplinas técnicas (SL y GS) enfocadas más hacia la velocidad y potencia, mientras que disciplinas de velocidad (SG y DH) hacia la fuerza y resistencia. En todo caso, todos los entrenadores reconocen aplicar mucho énfasis en diferentes trabajos en función de cada historial de lesiones.

La periodización generalmente aplicada resulta poco convencional y muy dependiente de las condiciones y posibilidades. Durante el periodo preparatorio hay tomas de decisión en función de los fondos económicos disponibles, altitud, tipo de nieve, estrategia de cargas, etc. Barajar las opciones de glaciares o hemisferio sur, duraciones… En el periodo competitivo no tienen que afinar tanto la forma, tratan de mantenerla en niveles adecuados, cuidando las recuperaciones y la prevención/tratamiento de lesiones. Se sucede el entrenar técnica, encajar calendario y viajes. Intentando no perder pruebas (puntos) ni descensos con sus entrenamientos oficiales.

Los autores predicen que en el futuro cobrarán mucha importancia los factores didácticos, imaginativos y estratégicos del entrenamiento técnico (analítico, feed-back…).

Ya en el 2019, Showat Bashir et al, publicaron un artículo de talante recopilatorio, en mi opinión algo ambiguo, poco preciso y parcialmente anticuado. En él advertían de la escasez de estudios científicos sobre todo este tema, y de las dificultades inherentes a los diferentes intentos de test de evaluación. Hasta ahí, algo que ya hemos ido comprobando. También mencionaban estudios relacionados con la fuerza extensora de las piernas. Según ellos, la isométrica no correlaciona con el rendimiento, mientras que la altura del esquiador sí. Pero, correlaciones aparte, que los esquiadores de competición muestran niveles elevados de fuerza extensora tanto isométrica como isocinética.

Relacionado con lo anterior, respecto a la fuerza muscular, aclaraban que es necesaria mucha, pero no correlaciona con el ranking, es decir, no discrimina entre los esquiadores de alto rendimiento. Señalaban que es mayor en corredores de descenso. Su necesidad tiene mucho que ver con poder soportar fuerzas externas debidas a las velocidades, inercias, presiones, etc. un combinado de manifestaciones excéntricas e isométricas. Las duraciones y demandas de las mangas limitan la oxigenación muscular avanzadas las bajadas. Ahondando en las propiedades musculares, se complementan con alta potencia aeróbica, siendo la capacidad anaeróbica una aproximada mitad de la fuente energética utilizada. Y en cuanto a la potencia (muscular), se necesita en situaciones de carga y amortiguación. Potencia (aplicación rápida de fuerza), pero no pico de potencia.

A la flexibilidad se le adjudica un papel meramente residual, con funciones de prevención. En cuanto a la resistencia, se centran en la atención a la potencia aeróbica, a la que adjudican una alta correlación con respecto al ranking de Copa del Mundo (hasta el 2000). Sus demandas pueden alcanzar hasta el 90-95% (del VO2max). Los competidores lo tienen elevado y su FC alcanza niveles asociados a él al final de las bajadas. En esto ha habido mucha controversia, pero los estudios, para ellos, más recientes (Austria, Neumayr 2003) apoyan esta correlación.

Los test de saltos repetidos, potencia de salto vertical absoluta y Wingate les resultaron válidos para evaluar a los hombres; y lo mismo, más la potencia de salto relativa al peso, para las mujeres. Finalmente, la masa libre de grasa resultó de interés para ambos sexos (1991). Continuando con atributos antropométricos, encontraron a los esquiadores altos y musculados. Más en el caso del descenso, siendo más delgados a medida que las disciplinas se dirigían hacia el slalom. Encontraron publicada alguna ligera correlación entre el peso y la especialidad de descenso. En mujeres, sí hay evidencia de mayor masa grasa en las corredoras de descenso (2017). Los hombres en general, poco ectomorfos.

Tal y como se ha visto, algunas de sus afirmaciones coinciden con lo que llevamos repasado hasta ahora, sin embargo, defienden correlaciones y poder discriminatorio en parámetros que la mayoría del resto de estudios no reconocen. Personalmente, leído su trabajo, me tomo algunas de sus conclusiones con bastante recelo.

El mismo año (2019) apareció un interesantísimo trabajo firmado por Koller y Schobersberger. Este ya marcaba un significativo cambio de tendencia en lo que respecta a la inercia de las publicaciones previas. En él se alude a estudios recientes sobre bases moleculares musculares, que sostienen la escasa o nula importancia de los test aeróbicos y anaeróbicos inespecíficos utilizados hasta ahora. Se hace un llamamiento a la conveniencia de revisar los diferentes mecanismos de fatiga que intervienen al final del ejercicio (las bajadas de competición). Entre estos mecanismos moleculares resulta clave que:

«[…] la titina es un componente activo en el sarcómero que ayuda a maximizar el trabajo sin consumir ATP. La titina como fuerza generadora de proteína muscular es un foco de interés en las revisiones recientes. El dominio de la titina para ir replegándose de forma forzada como una fuente de producción de trabajo se postula en contra de la depleción de ATP como un factor principal que subyace bajo la dañada función contráctil tras contracciones excéntricas mecánicamente demandantes».

Lo anterior coloca a la coordinación muscular en las acciones excéntricas como la clave del rendimiento en esquí, deporte casi único en ello. Lo que sucede en las bajadas genera efectos parejos o comparables con los provocados por las sesiones generales de trabajo excéntrico (saltos). En las piernas, los efectos del trabajo no son asimilables a los Wingate de pedaleo. El lactato y los iones de hidrógeno medidos en esquiadores no les afectan tanto. Sí es el caso de la musculatura de tronco y general, necesarias para mantener el equilibrio, posición, etc. pero no en la de las piernas. Tampoco en el caso de las cualidades de fuerza y musculares, así que los test convencionales no sirven para gran cosa.

En 2021, Nilsson et al, publicaron un estudio realizado con esquiadoras suecas de nivel mundial en las disciplinas de SL y GS. En concreto comprobaron si la batería sueca utilizada para evaluar a los deportistas (en general) de más alto nivel (Fysprofilen; Swedish for “Physical Profile”) tiene validez de aplicación a las esquiadoras alpinas, concluyendo que no. Ni en índice o perfil integral, ni ninguna de cada una de las pruebas que la componen por separado. Son muy inespecíficas.

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. Una aproximación necesaria. (Parte IV).

Tabla 1. Listado de medidas y pruebas incluidas en la batería de valoración estudiada en la investigación. La columna de la derecha muestra los valores medios de la muestra.

Por otro lado, aportan información respecto a las fuerzas exteriores experimentadas por las esquiadoras. Como resistir fuerzas de 2000N de reacción a la nieve en giros regulares[1], [2], o cargas sobre la musculatura de piernas y lumbar, de 50–280 % de la máxima contracción isométrica voluntaria[3].

El mismo 2021, Schobersberg et al. publicaron un estudio llevado a cabo con una muestra de esquiadores de tamaño considerable, controlados durante un largo periodo. 75 deportistas a lo largo de 7 temporadas. Todos de WC en un ranking de entre el 17º y el 24º en el caso de los hombres, y de entre la 9ª y la 18ª para las mujeres.

Los datos de los 39 varones se resumen en: edad 27,67 [4,20] años, IMC 26,03 [1,25] kg/m2. Los de las 36 mujeres: edad: 25,49 [3,18] años, IMC: 22,97 [1,71] kg/m2. El máximo consumo de oxígeno y la máxima potencia generada oscilaron desde 4,37 a 4,42 W/kg y 53,41 a 5,85 mL/kg/min en hombres y desde 4,17 a 4,30 W/kg y 45,96 a 49,16 mL/kg/min en mujeres. Ojo, todos ellos obtenidos mediante pruebas realizadas ¡una vez más! en cicloergómetro (inespecífico). Tampoco el IMC es ya un dato recomendado, como ya nos sugerían otros autores citados anteriormente. De todas formas, su principal conclusión refuerza una que venimos remarcando desde casi el principio de esta serie de artículos:

«Ni los tests de potencia aeróbica máxima [VO2max] ni la potencia máxima generada predicen significativamente el rendimiento en competición, definido por el ranking FIS. Esto refuerza la consideración de que ningún parámetro aislado determina el rendimiento de competición de este deporte tan complejo».

2023, nos vamos acercando al presente. Gasser et al. publican un artículo quizás demasiado ambicioso para nuestro interés, ya que incluye una muestra de esquiadores de alpino y de fondo. En él analizan la presencia de cinco genes asociados a condiciones físicas. Evaluaron la variación de esos genes a lo largo de la temporada y lo relacionaron con el sexo y la edad. Las variaciones fueron diversas, algunas dependientes de edad, otras de género y todas, en general, respondiendo de forma muy individualizada.

La mayoría de los parámetros aeróbicos y de fuerza medidos (de forma inespecífica: ergómetros, fuerza extensora…) se vieron ligeramente reducidos durante el periodo competitivo, mientras que mejoraron a lo largo del preparatorio. Con ello, avisan y teorizan sobre la posible influencia del esfuerzo de tipo excéntrico sobre los factores evaluados, pues el trabajo excéntrico de resistencia afecta a las mitocondrias de los tejidos musculares. Una consecuencia es que se producen acumulaciones mayores de lactato al avanzar el periodo competitivo, por empeoramiento de la capacidad y potencia aeróbicas.

«Los datos sobre la concentración de lactato sanguíneo, de la cual se considera que el músculo esquelético proporciona la mayor parte, reflejan limitaciones en la oxidación mitocondrial de la glucosa, lo que indica que la capacidad aeróbica del tejido muscular periférico representa una limitación cada vez más importante para el trabajo exhaustivo después de la temporada de competición. Esto también puede reflejar una alteración de la perfusión y la extracción de oxígeno del tejido muscular, especialmente bajo tipos de contracción excéntrica, que son de gran relevancia en los esquiadores y que modificarían esencialmente la eficiencia metabólica. Esto es particularmente interesante, ya que las contracciones excéntricas pueden aumentar el déficit de oxígeno de los músculos de las piernas reclutados, y dado que se sabe que el contenido de volumen de las mitocondrias se deteriora después del entrenamiento de resistencia bajo carga excéntrica. El mecanismo subyacente no está completamente dilucidado, pero podría implicar una reducción del contenido de hemoglobina debido a la hipoperfusión del músculo sometido a una intensa contracción excéntrica, lo que podría provocar un posible daño mecánico que requiera un ciclo adaptativo para reparar y restablecer las estructuras celulares dañadas, incluidas las mitocondrias».

Las FC de recuperación tras esfuerzo van elevándose (empeorando) a lo largo del periodo competitivo. Parece detectarse que con la edad va aumentando la dependencia aeróbica en la producción de potencia a intensidad submáxima. De igual forma, declinan las manifestaciones anaeróbicas de fuerza, en favor de las aeróbicas. Esto va ligado a cierta atrofia de fibras rápidas y aumento de rendimiento de las lentas. Cuánto de ello puede tener que ver con la edad o como efecto de la incorporación a rutinas sistemáticas de entrenamiento, no está del todo claro. Hay dos genotipos que intervienen en estos procesos.

El estudio muestra gran variedad de comportamientos evolutivos en las cualidades condicionales estudiadas en función de los diferentes genes y asociaciones entre ellos. También se dan cambios en dichos genes, y todo ello se complica más al tener en cuenta que los esquiadores pueden ser categorizados en diferentes genotipos.

Reconocen las enormes limitaciones del estudio por falta de masa crítica, especificidad, relación de lo evaluado con el rendimiento esquiador real. Pero avisan sobre la necesidad de evolucionar hacia la identificación de genotipo de los deportistas para individualizar su entrenamiento en el futuro. Me sorprende que acabe dando algunos consejos directos de entrenamiento y planificación que no se pueden derivar del complejo y riguroso artículo. En todo caso, otro aspecto clave vuelve a sumarse a lo que ya empieza a convertirse en clamor: la importancia del trabajo muscular excéntrico y su posible y bastante desconocida influencia sobre los regímenes energéticos aeróbico y anaeróbico.

Seguimos en 2023, Penitente et al. sorprenden con una metodología de análisis novedosa en el campo de las ciencias del deporte: la clusterización de variables. El análisis de clústeres jerarquizados de cualidades condicionales de esquiadores de Copa del Mundo de ambos sexos.

Antes de ello, en plena introducción, y basándose en referencias de otros (ref), los autores plantean una advertencia importante:

«Aproximadamente el 37% de los esquiadores alpinos se lesionan en cada temporada; la lesión del ligamento cruzado anterior es el diagnóstico más frecuente, pero otras lesiones de pierna y baja espalda también son comunes (ref). La frecuencia y tipo de lesiones son muy similares en las diferentes disciplinas alpinas (ref). Un alto nivel de preparación física ha sido identificado como componente crucial en los esquiadores para mejorar su rendimiento y prevenir lesiones (ref). La capacidad de generar un alto nivel de fuerza máxima permite a los deportistas trabajar a un reducido porcentaje de su máxima contracción permitiéndolos mantener con seguridad cargas de alta intensidad (ref)».

Para empezar, el porcentaje de lesionados es altísimo. Según su criterio, la fuerza máxima, a la que desde hace páginas llevamos calificando como de necesaria a un nivel alto que sea suficiente, es además un componente importante para la prevención (más que para el rendimiento).

«Una característica única del esquí alpino es el desplazamiento vertical continuo de la masa corporal mediante el que el esquiador genera velocidad y energía cinética [ref]. Los músculos extensores de la pierna se activan principalmente durante la fase de giro, y la carga muscular se debe a una fuerza de aceleración proporcional al peso y la velocidad del esquiador e inversamente proporcional al radio de giro [ref]. Una mayor capacidad de fuerza excéntrica mejora la capacidad del esquiador para mantener la velocidad de giro durante toda la prueba [ref]. Se hace hincapié en la capacidad de fuerza explosiva y dinámica del atleta debido a los giros repetidos a alta velocidad que requieren que los músculos generen grandes fuerzas en pocos segundos [refs]».

La descripción anterior me parece parcialmente discutible. Aun estando de acuerdo con la descripción biomecánica general de lo que ocurre, la última frase parece dirigir el entrenamiento hacia la fuerza explosiva y dinámica (¿concéntrica?), pese a que ha dejado clara la preponderancia de la excéntrica. No es que el argumento inicial no sea correcto, sino que la opinión posterior de lo que hay que entrenar no concuerda con lo afirmado, ni con lo que ya estamos viendo que vienen opinando otros autores. Por otro lado:

«La posición flexionada (huevo) requiere una contracción isométrica en la cadera, involucrando los músculos isquiotibiales y cuádriceps».

Lo que justifica la necesidad de fuerza isométrica, algo sobre lo que no hay objeción alguna.

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. Una aproximación necesaria. (Parte IV).

Tabla 2. Valores medios, mínimos y máximos en categorías masculina de nivel de WC y de nivel inferior, obtenidos durante los test llevados a cabo en la investigación.

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. Una aproximación necesaria (Parte IV).

Tabla 3. Continuación de valores medios, mínimos y máximos obtenidos de la tabla anterior.

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. Una aproximación necesaria. (Parte IV).

Tabla 4. Lo mismo que en las tablas anteriores, pero ahora comparando los resultados obtenidos en muestras femeninas de nivel WC y de nivel inferior.

Para el estudio se emplearon 134 esquiadores del equipo nacional de los EEUU. 85 varones (29 de nivel WC) y 49 mujeres (19 de WC). Lo más novedoso del trabajo es la confección de varios diagramas que muestran clústeres, esto es, agrupaciones relacionales entre diferentes variables. De tales diagramas se obtienen las siguientes observaciones:

  • No hay valores atípicos en ningún diagrama a nivel 1 = todas las disciplinas guardan cierta relación.
  • Aparece una diferenciación clara entre cualidades fisiológicas y biomecánicas (quiere decir que unas y otras se agrupan entre sí respectivamente) en el nivel WC entre hombres y mujeres, pero no en niveles de competencia inferiores. La estructura de relevancia fisiológica es idéntica en WC para hombres y mujeres.
  • La cercanía de las variables aeróbica submáxima y anaeróbica sugiere la ratificación de la necesidad del metabolismo mixto. Así como la historia de entrenamiento aeróbica en los esquiadores alpinos, considerada necesaria para soportar sus entrenamientos específicos (necesariamente seriados) y sus largas temporadas de constante competición.
  • En cuanto a las diferencias entre hombres y mujeres de WC. En ellos la alta vinculación entre las fuerzas producidas en SJ y CMJ sugieren mayor importancia de la fuerza explosiva en tren inferior. Los autores especulan que se pueda deber a mayor masa corporal, mayor velocidad general y en virajes, y mayor necesidad de gestionar fuerzas externas (gravedad, reacción centrífuga…).
  • Las potencias generadas en SJ y CMJ sí que están agrupadas de la misma forma en ambos sexos, así como la potencia máxima generada a corto plazo (test all out). Parecen factores importantes y necesarios, pero no diferenciadores.
  • La fuerza isométrica, considerándose como importante, no muestra agrupamiento con ninguna otra variable. ¿Pudiera no ser tan relevante? Afirman que lo es, pero de forma combinada con el core y resto del cuerpo, y que pudiera no agruparse con el resto de variables de fuerza y potencia porque estas se han evaluado mediante test de salto (dinámicos y concéntricos).
  • Los grupos de inferior nivel (no WC) presentan una organización mucho más caótica, que puede indicar que el rendimiento se alcanza por diferentes combinaciones/compensaciones de variables.     
  • La muestra de mujeres de nivel no WC era muy escasa, así que sus resultados hay que recibirlos con mucha cautela. Es el único grupo en el que todas las variables relacionadas con la FC no aparecen agrupadas.
  • Ojo, es el primer intento de técnica de clúster en alpino, y se ha hecho con corta selección de pruebas. No es vinculante, su intención es abrir camino metodológico en este tipo de estudios. Parte de muestras pequeñas, todas con el sesgo de entrenamiento norteamericano. Y, se reconoce, la interpretación de los dendrogramas acarrea subjetividad.

En todo caso, aunque algunas de sus conclusiones contradicen las de otros estudios, otras sí que hacen pensar (refuerzan) aspectos que ya se nos están repitiendo a través de otras metodologías de estudio. Personalmente lo encuentro interesante, sobre todo, como aplicación práctica de una técnica de análisis apenas empleada en la investigación deportiva. Quizás sirva de acicate para nuevos planteamientos.

¡Y nos situamos ya en 2025! Turnbull et al, aparecen con una nueva publicación. En realidad, se trata de una gran revisión sistemática. La cual, en cierto modo, nos viene muy bien. Empiezan con un repaso valorativo de los test que han venido siendo empleados hasta ahora. Entre los aeróbicos no hay ninguno adecuado; los anaeróbicos deberían ser de 90” y empleando tecnología que descifre el tipo de trabajo muscular; y en cuanto a los de fuerza, por lo general han sido inadecuados, salvo los basados en EMG (electromiografía), que son escasos.

Ello ha sido así a causa de numerosas limitaciones:  estudios antiguos, época pre-carving, entorno (el del esquí alpino) variable  y difícil de estandarizar (asimilable a cíclico pero errático en sus ritmos y terreno), cierta diversidad antropométrica entre los competidores, difícil estandarizar los niveles de “elite”, estrategias de entrenamiento diversas (cada país la suya) y demasiadas interacciones mutuas entre variables: la cualidad mediatiza la técnica, y el entrenamiento mediatiza la cualidad. A pesar de todo ello, la revisión resume algunos hechos encontrados.

Respecto a las características antropométricas observadas a través de los años por diferentes trabajos, hay ligera tendencia en aumento de la altura, masa y menor grasa corporal, aunque tal afirmación debe tomarse con precauciones porque los estudios diferían en muestras, metodologías, etc. Aumenta la edad (justificable por la necesidad de cada vez más horas específicas de experticia). Es una pena no poder disponer de más datos actualizados, los cuales serían necesarios porque los cambios de material de las pruebas (ahora atravesar palos, no rodearlos) y esquís (mayores fuerzas por el carveo), sumados los a avances en entrenamiento (cuerpos más desarrollados), han podido afectar mucho a los perfiles corporales.

Autor

Nivel

Edad (años)

Altura (m)

Masa (kg)

Grasa corporal (%)

Masc.

Fem.

Masc.

Fem.

Masc.

Fem.

Masc.

Fem.

(Neumayr 2003)

Internacional

27,6±3,5

25,2±3,9

1,81±0,06

1,66±0,05

87.0±7.1

65.1±6.5

15.8±3.7

24.5±3.6

(George 1999)

Nacional

22 ±4

21 ±4

1,80±0,03

1,62±0,03

78.4±3.6

62.3±2.5

11.5±2.1

20.6±1.8

(Bosco 1994)

Internacional

23,4 ±4,3

 

177,0± 1,4

 

79.0 ± 8.5

 

 

 

(Haymes 1980)

Nacional & Internacional

21,8±2,0

19,5±1,6

177,8±4,1

165,1±4,5

75.5±4.9

58.8±4.6

10.2±1.5%

20.6±3.7%

(White 1991)

Internacional

21,5 ±0,55

20,4 ±0,56

179 ±0,72

166 ±0,97

78.83 ± 1.51

63.07 ± 1.2

6.08 ± 0.92%

13.14 ± 1.08%

(White 1991)

Nacional

21,6±0,57

21,8± 0,49

173 ±1,84cm

165 ±1,80

72.59 ± 1.57

63.64 ± 0.91

6.53 ± 1.57%

16.62± 1.82%

(Saibene 1985)

Nacional

19,6±0,74

 

171,2±6,25cm

 

67±5.13

 

 

 

(Veicsteinas 1984)

Nacional

21 ± 2

 

178 ± 0,5

 

78 ± 4.0

 

9.9 ± 2.6

 

(Brown and Wilkinson 1983)

Nacional / Divisional

21,9±0,6 /8,6±0,4

 

178,5±1,0 /177,3±1,5cm

 

77.6±1.3kg / 71.5±5.3

 

 

 

Tabla 5. Valores medios antropométricos y de edad publicados por diversos estudios a lo largo de los años. Se indica el nivel aproximado de rendimiento deportivo de cada muestra utilizada.

En cuanto a la potencia aeróbica, existe mucha disparidad de datos y, salvo por los austríacos, no se considera determinante. Algo parecido sucede con la potencia anaeróbica: mucha disparidad de resultados y evidente inespecificidad de metodologías de evaluación.

Pocas evidencias de la importancia de la fuerza muscular. Que hace falta fuerza sí, hasta cierto nivel de corte imprescindible, pero más allá no cambia el rendimiento. Su demanda parece mayor en velocidades angulares moderadas que en altas (nada que ver con el esquí de baches). Donde mayor velocidad angular hay es SL, pero no parece necesario entrenamiento de velocidad. Tener margen de fuerza máxima puede favorecer que se trabaje a un % más bajo y con cierto ahorro energético, pero hay que recordar que gran parte del trabajo se hace de modo excéntrico. El carveado puede estar alcanzando el límite soportable biomecánicamente y van aumentando las lesiones. Así pues, la fuerza también como elemento preventivo.

Interesante aportación en la siguiente tabla: ¡atención! hay que trabajar también isquiotibiales.

Nivel de esquí

Isquiotiviales/Cuádriceps Ratio %

Nacional

57,6±1,4

Estatal (regional)

61,8±1,7

Club

65,6±1,9

Neumayr et al (2003)

57-60.

Tabla 6. Relación de índice de fuerza muscular comparado entre isquiotibiales y cuádriceps. A medida que ascendemos en nivel de rendimiento, aumenta el porcentaje dependiente de cuádriceps.

¿Y qué hay de la flexibilidad? la suficiente, no es concluyente para el rendimiento. Más para la prevención.

En cuanto a las demandas de la competición, la complejidad intrínseca de este deporte sigue complicando su comprensión. Para empezar, se trata de lo que podríamos denominar una fisiología interdisciplinar (cuatro disciplinas). Hay pocos trabajos comparativos entre los tipos de pruebas, aunque sugieren que hay pocas diferencias fisiológicas entre los esquiadores de ambos sexos para las cuatro disciplinas, incluso apuntan a que es probable que cierta antigua correlación entre la potencia aeróbica y el rendimiento (especialmente en SL) puede provenir, en realidad, de una cantidad de entrenamiento específico superior a la necesaria fisiológicamente, pero que genera, simultáneamente, más horas de técnica.

«Szmedra et al (2001) investigaron SL y GS utilizando espectrofotometría de infrarrojo cercano para medir la desaturación de oxígeno del volumen sanguíneo del vasto lateral, en comparación con los niveles máximos determinados a través de la isquemia del manguito del muslo (véase la Tabla [7] para obtener resultados resumidos). Berg y Eiken (1999) investigaron la cinemática de las diferentes disciplinas (véase la Tabla [8]). Los ángulos de tobillo, rodilla y cadera fueron menores para GS que para SL, mientras que la velocidad de movimiento fue más del doble de rápida (Berg y O. 1999; Szmedra 2001). El cambio en el volumen sanguíneo fue un 30% mayor durante GS que SL. La frecuencia cardíaca máxima fue más alta y la desaturación de oxígeno de los músculos fue un 33% mayor durante GS que SL. Los giros más cortos y rápidos de SL generan un mayor movimiento cíclico, lo que reduce las fuerzas centrífugas y la velocidad sobre la nieve. Esto resulta en una reducción del ciclo de trabajo isométrico y, por consiguiente, en un ángulo de postura/rodilla elevado en comparación con la GS (Szmedra 2001). Por lo tanto, el %MVC se reduce y puede producirse una menor oclusión sanguínea en SL que en GS».

 

GS

SL

Ángulo tobillo (grados)

83.8±11.9

98.6±15.7

Ángulo rodilla (grados)

107.4±14.4

118.3±18.0

Ángulo cadera (grados)

98.8±14.3

107.5±16.2

% Max O2 Desaturación

79.2

65.7

Frecuencia cardíaca (lat/min)

177.3±10.6

171±14.7

Tabla 7. Ángulos articulares, desaturación de oxígeno hemoglobina/mioglobina y FC durante GS y SL. (Szmedra 2001)

«Hoff (2005) sostiene que, siempre que los resultados del entrenamiento de fuerza sean neuronales en lugar de hipertróficos, las desventajas de incorporar ambos métodos deberían ser mínimas debido al efecto limitado en la interacción potencia-peso corporal. En la literatura sobre esquí, se ha prestado poca atención al efecto del trabajo aeróbico de alto volumen y baja intensidad sobre los parámetros de fuerza».

Las competiciones de baches han mostrado un patrón excéntrico/concéntrico más común, similar al correr (Tesch 1995; Szmedra 2001). Tales hallazgos sugieren, de nuevo, que el entrenamiento de fuerza para el esquí debería incluir una preponderancia de actividad excéntrica (Berg 1995; Berg and O. 1999).

 

Ángulos de rodilla que soportan carga externa (grados)

Velocidad angular de rodilla (o/s)

Ciclo de movimiento I-D (s)  

Máxima intensidad

(%MVC)

SL

98-111 (menor rango)

69±11

1.6±0.2

74±33

GS

86-114

34±2

3.5±0.6

73±21

SG

83-96

~17

~4.1

 

Baches

62-133*

~300**

~0.8

 

Tabla 8. Ángulos de rodilla, velocidad ángular de rodilla, comparados en diferentes disciplinas de esquí. Los datos de ciclos de movimiento, parecen expresar el tiempo en segundos que dura una secuencia izquierda-derecha, es decir, dos virajes. Sí es así, los tiempos coinciden para SL, GS y SG con los obervados por nuestros cáclulos de la Parte 3, así como con los de otras investigaciones citadas. El % MVC es con respecto al potencial máxima capacidad de movimiento (virajes) posible. A destacar que la frecuencia de virajes de baches sería el doble que la de SL, lo cual sí que podría acercarlo (quizás) a ser considerado como un deporte de velocidad. *Ángulo normal de carrera 45o (Ferber 2003). **Velocidad angular normal en ciclo de sprint ~600-700 o/s (Mjølsnes 2004)

«Reconociendo los componentes excéntricos del esquí de competición, Szmedra et al. (2001) identificaron un aumento significativo de la presión intramuscular durante este deporte, lo que genera una mayor carga anaeróbica durante la fase de giro. Los procesos metabólicos resultantes incluyen isquemia e hipoxia muscular, así como alteraciones en la concentración iónica y la disponibilidad de sustratos (Seifert, 2005). La utilización de glucógeno aumenta hasta un 50 % con respecto a los niveles previos al ejercicio debido al agotamiento de la CP, la inhibición del metabolismo aeróbico y la reducción de la captación de glucosa por la sangre, debido a un flujo sanguíneo insuficiente (Tesch, 1995; Seifert, 2005). Los ángulos bajos de rodilla y las contracciones lentas y prolongadas típicas del esquí de competición se asocian con una reducción del VO2max, mayores reducciones del volumen sanguíneo, mayor acumulación de lactato a determinadas velocidades y una frecuencia cardíaca desproporcionadamente alta, lo que finalmente resulta en una menor perfusión sanguínea del músculo activo (Petrofsky, 1984). Por lo tanto, se produce isquemia muscular y una mayor dependencia del metabolismo anaeróbico (Rundell 1996; Foster 1999; Szmedra 2001)».

Lo descrito se ve acrecentado por los mecanismos mecánicos responsables de la fatiga y las consiguientes reducciones de generación de fuerza y ​​ rendimiento.

«La carga excéntrica, y su efecto sobre la ruptura del puente cruzado actina-miosina, se ha identificado como un importante destructor mecánico (Seifert, 2005). Seifert et al. (2005) descubrieron que, al controlar la carga de trabajo (mecánica) en todos los participantes, el aumento de los índices de daño muscular era un factor de estrés metabólico. Estos factores de estrés incluyen isquemia muscular, hipoxia, alteración de la concentración iónica y disponibilidad de sustratos.

El desarrollo del sistema metabólico para afrontar estos factores de estrés es una parte importante del acondicionamiento para el esquí. El entrenamiento de resistencia ha provocado una reducción del agotamiento de fosfocreatina (y una menor acumulación de ADP), una mejor formulación de ATP, una mayor capacidad oxidativa del ácido láctico (al inhibir la utilización de glucógeno y la acumulación de ácido láctico y fosfato inorgánico, lo que altera la concentración iónica) y mayores niveles de antioxidantes (Kuno, 1994; Subidhi, 2001). Las implicaciones del entrenamiento aeróbico de baja intensidad y alto volumen, en comparación con el entrenamiento interválico de alta intensidad, sobre el metabolismo muscular y la producción de fuerza en esquiadores aún no se han confirmado. Sin embargo, es posible que la capilarización generada por el trabajo de baja intensidad y alto volumen ayude a afrontar la fatiga que causan las contracciones excéntricas sostenidas en el entorno metabólico y mecánico (Duvillard, 1995; Kyrolainen, 1998)».

Todo esto abre la puerta al debate y la especulación sobre la utilización de sistemas interválicos (¡y HIT!) y notables cargas aeróbicas suaves (tanto en el periodo preparatorio como en el competitivo).

En cuanto a las fibras musculares, varios estudios (siglo XX) han mostrado mayor fatiga acumulada en competición en las fibras ST que en las FT. También porcentajes más altos de ST en competidores de alto nivel que en esquiadores normales. Las ST toleran mejor la hipoxia e isquemia, y disfrutan de más capilares alrededor, favoreciendo la eliminación de las sustancias fatigantes producidas por el metabolismo anaeróbico.

Otro factor a tener en cuenta es la combinación del frío y la hipoxia de un entorno de mayor altitud, pues reduce la presión de oxígeno alveolar y arterial, incrementando la actividad glucolítica y reduciendo los depósitos de glucógeno, dificultando significativamente el sistema anaeróbico en comparación con entornos de baja altitud y temperaturas más cálidas (Kuno 1994; Haman 2002; Roberts 2005; Seifert 2005; Svensson 2005).

Proceso simplificado de cómo afectan el frío y la altura al metabolismo muscular.

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. Una aproximación necesaria. (Parte IV).

Esquema que describe la influencia de la altitud y el "invierno" sobre los factores fisiológicos que intervienen en el rendimiento de los esquiadores alpinos. (Imagen adaptada de un esquema incluído en el artículos de Turnbull et al.).

«Un mayor número de fibras ST eficaces, para un VO2max determinado, puede reducir las limitaciones periféricas impuestas a los músculos de las piernas (que son inducidas por la hipoxia, la hipobaria y la hipotermia), reduciendo la carga anaeróbica y, por lo tanto, ayudando a afrontar estas condiciones ambientales (Haman 2002; Seifert 2005)».

Los autores concluyen que es necesario avanzar investigando sobre:

  • Técnica y rendimiento.
  • Oxidación en los tejidos, tipo de fibras, densidad mitocondrial y diferencias enzimáticas. En especial en la distribución del tipo de fibras y el metabolismo adecuado para contrarrestar las condiciones de frío, altitud y fuerza en condiciones de isquemia. 
  • Comprensión del impacto del entrenamiento de baja intensidad y alto volumen respecto al de alta intensidad y bajo volumen sobre el metabolismo muscular y la producción de fuerza bajo las condiciones de isquemia del esquí.
  • Las metodologías de entrenamiento de los equipos nacionales, porque generan sesgos en las cualidades condicionales exhibidas por sus campeones.

Finalizamos este compendio con un estudio realizado con 12 mujeres de élite equipo nacional sueco SL y GS (Nilsson et al. 2025). Trata de comprobar la utilidad predictiva de una batería de test. El resultado es que las pruebas incluidas en dicha batería no predicen bien. Los puntos FIS, los rankings y otros parámetros de rendimiento plantean muchas dificultades de ajuste para los cálculos. La complejidad del esquí genera problemas en el apartado fisiológico. El enigma persiste. Ya los mismos autores nos mostraron algo parecido en 2018 y 2021. La batería elegida no sirve para predecir rendimiento dentro del grupo, aunque algo para predecir rendimiento individual (si el sujeto está mejor o peor en cada momento), pero siempre parcialmente, pues se testa la parcialidad de lo fisiológico, no el rendimiento propiamente dicho. Además, resultan individualmente predictivos, pero ganando peso unas disciplinas para unos, y otras diferentes para otros, cada cual con un perfil de validez de la batería diferente. Todo esto recalca la importancia del factor de la individualización durante el desarrollo de cada esquiador, su entrenamiento, su perfilado como competidor (disciplinas), etc.

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. Una aproximación necesaria. (Parte IV).

Tabla 9. Listado de variables que componen la batería cuya valided se pretendía comprobar en la investigación. Incluyen los valores medios y sus márgenes máximos y mínimos.

Confío en que tan largo y denso repaso haya servido, entre otras cosas, para recalcar la necesidad de aplicar el sentido crítico (en este caso científico) incluso ante la lectura de trabajos de investigación publicados en revistas especializadas. Los resultados deben o no ser tenidos en cuenta en función de la adecuación de sus muestras, las metodologías utilizadas (por ejemplo, en este caso, la especificidad o no de sus pruebas de valoración y medida), si los análisis propuestos guardan o no relación directa con los resultados obtenidos, etc. A lo largo de casi medio siglo de investigación científica sobre las pruebas de esquí alpino a nivel de WC, hay muchas cuestiones por resolver y bastante controversia respecto a ellas. El papel y grado de importancia de los metabolismos aeróbico y anaeróbico está muy lejos de poder ser acotado. El desconocimiento sobre las manifestaciones de fuerza presentes durante los descensos de competición, en combinación con los diferentes tipos de contracciones musculares existentes representan todavía un campo de estudio relativamente ignoto. Y más todavía, cómo deberían entrenarse óptimamente tales realidades. Estamos ante un deporte muy complicado de identificar desde un punto de vista condicional y fisiológico, con demasiadas variables en juego. Pero ello no es disculpa para que recurramos a recursos inespecíficos para tratar de estudiarlo o valorarlo.

Entre los artículos presentados en esta Parte 4 han surgido algunas novedades metodológicas de investigación que, de seguir siendo desarrolladas, pudieran ayudar a esclarecer más los hechos (fisiológicos, biomecánicos, etc.) que se puedan estar dando durante las competiciones. Es el caso de nuevos tipos de análisis estadísticos mucho más sofisticados que se apoyan en los avances en las tecnologías del tratamiento de datos. También el de los intentos por aplicar las técnicas de clúster para ordenar, agrupar y relacionar variables de diferente naturaleza. De igual modo hemos visto como, huyendo (poco todavía) de la inespecificidad, ergómetros más próximos a la supuesta gestualidad del esquí alpino están siendo incorporados a los estudios (aunque personalmente creo que hay que llegar al campo, a través del uso de tecnología portátil y periférica). Por último, y también abriendo nuevos campos de investigación, ya se están incorporando trabajos en el ámbito de la genética.

Desde un punto de vista humanista o, tal vez, incluso romántico, hay una excelente noticia ante el estado de las cosas: ¡Que alegría para entrenadores! Aún siguen siendo importantes, pues su trabajo, siempre sobre una base de estudio científico, sigue pudiendo considerarse casi artesanal, pues han de decidirse por trabajar diferentes aspectos de unos metabolismos que no están del todo definidos; aplicar diversos métodos, sistemas y objetivos de trabajo de la fuerza muscular, todavía bastante inciertos para todos; y todo ello ¡siempre! bajo una perspectiva de estudio de caso, pues, como parece habernos quedado bastante claro, cada esquiador es un mundo, pudiendo muchos de ellos estar alcanzando resultados casi idénticos con perfiles e historiales de entrenamiento de lo más dispar ¡individualización (importante principio del entrenamiento) al poder! Y todo esto, ya de por sí complicado e incierto, siempre en segundo plano, pues, como también parece haber quedado claro, por encima de todo lo demás está la técnica, el saber esquiar bien cada disciplina, algo que ha de enseñarse, aprenderse, mejorarse, automatizarse, etc. Gracias a ello, otra buena noticia, ni los alquimistas titulados con sus pociones mágicas (dopaje), ni los ingenieros con sus motores, suspensiones y aerodinámica, tienen el campo abierto que les brindan otras modalidades deportivas.

Y luego está lo demás, la psicología, la sociología… ¡la vida! Pero eso lo dejamos, si acaso, para otra ocasión, o tal vez se quede abierto para siempre.

Referencias en orden cronológico de publicación:

VOGT, M; JORDAN, K; SPRING, H; HOPPELER, H: “Physiology of alpine skiing: Implications for the training of elite skiers”. International Congress Mountain & Sport. Updating study and research from laboratory to field. 11th-12th November 2005. Rovereto (TN) - Italy.

TURNBULL, JR; KILDING AE; KEOGH JWL: “Physiology of alpine skiing”. Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports. First published: 17 March 2009. doi.org/10.1111/j.1600-0838.2009.00901.

NILSSON, Robert; LINDBERG, Ann-Sofie; THEOS, Apostolos; FERGUSON, Richard A; MALM, Christer: “Aerobic Variables for Prediction of Alpine Skiing Performance – A Novel Approach”. Sports Medicine International Open 2018; 2: E105–E112.

STÖGGL, Thomas; KRÖLL, Josef; HELMBERGER, Roland; CUDRIGH, Maria; MÜLLER, Erich: “Acute Effects of an Ergometer-Based Dryland Alpine Skiing Specific High Intensity Interval Training”. Frontiers in Physiology. October 2018 | Volume 9 | Article 1485.

GILGIEN, Matthias; REID, Robert; RASCHNER, Christian; SUPEJ, Matej; HOLMBERG, Hans-Christer:  “The Training of Olympic Alpine Ski Racers”. Frontiers in Physiology. December 2018 | Volume 9 | Article 1772.

BASHIR, Showkat; KUMAR, G V: “Dominant physical, physiological and anthropometric variables associated with the success of alpine skiers”. International Journal of Physiology, Health and Physical Education. Volume 1; Issue 2; 2019; Page No. 07-10.

KOLLER, Arnold; SCHOBERSBERGER, Wolfgang: “Preseason aerobic and anaerobic tests for prediction of alpine skiing performance: a molecular perspective”. BMJ Open Sport Exerc Med 2019; 5:e000510. doi:10.1136/bmjsem-2019-000510.

NILSSON, Robert; THEOS, Apostolos; LINDBERG, Ann-Sofie; FERGUSON, Richard A; MALM, Christer: “Lack of Predictive Power in Commonly Used Tests for Performance in Alpine Skiing”. Sports Medicine International Open 2021; 5: E28–E36.

SCHOBERSBERGER, Wolfgang; MAIRHOFER Michael; HASLINGER, Simon; KOLLER, Arnold; RASCHNER, Christian; PUNTSCHER, Sibylle; BLANK, Cornelia: “Are There Associations Between Submaximal and Maximal Aerobic Power and International Ski Federation World Cup Ranking in Elite Alpine Skiers?”. Int J Sports Physiol Perform. 2021 May 1;16(5):628-633. doi: 10.1123/ijspp.2020-0105. Epub 2021 Jan 28.

GASSER, Benedikt; O. FREY, Walter; VALDIVIESO, Paola; SCHERR, Johannes; FLÜCK, Martin; SPÖRRI, Jörg: “Association of Gene Variants with Seasonal Variation in Muscle Strength and Aerobic Capacity in Elite Skier”. Genes 2023, 14, 1165. May 2023.

PENITENTE, Gabriella; A YOUNG, Hayden; A SANDS, William; McNEAL, Jeni R: “A Classification of Fitness Components in Elite Alpine Skiers: A Cluster Analysis”. International Journal of Environmental Research and Public Health. 2023, 20, 5841.

TURNBULL, Jonathon; KILDING, Andrew E; KEOGH, Justin: “Physiology of Alpine Skiing: A review”. Borrador, con probable fecha de aparición de 2025.

NILSSON, Robert; THEOS, Apostolos; LINDBERG, Ann-Sofie; MALM, Christer: “Predicting competitive alpine skiing performance by multivariable statistics—the need for individual profiling”. Frontiers in Sport and Active Living. PUBLISHED 15 January 2025. 


[1] Gilgien M, Sporri J, Chardonnens J et al. Determination of external forces in alpine skiing using a differential global navigation satellite system. Sensors 2013; 13: 9821–9835. doi:10.3390/s130809821

[2] Reid RC. A kinematic and kinetic study of alpine skiing technique in slalom [Doctoral Dissertation]. Oslo, Norway: Norwegian School of Sport Sciences; 2010

[3]  Hintermeister RA, O'Connor DD, Dillman CJ et al. Muscle activity in slalom and giant slalom skiing. Med Sci Sports Exerc 1995; 27: 315–322

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4 Comentarios Escribe tu comentario

  • #1
    Fecha comentario:
    02/01/2026 18:50
    #1
    Canela en rama, delmer, gracias una vez más ¡Feliz año y feliz emporada!

    karma del mensaje: 13 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #2
    Fecha comentario:
    02/01/2026 19:55
    #2
    #1 Muchas gracias. Es el último de la serie. Muchos descansarán de tanto cientifismo deportivo porque en los próximos volveré a mis temas más habituales. Buen año de nieves (y bienes) también para ti.

    karma del mensaje: 18 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #3
    Fecha comentario:
    05/01/2026 21:09
    #3
    Delmer, ya lo avisaste en el primer artículo asi que el que avisa no es traidor. Para mis entendederas, demasiado denso. No he podido seguirte pero intentare imprimirlo y leer con calma los cuatro.
    Dicho esto, mil gracias por la currada, por tu tiempo y sobretodo por compartir tu conocimiento.

    karma del mensaje: 13 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

  • #4
    Fecha comentario:
    06/01/2026 19:34
    #4
    #3 ;) Sí, avisado estaba. No es una temática ni especificidad de contenidos "aptas para todos los públicos", pero lo mismo les sirven a algún estudiante de CAFID-esquiador, o algún entrenador que anden por ahí, agazapados en Nevasport.
    Dicho esto, y agradecido por los ánimos, a final de mes, cambiando radicalmente de terció, publicaré un largometraje documental casero repleto de "clasicismo". :lol2:

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    • Gracias!

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