Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. (Parte III de IV).

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. (Parte III de IV).
Imagen: spyder.com
Tercera entrega del monográfico sobre el estado actual del arte sobre los aspectos condicionales del esquí alpino a nivel de Copa de Mundo. Aquí, estudio de duraciones de las pruebas y análisis teórico al respecto.

Autor: J G L. Licenciado en Educación Física (INEF Madrid – UPM) - Máster en Alto Rendimiento Deportivo (COE – UAM) - Premio mejor trabajo de fin de Master COE - Exprofesor de Enseñanzas Deportivas de Régimen Especial (Consejería Educación Cantabria) - Exprofesor universitario (UC).

En esta tercera parte vamos a encargarnos de atender a tres cuestiones importantes: recuperar una referencia bibliográfica del siglo XX; presentar nuestra propia aproximación a la realidad de algunos datos objetivos sobre lo que representan como esfuerzos (en tiempo y cadencia de acciones) las pruebas actuales de Copa del Mundo (WC) de esquí alpino; y añadir una aproximación teórica breve sobre lo que, a priori, podría hacernos pensar que supondrían tales datos en demandas de resistencia, velocidad y fuerza.

Como acabamos de anticipar, antes de proseguir con la concienzuda aproximación que estamos planteando sobre los aspectos condicionales del esquí alpino, conviene rescatar una referencia científica que, aunque fue publicada durante la última década del siglo anterior, no fue incluida en el trabajo que entonces se escribió (y que compone el grueso principal de la segunda parte de esta serie de artículos).

En 1993, White y Johnson[1], incidieron en una cuestión que ya se había empezado a vaticinar durante el siglo XX y que se ha venido confirmando a lo largo de los estudios llevados a cabo en el XXI. Que…

«La potencia aeróbica, aunque importante, no discrimina entre competidores de diferentes categorías de capacidad. La potencia aeróbica es más probable que sea resultado del acondicionamiento para el esquí alpino que un requerimiento profundo de dicho deporte».

En otras palabras, que los esquiadores de alto nivel muestran niveles de potencia aeróbica bastante elevados, pero que dichos niveles no son los que marcan las diferencias entre ellos en cuanto al rendimiento esquiando. Y que ello plantea una cuestión interesante: ¿tales niveles de potencia aeróbica son necesarios (condición necesaria pero no suficiente) para rendir a un alto nivel en las competiciones de esquí alpino, o son fruto de los planteamientos de entrenamiento que tradicionalmente se han venido realizando en la mayoría de los equipos nacionales de esquí alpino?

El citado artículo continúa siendo interesante porque, además de procurar ciertas afirmaciones, dejaba abiertas muchas cuestiones relacionadas con las capacidades condicionales, su evaluación (preferentemente inespecífica, es decir, no esquiando) y la dudosa utilidad de esto último:

«La potencia anaeróbica es importante para el esquí y ambos, test de potencia en laboratorio y campo, correlacionan bien con el rendimiento. Los test que miden potencia anaeróbica explosiva y sostenida, como el Wingate, salto vertical, saltos repetidos durante 60 segundos, y test de carrera y escalones de Margaria-Kalamen son válidos para evaluar esquiadores. Las medidas de lactato y consumo de oxígeno en la nieve sugieren la necesidad de alta potencia anaeróbica. Los esquiadores alpinos tienen altos niveles de fuerza de piernas comparados con otros deportistas. Tests isocinéticos han sido utilizados para evaluar la fuerza dinámica de piernas en esquiadores, pero poco se sabe acerca de las capacidades de fuerza dinámica de alta velocidad o excéntrica».

Que la potencia anaeróbica es importante para el esquí alpino es algo que se ha creído siempre (ya veremos posteriormente, en la Parte 4, si tal creencia continúa estando vigente o no). Que los test que la miden correlacionan con el rendimiento esquiando tiene cierta lógica, pero depende en gran medida de las poblaciones evaluadas. Si sus niveles son algo dispares, la correlación aumentará, pero si la muestra procede, toda ella, de competidores del más alto nivel, ningún otro artículo revisado indica que los resultados de tales test sean capaces de discriminar el rendimiento esquiando en ese tipo de muestras. Por eso, los esquiadores tienen altos niveles de fuerza de piernas «comparados con otros deportistas», pero entonces, ya se advertía que ¡poco se sabía! sobre las capacidades de fuerza dinámica a alta velocidad o excéntrica (y a la isométrica ni la mencionan). Todo esto tiene bastante que ver con lo que aparecerá cuando repasemos publicaciones científicas sobre el tema publicadas a lo largo del siglo XXI (Parte 4).

Conviene aquí recordar algunas de las conclusiones a las que llegaron Bacharach y Von Duvillard[2] en 1994, en aquel artículo que, aunque ya incluimos en el repaso de la Parte 2, fue tan decisivo para el desarrollo de estudios posteriores sobre el esquí alpino, por lo que no está de más reincidir sobre él.

Aquel trabajo ya advertía de la proliferación de test inespecíficos utilizados para tratar de evaluar a los esquiadores, así como sobre las dificultades para cuantificar las aportaciones relativas de las vías energéticas aeróbica y anaeróbica en las competiciones de esquí alpino.

A causa de esto último, reivindicaba alargar los test de Wingate (o aquellos que utilizan planteamientos tipo all-out) hasta los 90 segundos, avisando, por ejemplo, de un efecto cruzado observado entre deportistas de SL y DH, consistente en que los de SL mostraban mayores potencias durante las primeras fases de los test, mientras que los de DH destacaban más en los periodos finales. Tal efecto no es detectable en test de 60 segundos y, menos aún, en los de 30 segundos. Hace años, me vi personalmente seducido por la metodología de evaluación tipo Wingate, aunque en mi caso debería denominarse como tipo all-out. Dicha metodología consiste en protocolos de acciones de tipo cíclico (correr, nadar, pedalear, remar, palear, patinar, repetir saltos, etc.) que han de ejecutarse desde parado, tratando de alcanzar la máxima velocidad (o frecuencia, según qué modalidad) posible cuanto antes, lograr el pico máximo y mantener la máxima intensidad posible en el tiempo. A lo largo del desarrollo de mi trabajo sobre este tema, estuve intentando buscar la mayor especificidad posible en diferentes modalidades deportivas. De ello derivaron varias propuestas de protocolos de test, que agrupé en dos categorías: TAMS (test anaeróbico maximal semiespecífico) realizados todos ellos utilizando simuladores específicos de remo y ciclismo; y TAMRE (test anaeróbico maximal de rendimiento específico) realizados con las acciones reales de carrera a pie, natación, piragüismo y patinaje en línea. Aquellos protocolos ofrecían mucha información e, importante, dejaban claro el interés de alargar las pruebas hasta los 90” que el artículo que estamos comentando sugería. Lo que no acabé de lograr fue el diseño de protocolo de algún test para esquí alpino. Entonces trataba de hacerlo por vía semiespecífica, pero ni dispuse de ningún simulador mínimamente adecuado, ni me decanté por ninguna opción realizada a base de saltos repetidos. Al escribir estos artículos actualmente, creo que acerté dejándolo pasar. Por si hubiera algún curioso por ahí, dejo anotada la referencia de aquellos trabajos[3].

Continuando con el artículo de Bacharach y Von Duvillard, el mismo detectaba que los puntos (FIS o de tipo similar) no constituyen un buen sistema de referencia para validar test, porque se ven influidos por factores muy diversos no del todo deportivos (selección de pruebas, selección de deportistas, nivel de los contrincantes encontrado en cada prueba, descartes, etc.).

Insistía en que el rendimiento en esquí alpino lo provoca un efecto multifactorial que va mucho más allá de lo puramente condicional. La diversidad de perfiles condicionales de los esquiadores es muy amplia, perfiles muy diferentes pueden rendir muy parecido por cuestiones técnicas, etc. De modo que resultados (tiempos de manga) prácticamente idénticos pueden encontrarse en esquiadores con perfiles de fuerza y/o cualidades de resistencia bastante distintos.

Encontraron mayores acumulaciones y tolerancias de lactato en la élite, pero sugerían que ello puede deberse al tipo de fibras utilizados y no solo a la vía energética (importante aviso anticipado). Y reforzaban tal sugerencia citando un estudio de electromiografía de Karlsson, que mostraba que los mejores esquiadores reclutaban y vaciaban más los depósitos de glucógeno en las fibras lentas que los esquiadores inferiores, los cuales tiraban más de las rápidas, además de mostrarse más estáticos esquiando.

Por ir despidiendo esta referencia, un par de cuestiones que nos sirven, además, de llave para abordar la siguiente temática de esta entrega: recalcaban que lo que interesa es identificar qué manifestaciones de la fuerza se dan esquiando: concéntrica, isométrica y excéntrica en constante combinación; y suponían que el porcentaje de aportación energética por vías aeróbica-anaeróbica ha de variar necesariamente en función de las duraciones de las cuatro disciplinas.

Por eso, en esta parte vamos primero a tratar de enmarcar en qué consisten, desde un punto de vista objetivo y cuantitativo, los esfuerzos de las cuatro modalidades de esquí alpino. Para ello hay varias opciones de procedimiento. Algunas más laboriosas que otras. Personalmente lo que he hecho es revisar todas las pruebas de WC de la temporada 2024-2025, tanto en categoría femenina como masculina. De cada prueba, he tomado el tiempo del mejor competidor (mujer u hombre), porque lo que me interesaba era afinar lo más posible con respecto al máximo rendimiento deportivo, huyendo de valores medios ofrecidos por todo el plantel. Por agilizar algo el proceso, en el caso de SL y GS, no he tomado los mejores tiempos de cada manga, sino el tiempo del ganador/a en cada una de sus mangas (no siempre quien gana, vence las dos mangas o incluso pudiera darse el caso de que se gane sin haber logrado el mejor tiempo en ninguna de las dos mangas). En todo caso, quien gana siempre está ahí (en tiempos), muy cerca del mejor tiempo de cada manga.

Un detalle importante es que el calendario de pruebas sufrió algunos cambios derivados de cancelaciones. Los eventos anulados fueron sustituidos por otros celebrados en lugares y fechas de eventos posteriores y sobre trazados muy similares a estos otros. Ello pudiera afectar muy ligeramente a las duraciones de las pruebas, pero es algo que puede suceder cada temporada, pero no repitiendo las mismas anulaciones. Ni siquiera los calendarios se repiten, sino que hay sedes que añaden o se caen del calendario cada año. La idea aquí era obtener los datos más recientes posible cuando se abordó este trabajo.

 

Tiempos (seg)

Descenso

Super Gigante

Gigante

Slalom

M

F

M

F

M

F

M

F

Media

114,87

90,23

80,17

72,38

67,89

61,47

53,09

52,78

Máximo

142,58

95,83

107,65

90,11

76,25

69,83

60,46

58,28

Mínimo

100,04

76,08

68,98

57,89

51,21

56,1

47,76

48,8

Media (t)

1’ 54" 87

1’ 30" 23

1’ 20" 17

1’ 12" 38

1’ 07" 89

1’ 01" 47

53" 09

52" 78

Máximo (t)

2’ 22" 58

1’ 35" 83

1’ 47" 65

1’ 30" 11

1’ 16" 25

1’ 09" 83

1’ 00" 46

58" 28

Mínimo (t)

1’ 40" 04

1’ 16" 83

1’ 08" 98

57" 89

56" 21

56" 10

47" 76

48" 8

Tabla 1. Resumen de tiempos obtenidos en todas las pruebas de Copa del Mundo de esquí alpino a lo largo de la temporada 2024-2025. Los valores están mostrados en segundos; y en minutos, segundos y décimas. M = masculino, F = femenino. Las medias son el valor medio del total de mangas de cada modalidad. El máximo es el de la manga de mayor duración de toda la temporada. El mínimo el de menor duración. Aunque en Descenso y en Super Gigante, la FIS publica igualmente los tiempos de mangas de entrenamiento oficiales, estos no se han tenido en cuenta.

Los extremos de duraciones en mujeres van desde 1’ 35” 83 del descenso más largo hasta los 48” de la manga de slalom más breve. En hombres desde 2’ 22” 58 (descenso de Wengen) hasta una manga de slalom de 47” 76. Con los datos de la tabla queda claro que haya habido tanta preocupación científica por tratar de discernir cuánto de aportación de los metabolismos aeróbicos y anaeróbicos ha de haber en las cuatro modalidades.

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. Una aproximación necesaria. (Parte III).

Representación gráfica de los tiempos de las cuatro disciplinas de esquí alpino en la Copa de Mundo (2024-2025) en las categorías femenina y masculina. Las barras representan las duraciones máximas y mínimas en cada categoría y disciplina, mientras que la línea la trazan los valores medios.

Un detalle que se desprende del gráfico es que, aunque con los valores medios no ocurre, sí se da el caso de que algunas pruebas de SG masculino han durado más que algún descenso femenino. Ese sobrepaso, también se ha dado ocasionalmente entre GS y SG, y SL y GS. Igualmente, también se dan sobrepasos entre unas disciplinas y las siguientes dentro de cada uno de los dos géneros. Ello indica que el espectro de duraciones no da cuatro grandes saltos provocados por las cuatro disciplinas, sino que, teniendo en cuenta el calendario completo, muestra cierta continuidad-flexibilidad de tiempos, pudiendo darse el caso de que alguna prueba o manga de una disciplina teóricamente más corta sea más larga que la más breve de la disciplina contigua de supuesta mayor duración. Ello facilita, al menos en lo que respecta a la variable duración de prueba, que los competidores se puedan adaptar bien a varias (o todas) las disciplinas, y que la controvertida pugna metabólica aeróbica-anaeróbica, resulte más enigmática todavía. Lo explicado en este párrafo puede quedar algo más claro en el siguiente gráfico.

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. Una aproximación necesaria. (Parte III).

Agrupando los rangos de tiempos de las cuatro disciplinas por género, puede verse cómo las duraciones de pruebas o mangas de cada disciplina se solapa algo con la anterior o posterior. Esto ocurre en ambas categorías. Así pues, los esquiadores pueden verse sometidos a esfuerzos que van desde la duración máxima del descenso más largo hasta la mínima del slalom más corto, sin que haya saltos temporales entre disciplinas.

El siguiente paso que di fue uno que han venido dando la mayor parte de los investigadores sobre el tema hasta ahora: la consideración (únicamente como ejercicio teórico de modelado) del esquí alpino como un deporte cíclico. Es evidente que no lo es, sin embargo, sí que toma la forma de una repetida sucesión de gestos (virajes) que son bastante similares entre sí, generando una sucesión de repeticiones rítmicas con sutiles variaciones de frecuencia. Este modelo se hace más aproximado a medida que lo aplicamos desde el descenso (donde, en mi opinión no es aplicable) hasta el slalom. El hecho de que no haya alternancia evidente (aunque sí puede haberla discreta) entre la acción de las extremidades derechas e izquierdas (como ocurre con la carrera, natación, patinaje, piragüismo, etc.) no invalida el concepto de ciclo, tal y como se demuestra en el caso de las paladas de remo. En el caso del esquí alpino, podríamos considerar un ciclo la acción existente entre un viraje y el siguiente, pudiéndose considerar el cambio de ciclo teórico en el instante del cambio de cantos. Según ese planteamiento, cada ciclo duraría lo que un viraje completo. La abundancia y duración de tramos rectos presentes en los DH hacen que todo este modelado no sirva para nada en dicha disciplina. Por razones similares, los resultados han de tomarse con ciertas precauciones para el caso del SG, aunque en esta disciplina el número y ritmos de sucesión de las puertas ya apuntan a cierta ejecución rítmica. Es en GS y SL donde este modelado cobra mayor sentido.

Lo que andamos buscando son valores de referencia que nos orienten sobre las frecuencias de ciclo (de virajes) que las pruebas de WC demandan para quienes vencen en ellas. Para calcularlas, lo que se ha hecho es dividir los tiempos de cada manga entre el número de puertas declarado. Al hacerlo, se ha encontrado un problema menor: que los informes de la FIS no reflejan el número exacto de puertas de cada prueba, sino una horquilla de máximo y mínimo. Se ha optado por tomar cifra intermedia en cada prueba. En cualquier caso, la mencionada horquilla es tan estrecha que no altera demasiado los resultados obtenidos. El cálculo de frecuencias de ha realizado con valores medios para SG, pero manga a manga para GS y SL.

 

Nº de puertas

Frecuencia teórica de viraje

SG

G

SL

SG

G

SL

M

F

M

F

M

F

M

F

M

F

M

F

Media

40,8

36

49,8

44

65,38

65,1

30,496

29,84

44,303

43,3412

73,924

74,029

Máximo

52

46

60

51

79

72

   

54,715

47,7623

80,58

80,561

Mínimo

32

28

44

39

58

59

   

40,116

40,0364

65,751

69,951

Tabla 2, Resumen de los números de puertas marcados para tres de las disciplinas de esquí alpino de WC tanto en categoría femenina como masculina. Salvo para el caso de SG, que únicamente se calcularon valores medios, la tabla resume los valores medios y las frecuencias máximas y mínimas encontradas en las otras dos disciplinas.

Como era de esperar, las frecuencias más elevadas se alcanzan en SL, siendo muy similares entre ambos sexos. Tal similitud de valores entre géneros se observa en las otras dos disciplinas. Pasemos ahora a observar gráficamente estos datos.

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. Una aproximación necesaria. (Parte III).

Gráfico de frecuencias de viraje (ciclos) para disciplinas de esquí alpino en categorías femenina y masculina.

El gráfico de frecuencias de viraje (ciclos) nos muestra con claridad las similitudes entre los géneros para las tres disciplinas calculadas. La similitud se manifiesta en los valores medios para las tres, y también los máximos y mínimos para GS y SL. También exhibe que el mayor salto (concretamente descenso) de frecuencia surge entre el SL y el GS, mucho mayor que entre el GS y SG. Resulta curioso, porque entre los competidores de WC, tanto en la categoría femenina como en la masculina, son muy pocos quienes participan en las cuatro disciplinas, sino más bien se dividen entre esquiadores de velocidad (especialistas en DH y SG) y técnicos (GS y SL). De todas formas, también abundan los que obtienen buenos resultados en tres (DH, SG y GS, o SG, GS y SL). Un estudio estadístico completo sobre resultados obtenidos por los esquiadores participantes en según qué agrupamiento de disciplinas parecería también interesante en este sentido, aunque aquí no lo he abordado.

A la vista de las frecuencias obtenidas, parece bastante claro que el esquí alpino no es un deporte de velocistas. Este comentario no tiene nada que ver con las velocidades que se alcanzan sobre la nieve, sino con las frecuencias de gestos por minuto. Es más, las frecuencias se van reduciendo cuanta más velocidad se alcanza en la disciplina, siendo las más altas las de SL, que es la prueba de menor velocidad de desplazamiento real. Lo de que no es un deporte para velocistas encaja bien con las duraciones de las pruebas, las cuales encasillan las cuatro disciplinas dentro del especto intermedio aeróbico-anaeróbico. Para hacernos una idea aproximada de la duración de los virajes, se añade una tabla con el resumen de valores de duración de los virajes de las dos disciplinas de frecuencias más elevadas.

Tiempo teórico de viraje (seg)

 

GS

SL

 

M

F

M

F

Media

1,36

1,39

0,81

0,81

Máximo

1,50

1,50

0,91

0,86

Mínimo

1,10

1,26

0,74

0,74

Tabla 3. Datos de duraciones teóricas de cada ciclo de viraje completo en GS y SL. Las duraciones son muy similares para ambos sexos, pero notablemente distintas entre las dos disciplinas. En el caso de GS, con bastante más de un segundo por ciclo, estaríamos ante una acción muy controlable y nada explosiva. Aun siendo los virajes de SL bastante más rápidos, con un aproximado 0,8 segundo, tampoco parece sensato considerarlo como gesto de altísima velocidad o máxima.

Ha llegado el momento de contrastar estos datos con las principales construcciones conceptuales que la teoría del entrenamiento deportivo mantiene vigentes en la actualidad. Y ya que estábamos con el asunto de la velocidad, empezaremos por dicha cualidad. Por un lado, acabamos de ver que la frecuencia de virajes o la duración de cada uno de ellos no sugieren velocidades de ejecución máximas. De hecho, una acción técnica de wedel puede alcanzar frecuencias más elevadas, algo que, como luego veremos, aunque ahora adelanto, también sucede con la modalidad de baches. Es decir, que la disciplina de alpino que mayor velocidad de ejecución exige, el SL, no requiere máxima velocidad de ejecución. El mejor tiempo se logra con una velocidad de ejecución ajustada al deslizamiento, agarre, ritmo adecuado, anticipación, trazado ideal… y todo lo que los técnicos en la materia consideren. No por pretender aumentar la frecuencia de virajes se va a ir más rápido por el trazado. La frecuencia ha de ajustarse a todo lo demás, al paso óptimo por las puertas. En resumen: velocidad de ejecución alta sí, máxima no. Lo anterior explica que los esquiadores sean capaces de mantener el ritmo ideal durante toda la prueba. Si la velocidad de ejecución fuera máxima, a los 10 segundos (aproximadamente) se habrían agotado los depósitos de fosfocreatina (PC) y ATP muscular, generando una bajada de ritmo de ejecución durante el resto de la manga, algo que no sucede. Así pues, desde un punto de vista energético, las mangas tampoco se resuelven mediante potencia anaeróbica máxima (velocidad pura), sino mediante una utilización submáxima de las mencionadas fuentes de energía, las cuales se integran a la aeróbica (en versión de potencia aeróbica) y anaeróbica láctica (glucólisis anaeróbica). ¿En qué medida cada cual? esa es la pregunta que vienen haciéndose los científicos desde hace décadas, y que no acaba de resolverse porque, en cada sujeto, la proporción es diferente.

Con las últimas líneas, ya estamos pasando del ámbito de la velocidad al de la resistencia, la cual, si pretendemos abordarla desde una perspectiva de deporte cíclico (como estamos haciendo), deberíamos analizarla a través de la propuesta de Zintl[4].

 

RDC

RDM

RDL

I

II

III

IV

Duración de esfuerzo

35” – 2’

2-10’

10-35’

35-90’

90’-6h

6h

Intensidad de carga*

Máxima

Máxima

Submáx

Submáx

Mediana

Ligera

FC (lat/min)**

185-195

190-200

180

170

160

140

%VO2max (ml/l)

100

100-95

95-90

90-80

80-60

60-50

Lactato (mMol/l)

10-18

12-20

10-14

6-8

4-5

< 3

Consumo energético kcal/min

60

45

28

25

20

18

Vía energética

ANAE.

Mixta

Predominio AE hasta totalmente AE

Anaeróbica: Aeróbica

80:20

65:35

60:40

40:60

30:70

20:80

10:90

5:95

1:99

Aláctica (%)

15-30

0-5

 

 

 

 

Lactácida (%)

50

40-55

20-30

5-10

< 5

< 1

Aeróbica HC (%)

20-35

40-60

60-70

70-75

60-50

< 40

Aeróbica (grasas) (%)

 

 

10

20

40-50

>60 (-75%)

Sustrato energético

Glucógeno fosfatos

Glucógeno (muscular)

Glucógeno (ambos)***

Glucógeno grasas

Grasas glucógeno

Grasas proteínas

Tabla 4. Características de cada tipo de resistencia de diferente duración. * Intensidad de carga en relación a la intensidad de VO2max. ** FC, valores hipotéticos que no corresponden a la realidad individual. *** Glucógeno muscular y hepático.

La tabla anterior expone información teórica para el supuesto de que cada desempeño deportivo cíclico se ejecute a la máxima velocidad posible que el deportista pueda mantener durante los periodos marcados. Si eso fuera lo que pasa en las pruebas de esquí, tendríamos la respuesta de que, salvo para el DH de Wengen y poco más, todo el esquí alpino estaría fuera del concepto de velocidad (que no aparece en la tabla por ser menor de 35”) y dentro de la denominada Resistencia de Duración Corta (RDC, entre 35” y 2’). Si ello fuera así, todas las pruebas se correrían al 100% del VO2max, con acumulaciones finales del lactado por encima de los 10mMol/l, un predominio anaeróbico del 80-65% (en función de la duración y frecuencia de la disciplina), etc. Presunciones que se acercan a las sugeridas por la mayoría de los estudios, pero que no casan del todo, pues en todos ellos se han detectado competidores que lo hacen con consumos de oxígeno ligeramente menores, menor acumulación de lactato y, en definitiva, mayor porcentaje de aportación energética aeróbica. ¿Por qué? Aquí me voy a aventurar a ofrecer varias respuestas que, probablemente, actúen de forma combinada. Primera, una vez más, las pruebas no se corren a la mayor velocidad posible de ejecución para el tiempo que duran, sino que la velocidad de ejecución (intensidad de trabajo) depende de los factores de velocidad de desplazamiento logrados, los cuales dependen de la técnica, aerodinámica, deslizamiento, etc. Así pues, no hay un desempeño condicional máximo para la duración, sino elevado para tal duración, pero supeditado a la velocidad de paso. Segunda, las cuatro disciplinas difieren de forma que, cuanto más se alarga la franja de duraciones de las pruebas, menor frecuencia de acciones se demanda (DH sería el extremo de mayor duración y menor frecuencia). Tercera, todo lo anterior hace que, aun correspondiendo por duración al marco teórico de RDC, muchos competidores y muchas pruebas o mangas se resuelven en el marco de RDM (Resistencia de Duración Media), en el que el porcentaje de aporte energético por vía aeróbica se ve incrementado, tal y como han encontrado en numerosos casos las investigaciones publicadas. Precisamente es por esto por lo que muchos equipos de competición siguen apostando (inercia de la tradición aparte) por trabajar mucho la resistencia aeróbica de sus esquiadores durante los periodos preparatorios (caso de Austria). A las explicaciones anteriores habría que añadir otra más: que estamos ante un tipo de ejecución con manifestaciones de la fuerza poco habituales y muy diferentes a la de la mayoría de los demás deportes, y que algunas de dichas manifestaciones (fuerza isométrica) van en aumento a medida que las disciplinas pasan de lo técnico (SL y GS) a la velocidad (SG y DH). Esto último nos traslada ya, al ámbito teórico de la fuerza.

El estudio de la fuerza se puede abordar, dentro de la teoría del entrenamiento deportivo, desde varios puntos de vista, aquí lo haremos mediante el concepto de manifestaciones de la fuerza y el de tipos de contracción. Pero antes, un breve detalle: siendo las ejecuciones del esquí alpino tan técnicas que exigen un constante control de la acción en función de lo que vaya sucediendo con los esquís, y mostrando unos tiempos de viraje relativamente largos, ha de quedarnos claro que no estamos ante demostraciones de pico de potencia (potencia máxima o fuerza explosiva), sino ante aplicación controlada de la fuerza. Aclarado esto, procedamos con el esquema teórico de las manifestaciones de la fuerza, para el cual partiremos del modelo de C. Bosco, que ha sido utilizado, ocasionalmente ligeramente modificado, y replicado hasta la saciedad, pero que, como ocurriera antes con la aportación de Zintl, sigue plenamente vigente.

Demandas condicionales en las pruebas de esquí alpino de élite. Una aproximación necesaria. (Parte III).

Clásico esquema explicativo de las diferentes manifestaciones de la fuerza (concéntrica). Además de la nomenclatura, el gráfico distingue a costa de qué tipo de capacidad muscular se genera la fuerza en cada tipo de acción e incluso, debajo, sugiere qué tipo de test de salto sería el más adecuado (entonces, pues ahora, gracias a la tecnología, se dispone de más medios) para tratar de evaluar las diferentes manifestaciones.

El esquema anterior, válido para el estudio y análisis de infinidad de modalidades deportivas, requiere ser complementado, para el caso del esquí alpino, con un breve y sencillo repaso de los tipos de contracciones que se dan en este.

  • Contracción concéntrica: la musculatura se contrae y es capaz de generar movimiento en la dirección pretendida por su contracción. En gráfico anterior se da en el caso de la sentadilla máxima desde parado y en el squat jump. Aunque podría aparecer discretamente en momentos puntuales esquiando en competición, no estamos ante un tipo de contracción prioritaria.
  • Contracción isocinética: es una concéntrica en la que la velocidad de movimiento durante la contracción se mantiene constante. Si eso pasase en algunas de las escasas o brevísimas contracciones que se dieran esquiando, sería meramente circunstancial. Este tipo de contracciones se logran reproducir mediante máquinas específicas y han sido utilizadas en algunos protocolos de investigación con esquiadores alpinos, pero sus resultados no han aportado gran cosa.
  • Contracción excéntrica: la musculatura se contraer como si fuera a provocar un movimiento en una dirección, pero lo que logra es amortiguar otro en dirección opuesta, provocado por fuerzas externas como la gravedad, recepciones de saltos, fuerza centrífuga, etc. Está sí que se da (hay acuerdo reciente dentro de la comunidad científica especializada) en el esquí alpino, constantemente. Tanto en virajes como en cambios de rasante o pendiente en las pruebas de velocidad.
  • Ciclo estiramiento-acortamiento (CEA): se trata de un ciclo combinado en el que la musculatura coordina sucesivamente un estiramiento de las fibras musculares para generar un efecto rebote que se aprovecha haciéndolo coincidir con una inmediatamente posterior contracción excéntrica. Es lo más abundante en la mayor parte de los gestos deportivos, tanto cuando se busca máxima expresión de potencia, como para ejecutar gestos con velocidades no máximas y cierto control. Es muy probable que se dé durante las acciones de competición en el esquí, aunque puede que no sean un objetivo especialmente importante ya que la flexibilidad y poder reactivo de los esquís hacen su trabajo en ello. En el gráfico superior, el CEA aparece en el counter movement jump (CMJ) y Abalakov (ABK).
  • Manifestación, que no contracción, reactiva: en ese caso el conjunto compuesto por musculatura, articulaciones, tendones, etc. genera rigidez (en parte mediante contracción isométrica) para que dicho conjunto responda rebotando en dirección opuesta a una fuerza o resistencia externa. Al igual que ocurre con el CEA, en el caso de los esquiadores, este papel queda casi totalmente asumido por la reactividad (el nervio) de los esquís, que son los que catapultan al esquiadore desde el punto de máxima torsión durante el viraje.
  • Contracción pliométrica: tampoco es una contracción como tal, sino una nueva combinación de excéntrica forzada seguida de una concéntrica. No hay una diferencia concreta con un CEA, pero se considera que es pliométrica cuando la fase de estiramiento no es voluntaria, sino forzada por una acción exterior, además de muy intensa. En tales situaciones, el trabajo excéntrico de la musculatura es muy exigente, pues debe amortiguar mucho las fuerzas externas. Habitualmente se entrena e interpreta que, tras la fase excéntrica, debería sobrevenir una concéntrica explosiva, pero eso tampoco es lo habitual en el esquí, donde lo que sobreviene es una fase (más o menos) concéntrica controlada. En el esquema anterior la pliometría se explicita mediante el drop jump (DJ), que consiste en solicitar un salto tras caer desde cierta altura. Da la impresión, y por ahí apuntan la mayor parte de los investigadores del esquí alpino actualmente, que durante las competiciones (desde el SL hasta el DH) los esquiadores han de recurrir constantemente a mucho trabajo excéntrico.
  • Contracción isométrica: es aquella que se produce cuando la musculatura se contrae, pero no provoca movimiento, ya sea porque voluntariamente lo decide así quién ejecuta, o porque no es capaz de vencer a alguna resistencia. Como tal, de forma pura, únicamente se podría dar en condiciones de laboratorio. Sin embargo, se consideran contracciones isométricas todas aquellas en las que la persona trata de mantener (o no puede más que hacerlo) una posición corporal estática, independientemente de que el entorno, el control, fuerzas externas u otros condicionantes hagan que se produzcan mínimas alteraciones de posición. Este tipo de contracción está también presente en el caso del esquí alpino, y muy en especial en la disciplina del DH durante la cual hay momentos de cierta duración en los que los competidores intentan mantener la posición fija de schuss, corrigiendo todo lo posible cualquier distorsión de la misma ante las alteraciones provocadas por la velocidad combinada con el entorno.

Durante muchos años, los investigadores han pretendido identificar si el esquí alpino presenta mayor proporción de manifestaciones de fuerza activas o reactivas y, dentro de ellas, las que le corresponden a cada una de ellas. La realidad es que las acciones deportivas suelen desplegar complejas combinaciones de muchas de las manifestaciones, pero, a ello hay que añadir, en el caso del esquí alpino, que el esquema gráfico anterior no incluye las que quizás sean las dos manifestaciones más presentes durante su desempeño, y que no suelen estar definidas como manifestaciones: las acciones derivadas de otros tipos de contracción, de la isométrica y de la excéntrica. Aun a riesgo de resultar reiterativo, voy pues a tratar de analizar lo que hipotéticamente pasa esquiando en competición:

  • No existe manifestación máxima dinámica, en todo caso habría dinámica no máxima, algo que, por otra parte, es muy posible que o no se dé o aparezca mínimamente.
  • Tampoco se da fuerza explosiva por razones anteriormente expuestas.
  • Sí que, inevitablemente, pueden aparecer eventuales manifestaciones elásticas, aunque no explosivas, sino a velocidades submáximas o medias y con importante condicionamiento del control aplicado al gesto.
  • En cuanto a la manifestación reactiva, dudo mucho que pueda ser tenida en cuenta por dos poderosas razones. Una, porque la capacidad reactiva del tobillo queda anulada por la rigidez de la bota de esquiar. Y dos, porque de la respuesta reactiva se encargan, precisamente, los esquís.

Ya adelantábamos en el artículo Parte 2 que en el esquí cobraba especial importancia el trabajo en manifestaciones isométricas (más cuanto más nos desplazamos hacia las diciplinas de mayor velocidad SG y DH), así como excéntricas (fuerzas aplicadas para contrarrestar las fuerzas compresoras sobre el cuerpo del esquiador, debidas a la inercia, gravedad, fuerza centrífuga, reacción de los esquís, etc.). En el caso de las excéntricas, no pueden estas ser consideradas como pliométricas porque la respuesta aplicada no es explosiva, sino muy controlada. Si las consideramos como pliométricas y pretendemos entrenarlas como tal, adelante, pero no buscando máxima expresión explosiva en la respuesta, sino diferentes gamas de velocidad de acción durante la fase concéntrica inmediatamente posterior a la excéntrica provocada por los drop jumps o cualquier otro método que utilicemos para provocarla.

Lo que ha de quedarnos claro es que queda mucho por hacer para identificar qué manifestaciones de la fuerza se dan durante las competiciones de esquí alpino. Cada vez se tiene más claro el papel fundamental y prioritario de la isometría (de mayor a menor según nos desplazamos desde el DH hacia el SL), y del trabajo excéntrico controlado (en las cuatro disciplinas). Pero convendría detectar si se dan, y en qué medida y situaciones, manifestaciones concéntricas dinámicas, o incluso algún gesto explosivo. Por ejemplo, qué papel asumen los flexores de las piernas en determinadas acciones de repentino y veloz cambio de cantos ejecutado con aprovechamiento del lanzamiento reactivo de los cantos de los esquís en algún momento de especialmente rápida sucesión de puertas en ciertos tramos de SL. Aquí lo dejamos por ahora, quizás en la próxima y última entrega (Parte 4) algún estudio científico del siglo XXI nos aclare un poco más las cosas.


[1] WHITE, AT; JOHNSON, SC: “Physiological aspects and injury in elite Alpine skiers”. Sports Med1993 Mar;15(3):170-8. doi: 10.2165/00007256-199315030-00003.

[2] BACHARACH, David W; PETELIN von DUVILLARD, Serge: “Intermediate and long-term anaerobic performance of elite Alpine skiers”.  Medicine and Science in Sport and Exercise. Volume 27, nº 3, 1994.

[3] GUTIÉRREZ LÓPEZ, José. “La valoración de las capacidades anaeróbicas”. Lulu. Octubre, 2009. ISBN 978-1-4452-1305-7.

[4] ZINTL, Fritz: “Entrenamiento de la resistencia. Fundamentos, métodos y dirección del entrenamiento”. Martínez Roca. Barcelona, 1991 (1988). No hay que dejarse engañar por la fecha de la edición original. La propuesta de Zintl ha sido retomada y reutilizada constantemente por la mayor parte de la comunidad científica del deporte y sigue siendo considerada como los cimientos de la comprensión del fenómeno de la resistencia deportiva.

Sin título

 

Artículos relacionados:


0 Comentarios Escribe tu comentario


    Escribe tu comentario





     

    Si este mensaje tiene un solo insulto, no te molestes en enviarlo, porque será eliminado.
    AVISO: La IP de los usuarios queda registrada

    Los comentarios aquí publicados no reflejan de ningún modo la opinión de Metiendo Cantos. Esta web se reserva el derecho a eliminar los mensajes que no considere apropiados para este contenido. AVISO: La IP de los usuarios queda registrada, cualquier comentario ofensivo será eliminado sin previo aviso.



    Lo más leído: