Siempre me han encantado los planos de pistas. Los considero una magnífica integración del arte con la interpretación geográfica y paisajística de las montañas. Sé que deforman conscientemente el territorio, exagerando algunos detalles del mismo, trastocando las escalas y altitudes e incluso aplicando torsiones o desplazamientos a algunas laderas, collados, vaguadas, corredores, etc. Pero todo ello al servicio de una comprensión más asequible para los esquiadores y ante las exigencias generadas por representar un territorio 3D en un papel de dos dimensiones. La única forma que, en papel, tendríamos para representar una estación de esquí con sus remontes y pistas, pretendiendo conservar la exactitud y fidelidad de la realidad, sería la planimetría convencional (2D) con vista cenital y curvas de nivel. Algo que no sería práctico, ni legible o comprensible para una amplia mayoría del público esquiador. De ahí el esfuerzo, la creatividad y la competencia artística de esos geógrafos-artistas que se dedican a pintar los tradicionales planos de pistas.
Personalmente los he utilizado ¡siempre! en mis viajes. Tanto en estaciones grandes como en las medianas o pequeñas en las que prácticamente no serían necesarios. Los he usado y, más aún: los he coleccionado. No de una forma ordenada, sistemática, exhibible y permanente, pero sí que acumulaba muchos de ellos, resistiéndome a tirarlos una vez utilizados, guardándolos entre mis libros, carpetas o archivos desordenados en los que, ocasionalmente, aparecen tesoros olvidados que, por cierto, alguna que otra vez reaparecen para la vista pública en algunos de mis artículos en Metiendo Cantos. Ahora que pienso en ello, lamento no haber sido lo suficientemente ordenado, tenaz, sistemático, etc. como para haber ido archivándolos todos, generando una curiosa colección espaciotemporal de planos de pistas de esquí. Uno más de esos leves arrepentimientos pasajeros.
En el universo de los planos de pistas podemos encontrar de todo. Los hay preciosos y muy artísticos. Otros no, no presentan calidad o belleza en su dibujo, pero al menos buscan ser prácticos y funcionales. La función por encima de la estética. Lo bueno de los primeros, los artísticos, es que, al soler estar elaborados por especialistas, acostumbran a ofrecer todas las cualidades: la belleza artístico-paisajística, y una eficacia descriptiva, facilidad de interpretación y poder informativo magníficos. Esos son los buenos, los mejores, y a ellos va dedicado este artículo como homenaje.
Antes de repasar a un corto puñado de artistas dedicados a la elaboración de planos de pistas, quiero elevar una especie de queja o lamento. Y es que estoy notando que, hoy en día, son muchas las estaciones que los escatiman en sus versiones impresas (en papel). En Norteamérica costaba conseguirlos. En algunas estaciones europeas no están disponibles a mano cuando recoges el pase, sino que hay que ir a pedirlos expresamente. Me extraña que sea por ahí por donde se pretendan ajustar costes de explotación (porcentualmente sería ridículo) y tampoco creo que sirva para salvar el Amazonas, teniendo en cuenta, por ejemplo, el desparrame que TODOS los partidos políticos (autodeclarándose ecologistas o no) generan en propaganda en cada nueva cita electoral, con, estoy convencido de ello, un ínfimo poder de influencia en el reclutamiento de votos. Ignoro la causa real de esta tendencia al racaneo con los planos, aunque supongo que vaya por esta moda actual a empeñarse en que utilicemos los móviles para todo. A mí no me gusta usar el móvil para ver el plano de pistas. Fundamentalmente porque soy un boomer y, quizás por ello, se me ocurren algunas reflexiones al respecto.
Evidentemente, reconozco que en aquellas estaciones que disponen de un plano de pistas on-line interactivo y, esto es muy importante, permanentemente actualizado en tiempo real, se obtienen muchas ventajas de su uso: fundamentalmente saber en cada momento qué está abierto, qué tiempos de espera de cola hay en cada remonte e incluso, en algunas áreas, si está despejado el día o no. Así pues, no voy a discutir su lógica evolución, pero reivindico la coexistencia con los planos en papel porque:
- Al haberme calificado como boomer, reconozco que con el móvil me manejo peor y aumenta el riesgo de perderlo (para este último riesgo da lo mismo ser boomer o no), de hecho, a mi alrededor se dan más pérdidas o accidentes de móviles entre los milenials (y de más tribus generacionales) que entre los boomers.
- Dependes de la batería (algo que todos sabemos que no debería pasar, pero que pasa con mucha frecuencia). Lo de la dependencia innecesaria (en mi opinión) de las baterías para algunas acciones sencillas para las que realmente no harían falta, mejor me lo voy a callar para no extenderme ni alimentar a potenciales haters agazapados.
- Para obtener las ventajas de los planos electrónicos interactivos en tiempo real y, en algunas estaciones, incluso para poder ver el plano de pistas en el teléfono, aunque no sea interactivo, dependes de la conexión a Internet. Y aunque dicha conexión la solemos tener pagada y disponible en Europa, no siempre es así en otros países.
- Debido a las reducidas dimensiones de la pantalla del móvil, al contemplar un plano de pistas (especialmente cuanto más extenso es el dominio esquiable) más perspectiva o visión general pierdes. Detalle importante para trazar mentalmente excursiones o largos recorridos.
- En mi caso, para poder utilizar el plano de pistas en el móvil, cada vez que lo hiciera (en una parada a mitad de bajada, en una cola, en una silla…) me tendría que poner las gafas de ver de cerca y, con ello, añadir un elemento más a esa especie de juegos malabares en los que guantes, plano, móvil, gafas de esquiar, barrita de cacao para los labios… entran en acción, según los casos. Afortunadamente yo me libro del cigarro y el mechero.
- Los planos electrónicos no los puedes coleccionar (salvo como archivos, y ya sabemos lo que suele pasar con ellos) y, tampoco, conservarlos como reliquias históricas. Precisamente, gracias a ello, he podido enriquecer algunos artículos de viajes en Nevasport cuando han tratado de destinos a los que he regresado décadas después (no es que de haberlos habido entonces en formato de archivos no los hubiera podido haber guardado, sino que entonces, directamente, no existían en versiones electrónicas).
Tras dejar a mis lectores unos segundos (espero que no hayan sido minutos) para criticar mi vetusta y antediluviana postura al respecto, paso a centrarme en algunos de esos artistas especializados y de fama reconocida.
Quien sí que fue organizado desde un principio y acabó atesorando una colección formal de planos de pistas fue Maxime Petre. Residente desde hace más de veinte años en la comarca de Grenoble, es un coleccionista aplicado que archiva planos de pistas de todo el mundo, almacenándolos en cajas, excepto aquellos con particular valor artístico o histórico, que protege con especial cariño mediante fundas para documentos. Su colección se cifra en miles de ejemplares. Eso ya implica una brecha insalvable con mi paupérrimo interés coleccionista. Lo explico. No me considero coleccionista de nada, pero reconozco sucumbir a ciertas tendencias de acumulación de ejemplares diversos. Por ejemplo: coches de scalextric (en rigor slot cars; actualmente sin hacerles caso), bicicletas antiguas, libros y esquís retro. La gran diferencia, lo que hace insalvable la enorme brecha con cualquier coleccionista es que, en mi caso, los objetos de esas cuatro categorías han de estar listos para su uso, porque, de hecho, aunque muy esporádicamente, los utilizo para lo que fueron creados. Todo esto viene para subrayar que parece imposible que Petre haya esquiado en todos aquellos lugares (y/o épocas) de las que, o en las que, tiene planos. Su colección, especialmente a medida que se fue haciendo más completa, notoria y destacada, se ha ido consiguiendo con ayuda de históricos franceses del ramo del esquí, así como mucha búsqueda, atención y puja en páginas web especializadas en la compraventa de antigüedades.
Su colección la empezó en 1985, cuando tenía 10 años. Con el tiempo, y esto resulta especialmente sugerente, el coleccionista entabló relación personal directa con algunos de los autores:
«A través de este intercambio y este encuentro (seguido de muchos otros), me di cuenta de que en mi colección había una hermosa articulación entre el placer de esquiar, el descubrimiento de las zonas de esquí por aproximación a ellas, pero también una verdadera atracción por esta práctica cartográfica única».
Parece que los primeros conatos de planos (algunos de ellos plasmados sobre trabajos fotográficos) aparecieron en los años 30 en los Alpes. No por necesidad, pues las redes de remontes eran muy modestas, sino como complemento publicitario y promesa de grandes espacios montañosos por los que aventurarse (hay que recordar que entonces el esquí había sido y todavía era, en gran medida, esquí de montaña).
A Heinrich Caesar Berann (1915-1999) se le suele considerar como el principal precursor del oficio. Nació en una familia de artistas consagrados (aunque su padre no quería que se dedicara al arte) y se formó en la Escuela Federal de Arte y Diseño de Innsbruck. La primera pasión de este austriaco fue la pintura, quizás gracias ello pintó su primer panorama en 1934 y con él, sin premeditación, ganó un concurso para la inauguración de la carretera de montaña Grossglockner Hochalpenstrasse. Aquella distinción lo impulsó a utilizar sus habilidades para pintar paisajes con fines cartográficos o turísticos, y supuso el comienzo de su inmensa carrera como panoramista. Pasó el servicio militar en Noruega y el norte de Finlandia, donde siguió practicando el paisajismo y empezó a desarrollar su particular y afamado estilo de plasmar las nubes. Sus pinceladas apoyaron el desarrollo del turismo alpino, en particular la promoción de las montañas en Austria y los mayores eventos deportivos en torno al esquí. Gracias a su éxito profesional como cartógrafo vinculado a la representación artística del territorio, también pudo desarrollar su vocación puramente artística como pintor. Como pruebas de su prestigio profesional podemos destacar algunos encargos de especial importancia si atendemos a las entidades solicitantes: planos de los JJOO de Cortina 1956 (invierno), Roma 1960 (verano), Innsbruck 1964 y 1976 (ambos de invierno), Sarajevo 1984 (invierno) y Nagano 1998 (invierno); también realizó veinte trabajos de geografía ilustrada para la National Geographic Society (con el Everest y el Mont Blanc incluidos); varios fondos oceánicos para diferentes organizaciones; y, encargados por el servicio nacional de parques de los EEUU, los planos artísticos de los Parques Nacionales de North Cascades, Yosemite, Yellowstone y Denali. La estimación de mapas o planos artísticos realizados por Berann, incluyendo los diversos motivos (veraniegos, oceánicos, de esquí, etc.) supera el medio millar. Una obra ingente que, como pronto veremos, influyó directa o indirectamente sobre el resto de grandes especialistas dedicados a este tipo de trabajos.
Heinrich Caesar Berann posa ante una de sus impresionantes "cartas" oceánicas. (Imagen: berann.com).
Panorámica de Berann para los JJOO de Innsbruck 1965. (Imagen: skipass.com).
Panorámica de Nevegal por Berann.La he escogido de entre sus múltiples trabajos porque presenta un encuadre original al plantar esa ciudadela delante de todo, rompiendo las propuestas tradicionales. (Imagen: skipass.com).
Dada mi trayectoria vital como esquiador, tengo claro que mi afición por los planos de pistas se desarrolló fundamentalmente en los Alpes franceses, porque fue allí donde más viajé. La Península Ibérica y los Pirineos los frecuentaba menos y, además, aunque disfrutaba de ellos, el uso de sus planos era muchísimo menos necesario. Sin embargo, en los grandes dominios esquiables alpinos franceses se hacían imprescindibles, así que, probablemente, mi principal artista de referencia, sin yo saberlo entonces, era Pierre Novat.
«El francés Pierre Novat [1928-2007] también estudió bellas artes en Lyon. En 1962 realizó su primer panorama para la zona de Tignes-Val d'Isère. Casualmente, su patrocinador le pidió que reelaborara un plano inacabado de Heinrich Berann. Con el plano de nieve de 1964, el desarrollo de los deportes de invierno, el crecimiento de la clientela y el talento de Pierre Novat, que superó muy rápidamente el marco restringido de la Haute-Tarentaise, los pedidos llegaron a raudales. Las estaciones de esquí querían su “plano Novat”. Al igual que Berann, la ilustración de Pierre Novat resultaba destacada, refinada, hiperrealista, un fabuloso trabajo sobre los materiales. Fue mejorando con los años y los sucesivos logros, dando una verdadera dimensión artística a los dominios esquiables. En sus panorámicas encontramos atmósferas mágicas, pequeñas luces y nubes derritiéndose, montañas cinceladas, juegos de luces y sombras... Es una realidad casi fotográfica que se nos ofrece con un magnífico dominio de la distorsión. La firma Pierre Novat ha marcado verdaderamente la historia de las estaciones de deportes de invierno en Francia». (Maxime Petre y Sarah Pinton; traducción propia).
Su técnica de trabajo integra diferentes pasos. «Fotografías en helicóptero, reconstrucción de los macizos a partir de fotografías, dibujo a lápiz y luego gouache y aerosol. Horas de trabajo para un resultado ultra realista». Su estudio se mantiene operativo en la actualidad gracias a la incorporación de su hija Frédérique y, posteriormente, su hijo Arthur. La sede está en Lyon, y el estudio ha sido responsable de la creación de la mayor parte de los planos de estaciones francesas desde los años 70.

Pierre Novat. (Imagen: artnoau en wikipedia).
Un magnífico trabajo de un expléndido dominió esquiable que visité varias veces tiempo atrás: Espace Killy Tignes-Val d'Isere. (Imagen: atelier-novat.com).
Otro territorio que me es familiar: Alpe d'Huez, perfectamente representado por Novat. (Imagen: skipass.com).
Dentro del ámbito literalmente alpino, hay que destacar también a Heinz Vielkind. Tal y como nos explica Pedro Maia en Nevasport, Vielkind empezó a trabajar en el estudio de Profesor Heinrich C. Berann como aprendiz en 1954, cuando tenía 17 años. Bajo su tutela, fue formándose progresivamente en el arte de las panorámicas. Su primer trabajo en solitario fue un pequeño panorama de S. Vito di Cadore, cerca de Cortina d´Ampezzo, en los Dolomitas. En los años setenta, al igual que otros de todos estos ilustradores, también hacía otro tipo de trabajos, él, muy especialmente, panoramas de fondos marinos. Tras el fallecimiento de Berann, Vielkind asumió el legado que su mentor le había cedido aún en vida: los derechos, como su sucesor, para dibujar bajo la firma Berann NF (NF – nachfolger – succesor). Con respecto a la utilización de medios y procedimientos digitales (el cual es un tema cada vez más latente en el entorno profesional de los actuales ilustradores del esquí), Heinz asegura que le han ayudado mucho, especialmente en la incorporación de las líneas de pistas y los remontes, así como para el acopio de datos e imágenes geográficas, sin embargo, el lecho, la esencia paisajística, la ilustración sobre la que se implanta la información gráfica, sigue siendo manual, artesana… artística.
Al igual que muchos otros ilustradores especializados en planos de esquí, Vielkind es esquiador. Empezó a esquiar en 1944 en Landeck, en el Tirol, donde nació, muy cerca del Arlberg. Pasó la víspera pintando la superficie de los esquís con barniz rojo. Después, subió a pie hasta la salida de la pista de competición (en aquella época todavía no había remontes). Durante el descenso, las fijaciones de sus esquís se le soltaron tres veces, e incluso tuvo que buscar un esquí entre los árboles. Todas ellas son anécdotas que quienes llevamos unas cuantas décadas esquiando hemos experimentado en nuestros inicios de forma parecida. Así pues, estamos ante un ilustrador de montañas que, además, fue pionero como esquiador.
Boceto del Aneto por Vielkind. (Imagen: nevasport.com).
Vielkind posando con su "regalo" para Nevasport. (Imagen: nevasport.com).
Ahora vamos a cruzar el charco porque la tradición norteamericana en el asunto de la ilustración de resorts es también muy destacada. Dicha trayectoria comenzó con Hal Shelton (1916-2004) después de la II Guerra Mundial. Shelton se había graduado en ilustración científica en el Pomona College antes de incorporarse al US Geological Survey durante la guerra. De regreso, se afincó en Golden (Colorado). Inspirándose en Berann, su mérito y misión fue una denominada cartografía populista, consistente en mostrar los territorios en formato de paisajes, eludiendo la simbología cartográfica, incomprensible para el gran público. Realizó trabajos para aerolíneas, pues se asoció con el piloto Elsey Borge Jeppesen, y con aquella labor mejoró su riqueza de colorido y aprendió a utilizar el aerógrafo. También realizó trabajos para materiales educativos, libros de texto, etc. antes de ser descubierto por la industria del esquí. Incluso cumplió con encargos para la NASA. Cuando abandonó su sociedad fue cuando se trasladó a Golden (Colorado) y montó su estudio en su casa de piedra y madera: Studio Ranch. En los años sesenta convenió con US resorts y diseñó planos para doce estaciones. Entre sus trabajos más sonados por los EEUU podemos enumerar los planos de pistas de Alta, Jackson Hole, Aspen, Mammoth Mountain, Winter Park, Sun Valley, Purgatory y Waterville Valley (Fuente: Barry Lawrence Ruderman). Y, muy especialmente, el plano global del territorio de las estaciones incluidas en el Colorado Ski Country Map. También él fue esquiador. Un entusiasta aficionado.
Aunque Shelton continuó trabajando mucho tiempo, se vio embarcado en proyectos más ambiciosos para entidades de renombre, por lo que dejó las panorámicas de esquí en la década de los setenta. De su trabajo se valoraban muy especialmente los efectos de las sombras y otras destrezas que hicieron que se le considerase como un Maestro de la luz, por sus logrados efectos de relieve.
Hal Shelton. (Imagen: goldenhistory.org).
"Colorado Ski Country" ambicioso trabajo que le fue encargado a Shelton y ayudó a catapularlo un poco más en 1965. Actualmente está expuesto en el Colorado Snow Sports museum Hall of Fame. (Imagen: goldenhistory.org).
El trabajo anterior, visto algo más en detalle. Abruma la capacidad ilustradora de Shelton. (Imagen: originalskiposters.com).
La senda iniciada por Shelton fue seguida por Bill Brown en los setenta y los tempranos ochenta. También Niheues, a quien más tarde atenderemos, se sintió influenciado por su obra y acabó reuniéndose con él en cierta ocasión. Mostrándose, mutuamente, una gran admiración.
Bill Brown (1934-2018) se mudó, abandonando un empleo, desde Texas a Colorado en 1966. Se presentó ante Shelton, quien además de ofrecerle algunos trabajos le puso en contacto con el mundo de los resorts. Así pues, entre 1966 y 1970 estuvo aprendiendo mucho con y de él. De hecho, tomó su relevo (como principal diseñador de planos de pistas en el ámbito norteamericano) en la década de los setenta. Y diseñó 69 áreas de esquí desde entonces hasta los tempranos años ochenta. Posteriormente, igual que le había ocurrido a Shelton, la fama propició que le surgieran otros trabajos más amplios, ambiciosos y, probablemente, más lucrativos. Brown pintaba mucho con acuarela. A la hora de plasmar el paisaje, comenzaba por el cielo para después representar el horizonte montañoso y, solo posteriormente, los detalles más cercanos. Con los árboles, pintaba la sombra antes que el propio árbol.
Aparte de sus méritos propios, una ingente cantidad de trabajos para estaciones de esquí (algunos de los cuales, ya pocos, incluso continúan utilizándose), sobre él recae la gesta de haber sido el mentor del especialista más reconocido (hasta ahora) de este oficio en Norteamérica: James Niheues. Niehues le visitó mucho. Se admiraban también mutuamente, y Brown se sintió feliz de que hubiera alguien capaz de tomar el relevo en un momento en el que él quería dejar la labor de los planos de esquí para dedicarse, entre otras cosas, apasionadamente, a los documentales ferroviarios. Por eso, primero le ofreció trabajo mientras elaboraba Winter Park para la temporada 88/89. Cuando trabajaban juntos, Niehues trataba de imitarlo y le preguntaba por sus trucos, paleta de colores, etc. Pero Brown le insistía en que fuera él mismo. Más valiosa que su supervisión técnica fue la cantidad de contactos que le proporcionó. Modesto esquiador, Brown se consideraba más un artista que un diseñador de trabajos funcionales.
Bill Brown en acción. (Imagen: jamesniehues en facebook).
Bill Brown años después ante algunos de sus trabajos pasados. (Imagen: jamesniehues en facebook).
A James Niehues hay quien le apoda el Rembrandt de las pistas de esquí (New York Times), impresionados por su estilo y su minucioso trabajo con los árboles. Como le sucedió a Novat, llegó al oficio un poco por casualidad. Siendo ya diseñador gráfico, en 1980, deseando labrarse carrera como paisajista, enseñó su portafolio al único autor norteamericano de la época: B. Brown, y ya hemos visto lo que ocurrió. Pero su afición comenzó mucho antes. En 1959 una enfermedad lo mantuvo tres meses en reposo total. Su madre le regaló un kit de pintura al óleo, y, con él, se entretuvo copiando fotografías de revistas. Posteriormente se matriculó en un curso de pintura por correspondencia en el que practicó con paisajes de Colorado. Ya en su etapa laboral inicial, se dedicó al diseño gráfico a tiempo parcial, aprendiendo también de su jefe. En la década de los sesenta fue destinado a Berlín para cumplir el servicio militar. Allí convenció a sus mandos para que le dejaran acondicionar un viejo barracón del derrotado ejército alemán como estudio de pintura para el tiempo de ocio de los reclutas. Fue una fase centrada en caricaturas, animales y otros trabajos de tipo figurativo. De regreso, durante los setenta y ochenta trabajó como socio en una empresa de diseño gráfico para prensa y publicidad.
En 1984 decidió mudarse a Denver y trabajar como free lance por encargos, porque quería convertirse en un pintor artista. Fue entonces cuando visitó a Brown con su portafolios bajo el brazo.
«¡Bingo!: A Brown le gustó su obra y en aquel momento se encontraba algo sobrecargado de trabajo. Así que le pidió a Niehues que hiciera ajustes en sus planos. Unos años más tarde le legó su imperio blanco”. (grapheine.com; traducción propia).
Entre otros detalles derivados de aquel encuentro, está el que Brown incorporara la firma de Niehues en aquel proyecto de Park City. En 1987 Niehues entregó su primer trabajo de resort invernal contratado en solitario. Vail apostó por él en 1988, demostrando, una vez más, su buen criterio al optar por la calidad en todos los frentes, incluido el del diseño gráfico y artístico, pues ya, en torno a 1982, habían hecho otro encargo a Brown. El apoyo de Brown a Niehues fue sincero e importante, como lo demuestra el hecho de que también le abriera las puertas de la nueva revista Snow Country, con la que mantuvo encargos durante unos tres o cuatro años. En su primer trabajo, la revista incluyó un artículo sobre su ilustrador, presentándolo como el sucesor de Shelton y Brown. Aquel espaldarazo le generó la llamada de más estaciones de esquí. Con todo esto en marcha, a partir de 1988 pudo dedicarse al oficio a tiempo completo. ¡Más que completo! mientras su mujer realizaba toda la labor de marketing, contactos, búsqueda y gestión de contrataciones, etc. La década de los noventa transcurrió con Niehues funcionando a tope y encaramado a la posición de primer e indiscutible especialista de los EEUU en la elaboración de planos de pistas que esquí.
El propio Niehues ha comentado que notó cierto bache de encargos por la irrupción de algunas herramientas digitales, las cuales propiciaron que hubiera más gente intentando trabajar en este ámbito, rebajando los precios y ofreciendo mayor rapidez de ejecución (plazos de entrega más cortos). Sin embargo, con el tiempo, el declive se mostró como pasajero, y muchos clientes regresaron porque al parecer, «por ahora» (según él), el resultado difiere bastante, y los clientes (estaciones y algunos esquiadores) prefieren acabados más artísticos.
Niehues amplió sobremanera el legado de su predecesor produciendo más de 255 planos para 175 estaciones de todo el mundo. Principalmente estadounidenses, aunque también de Chile, Australia, Nueva Zelanda… e incluso Europa. Allá por 2019, este artista seguía trabajando, pero ya medio retirado. Decidió aprovechar a tope su autocaravana emprendiendo largos viajes en los que poder disfrutar de la compañía de su mujer y, de paso, pintar donde y cuando le apeteciera.
«Al igual que Novat, Jim Niehues piensa más como un esquiador que como un ilustrador para crear pistas perfectas. "La mejor manera de mostrar las pistas es interpretar la experiencia del deslizamiento". Para evitar los peligros de los pedidos estacionales y las consiguientes caídas salariales, Niehues recibe los pedidos con tres meses de antelación. Cuesta entre 3.500 y 15.000 dólares por mapa, varias semanas de trabajo y el alquiler de un avión o un helicóptero». (grapheine.com).
Jim Niehues, tomando fotos de Park City desde una avioneta Cessna 182. (Imagen: libro de Niehues citado al final).
Niehues aplicando una técnica de trazado sobre proyección de trabajos previos. (Imagen: libro de Niehues citado al final).
Algo distinto de Niehues: el trazado del descenso de los JJOO de Albertville 1992. Val d'Isère. (Imagen: libro de Niehues citado al final).
Reconozco que la figura de James Niehues la conocí las Navidades de 2023-2024 porque los Reyes Magos me trajeron un magnífico libro-objeto suyo[1]. Es una especie de cuidado catálogo en el que, además de explicar su método de trabajo, se presentan muchas de sus obras gráficas por diferentes áreas del mundo. Una delicia de volumen para los amantes del esquí, de las montañas y de la ilustración. Tal es así, que gracias al buen trabajo de reproducción gráfica y la inclusión en el volumen de algunos detalles del proceso creativo, el libro me permite recrearme en multitud de particularidades, así como contemplar cómo Niehues ha sido capaz de representar paisajes de estaciones muy diferentes entre sí, encontrando soluciones de perspectiva muy diversas. Y además están sus famosos árboles, y las neblinas, y los diferentes horizontes de fondo, que van desde llanuras infinitas hasta abruptos skylines montañosos.
Portada del libro: NIEHUES, James: “The man behind the maps”. Open Road Ski Company. 2019. (Imagen propia).
Detalle del minucioso trabajo con los árboles ¡y sus sombras!. (Imagen: libro de Niehues citado al final).
¡Todo cuenta! hasta la bruma. Y en otras láminas las luces del amanecer u otros matices. (Imagen: libro de Niehues citado al final).
Entre los diseñadores actuales gráficos especializados en planos de pistas figura Kevin Mastin, quien nos asegura que gran parte de la dificultad del trabajo radica en tener que representar simultáneamente caras norte y sur, o este y oeste; lo que requiere, por un lado, la elevación del ángulo visual (más en plan avión o helicóptero), mientras que, por el otro, él sabe que la gente interpreta mejor los paisajes ilustrados desde la perspectiva de pie de valle. Mastin se dedica a este tipo de ilustración desde 1985 o un poquito antes. Como esquiador, empezó de niño con botas de cuero, bastones de bambú y fijaciones de cable, lo que implica un comienzo similar al mío. Más tarde compitió en su época de high school alcanzando un nivel normalito. Mejor le fue en la práctica del skijoring (con esquís, remolcado tras un caballo). A medida que fue cumpliendo años se fue pasando al nórdico y al de montaña. Tras otros trabajos de diseño gráfico, se empleó con Niehues. Primero gracias a su dominio del dibujo vectorial con ordenador, trazando las pistas y remontes sobre los fondos artísticos. Fue en 1994 cuando hizo para Keystone su primer trabajo integral. Desde 1997 empezó a trabajar para Vail Resorts (una vez más, la misma entidad apostando por el trabajo de los artistas gráficos). Él se considera más ilustrador que artista, y aumenta mucho el número de engaños, trucos o deformaciones que ha de aplicar para intentar que todo se aprecie en una única imagen, en la que, además, quepan las líneas y leyendas, etc. Integra trabajo manual y vectorial. Manifiesta unas opiniones muy interesantes sobre el arte en la cartelería del esquí, que considera históricamente muy valioso, pero que ha ido perdiéndose al haber sido sustituido por la fotografía y los videos de consumo rápido. De hecho, sostiene que el diseño gráfico sobre esquí ha acabado refugiado y sobreviviendo en las camisetas estampadas, el diseño de tablas, etc.
Kevin Mastin en su estudio, ante un trabajo apenas esbozado. (Imagen: kevinmastin.com).
Otro contemporáneo es Rad Smith. Tras un origen como ilustrador genérico, se abrió camino laboralmente especializándose en los panoramas paisajísticos y los mapas de pistas. De formación académica como ilustrador, estuvo trabajando bastantes años para la industria del aire libre y el medio ambiente. Tras unos trabajos de panorámicas de conducción rodada en zonas de montaña, le surgió el encargo de un primer plano de pistas. Lo resolvió con medios digitales, pero intentando simular un aire artístico manual. Aquello, y constatar el exceso de horas que pasaba ante el ordenador, le hicieron querer aproximarse más al estilo y método de Niehues. Su metodología también comienza estudiando el terreno desde el aire. E, igualmente, fue muy apoyado por James Niehues en sus inicios. En 2015, al enterarse de que Niheues pensaba retirarse y no encontraba sustituto, se decidió a escribirle y pronto obtuvo respuesta:
«Me envió una rápida respuesta, conocía mis mapas digitales, pero pensaba que yo buscaba ayuda en dicha área. Le respondí rápidamente que tenía una larga trayectoria trabajando digitalmente, pero todavía adoraba pintar y me encantaría aprender todo aquello que él estuviera dispuesto a compartir sobre su proceso. Y aquello puso en marcha una gran amistad y tutorización». (R. Smith; traducción propia).
Poco a poco, Niehues, con muchísimo trabajo, le fue traspasando encargos. Así pues, a lo largo de este artículo hemos podido comprobar que, tanto en Europa, como muy especialmente en Norteamérica, en el seno del reducido grupo de especialistas en el diseño gráfico de planos o panoramas de pistas de esquí, se han ido dando procesos de amigables y generosos relevos generacionales. Lo cual añade un rasgo más de singularidad, personalidad y alejamiento del mundo competitivo en que vivimos, por parte de algunos de los mejores expertos en dicho arte u oficio.
Rad Smith en plena faena, con un panorama muy avanzado y apoyándose en un estudio preliminar. (Imagen: radsmithart.com).
Aquí hemos ido presentando detalles sobre la vida u obra de algunos de ellos, pero hay o ha habido más. Podríamos citar a otros como a los suizos Louis Koller y Winfried Kettler, a los alemanes de Wolfgang Hausamann, a los austriacos Ingrid Schultus-Föger, Franz Stummvoll y Hans Oberbacher, y a los franceses Edi y Roger David. Todos ellos europeos que, bajo la alargada, respetada y prestigiosa sombra de Berann o Novat, han generado trabajos magníficos que nos han dado servicio a los esquiadores, unos tirando más de virtuosismo artístico, otros tratando de buscar mayor realismo, pero todos intentando facilitarnos la interpretación de los entornos de montaña. Y hay más ¡seguro que los hay! Alguien habrá tenido que ilustrar, con mayor o menor acierto, algunas de nuestras estaciones más próximas. Así pues, vaya desde aquí un canto de alabanza hacia la gran cantidad, estoy seguro de ello, de autores anónimos o desconocidos.
Ingrid Schultus-Föger tomando imágenes "de campo" para posterior trabajo sobre el tablero. Fotografía incrustada sobre parte de un trabajo suyo. Me alegra ver también alguna mujer en el oficio. (Imagen: seilbahn.net).
Quienes están activos, o aquellos vivos que estuvieron activos aunque se hayan retirado ya, hace décadas que andan siempre más atentos que realmente preocupados por cual será el futuro de los planos de pista y de su oficio, principalmente, debido al constante avance de nuevas herramientas para el diseño, así como a una imparable tendencia al uso de pantallas por parte de los consumidores.
«Por otro lado, desde hace varios años se está produciendo un cambio visual, al menos en Francia. Los planos Kaliblue están reemplazando gradualmente la herencia de Novat. ¿Proceso de renovación, moda entre estaciones, menor costo de producción? La técnica del modelado digital del terreno está suplantando progresivamente a la cartografía artística. La época de los estetas parece haber terminado: James Niehues todavía no ha encontrado un sucesor [actualmente parece que ya sí], mientras que los planos de VistaMap ganan terreno, Heinz Vielkind e Ingrid Schultus-Föger, los herederos de Berann, nunca han reproducido completamente la destreza y el estilo del maestro indiscutible de la panorámica. El director de marketing de Sankt-Anton Am Arlberg, sin embargo, escribió en 2010 en SkiMagazin: “Siempre hemos trabajado con los panoramas de Berann (y sus sucesores) y seguiremos utilizando estos mapas pintados porque están muy bien hechos”. Esto sigue siendo cierto en Suiza y Austria, donde Sitour, líder en publicidad de zonas de esquí, sigue destacando planos dibujados a mano como los de Arne Rohweder. ¿Esto durará?». (Maxime Petre y Sarah Pinton; traducción propia).
Para mí, como esquiador con preferencia por los grandes espacios, los planos siguen siendo importantes y, tal como ya declaré inicialmente, preferiblemente en papel. En Vail agradecí mucho el detalle de que los guardacuerpos de muchas sillas exhibieran planos de pistas (protegidos por metacrilato) de los sectores a los que daba acceso el remonte, así como zonas anejas. Seguramente, cada vez sea más difícil distinguir entre aquellos realizados de modo artesanal o con un elevado porcentaje de trabajo digital, siempre y cuando ambos procedimientos alcancen altas cotas de calidad. Al cine, por ejemplo, en mi opinión (¡opinión! y por lo tanto personal y sin búsqueda alguna de consenso), la tecnología, en cuestión batallas con muchos militares implicados o nutridos grupos de caballos, no le ha llegado ni a la altura del zapato de algunos de los grandes directores de westerns o de cine bélico que han filmado o filman con seres vivos reales. El abuso del cortar y pegar para multiplicar los ejércitos canta demasiado, y uno echa de menos los despliegues de humanidad y presencia equina de algunas de las grandes producciones anteriores, como las de Akira Kurosawa, por citar un director.
En todo caso, el trabajo de los contemporáneos, como los citados Kaliblue o VistaMap, satisface mis necesidades cuando está bien terminado. Mientras he estado documentándome para escribir este artículo, he estado pensando en algunos de los dominios esquiables que conozco y cuáles de ellos pensaba que pudieran resultar más difíciles de representar de un modo legible. Inmediatamente pensé en Les Portes du Soleil y el Alrlberg. Ambos casos presentan un territorio muy extenso y que se reparte en todas direcciones, por lo que hay laderas, pistas y remontes con todo tipo de orientaciones. En ambos casos, tanto en el pasado como en la actualidad, los diseñadores gráficos han recurrido a ópticas muy cenitales, de visión supuestamente muy aérea. Ello confiere a las panorámicas un aspecto más suave, menos pendiente, acercándose más hacia un mapa plano, aunque intentando conservar el paisajismo. Todo lo contrario, es lo que ocurre con Los 3 Valles, donde, la marcada configuración de 3 (ahora ya 4) valles, situados con cierto paralelismo entre ellos, facilita que se puedan ir dibujando pistas y remontes en laderas sucesivas. Algo más fácil, a pesar de tratarse de un territorio muy extenso. El plano general de Los 3 Valles lo realiza Kaliblue desde hace algunas temporadas, aunque mantiene la misma perspectiva, encuadre o disposición que hace años configuró, acertadamente, Novat. Comprobar esto, me hizo pensar en que, más que copiar al autor anterior, imagino que los responsables posteriores casi se deben ver obligados a mantener el punto de vista de los anteriores, porque es al que están acostumbrados miles de clientes de larga duración, que puede que no se sintieran cómodos con orientaciones completamente diferentes. He visto que está siendo así en muchísimos casos. Entre los más difíciles, pensé en un plano que, si bien me había parecido bonito y atractivo, creo que ha sido el que más dificultades de orientación en uso me ha provocado: el de Vail. Vail no alcanza, ni de lejos, la extensión de los ejemplos que acabo de citar. Su dificultad viene provocada por otras dos características diferentes: una, que casi la mitad de su área esquiable está detrás de la otra, a lo largo de un cordal muy largo. Y claro, dibujar el cordal de perfil para ver las dos vertientes simultáneamente daría muchas complicaciones. Y dos, que su parte trasera la componen varios bowls, configuraciones geomorfológicas que de por sí ya resultan complicadas. El resultado es que su plano de pistas se muestra en tres láminas o vistas diferentes, haciendo que el esquiador tenga que ir cambiando de una a otra, pudiendo irse haciendo un poco de lío. No sé si esto pudiera haberse solucionado de partida, orientando la vista de modo diferente, pero claro, eso hubiera supuesto que la ciudad, todo su urbanismo, tendría que haber abandonado la posición prioritaria en la imagen, algo que pudiera resultar contraproducente para una estación que ha crecido y se ha desarrollado fundamentándose principalmente en la economía del real estate. El caso es que los planos actuales de Vail, elaborados por Vista Map, siguen el patrón de configuración paisajística que durante mucho tiempo creo James Niehues.
Poder se podría conseguir. Otra cosa es que les interese a los clientes. Esto es Vail completo visto en apunte por J. Niehues (en su libro también aparece ya pintado a color, pero está en doble página así que no quedaría bien reproducido aquí). Pero no es esta la imagen que finalmente se utiliza para el plano. (Imagen: libro de Niehues citado al final).
Plano de pistas de Whistler - Blackcomb de 2020 (puede que el último editado por Niehues allí). A la izquierda de la montaña de la izquierda, asoma un área de bowls que apenas puede apreciarse. (Imagen: skimap.org).
Este sería el segundo de esos bowls al detalle. Algo que sería muy útil en jornadas con "paquetón" de nieve virgen como las que pillé allí tres temporadas atrás. (Imagen: libro de Niehues citado al final).
En algunos locales hosteleros de montaña, incluso en alojamientos particulares cercanos a las estaciones de esquí, hay colgados amplios planos de pistas de dominios de esquí extensos. Son vistosos, y yo mismo colgaría alguno como decoración si mi residencia de montaña estuviera localizada cerca de algún dominio de importancia por su tamaño. Entonces sí, entonces, puesto a ello, optaría por una lámina amplia cuya base hubiera sido diseñada por algún artista con gran carácter analógico en su método de trabajo. Incluso, de tener alguna copia de algún magnifico espacio esquiable antes de que sobre ella se hubieran rotulado los remontes y las pistas, lo colgaría en la casita, a pesar de encontrarse esta lejísimos de tales destinos. Pero es que entonces sentiría que estaría haciéndole un guiño a la parte más artística de su creador.
De pequeño me gustaba mucho dibujar, afición que de mayor no he cultivado. En ocasiones he creado algunas panorámicas o diseños de itinerarios de excursiones para actividades realizadas con mi alumnado o amistades, pero siempre algo muy modesto, nada comparable a lo tratado aquí. Quien sí que compuso excelentes panorámicas de montaña fue Nel, un buen amigo de mi padre. Lamentablemente, ambos ya fallecidos. Fueron amigos del colegio, durante la carrera (ingeniería aeronáutica) y para el resto de sus vidas posteriores. Nel y sus hijos probaron la práctica del esquí cuando empezamos nosotros, aunque ellos no dieron continuidad a la afición. El caso es que, en plena jubilación, Nel (Juan Manuel Higuera Arce), que atesoraba muy buen gusto estético y grandes dotes artísticas, acometió un proyecto de panorámicas centrado en los Picos de Europa[2]. Nada de pistas de esquí, trazados ni remontes, sino paisajismo de montaña como guía de identificación de los accidentes geográficos. Publicó dos carpetas con láminas con diferentes encuadres de los Picos en distintas épocas del año, siempre partiendo de fotografías fijas desde miradores que a él le parecían convenientes, para después utilizarlas como modelo para sus esmerados, cuidados y detallados diseños dibujados y pintados. Por afecto, simpatía y cercanía, no me he resistido a incorporarlo aquí.
Panorámica de los Picos de Europa vista desde La Picota (en las proximidades de Liencres). El nivel de acabado del diseño es inferior al de las láminas, porque este pertenece, a modo de borrador o estudio, a los ejemplos estampados en las carpetas que contienen las láminas, en este caso el volumen II. (Imagen: de la referencia indicada de Juan M. Higuera Arce).
"Peña Vieja reina del Macizo Central". Vista desde el Collado de Llesba (1679 m), abril 2000. La imagen me trae muy buenos recuerdos de montaña en verano y de esquí de travesía en invierno. (Imagen: de la referencia indicada de Juan M. Higuera Arce, Volumen II).
"Nieve en el Macizo Central - Cordal de Peña Vieja". Vista desde los Puertos de Áliva (charca, 1550 m), enero 1999. Habré pasado por allí en muchas ocasiones, pero recuerdo una muy especial, esquiando con pocos años y esquís de madera, cuando se estropeó el teleférico de Fuente Dé (lo he narrado en mi libro "¿Por qué esquiamos?"). (Imagen: de la referencia indicada de Juan M. Higuera Arce, Volumen I).

Nel Higuera, disfrutando de un día "de familias numerosas" en la nieve. Años sesenta. (Imagen propia).
Con este artículo ya escrito, pero todavía sin publicar, tuve noticia de que la familia de Nel había decidido ceder los originales del trabajo panorámico al Gobierno de Cantabria. Mi relación personal con dicha familia abarca tres generaciones: la de Nel y su mujer Mª Pilar, porque eran amigos de mis padres; la de sus numerosos hijos (mayoritariamente mujeres) por relaciones infantiles y alguna posterior profesional; y la de algunos de sus nietos (en concreto dos) a quienes di clase en Secundaria. Por todo ello, me interesé por el asunto, y sus hijas me informaron de que, desde el verano de 2025, el conjunto de originales de su padre configura una exposición permanente en la torre del Centro de Visitantes del Parque Nacional de Picos de Europa situado en Sotama (cerca de Potes). La ubicación me parece de lo más idónea. Creo que el autor se sentiría orgulloso.
Una soleada mañana de finales de septiembre, me monté en la moto y me acerqué hasta allí. Había nevado (bastante) unos días antes en los Picos, así que, durante todo el trayecto de ida, en dirección oeste, el viaje me fue regalando panorámicas reales de los macizos contrastando su estampa blanca y gris contra el verde del paisaje inferior y el luminoso azul del superior. El centro de visitantes es un edificio novedoso y de amplios espacios, que acoge exposiciones fijas y temporales. Por fuera está forrado en madera, por dentro es moderno y funcional. Si se va a estar tiempo suficiente en Liébana, no está de más su visita. Una rampa interior permite subir a su espacio más elevado, un cubo que hace de torre y mirador hacia un sector de los Picos. Y es allí, en dicho cubo, donde se aloja el trabajo de Nel. Es una serie de láminas trabajadas manualmente, en formato de borrador previo a su paso por la imprenta. Se aprecian los empalmes de las fotos, hay correcciones, y algunas de ellas incluyen fotografías personales. Tienen, por lo tanto, el valor añadido del original. No es que desde aquí pretenda animar a la gente (más concretamente a los esquiadores) a visitar la exposición como único objetivo, tan solo aprovecho para informar de que está allí, disponible para quien, por las razones que sean, visite la comarca y disponga de algún rato libre.
Entrada al Centro de Visitantes del Parque Nacional de los Picos de Europa en Sotama. (Imagen propia).
Vista parcial de la exposición permanente de las panorámicas de JM Higuera. (Imagen propia).
Detalle de una de las láminas, en la que se ven tachaduras y correcciones de altitudes. (Imagen propia).
Algunos de los trabajos allí expuestos no formaron parte de las carpetas. (Imagen propia).
Nel en distintos momentos durante su "trabajo" como panoramista. (Imagen: montaje propio con fotografías obtenidas de la exposición y su folleto informativo).
[1] NIEHUES, James: “The man behind the maps”. Open Road Ski Company. 2019.
[2] HIGUERA ARCE, Juan M.: “Panorámicas de los Picos de Europa” (I y II).
En Nevasport:
- Berann.
- Vielkind.
- Hiehues: artículo 1, artículo 2, artículo 3.

