John Irving y el esquí

John Irving y el esquí
J Bar (Aspen) - media.cntraveler.com
John Irving es uno de los escritores norteamericanos contemporáneos más leídos. Al haber residido la mayor parte de su vida en Nueva Inglaterra, tiene bastante que ver con el esquí. En especial su última novela.

Siempre que viajo llevo libros para leer. Y cuando el viaje en el que me encuentro ocupado es suficientemente largo, o está relacionado con algún interés o temática significativa, procuro escoger obras que tengan relación con tales temáticas, geografías o intereses. Hace unos meses, en otoño, viajé por Nueva Inglaterra. Una semana en Boston y otra rodando en coche por los estados de Maine, New Hampshire y Massachusetts, visitando, preferentemente, parques naturales. Nos faltó Vermont, por poco, aunque lo llegamos a ver de lejos desde una cumbre de las montañas Monadnock. En aquella ocasión escogí una novela de John Irving. La mayoría de sus obras se desarrollan en Nueva Inglaterra, territorio en el que nació y en el que ha residido toda su vida, intercalando un periodo europeo en su juventud, así como intervalos en Toronto durante los últimos años.

Meses más tarde, en pleno invierno, regresé a los EEUU. Mi periplo fue preferentemente esquiador, aunque no únicamente. Empezó y acabó en Nueva Inglaterra, pasando entre medias por Vancouver, Whistler, Vail y Denver. Para tantos días me llevé una novela gruesa, de más de mil páginas, y también escrita por John Irving. Su último trabajo, El último telesilla. Una novela que podemos considerar de esquí, aunque también de muchos otros temas más. Pero aplazo hablar sobre ella para la parte final de este artículo. Antes, vamos con el autor.

No voy a descubrir quién es John Irving como escritor, ni las características principales de su particular y personalísimo estilo. Lo que pretendo en este texto es subrayar que el esquí es un tema bastante recurrente a lo largo de su obra. En todo caso, Irving desarrolla tramas francamente singulares, ocasionalmente disparatadas y protagonizadas por personajes muy complejos, en el sentido de mostrar comportamientos poco convencionales. Críticos literarios, e incluso él mismo, afirman que ello se debe a su propia biografía. A su vivencia familiar y escolar, al haber sufrido abusos sexuales por parte de una mujer madura en su infancia, y a no haber llegado a conocer en persona a su padre biológico. Pero es que, además de eso, Irving reconoce nutrirse mucho de escenarios, ambientes, geografías, personajes y actividades que conoce bien por haberlas vivido directamente, por haber formado parte de su historia de vida. Y ahí es donde aparece el esquí alpino.

John Irving y el esquí

John Irving en su lugar de trabajo (en 2005). (Imagen: thewallrus.ca por Eamonn Mccabe vía getty images).

 

Sabemos que el escritor, en su juventud, pasó dos años viviendo en Viena, estudiando en su universidad, y que empleó parte importante de su tiempo viajando en moto con un amigo por Europa. Por eso, en algunas de sus novelas, territorios europeos y muy especialmente Austria ¡y Viena! aunque también Ámsterdam se erigen en escenarios de parte de sus tramas.

Francamente, tengo que reconocer haber leído únicamente cinco de las quince novelas que tiene publicadas. No está mal, representa un tercio de su obra. Pero da la casualidad (o no tanto) de que en casi todas ellas hay referencias al esquí alpino. Antes de escribir este artículo le pedí ayuda a esa famosa herramienta de Inteligencia Artificial que tanta popularidad ha alcanzado recientemente. Su respuesta fue todo menos inteligente: estúpida, idiota o cómo quieran los lectores calificarla. Lo digo porque fue equivocada y ostensiblemente errónea, demostrando que la herramienta desconocía lo que se le preguntaba. Hasta ahí, la cosa se hubiera quedado en ignorancia, pero no, la IA fue más allá, se vino arriba, y se inventó una pormenorizada relación de datos muy concretos… completamente falsos, es decir, pasó de la ignorancia a la mentira y a la imbecilidad. Lo más preocupante es que ahora mismo la famosa herramienta va ya por su enésima versión (-40), incorporando facilidades en audio, video y traducción natural a un montón de idiomas. Ello quiere decir que pasará a ayudar más y mejor, pero también a desinformar y mentir igualmente mejor, y de modo cada vez más peligrosamente inidentificable.

Hay tres de sus sugerencias que no he comprobado, porque no he leído las novelas aludidas (y no creo que llegue a leerlas, pues la última me ha dejado algo empachado del estilo y temática Irving). Son las que enumero a continuación, transcribiendo literalmente la respuesta dada por el programa de IA:

«El mundo según Garp (The World According to Garp, 1978): Aunque no es el tema central, el esquí aparece en esta novela, ya que uno de los personajes principales, Jenny Fields, sufre un accidente de esquí que tiene un impacto significativo en la historia.

La última noche en Twisted River (Last Night in Twisted River, 2009): El esquí también se menciona en esta novela, donde algunos personajes practican este deporte en un escenario montañoso.

Un hijo del circo (A Son of the Circus, 1994): El esquí y la nieve desempeñan un papel importante en esta novela, que está ambientada en India y Canadá».

Si algún lector se quiere arriesgar a leerlas en busca de alguna referencia (aunque sea mínima) a nuestro deporte, adelante, pero que no me haga a mí responsable de lo afirmado por la máquina.

Entre las que sí he leído, he encontrado algunas referencias relacionadas (o relacionables) con el esquí en varias de ellas. Como en casi todas las que he leído de Irving, Libertad para los osos trata de muchas cosas a la vez. Todo se hila a través de una aventura iniciada por dos jóvenes viajando en moto por una Austria rural. Son dos chicos que arrastran consigo obsesiones y traumas no resueltos. Suficientes como para generar en ellos algunos comportamientos nada convencionales. Por una serie de circunstancias, ese viaje motociclista cambiará de protagonistas en la parte final de la narración. No hay esquí en ella, pero sí que se sitúa en escenarios montañosos austríacos en los que actualmente se localizan varias estaciones de esquí, aunque no lo hace en invierno.

En Hasta que te encuentre (Until I Find You, 2005) hay más detalles relacionados con el esquí. Por ejemplo, se describe una película inventada titulada Mi última autoestopista, que se supone que es un destrozado remake de la real El cuchillo en el agua de Roman Polanski. En ella (la inventada), un chico vestido de chica hace dedo para recuperar su coche en el puerto de Berthoud, entre Empire y la estación de Winter Park en Colorado, a algo más de medio centenar de kilómetros al oeste de Boulder y Denver. No hay esquí propiamente dicho, únicamente ambientación. Por otro lado, hacia el final de la novela, se hace referencia a una unidad familiar que, viviendo en Europa, acostumbra a celebrar unas vacaciones de esquí, dos veces al año en St. Anton, Klosters, Lech, Wengen, Zermatt o St. Christoph. La única hija de dicha familia, una vez que se convierte en esposa y madre, trata de repetir dicho patrón con su marido y su propia hija, algo que se retrasa y dificulta por culpa de una enfermedad. La hija empieza a esquiar en Klosters. Fallecida su madre, padre e hija retomarían la costumbre de las vacaciones de esquí, añadiendo como destinos Davos y Pontresina. Pero no debe engañarse el potencial lector, esto aparece únicamente como breves referencias mencionadas en apenas dos o tres párrafos, en una novela de más de mil páginas. No hay escenas, acción o escenarios propiamente dichos de esquí o de estaciones de esquí. En realidad, nada de tablas o bastones si tenemos en cuenta que el conjunto de la historia es muy extenso. El mundo de los tatuajes, el cine, Bob Dylan, complejas relaciones personales, la lucha deportiva e incluso los órganos de las iglesias ocupan más que el esquí. Y no digamos el sexo, que eso sí que empapa toda la novela.

Otra es Una mujer difícil (A Widow for One Year, 1998) Tusquets. Barcelona, 1999. En ella se produce un trágico accidente de tráfico en una estación de las Rocosas, en primavera, que altera completamente la vida de una familia. Por otro lado, mucho tiempo después, aparece en la narración el personaje de una prostituta holandesa de escaparate apartado (con ello quiero decir no céntrico, sino separado de la típica zona turística). La mujer es ya algo mayor y ha conseguido cierto acomodo económico que le permite tomarse unas vacaciones de esquí anualmente en los Alpes. Es cuando Irving cita Zermatt, Saint Moritz (Pontresina) y Klosters (entre Saas y Davos). La novela regresa a muchos de los temas recurrentes de Irving: sexo, relaciones de pareja con edades muy distantes, disfunciones afectivas dentro de la familia, etc. En este caso, aderezado con el mundo literario y editorial (muy frecuente en sus novelas), el squash, la prostitución en Ámsterdam, etc.

Estas dos novelas que acabo de citar son buenos ejemplos del Irving maduro. Son muy largas, de trama compleja, imaginativas y nutridas de múltiples personajes. Además, en mi opinión, resultan redondas pues, pese a la rocambolesca vida que muestran algunos de sus protagonistas, la trama acaba cerrándose con coherencia y sentido narrativo. Pese a ello, no me atrevo a recomendarlas porque habrá gente a la que le puedan resultar irreverentes, sórdidas, subidas de tono o simplemente desagradables en algunos aspectos de su contenido. A mí me gustaron, lo mismo que las otras dos que leí, que fueron escritas por el autor en periodos mucho más tempranos. Me refiero a Libertad para los osos, primera novela del autor, la cual, aunque rara, puede ser recomendable para moteros. Y a El Hotel New Hampshire, la que quizás sea, después de El mundo según Garp, la segunda novela más famosa del escritor. Ello con permiso de Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, que fue llevada al cine con mucho éxito bajo su título original en inglés: Las normas de la Casa de la Sidra, y por la que Irving ganó un óscar al mejor guión.

Lo dicho, si se quiere leer algo de literatura amena e interesante, incluso reconocida internacionalmente, aunque disparatada, ahí están algunas de las novelas de John Irving. Pero ¿por qué esa casi fijación por parte del autor por mencionar, aunque sea mínimamente, referencias relacionadas con el esquí alpino? Para responder a esta cuestión, probablemente lo más acertado sea insertar algunas respuestas dadas por Irving en una entrevista publicada por Outsideonline.com, conducida por la reportera Heather Hansman y publicada el 17 octubre de 2022 (traducción propia).

«HH: ¿Cómo es tu relación con el esquí?

Irving: Mi madre fue esquiadora junto con todos mis primos y miembros de la familia. He vivido en o cerca de localidades de esquí gran parte de mi vida, por lo que esquiadores reales han sido siempre una constante en mi vida. Pero cuando era más joven la lucha [deportiva] ocupó mis inviernos, y únicamente esquiaba en primavera, así que todas las personas de mi familia extendida son mucho mejores esquiadores que yo. Tengo un hijo que es director de patrulla de esquí y un par de nietos que están en el equipo de los Estados Unidos. Me debería clasificar como un esquiador de nivel intermedio. Adam es peor esquiador que yo».

Es el momento de aclarar el motivo de la entrevista. Se produjo a raíz de la publicación de la última novela de John Irving: El último telesilla (The last chairlift, 2022), Tusquets, Barcelona, 2023. En ella, el tal Adam es el protagonista, quien, además, narra toda la historia en primera persona.

John Irving y el esquí

Portada de la última novela de J. Irving publicada en español. (Imagen: planetalibros.com)

 

Volvamos un poco a aquella entrevista, pues en ella el autor continuó dándonos algunas pistas más sobre el libro, su contenido y el porqué de la elección de uno de sus escenarios principales.

«HH: Una parte importante de la historia del libro y de su trasfondo se desarrolla en Aspen. Ha pasado tiempo en estaciones de esquí por todo el mundo, ¿Por qué Aspen?

HH: No estaba demasiado interesado en Aspen – había muchos lugares en los que prefería esquiar antes que en Aspen – pero tenía la ventaja de que poseía toda otra era de historia. Había una era de auge y caída antes de convertirse en resort de esquí. Me gusta ser capaz de atar la ficción sobre algo real. Cuanto más fantástica la ficción, más creo que es mejor situarla en algo histórico. Empleé mucho tiempo en la Aspen Historical Society ¡y me vi desviado tantas veces! Que no podía mantenerme en el asunto porque me distraía con las subidas y bajadas de Aspen en otra vida, como la era de Hollywood, y mucho de ello aparece en el libro. El Hotel Jerome, por ejemplo, se ajustaba completamente a esta novela».

A lo que se refiere Irving es a que Aspen tiene mucha historia detrás. Una, pionera de minería, y otra posterior como destino pop o contracultural, que tiempo después evolucionó hacia el glamur. Es lo que trató de contar el fotógrafo David Yarrow en la serie de instantáneas que le dedicó a Aspen, dentro de su lote centrado en destinos de esquí. Aprovecho para señalar algo que ya explicaré cuando presente a este artista en un futuro artículo dedicado al arte en Vail: a través de sus fotografías, Yarrow es, además de un excelente fotógrafo, un contador de historias. Por eso creo que es conveniente leer esas imágenes. Hacerlo visualmente, e incluir los comentarios de Yarrow mientras las contemplamos. Una de ellas se titula Xanadu, buscando una referencia de destino mítico de lujo. Esta es la explicación del fotógrafo (traducción propia):

«No hay duda de que Aspen es el más notorio y escandalosamente gestionado resort de esquí en el mundo. Su mismo nombre evoca imágenes de mucha fiesta, glamur y celebridades, lo cual es un poco injusto para todos aquellos que suben a las cumbres desde Glenwood Springs simplemente para esquiar. En la ciudad han pasado cosas buenas, pero también muchas malas, las cuales la convierten en un material delicioso para un contador de historias. 70 años después de que el mercado de la plata explotara con el cambio de siglo, Aspen estalló de un modo más grande y sonoro que nunca lo había hecho antes. Fue un paraíso bohemio y de libertad, con el rock and roll como parte tan importante de su esencia como el propio esquí. La cuestión no tuvo que ver tanto como área de esquí, sino con pasar el rato con The Eagles, John Denver o Jimmy Buffett».

John Irving y el esquí

John Denver en un concierto bastante intimista hace muchos años, probablemente sea en Aspen, lugar que frecuentaba y donde tuvo una magnífica casa. Los citados antes: J. Denver, The Eagles y Jimmy Buffett forman parte de mis predilecciones musicales de siempre, desde mi juventud hasta ahora. (Imagen: Craig Turpin en aspen.daily.news).

 

«Hacia los tempranos setenta, el J Bar, en la planta baja del Hotel Jerome, estaba firmemente consolidado como espacio para beber, y he escuchado historias de camareros haciendo la vista gorda mientras figuras de perfil alto hacían rayas de coca descaradamente sobre el mostrador a plena luz del día. Aquello estaba en consonancia con la época en la que Hunter Thompson se postulaba como sheriff y era tomado en serio. Ricos y famosos se volvían locos en Aspen. Yo ansiaba desesperadamente tomar una fotografía en un lugar prominente de Aspen, que pareciera como si hubiera sido captada los días hípster de principios de los años setenta. El coche fue localizado mediante gente local y el estilismo de Nicole Allowitz para Kate Bock y Josie Canseco fue, como siempre, acertado. Pero necesitaba un poco más, y la gran nevada me dio la oportunidad de hacer un fondo atemporal.

Podría ser 1973 y el tiempo que todos podrían haber tenido, si simplemente lo pudieran recordar». (David Yarrow en gibsingletongallery.com).

John Irving y el esquí

Fotografía histórica. Ignoro si el lugar es el J Bar o si siquiera está tomada en Aspen (aunque es muy probable). Pero los dos hombres que aparecen de pié a la derecha son: Michael Solheim (icono contracultural y del J Bar en la ciudad) y el mítico escritor y periodista Hunter S. Thompson. Sobre este último ya escribí algunas cosas en mi libro "Metiendo cantos" y puede que vuelva a la carga con él en el futuro. Entretanto, si algún lector quiere leer más sobre él, en especial sobre su relación con las motos, que me escriba un privado y le enviaré un enlace. (Imagen: aspentimes.com).

 

John Irving y el esquí

La comentada foto "Xanadu". (Imagen: David Yarrow en gibsingletongallery.com).

 

Hay otra foto de la serie, en color, que insertaré en el futuro artículo sobre el arte, así que no lo hago aquí. Sin embargo, me parece apropiado incorporar parte de su texto explicativo:

«En lo que le pueda esperar a Aspen, ninguna generación encontrará, probablemente, mayor diversión que la de los hípsters del amor libre de los setenta, quienes hicieron de la ciudad un exponente de la bohemia. La que fuera una ciudad minera, levantada a 9000 pies, llegó a convertirse en una improbable ciudad de rock and roll que atrajo a creativos consolidados y aspirantes a serlo de todos los EEUU. Puede haber sido un paraíso de crecimiento para la élite de Hollywood, pero acogió con mayor agrado al talento y el mal comportamiento que a la riqueza. Tengo la sensación de que en los setenta Aspen estaba tan perdidamente gobernada como si hubiera regresado a 1880, cuando era una ciudad minera de frontera, lo cual hubiera sido todo un logro». (David Yarrow en gibsingletongallery.com)

A cambio, de entre el resto de las fotografías que he encontrado de Yarrow dedicadas a Aspen, muestro una imagen de exteriores. Por lo visto, está tomada en un enclave fácilmente reconocible para los esquiadores asiduos al resort (que no es mi caso).

John Irving y el esquí

"The Rockies". (Imagen: David Yarrow en gibsingletongallery.com).

 

Finalmente, añado otra imagen, esta de interior, tomada en una conocida tienda de ropa western, localizada también en Aspen. Previamente, incorporo parte de la correspondiente descripción por parte del fotógrafo:

«Hay un ambiente único en el lugar, creado por la energía y calidez del personal, el olor del cuero, la música country y el tráfico humano moviéndose con entusiasmo atrás y delante desde el bar de arriba. Tiene más de una casa del Soho en las montañas, que de minorista de sombreros y cinturones. Hay un glamour embriagador en Kemo Sabe, y me pareció apropiado filmar a dos modelos norteamericanas bien conocidas, Josie Canseco y Kate Bock, al frente de la tienda una nevada mañana de sábado. De todos modos, tanto Josie como Kate son clientes habituales de la tienda, por lo que nada parecía artificial». (Davis Yarrow en gibsingletongallery.com).

John Irving y el esquí

"Kemo Sabe". (Imagen: David Yarrow en gibsingletongallery.com).

 

En definitiva, volviendo al escritor, después de décadas escribiendo novelas, y de alimentarlas con mucho contenido, escenarios, actividades y personajes basados en su propia experiencia y vida real, John Irving ha publicado una cuyo eje principal se agarra al mundo del esquí alpino. El libro supera las mil páginas y aborda una historia familiar a través de tres generaciones, con preponderante presencia de un par de parejas de lesbianas, un profesor transexual y algunos personajes heterosexuales (entre ellos el protagonista). La historia tiene un claro posicionamiento ideológico a favor de los derechos de los colectivos LGTBI y, muy especialmente, en contra de los republicanos norteamericanos y de la iglesia católica. En este sentido, me resulta chocante que muchos de los personajes de marcada ideología de izquierdas se muestren tibios, despreocupados o incluso a favor de la posesión civil de armas de fuego. En fin, supongo que esa, y algunas otras incoherencias más, respondan a la creativa configuración de los personajes, y no a una proyección inconsciente del autor. El repaso contextual político de la novela va haciéndose más notable a medida que la historia avanza, especialmente a partir de los mandatos de Reagan, Clinton, Obama y Trump (a los dos Bush apenas se los menciona, aunque sí a Nixon y la guerra de Vietnam).

Desde un punto de vista puramente literario, la novela no me ha gustado ni enganchado tanto como las cuatro que leí anteriormente. Irving utiliza con frecuencia recurrencias de contenido, de frases cómplices entre los personajes y recursos de algún otro tipo para que el lector no se pierda en textos tan largos como los que acostumbra a escribir. Hasta ahora se lo agradecía, sin embargo, en esta ocasión me ha resultado excesivo y, a ratos, cargante. También he encontrado repetidas cuñas que se supone que evocan momentos graciosos o reflexivamente importantes en las vidas de algunos personajes pero que, a mí, algunas veces, o no les he encontrado la gracia o el supuesto sentido transcendente. Seguramente haya sido culpa mía por no haberlos entendido del todo, no lo sé. Otra cosa que no me ha gustado, y con lo que no creo haberme encontrado antes en sus novelas o, si acaso, en dosis muy pequeñas, es que aquí inserta capítulos enteros escritos en formato de guion de cine. He comprendido por qué lo hace, pero su lectura me ha resultado algo incómoda y me ha generado cierta sensación de relleno de espacio, con muchas líneas sobrantes. Si a eso unimos que la historia se cuenta en bastantes más líneas de las que creo que le hubieran hecho falta y añadimos lo explicado de las diferentes reiteraciones, etc. Da la impresión de que el autor, en cierta medida, ha pretendido dar valor en peso a su última obra, algo que realmente no suele hacerle falta. Por cierto, lo de contar películas (reales o imaginadas) en sus novelas, es un recurso que Irving acostumbra a utilizar, lo mismo que otras veces lo que cuenta son libros o partes de ellos (también reales o imaginados por él).

Pero ¿y qué pasa con el esquí? Pues que hay mucho. No descripciones de acción y técnica, pero sí de localizaciones, oficios específicos, geografías, datos históricos, esquiadores famosos reales, otros ficticios de gran interés, etc. En el texto queda demostrado que Irving sabe de lo que escribe y controla muy bien la historia del esquí. La estadounidense y la europea. Así como muchos de los pormenores cotidianos con los que los practicantes nos encontramos (y nos hemos ido encontrando a lo largo de los años) yendo a esquiar.

La mayor parte de las situaciones de esquí de la novela se ubican en Aspen y en estaciones de Nueva Inglaterra. De las segundas, Bromley Mountain es la estación que mayor presencia tiene en la novela. En realidad, casi más que Aspen. También se mencionan Stratton, Stowe y Cranmore Mountain, pero es que en Bromley pasan muchas cosas a lo largo de toda la trama. Aspen, por su parte, cobra algo de protagonismo al principio del relato y, sobre todo, al final. Lo hace en las pistas (en realidad más en los remontes) y, por encima de todo, en el Hotel Jerome. Pero también hay referencias a estaciones europeas. Más allá de las mencionadas, que son varias, todo un capítulo sucede en Wengen, la cual describe bastante bien. Especialmente sus trenes de cremallera.

John Irving y el esquí

Plano de pistas de Bromley Mountain. (Imagen: bromley.com).

 

John Irving y el esquí

Exterior del Hotel Jerome en Aspen. (Imagen: destinia.com).

 

John Irving y el esquí

Un salón del Hotel Jerome. (Imagen: aubergeresorts.com).

 

John Irving y el esquí

Tren cremallera ascendiendo en verano por mitad de las pistas de Wengen. (Imagen propia).

 

John Irving y el esquí

Tren cremallera, procedente de Wengen, a punto de llegar a la estación situada bajo el espectacular paredón del Eiger. Algo pasa en uno de estos trenes, en plena temporada de esquí, en la novela de Irving. (Imagen propia).

 

El reparto incorpora competidores de esquí, monitores, pisteros, etc. Más mujeres que hombres. También dos primos (niña y niño) que hacen todo lo posible, premeditadamente, para no aprender a esquiar. Hay dos hombres, hermanos y noruegos, que practican telemark y que protagonizan unos hechos basados en una situación histórica muy bien contextualizada. Ambos son contratados por parte del ejército de los EEUU para impartir clases de esquí a los soldados acuartelados en las montañas de Colorado, cuando se creó la 10ª División de Montaña. Aquello fue parte importante ¡real! del posterior desarrollo del esquí comercial norteamericano (eso es algo que aprendí en Vail), e Irving da buena e informada cuenta de ello, así como de las acciones que dicha división protagonizó en Italia en los montes Belvedere y Gorgolesco.

En resumidas cuentas, Irving nos plantea una extensa novela ambientada en la historia contemporánea americana, en la que la política y el ambiente esquiador sirven de escenario para un amplio cúmulo de relaciones afectivas y familiares complejas, probablemente, pues siempre lo ha reconocido, muy próximas a su propia existencia real. El deporte de la lucha, el contar películas inventadas, las neuras propias de los escritores, las relaciones sexuales, la mezcolanza de personajes reales y de ficción, etc. vuelven a aparecer, ratificando que se trata de temas recurrentes en su vida y en su obra. Guste o no, estamos ante una novela que podemos considerar, además de muchas otras cosas, de esquí.

2 Comentarios Escribe tu comentario

  • #1
    Fecha comentario:
    17/05/2024 10:19
    #1
    :+: te felicito por este report de uno de mis autores preferidos, aunque te confieso que en las novelas de él que que he leído: el Mundo según Garp, el Hotel de New Hamsphire, Principes de Maine.., como bien indicas siempre transcurrían en Maine y no recuerdo que saliera ninguna referencia al esquí, pero no dudes que comprare esta. Gracias ;)

    karma del mensaje: 13 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #2
    Fecha comentario:
    17/05/2024 13:37
    #2
    Menudo trabajado. No he leído a este autor pero tendré que hacerlo

    karma del mensaje: 13 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!

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