Arte en Vail

Arte en Vail
"Vail lights" por Topher Straus
Además de un esquí estupendo, Vail ofrece mucho más. Entre otras cosas, una sorprendente pujanza y oferta artística, promovida a través de tres estrategias de gran interés. Artes plásticas en general y con especial concreción en las montañas, el esquí, la nieve y el "western".

Cuando a primeros de marzo de 2024 pasé unos días esquiando en Vail, hubo un asunto que me llamó poderosamente la atención. Una más que notable presencia de obras de arte. Arte en forma de murales y esculturas en sus calles. Y arte expuesto en una inusitada proliferación de galerías en su núcleo urbano.

Lo primero, lógicamente, sugería pensar que debería de haber alguna acción promotora por detrás, pues eran muchas las piezas dispuestas a lo largo de todo el territorio urbanizado, y muchas de ellas de artistas de prestigio. Lo segundo, pudiera estar simplemente justificado por el hecho de ser Vail un destino atractor de un público de elevado (o elevadísimo) poder adquisitivo, y propenso, tal vez, a cierta sensibilidad artística o, puede que, en algunos casos, a una pretendida demostración de estatus socioeconómico a través de la adquisición y exhibición privada de obras de arte. Lo digo porque tales galerías eran negocios privados dirigidos al público, con vocación de vender y obtener beneficios y rentabilidad a través del mercado del arte, algo que, si bien existe en cualquier ciudad de tamaño grande o mediano, proporcionalmente, parece muy descompensado al alza para el caso de Vail. Puede que la explicación, al menos parcialmente, vaya por ahí, pues alguno de los galeristas me aseguró que en Aspen ocurre algo similar, que hay muchas galerías de arte con contenido de gran valor. En cualquier caso, entre unas cosas y otras, y sea por las razones que sea, en Vail se respira arte por toda su atmósfera, y un buen aficionado a ello puede disfrutar mucho paseando, descubriéndolo en numerosos rincones, así como tomándose su tiempo para visitar algunas de sus flamantes galerías.

A lo largo de la historia de Vail, sus diferentes promotores (personas o entidades), que han sido muchos, han demostrado mantener un constante empeño y actitud emprendedora en avanzar, ampliar y destacarse no únicamente en cuestiones de esquí (servicios, destino, pistas, remontes, hostelería, organización de campeonatos, etc.), sino también en el desarrollo de otras facetas complementarias que fortalezcan el destino, las localidades del entorno y la comunidad. En ello han tocado muchos palos: la medicina de prestigio, la educación, la conservación medioambiental, una escuela de liderazgo, la organización de foros económicos, políticos y de desarrollo, etc. También eventos artísticos de danza y diversos tipos de música. En definitiva, que los hechos, históricos y actuales, demuestran que estamos ante un caso de actitud proactiva en múltiples frentes. Y el arte, centrando la mirada en lo que podríamos denominar artes plásticas (pintura, escultura, fotografía…) es uno de esos frentes.

Voy a tartar de presentar una muestra, medianamente organizada, de esto último: la vocación de Vail (sin olvidar Beaver Creek) hacia el disfrute de las artes plásticas. Y lo voy a hacer desarrollando tres tipos de acciones diferentes: el Festival de Arte de Vail, su Arte en las Calles y un repaso de algunas de sus galerías, con ejemplos de las obras expuestas en ellas.

Del Vail Arts Festival sé bien poco, por lo que será a lo que menos atienda. De hecho, no lo he vivido, pues se celebra (o celebraba) a lo largo de tres días de cada verano. Cuando me disponía a escribir este artículo me puse a indagar para ver si encontraba alguna pista que me pudiera aclarar o justificar la evidente vocación artística de Vail. Y me encontré con numerosas referencias a este festival. El problema es que llegué tarde, porque parece que dicho festival, al menos tal y como se le entendía a lo largo de sus aproximadas tres décadas de vida, había llegado a su fin, o, quizás, a una metamorfosis. Y es que, en su página oficial de Internet, me topé con el siguiente mensaje:

«Tras 24 grandes años, Eagle Valley Events, Inc. No continuará produciendo el Vail Arts Festival. Nuestro equipo agradece a la ciudad de Vail y a Arrabelle en Vail Square todos los años de apoyo.

¡Deseamos a todos los artistas que han participado a lo largo de estos años lo mejor para una exitosa temporada del Festival!». (vailartsfestival.com).

Sin más explicaciones ni información a la vista, al encontrarme con esto pensé que el certamen habría muerto por inanición (falta de fondos), hartazgo del equipo organizador o desavenencias entre las partes (municipio, promotores, etc.). Pero, como soy de los que procuran contrastar a través de la búsqueda de más de una fuente de información, me encontré con que el Festival, de algún otro modo, sí se iba a celebrar en 2024, pero con algunos cambios aparentes. Para empezar su denominación, que pasa a ser Vail Fine Arts. Otro cambio importante es que, cuando lo busqué (todavía marzo de 2024) el certamen no tenía todavía página web propia, sino un texto informativo poco atractivo, ubicado en un descontextualizado portal dedicado a incorporar fechas de eventos. Está convocado en Lion’s Head, aunque me ha parecido comprobar que mantiene una estructura y procedimiento similar en cuanto a las normas de exhibición, de aplicación para ser seleccionado, jurado, etc. Y es que se inicia con una fase de proceso selectivo telemático del que un jurado escoge la obra de 60 artistas, que posteriormente la exhibirán en las calles, al aire libre, durante las tres jornadas que dura el evento. Si todo va bien, 2024 será la 40ª edición. Ignoro si la podrán cuantificar como tal o, a causa de los mencionados cambios, tenga que reiniciarse la cuenta de nuevo. En todo caso, el asunto, como tal, organizado por sus pioneros, por el equipo que lo continuó durante las siguientes 24 ediciones o por el nuevo, se habrá celebrado la friolera de cuatro décadas. Todo un logro.

La vocación del certamen es múltiple: dinamizar la escena cultural del resort en verano; fomentar el arte a nivel de creadores y de público; descubrir artistas emergentes; dar oportunidades al talento no consagrado… y seguro que se me escapan algunos objetivos más. Como soy algo curioso, y el arte me gusta, di con un enlace en el que aparecían los 60 seleccionados de la edición de 2023. Revisando una única y pequeña muestra del trabajo de cada uno de ellos, escogí los cuatro que más me llamaron la atención (positivamente) e indagué más profundamente en su obra. He aquí un pequeño resumen crítico de la misma. Antes una advertencia: no he visto sus obras en realidad, sino a través de Internet, y eso es algo que cambia mucho las cosas. Hay obras que mejoran mucho al natural, y otras, al contrario. Esto ocurre porque es muy distinto conocer las medidas que encontrarse con ellas; percibir su acabado real (brillo, consistencia, etc.) que recibirlo transferido a píxeles; y, por último, está la cuestión de las texturas, algo clave en la impresión que nos causa la obra gráfica real.

Uno de aquellos cuatro fue Michael Mckee, que se dedica, preferentemente, a pintar paisajes de naturaleza. Me fijé en su obra porque la web del festival del año pasado la destacaba sobre los demás (aunque sin aclarar el motivo). Sus paisajes muestran estampas típicas de las Rocosas, el Monte Denali y algunos parajes emblemáticos de los EEUU, aunque la mayoría de las veces sin concretar el lugar preciso. También hay presencia o protagonismo total de aspens en otros. Tengo que decir que sus cuadros no me entusiasman. Su afán por la búsqueda y resalte del colorido se me hace algo excesiva. Pero esto es arte… para gusto se hicieron, nunca mejor dicho, en este caso, los colores.

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Dos pinturas de Michael Mckee. Arriba: “Front Range in blue”; debajo: “Green Mountain Aspen”. (Montaje propio a partir de muestras de michaelmckeegallery.com).

Jessica Wright pinta, fundamentalmente, árboles. Me gusta mucho porque en algunos cuadros se toma ciertas libertades de expresión en cuanto a luces y encuadres. Combina obras de perspectivas clásicas, con otras pintadas desde ángulos poco convencionales. Plantea trabajos a plena luz, nocturnos y de momentos límite entre el día y la noche.

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Un ejemplo pintado desde un ángulo cercano al suelo: “Snow perspective Beaver Creek”, por Jessica Wright. La imagen refleja cierto detalle de interés: aquellos bosques son esquiables por su interior. (Imagen: jessicawrightpaintings.com).

 

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Aquí una mirada desde quien pasea por un bosque y levanta la cabeza hacia arriba en pleno otoño: “Fall in Beaver Creek”. (Imagen: jessicawrightpaintings.com).

 

La historia pictórica de los EEUU, a pesar de ser corta si la comparamos con la europea, posee alguna que otra temática recurrente que tal vez podríamos considerar como género. Me refiero al paisajismo de frontera (de espacios naturales salvajes o en vías de conquista), que suele incluir cierto costumbrismo western y estampas de los nativos americanos. Douglas Wodark incorpora todas estas temáticas a su obra. Así que me gusta, porque tales contenidos siempre me han agradado. De hecho, algunos de los más reconocidos pintores de la historia del arte norteamericana están entre mis favoritos porque utilizaron su talento artístico al servicio de esos motivos. Suele ser habitual que los que, además de paisajes de ese entorno, se animen a retratar personas en sus estampas, también incorporen fauna a su repertorio. Él trabaja mucho en diferentes versiones del blanco y negro. A ver si me explico: algunas de sus pinturas recuerdan a fotografías que hubieran sido tomadas en blanco y negro, resultando en escala de grises normal, o con virados en sepia, azules, etc. También nos ofrece color, pero creo que en menor número de ocasiones.

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Tres muestras de temática “western” a cargo de Douglas Wodark. La de la esquina superior derecha sirve de ejemplo de “blanco y negro virado en sepia”. (Imagen: montaje propio a partir de imágenes de douglaswodark.com).

 

Y, por último, decidí incluir a Bill Varner en esta selección porque su propuesta, claramente más inclinada hacia las artes gráficas sintéticas que hacia la pintura tradicional, incluye, entre otros temas, esquiadores. No está, de hecho, entre mis pintores favoritos de esquí, pero estar está, se dedica a ello, así que incluyo aquí alguno de sus trabajos.

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Algunos ejemplos del trabajo de Bill Varner. La imagen de la izquierda abajo requiere cierta explicación. El fondo gris que apreciamos se debe a que en la realidad su acabado es sobre plancha de aluminio por lo que deberíamos imaginar un aspecto metálico. (Imagen: montaje propio a partir de muestras de billvarnerimages.com).

 

Más elocuente me parece la segunda de las iniciativas que he seleccionado de Vail en cuanto a su actitud e iniciativa con respecto al arte. Es la que tiene que ver con la abundancia de obras de intemperie en sus calles. Y digo elocuente por dos motivos principales. Primero, porque hay abundancia expositiva y, en mi modesta opinión, bastante calidad en algunas piezas. Segundo, porque está a disposición de todos los visitantes en cualquier fecha, lo cual permite que los esquiadores eventuales podamos admirar los trabajos en pleno invierno. Tengo la impresión de que tan rica propuesta de arte permanente en el exterior obedece a dos intenciones sinérgicas. Una procedente de las autoridades y/o organismos que se dedican a promover Vail, Beaver Creek, Avon… en definitiva, lo que ellos llaman el valle o el Eagle Council. La otra, quizás como consecuencia de la anterior, que son varias las galerías que se animan a colocar piezas de escultura de alguno de los artistas de sus catálogos, en el exterior, en las inmediaciones de sus locales. Merece la pena hacer referencia a la primera de estas, supuestas, explicaciones.

Existe una estrategia denominada Art In Vail Program y, dentro de ella, nos encontramos con la acción Art In Public Places (AIPP) (arte en espacios públicos). Quién mejor que ellos para tratar de explicarnos de qué va:

«Arte en espacios públicos se complace en desvelar un plan estratégico de cinco años que delinea un nuevo paquete de objetivos para el programa que fue oficialmente adoptado por el ayuntamiento de la ciudad de Vail en noviembre de 2023.

El AIPP de la ciudad de Vail crea una diversa e importante experiencia en arte público para enganchar a la comunidad y acrecentar la vitalidad cultural de Vail.

El programa está bajo la dirección de un cuerpo de cinco miembros que se reúnen mensualmente para conversar sobre los proyectos y dirección del AIPP. Miembros del público son animados a acudir a las reuniones, las cuales son celebradas en la cámara del ayuntamiento de la ciudad de Vail los primeros lunes de cada mes». (discovervail.com, traducción propia).

El plan se inició en 1992. Hasta ahora ha generado una colección de unas setenta obras de diferentes artistas. He revisado un catálogo que tienen publicado en internet mediante un mapa interactivo, en el que he podido ver muchas de las obras, pero en el que he echado en falta algunas otras que me llamaron bastante más la atención durante mis paseos. Ignoro la causa. Como en cualquier colección artística, haber hay de todo. Algunas me gustan mucho, otras me dejan indiferente y unas pocas me decepcionan. En cualquier caso, me gusta la escultura a pie de calle, a pesar de que conozco a alguna persona que la aborrece.

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Mural: “The worst crew” en Lion’s Head Parking structure, por Pedro Barrios y Jaime Molina, para el Mural Program. (Imagen: vail.gov).

 

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Mural: “Chain Gang” en el Centro de Transporte de Vail Village, por Dustin Zentz, para el Mural Program. (Imagen: vail.gov).

 

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Escultura: “We are all building nests”, de Jason Middlebrook, situada próxima al Centro de Transporte de Vail Village. (Imagen: vail.gov).

 

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Escultura de un alce en bronce. La vi paseando, pero no recuerdo su autoría. (Imagen: pixabay.com).

 

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Creo haber entendido que otro evento dinamizador del arte en Vail es un concurso de esculturas de hielo. En una calle a orillas del río que atraviesa el centro de la localidad, vimos un par de estatuas de hielo de gran tamaño. Luego hablaré del asunto de las “reminiscencias, inspiraciones…” en el arte. Aquí adelanto que al ver sendas propuestas, inevitablemente, me acordé del trabajo de Jaume Plensa (salvando las distancias...). (Imagen propia).

 

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Por dónde está erigida (en la principal zona de partida de varios remontes y punto final de llegada de muchas pistas) y por su magnífico dinamismo, plasticidad y clarividencia técnica a la hora de representar un viraje moderno (carving) a alta velocidad, esta escultura podemos considerarla como todo un icono en Vail. (Imagen propia).

 

Abordo la tercera y última oferta de arte de las que introduje al principio de este artículo, la relativa a las galerías. El listado de establecimientos especializados en arte en la localidad es de catorce, pero dentro del mismo figuran varias joyerías o galerías preferentemente dedicadas a ese tipo de trabajos. No hablaré de ellas porque no es un área que me interese. Tampoco las de minerales, cristalería, fósiles y cerámica. Tras sendas reducciones, todavía quedan varias centradas en lo que antes he denominado artes plásticas (fundamentalmente pintura, fotografía y escultura) y de ellas, visité cuatro. Voy dando cuenta de estas por orden de visita.

Empecé por Vail Village Arts. Quizás por ser la primera que visité, me sentí algo cohibido y traté de recorrer su oferta con la mayor discreción posible. Tenía mucha variedad de propuestas, así que las percibí con muy diferentes niveles de agrado. Si hacemos caso a su publicidad, la galería tiene sedes en Vail y en Aspen, ambos, destinos turísticos de lujo. Y su oferta comprende la Vickers Collection, exhibiendo muestra de la obra de sus artistas en sendos resorts. De entre lo que me gustó, puedo señalar las imágenes elaboradas por Brenda Bogart. Son preferentemente de animales, y están elaboradas mediante una técnica de composición a base de múltiples imágenes pequeñas y mucho colorido. Ella suele recoger mucho material de la calle cuando pasea con su marido y su perro. La propuesta es colorida y plantea, como mínimo, dos atentas miradas: la de conjunto, y la de los pequeños detalles que lo componen.

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Dos obras de Brenda Bogart. Arriba: “Flying Owl 3”; debajo: “Maloy”. (Imagen: montaje propio a partir de muestras de vickerscollection.com).

 

La galería representa (o comercializa) obras de varios artistas cuyos trabajos no pudieron evitar que recordara a otros de artistas más famosos o cronológicamente anteriores. No estoy hablando de imitación, pero sí, a mi entender, de sana pero evidente influencia. Por ejemplo, Dale Rogers construye esculturas de animales generosas en su volumetría, pero diseñadas a base de triángulos, de modo que la forma del animal se encuentra a caballo entre una figura natural y otra geométrica. Vi dos de sus trabajos en las calles de Vail, un perro y un oso, uno de ellos situado muy próximo al exterior de la galería. No critico el resultado, pero a mí no me llega. Afortunadamente, las estatuas están hechas en hierro y sin pintar, por lo que se van oxidando con el tiempo, ganando una tonalidad parduzca o rojiza. Lo digo porque ese acabado me agrada y porque, de haber sido pintadas con diferentes colores simples y llamativos, asignados a distintos triángulos, el resultado se hubiera parecido demasiado a un artista muy mediático de mi tierra, cuyo trabajo no me aporta nada.

Las esculturas de Giacometti me vinieron a la mente al contemplar el trabajo de Jim Budish. Hace figuras extremadamente delgadas y longilíneas en bronce. Las humanas no me entusiasman, y tampoco algunos de sus animales, aunque reconozco que me enamoré de sus alces y perros. Cada modelo lo ofrece en diferentes tamaños, es cuestión de lo que uno se quiera gastar. En este caso yo aplico lo de… ande o no ande, caballo grande. Los de gran tamaño resultaban mucho más vistosos.

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Dos magníficos ejemplos del trabajo de Jim Budish. Ambos hay que imaginárselos en gran tamaño. Izquierda “Baily 58 pulgadas”; derecha: “Moose 71 y 54 pulgadas”. (Montaje propio a partir de muestras de vickerscollection.com).

 

Más influencias (o coincidencias francamente próximas). Hooey Wilks realiza fotografías en color de temática esquiadora. Para ello, coloca figuras de esquiadores de juguete de los años treinta y cuarenta sobre nieve real, componiendo paisajes exteriores de nieve, con aire ligeramente vintage. Lo hace a todo color y con una técnica que combina algo de paisajismo y casi macrofotografía. El resultado me gusta mucho. A lo que me recuerda, inevitablemente, es a la obra que el fotógrafo Ciuco Gutiérrez desarrollaba en los años ochenta y noventa en España. Él no se centraba en el esquí, y tampoco trabajaba en exteriores, pero utilizaba muchos juguetes y figuras, componiendo escenas con mensaje y ambiente, fotografiadas con mucha proximidad y trabajando la profundidad de campo y la iluminación. Lo sé bien porque vi varias exposiciones suyas en aquella época, y porque seguí un curso de fotografía artística impartido por él en el Aula de Fotografía de la Universidad de Cantabria.

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La “Movida Madrileña” fue una explosión artística urbana y transgresora que transformó la cultura española y que se desarrolló, preferentemente, durante la década de los ochenta. Su influencia abarcó diversos tipos de expresiones artísticas más allá de la música, que fue por la que más popular se hizo. En el ámbito de la fotografía destacaron autores como Alberto García-Alix (retratando en blanco y negro personajes y ambientes del circuito musical, la noche, etc.), Ouka Leele (fotógrafa que “coloreaba” sus trabajos, retrataba y creaba composiciones corales o a base de rompedoras incorporaciones de objetos) y, como es aquí el caso, Ciuco Gutiérrez. Aquí vemos seis ejemplos de su trabajo de entonces. Los tres de arriba nos muestran “paisajes” construidos artificialmente con “juguetes”. Los dos de la izquierda, además, utilizan el desnudo femenino parcial para componer el paisaje (hay toda una serie de ejemplos de ello en su web). Los tres de debajo recrean escenas con potente iconografía folclórica española. De hecho, los dos de la derecha se titulan “Spain is indiferent I y II” respectivamente. Recuperar simbología procedente de la cultura peninsular popular, algo denostada en aquel momento en nuestro país, fue algo en lo que coincidieron algunos otros artistas de diferentes disciplinas durante aquel movimiento cultural. Ejemplos de ello los encontramos en la filmografía de Pedro Almodovar, así como en algunas canciones de Gabinete Caligari. (Imagen: montaje propio con muestras extraídas del catálogo Ciuco Gutiérrez “Fotografías 1983-1989” y de ciucogutierrez.com).

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Dos imágenes de Hooey Wilks, incluso en sus ambientaciones parece respirarse cierto aire vintage. Alguien esquía en nieve virgen, sin remontes a la vista (izquierda); un grupo practica esquí de “randonnée” (derecha). “Blue sky moment” y “Art of the Backcountry”. (Imagen: montaje propio con muestras de vickersgallery.com).

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Otras dos de situaciones parecidas, pero en “plano” más corto. “Branching out” y “Lone skier”. (Imagen: montaje propio con muestras de vickersgallery.com).

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Imagen especialmente sugerente: el grupo de esquiadoras parece relamerse ante la inminente perspectiva de una bajada espectacular. “Lady selfies”. (Imagen: montaje propio con muestras de vickersgallery.com).

Por último, en este caso sin reminiscencias de influencia, traigo a colación a Aileen Frick porque elabora escenas de esquí, y de lugares en los que se practica, aunque ocasionalmente los muestre en verano. Su técnica es mixta, combinando pintura con collage. No recuerdo en este momento si vi alguna de sus obras en mi visita a la galería o no, en cualquier caso, propongo una muestra.

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“Spring forward”, obra de Aileen Frick con temática de esquí. (Imagen: vickersgallery.com).

Quien regentaba en ese momento la galería, un hombre joven, se me acercó al verme admirando los perros de Buddish, y me empezó a hablar de sus opciones de tamaño. Entre que mi comprensión oral estaba bastante desentrenada en aquel momento, y que su velocidad de palabra superaba mi capacidad de asimilación, no me atreví a establecer con él una conversación de cierta profundidad, aunque hubiera sido interesante hacerlo.

A muy poco tiempo caminando por la calle principal de Vail, a la misma mano, llegué a Gib Singleton Gallery y me quedé impresionado. Sus esfuerzos expositivos estaban centrados únicamente en dos artistas, pero ¡qué artistas! Un escultor y un fotógrafo. Ambos me parecieron excelentes. El escultor, Gib Singleton, es el que da nombre a la galería. Ignoro si porque fuera él quien la fundara, antes de fallecer en 2014. El talento de Singleton es mundialmente reconocido y está expuesto en varios museos y espacios relevantes. Su trabajo se materializa en bronce, con esculturas de diferentes tamaños. En la galería pude admirar obras de pequeño formato (desde unos 30cm de altura) hasta piezas de figuras humanas a tamaño natural. Sin ir más lejos, una de ellas, un cowboy, estaba plantada en el exterior de la galería. Su obra se dedicó a dos grandes temas fundamentales: el lejano oeste (el western) y el universo bíblico, espiritual y santoral, aunque también pude ver un Quijote, y pueda haber realizado algunas otras obras fuera de sus dos prioridades. Su estilo es tremendamente elocuente, con figuras delgadas y un acabado muy rugoso. Trabaja muchísimo la expresividad y, cuando lo considera necesario, la contorsión postural de las figuras. El resultado es siempre impactante. De vez en cuando hay artistas que me hacen anhelar cierto nivel de riqueza. La suficiente como para poder disfrutar de una mansión de mi gusto, y espaciosa, en la que tuvieran cabida algunas obras de arte. Si así fuera (que no es el caso), algún vaquero (o nativo americano) de Singleton encontraría su sitio allí.

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En la galería tenían juntas y reunidas cuatro esculturas a escala (aproximada) 1:1 de los miembros de la patrulla de Wyatt Erlp: él mismo, sus hermanos Virgil y Morgan, y Doc Holliday. Cada espectador puede “querer encontrar” parecidos con los legendarios personajes reales, o con los actores que los interpretaron (Kurt Russell, Sam Elliott, Bill Paxton y Val Kilmer, respectivamente) en la película “Tombstone”. Puede apreciarse que, a pesar de la oscuridad preponderante, las esculturas presentan cierto leve colorido. La galerista me explicó que el artista lo provocaba con cierta imprimación que generaba una pátina de color resistente a la intemperie. (Imagen: montaje propio con muestras de gibsingletongallery.com).

 

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Aquí dos muestras de pequeño tamaño (aunque en alguna calle hay una versión de gran tamaño de la del “Pony Express”). Ambas resultan impresionantes a la vista cuando son contempladas en la realidad. Las fotografías, lamentablemente, no son capaces de expresar el magnífico trabajo de los originales. (Imagen: montaje propio con imágenes de gibsingletongallery.com).

 

Como muestra de su reconocimiento internacional, inserto aquí (bajo traducción propia) unos párrafos de la galería sobre cierto trabajo suyo que creo que todos, sin saberlo, conocemos.

«Después del instituto, Gib sirvió en la armada de los EEUU, pasó por un college, ganó una beca para el Chicago Art Institute y entonces logró una Fulbright Fellowship para restaurar arte del Renacimiento en Europa. Jacqueline Kennedy requirió sus servicios como artista representante de los EEUU para la restauración de arte dañado en Florencia por inundaciones. Estudió en la Accademia di Belle Arti en Florencia, y posteriormente fue reclutado por los talleres del Vaticano. Tras haber estado trabajando allí, asistió en la restauración de la Piedad de Miguel Ángel, cuando sufrió vandalismo en 1972.

A pesar de sus muchos años produciendo arte western, Singleton es, quizás, mejor conocido por sus trabajos religiosos. La cruz encorvada que desarrolló mientras todavía era un niño en Missouri y aparece en muchos de sus trabajos atrapó la mirada del Papa Juan Pablo II, quien le pidió poder utilizarla como remate en lo alto de su báculo. El báculo ha ido pasando a manos de los Papas Benedicto XVI y Francisco. […]». (gibsingletongallery.com)

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Imagen de Juan Pablo II con el citado báculo. (Imagen: gibsingletongallery.com).

El otro artista que me impresionó fue el fotógrafo escocés David Yarrow. Presenta obras de gran formato y de una nitidez exquisita. Tanto en color como en blanco y negro. De lo que pude ver por allí, tenía varias temáticas preferentes: escenas de western; composiciones que reunían jóvenes mujeres hermosas con animales salvajes… en bares del viejo oeste, en poblados del viejo oeste, en coches clásicos de ensueño, etc.; también escenas de exteriores western con indios, cowboys, carretas, ferrocarril, petróleo, etc.; y espectaculares fotografías de fauna. Bastantes de esos temas enriquecidos con cierto toque de relato (storytelling) en la composición, sugiriendo mucho al espectador. En todo caso, unas imágenes espectaculares. Además, unos videos mostraban algunos entresijos de su forma de trabajar, como por ejemplo, que los animales salvajes están vivos cuando él toma las fotos. Yarrow ha trabajado para el London Times, con estrellas de Hollywood, durante el Mundial de fútbol de México, en Juegos Olímpicos, etc. Gran parte de su obra la ha donado con fines benéficos, alcanzado unas cotas de recaudación muy elevadas. Aquí voy a tratar de mostrar algunos de sus trabajos. Escoger es imposible porque tiene imágenes increíbles y maravillosas. He pretendido ejemplificar algunos temas, pero recomiendo encarecidamente tomarse tiempo para visitar lo expuesto de él en la web: https://www.gibsingletongallery.com/artists/34-david-yarrow/ Si os gusta la fotografía, vais a alucinar.

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Comienzo este “muestrario” del trabajo de David Yarrow con tres montajes en los que los coches acaparan parte del protagonismo. Aquí aparecen un Cadillac descapotable rojo (muy similar al que tuvo Hunter S. Thompson en Aspen), una furgoneta Volkswagen y un Porsche 911. Que los coches que logran pasar a la historia como objetos de culto se incorporen como materia de exhibición artística no debería sorprendernos. Eso es lo que recientemente hicieron con ellos el Museo Guggenheim y Norman Foster, generando la exposición “Motion. Autos Art Architecture”, que cosechó un éxito de visitas descomunal. En aquella también aparecía un Cadillac descapotable rojo algo más antiguo, una miniván Volkswagen Type 2 Samba (del mismo color que la de la foto) y el Porsche 365 (predecesor de la serie 911). Estas fotografías de Yarrow se titulan: “1992”, “And the party never ends” y “Aspen 1973”. Si algún o alguna modelo les suena, estarán acertados, hay algo de famoseo entre quienes posan.  (Imagen: montaje propio con fotografías de gibsingletongallery.com/artists/34-david-yarrow/).

 

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Aquí aparecen (todos ellos en blanco y negro) un Chevrolet Impala (arriba), un Ferrari (abajo) y un irónico guiño a “007” a través de un Aston-Martin DB5 (también hubo un ejemplar en “Motion”). Títulos: “Sangri La”, “James?” (sí ¡por supuesto! esa está tomada en el Furka Pass), “Planes, trains and automobiles”.(Imagen: montaje propio con fotografías de gibsingletongallery.com/artists/34-david-yarrow/).

 

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Intercalo un par de fotografías que pueden ayudarnos a establecer vínculos artísticos y conceptuales. En “Motion”, Foster dedicó una sala (y un capítulo del catálogo) a la cultura automovilística de los EEUU. La denominó “Americana”. En ella incluyó, entre otras obras y varios automóviles, un par de fotos de evidente estilo norteamericano de los años cincuenta. Las he colocado aquí juntas. Arriba: “Tren de vapor viajando hacia el este, Loeger, Virginia Occidental” de O. Winston Link en 1956; y debajo: “Wyoming (Ferrocarril y automóvil)” de Elliot Erwitt en 1954. Una reúne tren y automóvil, la otra añade un avión. ¿Casualidad u homenaje de un fotógrafo contemporáneo a artistas del pasado? Probablemente ni una cosa ni otra, sino esencia conceptual o cultural de lo que Foster denominaba “Americana”. (Imagen: montaje propio con fotografías procedentes de es.artprice.com y Guggenheim-bilbao.es).

 

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Doy fin a la serie “automovilística” con dos ejemplares de “pedigrí”: Mercedes 300 SL Coupe “alas de gaviota” (también presente en “Motion”) y un Ferrari Testarossa. Títulos: “Code red” y “Testarossa”. Lo de los coches icónicos y los artistas se repitió con el Mercedes en el caso de Andy Warhol, quien también le dedicó alguna obra. Yarrow, por cierto, tiene una larga serie de fotografías dedicadas a varias estaciones de esquí de los EEUU y Europa. Tres de las anteriores y la de aquí arriba (que le corresponde a Vail) son algunas de ellas. (Imagen: montaje propio con fotografías de gibsingletongallery.com/artists/34-david-yarrow/).

 

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Dentro del “género western” Yarrow alterna la acción con los paisajes sublimes e imágenes de gran “ambiente”. Aquí uno de sus “cowboys” en acción. “Ain’t my first rodeo” y “Black gold”. (Imagen: montaje propio con fotografías de gibsingletongallery.com/artists/34-david-yarrow/).

 

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Un ejemplo de la incorporación a animales a sus escenas, y otro de interior de bar. “A Dallas cowboy” y “Tennessee whiskey”. (Imagen: montaje propio con fotografías de gibsingletongallery.com/artists/34-david-yarrow/).

 

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En “The Gold Digger Saloon” encontramos varios “factores comunes” habituales en Yarrow: mujeres hermosas, animales salvajes sueltos, paisanaje “western”, grandes espacios, un vehículo icónico y un “saloon”. No parece algo típico en él reunir todo ello, por eso la he escogido. Y si entre mis lectores hay algún fan de Tarantino, el lugar debería sonarle. (Imagen: gibsingletongallery.com/artists/34-david-yarrow/).

 

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Y, lógicamente, esta también había que incluirla. El título lo dice todo: “Cloud 9”. Es el nombre de una fantástica pista de esquí ubicada en los Back Bowls de Vail (los interesados pueden encontrar su descripción en el artículo de "Metiendo cantos" que le dediqué a Vail en marzo 2024). ¿Algo que ver con la nieve "champagne"? (Imagen: gibsingletongallery.com/artists/34-david-yarrow/).

 

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Finalizo con una fotografía de las que encontré en la galería y que me entusiasmó por su composición, nitidez, luz y todo lo que evoca. Merece un amplio salón para disfrutar de ella. Se titula “Outlaws”. Si algún lector decide visitar la web que he indicado y repasar todo el trabajo de Yarrow, que lo haga con calma extra porque la mayoría de las fotos tienen una historia que contrar, y parte de ella la incorpora el artista por escrito. ¡Hay muchas sorpresas!En cuanto a esta imagen, Yarrow reconoce que resultó complicadísima por las enormes dificultades que tuvieron los jinetes para colocar sus caballos en esos lugares y con nieve fresca. (Imagen: gibsingletongallery.com/artists/34-david-yarrow/).

 

Mi visita a la Gibson Gallery me llevó un buen rato. Me hubiera gustado que hubiera sido más porque lo allí expuesto me encantó. Como en aquel momento era el único visitante, me abordó una mujer llamada Lynnette que, con muy buenas intenciones, trató de explicarme muchas cosas sobre los dos artistas y su trabajo. Se la notaba sanamente orgullosa de ambos, algo que no me extraña, dado su talento. El único pero fue que hablaba demasiado rápido para mí, pero, aun así, me enteré de bastante, aunque eché de menos haber aportado algo por mi parte a la conversación. Lamentablemente, mis limitaciones de equipaje (aquello fue en medio de un viaje por tres ciudades americanas, dos estaciones de esquí y dos países) me impidieron comprarme un gran libro editado con parte de la obra del fotógrafo. Desde aquí agradezco las atenciones de Lynnette y felicito a la galería por su pareja de artistas, ambos me parecieron magníficos.

La Gallería Raitman la visité acompañado y mientras esperábamos un aviso de que ya tendríamos mesa en un restaurante. Tenía bastante espacio de exposición y muestra de un amplio conjunto de artistas. Había de todo un poco, material que no me atraía, otro de cierto interés, y algunas que otras obras que me gustaron bastante. El responsable de la galería (al menos quien estaba a su cargo en aquel momento) era un hombre de mediana edad, muy amable, de actitud relajada y nada invasivo. Supongo que responde al nombre de Rob, pues así figura en la tarjeta que me entregó. Nos invitó a deambular por sus dependencias a nuestro libre albedrío. Lo que más me interesó de lo que vi por allí fueron obras de Barak Rozenvain, que pinta grandes paisajes montañosos (ocasionalmente en trípticos); Jared Hankins, también paisajista de montañas; los arbolados de Rober Moore (quien, por cierto, pinta con ambas manos simultáneamente); los rincones y paisajes nevados de su hijo Robbie Moore; los perros esculpidos de Marty Goldstein (escultor de vocación tardía, sus perros de bronce muy satinado y pulido tienen aspecto de dibujos animados materializados); y Michael Rozenvain, ucraniano residente en Canadá (y padre del anteriormente nombrado pintor de montañas) que se dedica, entre otros temas, a pintar esquiadores en acción.

Arte en Vail

Tríptico de Barak Rozenvain, probablemente el que vi allí. “A view of a life time”. (Imagen: raitmanart.com).

 

Arte en Vail

Temática de esquí en “Powder power” de Michael Rozenvain. (Imagen: raitmanart.com).

 

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“Holy Cross over Vail” de Jared Hankins. (Imagen: raitmanart.com).

 

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“Sylvester” por Marty Goldstein. (Imagen: raitmanart.com).

Finalmente, el día que me marchaba de Vail, después de haber esquiado, haberme duchado y con todo el equipaje preparado, mientras hacía tiempo hasta la hora del transporte, visité la Vail International Gallery. Lo expuesto entonces a su entrada me dejó un poco acobardado porque había un par de propuestas muy alejadas de mis gustos y, de paso, escandalosamente ostentosas, en el sentido de parecer declarar una explícita adoración al lujo. En una pared se exhibía una especie de tabla de surf motorizada (por combustión). Su aspecto podría sugerir lo que hipotéticamente hubiera podido diseñar George Lucas de haber introducido tablas de surf en su serie cinematográfica de la Guerra de las Galaxias. El trabajo era de Bates Wilson, y no va por él lo que he escrito sobre el lujo, sino porque, nada más entrar, había una llamativa mesa de cristal cuyo enorme y único pie era un motor de Porsche, sacado brillo y con las culatas y algunas otras piezas cromadas en oro. ¿Obra o mueble de la galería? Lo ignoro. ¿Autor? Tampoco lo sé. Por cierto, recuperado de la impresión causada por los artefactos, reparé de soslayo en una obra de Banksy, nada menos. Y es que en la gallería tienen mucho, variado y de renombre.

Enseguida me atendió un hombre llamado Patrick, que me resultó amabilísimo y dosificó perfectamente su labor informativa, sus atenciones y el saber darme tiempo y espacio para disfrutar por mi cuenta del arte. Además, cuestiones de acento y diversidad de voces, a él le entendía muy bien. Con él profundicé en tres artistas que me gustaron mucho. El espacio expositivo de la galería se reparte entre dos pisos y una tercera sala a la que se accede a través de un patio exterior. Voy con los artistas, que, además, si nos empeñamos en ello, guardan alguna que otra relación con el esquí y con Colorado.

Carlo Trost nació en Montevideo, pero vive en Udine. Confecciona unos cuadros abstractos a base de piezas de madera, jugando con gamas de colores y dando forma a volúmenes que los convierten en bajorrelieves. Los hay de diferentes coloridos. Muchos son en gamas de azules. Alguno de los que vi allí, con tonalidades claramente evocadoras de la superficie del mar Mediterráneo. Otros juegan con gamas rojizas, ocres, marrones, etc. Contrastándose ligeramente con verdes o casi negras. Resulta muy interesante observar (en los cantos de los cuadros es donde mejor puede percibirse) que parte de la técnica que emplea se parece mucho al ensamblaje artesano de la madera laminada, técnica que fue clave, y prolongada, para la evolución tecnológica de los esquís. Pero, más allá de esa apreciación relacional, que es de mi cosecha, lo que sí es un hecho es que a Trost se le encargaron los trofeos de los Campeonatos del Mundo de Esquí Alpino celebrados en Vail en 2015. Y, desde luego, originalidad no le faltó al artista, pues concibió unos dorsales rígidos de polyester y resina, con las respectivas placas doradas, plateadas o de bronce.

Arte en Vail

“Moab” de Carlo Trost. (Imagen: vailgallery.com).

 

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Supongo que es el podio del Supergigante femenino: Tina Maze, Anna Fenninger y Lindsey Vonn. Las tres con sus trofeos en la mano. (Imagen: vailgallery.com).

 

Nacida en Manchester, pero habiendo vivido en África y Borneo, Sarah Winkler se siente apegada a la Tierra ¡y a la tierra! Lo que nos ofrece son espectaculares paisajes. No realistas, sino bajo su propia interpretación, la cual se centra en plantearnos una visión luminosa y bella de conjunto (una impresión, aunque muy alejada de lo que conocemos como impresionismo) y, simultáneamente, una dosis de geología artística mediante la utilización de material mineral recogido en la zona que está representando en cada cuadro. El resultado son imágenes de tamaño generoso, normalmente divididas en dos planos. Uno superior, de mayor tamaño, en el que aparece el paisaje visual. Otro debajo, menor, que, con la disculpa de un reflejo, un curso de agua o sin necesidad de justificación, nos da pistas sobre la evolución geológica de la tierra.

Arte en Vail

Explosión otoñal de los álamos en “Gorge Aspens” de Sarah Winkler. Se perciben perfectamente los dos "planos" horizontales: el paisaje y la "tierra" a sus pies. (Imagen: vailgallery.com).

 

Arte en Vail

Paisajes de Vail interpretados una vez más. “Vail Pass”, también por S. Winkler. (Imagen: vailgallery.com).

 

Finalizo con la obra de Topher Straus. Un primer cuadro suyo estaba colgado en una de las paredes que daban a la mesa motorizada de alto caballaje. Y, de inmediato, captó mi atención. Me olvidé de pistones y válvulas, y me sentí trasladado a un descenso en la nieve. Era un paisaje en acción que, desde mi personal punto de vista, me situó de inmediato como dando un amplio viraje carveado en una pista de cortafuegos de bosque, de pendiente ligera, perfectamente pisada y a gran velocidad. Luego lo explicaré sobre la imagen. Me encantó y, claro, en ese momento es cuando Patrick se debió dar cuenta de mi expresión facial de entusiasmo, y se animó a entablar conversación conmigo. Topher es de Colorado y se le nota. Por su afición a los espacios naturales, al esquí y por dirigir su trabajo artístico hacia la representación de montañas, acciones de esquí, parques nacionales, etc. Su obra hay que verla en realidad, porque es cuando irradia toda su luz, potencia visual e impacto perceptivo. Las imágenes de pantalla, como ya he comentado, tienden a ocultar algunos de los mejores atributos de muchos tipos de obras de arte. Su proceso de creación es bastante interesante. Lo inicia con una fotografía. Habitualmente procedente de una experiencia propia, otras veces de imágenes ajenas de algún lugar concreto. El siguiente paso es digital. Se sumerge en la imagen y la empieza a descomponer y recomponer como en fragmentos que trata coloreándolos, y montando una especie de puzle de colores, buscando la expresividad de la composición. La tercera fase consiste en sublimar la imagen sobre una lámina de aluminio. Es como imprimirla, solo que, con su método, se consigue que el aluminio se tiña a nivel molecular. El tratamiento finaliza aplicando una lustrosa resina que termina dando un acabado casi tan brillante como un espejo. Cómo mínimo, la imagen mantendrá su calidad durante los siguientes cien años.

Arte en Vail

A Topher Straus, independientemente de la calidad de su trabajo, se le nota que sabe esquiar y lo disfruta. He escogido dos obras suyas por lo que me transmiten con respecto al esquí. La primera se titula “The eights”. Tiene una disposición vertical porque, probablemente, implica descenso de desnivel. Representa el itinerario “firmado” por una pareja de esquiadores evolucionando por nieve virgen fuera de pista. Primero han marcado unos giros en huella “paralela” cercana (dejando espacio por estrenar para el resto de potenciales esquiadores… ¡a ver si aprendemos, “freeriders” (algunos) de nueva generación!), después han trazado una ladera en diagonal para aprovechar mejor la ruta y, por fin, se han divertido mediante un clásico alarde de dominio, con el de detrás trenzando sus virajes con respecto al de delante. La nieve, debía de ser tan buena que “encontraron oro” en su descenso. El cuadro me emociona especialmente porque me recuerda aquellos “ochos” que algunas veces he hecho con mi hermano el pequeño. Toda esta interpretación es mía. Personal, que es como mejor se disfruta del arte. Me parece coherente que el autor, para narrar su acción, se haya posicionado como un observador exterior, que es lo que hacemos todos aquellos que nos disponemos a leer nuestras propias huellas, o las realizadas por otros cuando estudiamos algún descenso desde la silla o mientras ascendemos con las “pieles” puestas. (Imagen: vailgallery.com).

 

Arte en Vail

En “Vail 2020”, el posicionamiento cambia radicalmente. Ignoro la intención de Straus, y no sé qué perciben ustedes, pero yo me siento esquiando. Observo lo que vería si estuviera inclinado en pleno trazado de una amplia y veloz curva carveando en una pista muy bien pisada, bordeada por bosque a ambos lados. No es muy pronunciada, pero parece que me aproximo a un muro. Contemplo lo que la máscara me permite cuando estoy esquiando en tales circunstancias. La disposición de la obra es marcadamente horizontal. Straus sabe lo que hace, porque cuando alguien está esquiando así, sí realmente atesora técnica y es competente, va aprovechando la mayor parte del ancho de la pista, “¡acabando!" los giros y regulando su velocidad mediante la amplitud de los mismos (y la contrapendiente), evitando el más mínimo efecto de derrape. ¡Me encanta! Cada cual que “vea” lo que quiera. (Imagen: vailgallery.com).

 

Dando por terminado mi repaso visual a la galería, estuve charlando con Patrick un buen rato. Fue muy amable, e incluso me regaló un pequeño catálogo en color con parte de la obra de Straus. Por lo visto, la abuela del galerista procedía de mi tierra, algo que su apellido acreditaba con rotundidad. Un linaje con reminiscencias de nobleza, casonas montañesas y hasta alguna que otra torre medieval, aunque ya, lógicamente, diseminado por la región, el país y… el planeta.

Arte en Vail

Aquí incluyo dos montajes que no tienen nada que ver con el resto del artículo. Son un regalo personal para Patrick. Todas ellas fotografías de Torres o Casonas de Cantabria que fueron construidas por o para familias del linaje Bustamente. En este primero incluyo una Casona y dos Torres. Arriba en La Costana, centro en Alceda y abajo en Quijas. (Imagen: montaje propio con imágenes de castillos.edujoser.blogspot.com y castillosnet.org x2 por Eduardo Argote).

 

Arte en Vail

Aquí una Casona con Torre, también ligada a una familia Bustamente, situada en Corvera de Toranzo. Incluyo detalle de dos de sus escudos familiares, que aparecen en la fachada. (Imagen: montaje propio con fotografías de monumentalnet.org por Eduardo Argote).

 

No es muy habitual que uno se vaya a esquiar a una estación invernal y se tope con una oferta cultural muy poderosa. En este caso, en Vail, la propuesta de artes plásticas me pareció extraordinaria, y eso que, como adelantaba al introducirla, es un aspecto más de lo que allí se cuida (esquí, museo, actividades deportivas, actuaciones, formación, etc.). Me consta que hay villas alpinas europeas de a pie de pistas que también presentan ofertas destacables, pero son las menos. La mayoría son poblaciones demasiado pequeñas para sostener una oferta cultural consistente, o están casi absolutamente centradas en los negocios inmobiliarios, de alojamiento, tiendas, restauración gastronómica u ocio nocturno. A mi hace tiempo que me gusta viajar, aunque sea para esquiar, con intenciones más amplias, tratando de alcanzar una visión contextual de conjunto de los lugares que visito: historia, arte, cultura local, artesanía, geografía… casi todo es bienvenido. Así que, desde aquí, mis felicitaciones a Vail por trabajarse un más allá del esquí y, muy especialmente, por su oferta en el marco del arte.

AI_bn




9 Comentarios Escribe tu comentario

  • #1
    Fecha comentario:
    03/07/2024 21:19
    #1
    Fabuloso Delmer, esta faceta del esquí me resulta fascinante :love:

    Seguro que de Aspen puedes sacar uno parecido 😉

    Pepe

    karma del mensaje: 12 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #2
    Fecha comentario:
    03/07/2024 21:27
    #2
    #1 gracias. Sí, sé que en Aspen también, lo malo es que no creo que me pueda pasar por allí :crying:

    karma del mensaje: 18 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #3
    Fecha comentario:
    03/07/2024 21:49

    karma del mensaje: 30 - Votos positivos: 2 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #4
    Fecha comentario:
    04/07/2024 07:36
    #4
    :+: :+: :+:
    Articulo buenisimo¡¡

    Muchas gracias.

    karma del mensaje: 12 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

  • #5
    Fecha comentario:
    04/07/2024 14:07
    #5
    #3 Yutaka Sone y Benjamin Weissman. Esquiaban en Mammoth y tuve la suerte de conocerlos.

    Extraordinario artículo, por cierto, como ya es habitual :+: :+: :+:

    karma del mensaje: 30 - Votos positivos: 2 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #6
    Fecha comentario:
    04/07/2024 19:39
    #6
    Me flipa, pero algun cuadro ya podría estar en mi salon!!!

    karma del mensaje: 12 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #7
    Fecha comentario:
    06/07/2024 11:10
    #7
    muy buen articulo :+:

    karma del mensaje: 12 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #8
    Fecha comentario:
    07/07/2024 09:25
    #8
    Muy bueno, gracias :+:

    karma del mensaje: 12 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #9
    Fecha comentario:
    11/07/2024 17:57
    #9
    Interesante reportaje. Lo que cuentas es común a todos los lugares de Estados Unidos donde hay pasta. En Aspen, Park City... (que yo conozca) pasa exactamente lo mismo. En USA los ricos tienen obsesión por rodearse de arte. Cosa que me parece magnífica, sobre todo para los artistas. Saludos

    karma del mensaje: 12 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!

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