Mi querido Friki...
Entiendo perfectamente de dónde viene tu preocupación. De verdad. Pero, como siempre, me temo que la solución que propones es peor que el problema que quieres resolver.
Veamos. Los límites de velocidad en pistas son una idea que suena razonable en el sofá de casa, después de un chocolate caliente, bien lejos de cualquier cota de nieve. Porque en cuanto uno se pone a pensar en la práctica, los problemas se acumulan más rápido que la gente en el telesilla los sábados de Navidad.
Primero: ¿quién controla eso? Los pisteros. Esos que ya tienen suficiente trabajo rescatando gente que se mete en fuera de pista sin baliza, que asisten accidentes reales, que cierran pistas con viento, que mantienen la seguridad de TODA la montaña. ¿Ahora, además, convertirlos en guardias de tráfico con pistola radareadora? Brillante. Y dime, ¿cuántos pisteros más contratas para cada cruce? ¿Con qué presupuesto? Porque las estaciones en este país no nadan precisamente en abundancia.
Segundo: lo de los forfaits anulados automáticamente por un radar me parece, con todo el cariño, una fantasía tecnológica de película de ciencia ficción. Un sistema que lee el chip del forfait, mide la velocidad, la contextualiza (porque no es lo mismo ir a 40 km/h en una pista negra en condiciones perfectas que en un camino de enlace lleno de principiantes), y ejecuta una sanción... sin margen de error, sin apelación, sin contexto. Genial. ¿Y cuando falle? Porque fallará. ¿Quién le dice a un esquiador que se ha gastado 400 euros en el forfait de semana que ese día se queda en el aparcamiento por un falso positivo?
Tercero, y aquí me pongo serio: la velocidad no es el problema. El problema es la ACTITUD y la FALTA DE TÉCNICA. Un esquiador competente puede bajar deprisa con total seguridad. Un novato puede provocar un accidente grave a 15 km/h haciendo un giro sin control en medio de una pista azul. Los códigos de conducta en pistas ya existen. La FIS los publicó hace décadas. Son diez normas clarísimas. El que adelanta por detrás es responsable. El que va fuera de control es responsable. Ya está legislado. El problema no es la falta de normas, es la falta de cultura de montaña y de educación de algunos esquiadores.
Y mira, coincido contigo en algo: hay situaciones inaceptables. El que baja como un kamikaze por un camino de enlace lleno de familias es un irresponsable. Pero la solución no es llenar las pistas de radares y convertir el esquí en una autopista. La solución es más presencia de pisteros con autoridad real para retirar forfaits in situ, más educación desde las escuelas de esquí, y más señalización clara de las zonas de baja velocidad obligatoria. Eso ya funciona en muchas estaciones europeas sin necesidad de montar un sistema de vigilancia orwelliano en la nieve.
Porque si seguimos por tu camino, Friki, dentro de poco vamos a pedir semáforos en los remontes y guardias de seguridad en el parque de nieve. Que sé que te gustaría, pero hay un límite. Aunque, eso sí, al menos aquí no tendría carácter recaudatorio.
La montaña es libertad. Con responsabilidad, claro. Pero libertad.
