Ayer, 22 de enero, nuestro camino nos llevó a hacer una parada fugaz en la Vall de Boí. No teníamos mucho tiempo, pero lo que encontramos allí arriba nos obligó a detener el reloj más de lo esperado.
Sinceramente, hacía muchos años que no veía la estación presentar una imagen así de potente.

Desde el momento en que la estación asoma desde la carretera, la sensación es de plenitud absoluta. La montaña está cargada de nieve, rebosante de ese blanco inmaculado que tanto nos gusta. No es solo que haya nieve, es la calidad y la cantidad; una cobertura que nos transporta a tantas temporadas históricas que guardamos en la memoria.

En cuanto a la operatividad, la estación estaba funcionando a pleno rendimiento. Lo encontramos todo abierto, con la única excepción del Puig Falcó (ya sabéis que la cota máxima se hace de rogar a veces), pero con todo el resto del dominio a nuestra disposición, la oferta era inmejorable.
Las pistas estaban impecables y el fuera de pista (que básicamente es lo que hay entre las pistas)... bueno, las imágenes hablan mejor que yo.
Aquí os dejo la prueba gráfica de este 22 de enero en Boí Taüll. Poca broma...




No hace falta decir nada más...
