Aunque el frío aún se resiste y los días siguen teniendo más de veroño que de invierno, hay señales que no engañan. Pequeños avisos que, como las primeras escarchas en la hierba, anuncian que el momento de la verdad está cerca. No hace falta mirar el parte meteorológico: el invierno empieza en nuestro interior mucho antes que en los mapas meteorológicos.
La primera señal, casi como un ritual, es la oferta del forfait de temporada. Ese correo que llega puntual, como un viejo amigo que te dice: “¿Estás listo para volver?”. Lo lees con una mezcla de ilusión y cálculo, repasando mentalmente los días que vas a exprimir en tu estación favorita. Porque sí, este año sí que lo vas a amortizar. Esta mañana he coincidido en el ascensor con mi vecina del 3º y me suelta que ya tiene los ff de temporada a punto. Y yo con estos pelos...
Luego aparece la revista Esquí Pro, con esa portada más secreta que el ganador del Balón de Oro y ese material nuevo que, con las ansias, te lo comprarías todo. Y da igual, aunque sepas que este año no toca renovar, lo importante es que el ambiente ya se está cargando de energía blanca.
Y por si no había tenido suficiente con lo del forfait y la vecina, me acaba de llegar un recordatorio de la cosa está poniéndose calentita: el mail de renovación de la taquilla de Masella. Ese mensaje que no necesita adornos ni promesas. Solo dice: “¿Renuevas?”. Y tú sabes que sí. Porque esa taquilla no es solo un espacio físico, es el punto de partida de cada jornada épica, el lugar donde empieza la magia.
Visto el panorama, ya he encargado los neumáticos de invierno. Y tú, ¿también te mueves por señales?
