Como muchos sabéis, en Catalunya no viene Papá Noel, sino que cagamos el Tió (es eso de dar bastonazos a un trozo de tronco con barretina hasta que caga regalos y dulces), pues este año, como nos hemos portado muy bien, ha venido para hacer la Gran Cagada del Siglo, algo que hacía años que no se veía en nuestras estaciones, sobretodo en las de la vertiente Oriental y Sur.
Han sido unos días seguidos de perturbaciones y nevadas que han dejado las montañas con un blanco increíble y, como no podía ser de otra manera, mi "casa", Port del Comte, ha sido de las más agraciadas, cantidad ingente de centímetros de nieve que han dejado la estación del Pre-Pirineo abierta al 100%.
Allí nos plantábamos el día 26 para disfrutar del primer día de powder de la temporada, y el panorama cuando llegábamos a la estación no podía ser más bonito y esperanzador.
Además, como era el primer día que subía, me hacía mucha ilusión encontrar a los trabajadores, que además son buenos amigos y mejores personas, a los que hacía meses que no veía. Todo eran alegrías y buen rollo, como siempre en una estación familiar como Port del Comte.
Nervios a flor de piel, pero era muy temprano y todo seguía cerrado, así que nos íbamos a La Granja a comer un bocadillo y coger fuerzas para el día que se nos presentaba.
Nos poníamos las botas, cogíamos los esquís y para arriba. Nuestras caras eran alegría pura, el espejo del alma de ese momento.
Menudo panorama, no nos podíamos imaginar unas navidades con nieve para exportar a Groenlandia.
A medida que subíamos el espectáculo visual era más parecido a estar metidos en el Polo Norte, que no en Port del Comte en estas fechas.
Así lucía la parte alta del Querol.
¿Recordáis que siempre os digo que las primeras bajadas son para calentar?
Pues os tengo que reconocer que ese día no fue así. Cierto es que había hecho algunas series de sentadillas y estiramientos dinámicos antes del primer descenso, pero eso fue todo; directo para la parte alta de la pista Dreta y meterme en su lateral.
Lo siento, no pude resistirme a ello, no podía empezar suave, el demonio pudo con el ángel. Por cierto, no puedo estar más enamorado de los nuevos esquís para powder, los Rossignol Sender Free 110 me han cautivado.
El día no era nada apetecible, pero daba igual, las caras de felicidad de los pocos que estábamos allí lo decía todo.
¿La segunda?
Pues después de la primera bajada por la Dreta para "calentar", nos íbamos a la Querol, un muro negro que cuando cae una buena nevada es increíble.
No era el polvo más seco del mundo, era nieve algo húmeda, pero daba igual, para nosotros era la mejor del mundo, era esa que estábamos disfrutando en Navidades, esa que hacía meses que estábamos esperando y, por fin, había llegado.
Además, la mezcla de previsión del mal tiempo y el ser un día festivo y de comilonas aquí en Catalunya, hacía que casi no hubiera nadie en la estación, parecía que habían abierto para nosotros y unos pocos más. Esto sólo ocurre en Port del Comte.
Las bajadas eran todo alegría y gritos de yuuhuu. Nos movíamos entre las zonas del Querol y el Sucre. La zona de la Bòfia todavía estaba cerrada, la abrirían al día siguiente.
Menuda pinta, ¿eh?
La verdad es que toda la estación estaba de lujo, era una postal miraras hacia dónde miraras.
No era un día de mucho postureo, aunque algunas fotos de rigor nunca pueden faltar, jajaja
Hasta que el hambre se apoderó de nosotros y nos fuimos al Sucre a comer algo antes de ir para casa. Nos merecíamos una buena hamburguesa con patatas, nos la habíamos ganado.
Y como no hay uno sin dos, al día siguiente no podía volver, pero sí al otro, así que hoy mismo, 28 de Diciembre mientras os escribo estas líneas, acabo de volver de Port del Comte.
Y vaya día, día de ensueño, día para enmarcar, día que pasará a los anales de mi estación, día en el que todo, absolutamente todo eran alegrías; no había nadie con malas caras, y eso que ha sido de los de lleno hasta la bandera.
Llegaba a la estación a las 8.20h de la mañana y el párquing de arriba del hotel estaba ya casi lleno.
Si al llegar ves las montañas así, sabes que será un gran día.
Aparco, salgo del coche, me giro y detrás mío llegaba Rafa, Pochete para la gente de Nevasport, así que una jornada en la que subía solo, se me unía compañero de aventuras para hacer una estupenda jornada de esquí.
Me pongo las botas, saco los esquís gordos, acompaño a Rafa a sacar el forfait y para arriba.
El espectáculo es estremecedor, menudos días llevamos.
Y como os comentaba unas líneas más arriba, otro día de poco calentamiento, unas cuantas sentadillas y directo a la Sant Grau.
Descenso algo complicado debido a la nieve endurecida debajo de la nueva capa de blanco recién caído, y nos vamos hacia la Querol, dónde nos encontramos un poco lo mismo pero en mejores condiciones.
Descenso disfrutado como niños pequeños, a Rafa cuando viene a Port del Comte, le hacemos cursos intensivos de esquí en nieve no tratada, jajaja, siempre que viene pilla nevadón.
Vuelta a subir, y es el turno del Tub Negre, divertido tuvo con una nieve de lo más rica.
Y como hacía tiempo que no esquiaba en la zona de la Bòfia, nos dirigíamos hacia allí, no sin antes pasar por el Sucre. El espectáculo visual es sobrecogedor.
Descenso rápido por Obaga y nos vamos a coger la silla de la Bòfia, que, como no, va a ser otro espectáculo.
Llegamos arriba y tengo ganas de ir a ver el nuevo arreglo que han hecho en Port del Comte, dos pistas nuevas que, aunque ya se podía bajar por ese sector, este año han abierto bien un nuevo tubo y unas palas en las que antes había muchos árboles.
Aprovecho y os pongo por aquí un Reel de Instagram dónde se puede ver bien como son.
La verdad es que no sé si estamos en Port del Comte, en Laponia, en Canadá o Finlandia, menudo pastel que hay.
Mires dónde mires está todo cubierto de merengue, hacía años que no teníamos unas Navidades con la estación abierta al 100%. Los bosques están de ensueño.
La nieve está tan bien que nos quedamos unas rondas bajando por distintos lugares, hay terreno para ir abriendo huella en cada descenso. Bòfia arriba y Bòfia abajo.
No quiero que pase el tiempo, si el cielo existe seguro que es esto.
Aunque por las fotos parece que había poca gente, como he comentado, había un lleno en la estación, eso sí, allí esperas máximo 2-3 minutos para subir a la silla, no así en muchas de nuestras estaciones.
Parada para hidratarse y, casi sin darnos cuenta es la hora de ir para casa pasando antes por la zona del Hotel.
Así estaba bien entrado el mediodía.
La verdad es que he vuelto a casa con una sonrisa que todavía tengo dibujada mientras escribo estas líneas. Y esa sonrisa es por varias cosas; las Dos Grandes Jornadas de Esquí que he tenido estos días con magnífica compañía, la cantidad de nieve que tenemos en Port del Comte y en el resto de estaciones del Pirineo, la alegría que veías en todas las caras de la gente y, por último y muy importante, que esa nieve nos garantiza una temporada espectacular y que nuestras estaciones estén llenas de gente, que no sólo de nieve viven.
Ahora quedan días de fiestas por delante en los que seguro nos vamos a encontrar deslizando por nuestras montañas.
Y como siempre digo...
