Como muchos sabéis, la bici es, a parte del esquí, mi segunda pasión, aunque muchas veces la puedo practicar menos de lo que me gustaría.
Son dos deportes que aparentemente son muy distintos pero, si nos fijamos bien, veremos que tienen mucho en común; deslizamiento, equilibrio, naturaleza, velocidad, preparación física y, además, la bici será el complemento ideal para mantenerse en forma durante las épocas en las que tenemos que dejar aparcados los esquís.
Tanto el ciclismo como el esquí son disciplinas que se disfrutan plenamente en la naturaleza. Ya sea descendiendo un sendero entre árboles, piedras y raíces, subiendo un gran puerto de montaña, bajando a toda velocidad por esa carretera llena de curvas, o esquiando por una pista o una pala con un blanco impoluto. En ambos deportes alimentaremos esa conexión profunda con el paisaje, la naturaleza y nuestra mente.
El ciclismo de montaña, en particular, nos va a ayudar en la capacidad de leer el terreno, una habilidad directamente transferible al esquí. Los giros rápidos, el control en bajadas técnicas y la anticipación nos darán capacidad para esquiar con fluidez.
En el ciclismo de carretera, nos vamos a poder evadir sin pensar en nada más que dar pedales y disfrutar del entorno, carreteras que discurren por paisajes de ensueño, puertos de montaña inacabables que nos llevarán a poder disfrutar de unas vistas de cine y, algo que me gusta mucho a mi, es poder llegar a distintas estaciones de esquí sobre las dos ruedas.
Además, ¿habéis pensado en que las piernas se nos van a poner a tono para cuando llegue la temporada de esquí?
Junto con la conexión con la naturaleza que nos brinda la bici, el beneficio más grande que nos da es el de ponernos en forma para que nuestras jornadas sean más largas y seguras al tener un buen tono muscular.
El ciclismo fortalece piernas y glúteos, los motores del cuerpo en el esquí, sin someter a las articulaciones al impacto repetitivo de otros deportes. Este aspecto es crucial para esquiadores, especialmente los que ya hemos tenido lesiones de rodilla o cadera.
Otra cosa que une estos dos bellos deportes son los beneficios mentales y emocionales que nos brindan.
Tanto el esquí como la bici permiten entrar en un estado mental donde todo lo demás desaparece. La atención se centra en el momento presente, en la respiración, en el ritmo del cuerpo, en nosotros mismos. Esto tiene efectos directos en el bienestar emocional reduciendo el estrés diario.
Además, la naturaleza actúa como un ente que nos ayuda a nuestro equilibrio interior. Estudios demuestran que pasar tiempo al aire libre mejora la salud mental, fortalece el sistema inmune y disminuye síntomas de ansiedad. La bicicleta no es solo una herramienta deportiva: es una forma de terapia silenciosa entre árboles, caminos y viento.
Conclusión
Usar la bici como complemento al esquí no es sólo una manera de entrenar, es la manera de mantener viva la conexión con la montaña y la naturaleza durante todo el año.
Ya sea subiendo un puerto de montaña o recorriendo un sendero entre pinos, cada kilómetro sobre dos ruedas es una preparación para la nieve que vendrá. Y cuando llegue el invierno, nuestro cuerpo estará listo para la mejor época del año.
Aquí os dejo un pequeño vídeo para ver si os animáis a ir sobre dos ruedas cuando no podemos ir sobre dos esquís.
A falta de nieve... !!Que Viva el Ciclismo!!
Y como siempre digo...
