Como muchos de los que me leéis ya sabréis, como norma general para el Puente de la Purísima hago la escapada anual a los Alpes. Hay dos motivos para ello, por un lado los precios, es temporada baja y la verdad es que sale muy "económico", y la otra es la garantía de nieve casi segura.
Los últimos años el lugar habitual era Tignes, pero esta vez el destino quiso que la escapada fuera a Val Thorens. Y sí, digo el destino porque así fue, os lo cuento.
Eran principios de Octubre y por Instagram vi que la agencia de viajes Estiber, la cual una de sus especialidades son los viajes de nieve, hacía un concurso para poder ir a Val Thorens para el Puente de la Purísima. Lo típico, etiquetar a alguien, seguir su cuenta y esperar al día del sorteo.
La verdad es que me había olvidado de ello hasta que, a mediados de Octubre me llega una notificación suya diciendo que he sido el ganador del sorteo, si sí, tal cual lo leéis, ¡¡yo mismo era el ganador del viajazo a los Alpes!!
Tengo que confesar que este tipo de sorteos siempre me ha parecido algo que nunca toca, lo típico, sorteos en los que la "suerte" no existe. Pues os voy a decir algo, cuando veáis cosas así en redes, al menos los de Estiber, participar sin ninguna duda porque...
¡¡¡SÍ TOCAN!!!
El viaje era para 4 personas, en principio las que habías etiquetado en el concurso, pero por desgracia, dos de los amigos que tenían que venir no podrían acompañarnos, una por no poder pedir fiesta en el trabajo, y el otro por estar operado de la rodilla.
Así que me puse en contacto con Estiber para preguntar sí podía ir sólo con Anna en lugar de ir 4. Su respuesta fue que sin problema, que cambiábamos el viaje de 4 para dos.
La verdad es que el trato con Estiber fue de lo más fácil y rápido, cualquier duda no tardaban en aclararla y nos enviaron toda la información que necesitábamos para el viaje para que todo fuera sencillo. Incluso nos comentaron que para el Puente, allí tienen embajadores de la agencia para facilitar las llegadas de todo el mundo sea la hora que sea y que puedan disponer de los forfaits y toda la información posible a la llegada.
Así pues, con el visto bueno de mi doctora para poder esquiar sin problema después de la operación de ligamentos cruzados que me realizaron a principios de Abril, llegaba el día D, el día de antes de nuestra marcha hacia Val Thorens.
Qué alegría es preparar todo el material!!
Aquí algunos de los esquís para los días siguientes (faltan otros que no cabían en la bolsa), sí, ya sé, si sólo íbamos Anna y yo, ¿cuántos pares llevábamos? Pues dos para ella y otros dos para mi, los de pista y los de fuera de pista para cada uno. En los Alpes el tiempo es cambiante y siempre puede haber algún día de powder, así que los esquís anchos nunca pueden faltar.
Como siempre me pasa el primer día de la temporada o antes de un día de powder, la noche se hizo eterna, nunca puedo dormir, la ilusión de un niño pequeño nunca falla. Además, este año era distinto, volvía a esquiar después de la operación, así que todavía había más nervios.
Suena el despertador a las 5.45h de la mañana (casi no he pegado ojo), nos vestimos, cogemos algunas cosas que no habíamos podido cargar la noche anterior, subimos al coche, ponemos el navegador, y por delante nos esperan 800km para llegar al paraíso.
Es un viaje al que ya estoy acostumbrado y, entre las ganas y la buena compañía se hace rápido y placentero. Además, al llegar y pasar Grenoble, las vistas ya empiezan a alegrar los ojos.
Llegada a Val Thorens sobre las 14.30 horas y nos dirigimos al punto dónde Estiber nos había indicado que estarían sus embajadores. Entramos y ya nos esperan con los forfaits y el papeleo para rellenar. Como los formularios son los que nos van a pedir en la recepción de los apartamentos, los rellenamos allí para ir más tranquilos a hacer el check-in. Sinceramente me pareció todo muy bien organizado.
Con todo esto, directos al Les Temples du Soleil, dónde teníamos el apartamento.
Típico Ski-in/ski-out, o lo que es lo mismo que entrar y salir del apartamento con los esquís puestos, pie de pistas real.
Apartamento muy correcto, cómodo y con todo lo necesario para pasar unos días de esquí. Así que lo único que hacía falta era esquiar y pasarlo bien.
Tarde tranquila descansando del viaje y dando un paseo. Cenita y a dormir pronto.
Como siempre y para variar, noche algo larga, cuesta dormir antes del primer día de la temporada.
Y por fin llega el Gran Día, ese marcado de colorines en el calendario, ese que ha tardado tantos meses en llegar, ese en el que empieza la felicidad absoluta. Desayuno, vestirse con la ropa de esquí y bajar a pistas.
El ansiado sonido que todos esperamos, ese "clack" de las botas y fijaciones.
Mi cabeza sólo piensa en deslizar por el manto blanco, pero una pequeña parte de ella también está pendiente de la rodilla, ¿va a doler, se va a comportar como es debido, la operación y rehabilitación habrán salido perfectas para volver a esquiar sin problemas, mi cabeza también será fuerte para deslizar sin "miedo"?
Impulso con los bastones y empiezo a deslizar, ¡¡qué magnífica sensación!!
Primeros giros suaves, muy suaves, con la mente focalizada en la rodilla... ¡¡¡FUNCIONA!!!
Algo de respeto hay en las dos primeras bajadas, pero viendo que todo está correcto, mi mente se olvida de la rodilla y empieza a disfrutar de dónde estoy, de lo que estoy haciendo y con quién estoy.
Me vuelvo a sentir esquiador, sólo pienso en disfrutar sin que ningún input negativo pueda influir.
El aire frío sentido en la cara es pura vida, estamos entre -10º y -16º aproximadamente, pero el buen material hace que esté calentito.
Pistas planchadas de manera impecable, buena nieve y a disfrutar.
Poco a comentar sobre Val Thorens que no se sepa, dominio espectacular con buenos remontes, altura y tratado de pistas muy muy bueno. Además las vistas desde sus cotas altas hacen quitar el hipo.
La única pega es que el teleférico de subida a su cota más alta al Cime de Caron está averiado por un accidente días anteriores, pero tampoco es problema porque podemos acceder igualmente por su parte trasera, por la zona de Orelle, así que podemos disfrutar también de esquiar en la zona.
Restaurante de altura en construcción y debajo el estado en que quedó el teleférico cuando se accidentó.
Vistas impresionantes desde el punto más alto de la estación.
El mundo desde tan arriba se ve de una forma distinta. Y si además tienes el Montblanc enfrente, todavía más.
El descenso desde lo alto del Caron por la pista Cime, empalmando con la Falaise es pura gozada, buena nieve, buenas vistas y unos trazados preciosos que nos conducirán hasta los 2100msnm. Un descenso de más de 1000m de desnivel que sólo las personas más en forma podrán hacer del tirón.
Un rato más de esquí y toca la parada de rigor para hidratarse. En Val Thorens son muchos los puntos dónde parar y tomar o comer algo en la mitad de sus montañas.
Suerte del solecito, porque era un día frío de los de verdad.
Hasta el refresco de cola quedaba congelado al poco rato.
Y ya que estamos en el lugar ideal para el postureo...
Ni hecho adrede, naranja y negro, negro y naranja.
Un rato de descanso y a esquiar otra vez, que a eso habíamos venido, jajaja.
Pistas impecablemente planchadas, es un gusto deslizarse así.
Un rato más y para ser el primer día decidimos que ya tenemos suficiente, no hay que darlo todo y que los músculos se vayan acostumbrando a los nuevos movimientos. Además, tampoco quiero darle mucha caña a la rodilla, poco a poco se hace el buen camino.
Por la tarde Val Thorens es un "pueblo" con vidilla y salimos a ver algunas tiendas y tomar algo.
Habíamos visto que esos días hacían la competición de Ice-Cross, algo parecido al ski-cross pero en pista de hielo por el medio del pueblo, así que vamos para allí a ver a los gladiadores.
Por la noche ya se pone a nevar. En los Alpes es habitual algún día de nieve en estas épocas, los últimos años siempre que he ido así ha sido.
Cenar, dormir y a esperar como amanece al día siguiente.
Amanece tal y como despedimos al día anterior, nevando. Día de los "malos"; nieve y niebla. Pero hemos venido a esquiar, no?
Esquís anchos, máscaras de niebla y nos echamos al monte.
Qué alegría volver a ponerse los esquís anchos debajo de los pies, pocas cosas hay más placenteras que deslizar sobre nieve blandita con unos esquís para ello.
Como decía, día de esos en los que sólo salen al ruedo las personas más fanáticas de nuestro deporte. Aunque es cierto que con el material actual, ahora no se sufre o se hace menos; es mucho mejor.
Recuerdo cuando era pequeño o más joven, estos días los terminabas empapado al rato de estar en la nieve. Ahora puedes estar seco y calentito dentro de tu ropa mientras cae la mundial.
Poco abierto y la gente concentrada. El respeto a algún posible choque hace que nos decidamos por una temprana retirada. Sí, lo sé, pero después de la lesión de rodilla de la temporada anterior hace que vaya con más cautela. Vale más prevenir que curar.
Tarde tranquila de descanso y paseos. Qué vida más mala!! Jajajaja, a esto me podría acostumbrar muy rápido, esquí por la mañana y tranquilidad por la tarde.
A la mañana siguiente amanece algo nublado, pero va saliendo el sol, así que se nos queda una mañana perfecta.
Será el último día de esquí de la escapada de la Purísima, lo viviremos con una mezcla de alegría por haber disfrutado tanto, y tristeza porque ya ser termina y tocará volver a la realidad.
Una mañana disfrutando de las pistas, las vistas y el esquí, no se puede pedir nada más, bueno sí, que esto fuera así cada día, jajaja.
Y después de una mañana bien disfrutada y un comienzo de temporada espectacular, volvíamos al apartamento a preparar las cosas para la vuelta a primera hora del día siguiente. Eso sí, no sin salir a dar un paseo por Val Thorens durante la tarde.
Después de leer y ver esto, ¿no os dan ganas de ir ya para allí? Pues no esperéis y reservad ya vuestras vacaciones en la nieve para el puente de la Purísima.
No me gustaría terminar el reportaje sin dar las gracias a Estiber por como nos trataron y organizaron el viaje, fue un auténtico placer.
Y recordad, si por redes sociales veis algún concurso...
¡¡¡Apuntaros!!!
Como siempre digo...
