Font-Romeu es de esas estaciones que casi siempre sorprende. Quienes la frecuentamos sabemos que es una estación polifacética. Pero te crees que ya la conoces bastante bien y no. Siempre que la vuelves a visitar descubres algo nuevo. Algo que desconocías porqué nunca antes le habías prestado demasiada atención. A pesar de tener la notícia allí al lado mientras subes por el telesilla, el reportaje justo al fondo de la pista mientras trazabas alguna curba con buena nieve en la cara norte, terminas con un titular que no te esperabas.
Hay varias cuestiones que convierten a Font-Romeu en una estación especialmente interesante dentro del Pirineo pero lejos de las pistas, digamos que en los despachos. Una de ellas es especialmente significativa: en un contexto en el que muchas estaciones del Pirineo Oriental cierran temporada tras temporada con dificultades, aquí encadenan ya varios inviernos situándose entre las que presentan mejores cifras y mayor rentabilidad del lado francés de la cordillera. Y esto, en la Europa del sur, en los Pirineos, y encima con parte de sus pistas en la vertiente sur de la cordillera, tiene su mérito.
Pero nada en esta estación tiene pinta de ser casualidad. Es la consecuencia de muchas decisiones bien tomadas a lo largo del tiempo, a pesar que su historia tiene algo de improvisación. Como si en sus orígenes no estuviera previsto para nada el construir una estación invernal en esas montañas que, encima, no destacan precisamente por ser muy altas (la estación se mueve entre las cotas 1.700 y 2.215 m).
Pero sí, aquí esta Font-Romeu rompiendo algunas creencias que arrancan más de estereotipos y frases hechas que no de evidencias constrastadas. Cuando alguien os diga que el esquí en los Pirineos tiene los días bla, bla, bla, que si el cambio climático, que si... les soltáis esto: Font-Romeu.
Y entre ellas, existe otro mérito: la capacidad de saber vender y gestionar un producto de nieve atractivo y coherente: un modelo que funciona tanto para el esquí comercial como para el público familiar, que combina historia y tradición con tecnología, modernización y proyección de futuro.
Este es el resultado de visitar un Font-Romeu Pyrénées 2000 diferente, el de su cara norte y muy en concreto el de una pista icónica, histórica y a la vez referente de la competición: la Record.
Una estación polivalente, también para la competición
El caso es que se ha ido posicionando como una estación cómoda, accesible y familiar, pero sin renunciar a su vertiente más deportiva. Su oferta es amplia, versátil y bien estructurada: zonas para debutantes en la vertiente más soleada, amplios sectores para el esquí tranquilo y familiar en el coll del Pam, pistas para esquiadores confirmados en la cara norte, la cara que mira a las Bulloses y al imponente macizo del Carlit, espacios específicos para la competición freestyle en la Calme o finalmente lel sector de Pyrénées 2000, adpatado para el esquí de día y de noche, para el esquí de competición o para el público familiar.
Esa polivalencia —comercial y familiar, pero también técnica y competitiva— es uno de sus grandes activos. No vive únicamente del turismo vacacional, ni tampoco depende del alto rendimiento. Integra todos esos mundos con buenos resultados.
Temporada excepcional y 100% del dominio abierto
Durante nuestra visita y justo antes de visitar la pista Record, nuestro objetivo principal del día, tuvimos tiempo para entrevistarnos con su director, Jacques Álvarez. Nos confirmaba que la actual campaña sigue siendo especialmente positiva: “Las condiciones son excepcionales. Tenemos el 100% de las pistas abiertas, tanto de alpino como de fondo, además del snowpark en modalidad freestyle”.
Así pues, con el dominio plenamente operativo y un comunicado de nieve resumido en un "todo abierto", la estación demuestra que la rentabilidad también se construye a partir de la regularidad, y con ella la fidelización por la garantia que ofrece su producto. Cuando no hay nieve natural, se espabilan para ofrecer un comunicado con el 95% abierto con nieve producida. Y cuando hay nieve natural como en la presente campaña, se abre todo.
Lo que parece un inconveniente, tener unas cotas relativamente bajas, aquí permoten esquivar el peligro de las avalanchas por exceso de nieve. El producto, el servicio, siempre se mueve entre el todo o casi todo abierto. Y esa regularidad se traduce en garantía de servicio y producto.
Terminada nuestra breve charla con el director, nos trasladamos a la Pista Record, donde Camille, una voluntaria del Club des Sports de Font-Romeu, nos atendió y explicó que La Record es una pista bastante difícil, con mucha pendiente lateral y dos muros importantes. “Es el verdadero estadio de entrenamiento de la estación”, remarcó.
En cambio, la pista de Gentianes (donde el sábado por la noche se celebraría un paralelo de la Federación Francesa de Esquí) nos comento que "es roja, más sencilla, aunque es un muro corto de pendiente continua". También nos detalló que, para el control y la organización de la carrera, el club había destinado a unas quince personas para cubrir las distintas tareas.
La Pista Record: tradición competitiva en la cara norte
Pero vamos a lo que toca: a la pista, a la nieve. La mítica Pista Record, negra y situada en la cara norte, es el mejor ejemplo de esa conexión entre historia y presente. Con fuerte pendiente lateral en su parte alta, dos muros exigentes y un trazado largo, sinuoso y técnico, es el auténtico estadio referente de entrenamiento y competiciones de la estación.
La Record es una pieza de catálogo, de historia viva. Homologada para competiciones FIS, está situada en la cara norte de la cima de la Gallinera (2.127 m), con orientación plenamente norte, lo que garantiza una calidad de nieve excelente durante buena parte de la temporada.
Con salida a 2.120 metros y llegada a 1.725, acumula dos grandes muros que son sus dos principales características, si bien es un trazado que combina anchuras generosas con tramos más estrechos y técnicos. Equipada con sistema de innivación y protegida por bosques de pino y abeto.
Fue diseñada y construida en la década de los sesenta. Una pista mítica que ha visto pasar a generaciones de esquiadores que la identificaban como una de las pistas capitales de la cara norte. Bajarla es, en cierto modo, hacer un pequeño homenaje a la historia del esquí de la Catalunya del Norte y a su esquí de competición.
El pasado fin de semana acogió dos gigantes y un eslalon FIS, además de compatrir agenda con el paralelo nocturno Ladies Night Tour en la pista Gentianes de Pyrénées 2000, consolidando el papel de Font-Romeu Pyrénées 2000 como sede habitual de competiciones de alto nivel en el Pirineo francés.
Desde el telesilla Col Rouge, que sobrevuela la pista, se aprecia la dureza de su parte alta: cambios de pendiente, puertas ciegas y un perfil físico que obliga a mantener la concentración de principio a fin.
Experiencia y aprendizaje en un entorno de máximo nivel
Entre las participantes de la carrera FIS se encontraban las catalanas Marina Rosselló (CE La Molina) y Georgina Soler (Club Elit Cerdanya), que coincidían en señalar la exigencia del trazado y el elevado nivel de las corredoras francesas.
El ambiente en la salida era de máxima concentración, propio de un circuito donde están en juego posiciones relevantes dentro de la federación francesa. Para las esquiadoras visitantes, competir en la Record supone para ellas una oportunidad de aprendizaje en un entorno técnico muy completo.
Así, entre la primera y la segunda manga pudimos hablar con ellas. Ambas nos explicaron que la carrera forma parte del circuito Fiscrono, dentro del campeonato de Francia. “Es una competición bastante exigente”, destacó Marina.
Por su parte, Georgina añadía que “aquí hay mucho nivel, el nivel más alto de Francia en chicas”. También comentaba, sobre el recorrido trazado en la pista Record, que “es un poco largo. La primera chica ha hecho 1’14, nosotras un poco más, y realmente era exigente. La pista es ‘chula’ porque tiene muros, zonas llanas, un poco de todo, pero la verdad es que en conjunto es dura”.
Marina añadía que “te hace trabajar de arriba abajo, y nosotras, que teníamos un dorsal alto, lo hemos notado. Ha sido un poco complicada. Además, había muchos cambios de pendiente y muchas puertas ciegas, así que tenías que estar muy concentrada durante toda la bajada. Como es muy larga, las condiciones físicas tienen que ser muy elevadas”.
En cuanto al ambiente entre las chicas, destacaron que era de mucha concentración y rivalidad: “Como es un circuito muy serio, donde se juegan plazas relacionadas con la federación francesa, hay mucho silencio en la salida, mucha concentración. El ambiente es diferente al de nuestro circuito habitual”.
Finalmente, Georgina concluyó que “nosotras, que venimos de clubes, venimos un poco a probar, a esquiar y a hacer bajadas en trazado, que para nosotras es como un entrenamiento más. Hay menos presión, es casi un regalo”.
Sobre el nivel técnico, ambas coincidían en que las pistas francesas, por lo general, son más exigentes y que las esquiadoras locales están más acostumbradas a trazados largos, con más pendiente y más cambios. También ponían en valor que en Francia disponen de más estaciones para entrenar, más pistas e incluso glaciares en verano, lo que les da ventajas a la hora de la tecnificación.
Más allá de la competición: paisaje, familia y experiencia global
Pero Font-Romeu no solo fue competición durante nuestra visita. Aprovechamos para visitar pistas como Belvédère (Coll del Pam) o la siempre idealizada Pradeilles, en el sector de La Calme nord. Todas ellas ofrecían nieve polvo y un paisaje de postal, con los abetos aún cargados de la última nevada.
Es por todo lo que vimos el jueves pasado que se entiende el éxito de estos últimos años: la estación ha ido construyendo una experiencia global. Remontes eficientes y en proceso de modernización (para el año que viene nuevo telesilla en La Calma Nord), una apuesta por la producción de nieve en constante renovación, para cuando no llega la natural, que la estación pueda seguir ofreciendo un comunicado de "casi" todo abierto.
Un dominio variado y una identidad que combina tradición pirenaica, catalana, y a la vez francesa con un proceso de modernización constante, adaptándose al publico familiar y a la competición. Y todo rodeado de bosques de pinos y abetos bajo la mirada del Carlit (2.921 m).
Lo dicho al inicio: una estación polivalente y polifacética.
Font Romeu Pyrénées 2000, garantía de nieve
En resumen, en unos Pirineos Orientales que no siempre lo tienen fácil en la cuestión meteorológica, Font-Romeu se ha proyectado como una de las estaciones más sólidas del lado francés.
Su buena salud económica ya vemos que no es fruto de una sola temporada favorable, sino de una estrategia continuada: inversión, posicionamiento comercial que se demuestra acertado y capacidad para atraer tanto a familias como a deportistas de alto nivel.
En nuestra última visita quedó claro que la estación tiene una historia por contar en cada pista y, para ellas, una red de remontes en renovación. Font-Romeu no solo se vende a base de titulares y buenas fotos, que también, y que hay que admitir que responden bien a su realidad. Font Romeu se construye más bien a base de garantías año tras año: y esta última podría muy bien ser una definición bastante precisa de lo que hoy representa Font-Romeu.
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