Las personas, las empresas, los países… Todos tenemos días que recordaremos durante mucho tiempo: por motivos históricos, por celebraciones, por emociones o porque han sucedido hechos trascendentales.
La unión de las estaciones de Sant Pere dels Forcats (Saint Pierre des Forcats) y Eina (Eyne) en un solo dominio, el del espacio Cambre d’Aze, el 9 de noviembre de 1989, coincidiendo con el mismo día en que caía el muro de Berlín, es también uno de esos días que formará parte para siempre de su historia. Hay otros. Como el día en que se puso en marcha el telesilla desembragable El Molí o los días 28 y 29 de enero de 2017, cuando acogió la Copa del Mundo de Skimo. Y ayer, 23 de enero, también es un día que será recordado.
La crónica de un día épico
El viernes 23 de enero comenzó con un ambiente plenamente invernal: cielo cubierto, nieblas enganchadas en las partes altas y un frío que te hacía notar que el invierno sigue muy vivo. Con el paso de las horas, sin embargo, el sol fue ganando terreno y acabó imponiéndose, aunque el viento también hizo acto de presencia en las zonas más altas del dominio.
La estación presentaba un parte de nieve idílico: nieve polvo y todo abierto. O como se dice en Francia, conditions exceptionnelles. Y no exageraba en absoluto. Fue una jornada inmejorable para disfrutar de las pistas, con poca afluencia de gente y la posibilidad de trazarlas de lado a lado, con esa sensación de libertad de movimientos y conducción de esquís que solo ofrecen los grandes días de esquí.
Con los árboles (pino negro) todavía cargados en sus ramas por la nevada de dos días antes, el paisaje era simplemente espectacular. Las imágenes te transportaban a escenarios propios de grandes cordilleras del mundo o incluso de países nórdicos. Y, sin embargo, estábamos en Cambre d’Aze, a caballo entre el Conflent y la Alta Cerdanya, en los Pirineos Orientals de Francia, o en la Catalunya del Norte.
Todo ello con el aliciente añadido —siempre especial— de poder intuir el mar desde las partes más altas del dominio. Ayer, eso sí, el Mediterráneo solo se dejaba adivinar, ya que las nubes bajas dificultaban su visión.
Las pistas lucían un aspecto impecable: bien pisadas y perfectamente trabajadas, a excepción de las negras, que habitualmente no se preparan con máquina pisanieves. A pesar de ello, la calidad de la nieve era tan buena, tan noble y tan fácil, que prácticamente cualquier esquiador se habría atrevido a bajar por las negras de la estación.
En definitiva, uno de esos días redondos que quedan en la memoria: nieve excelente, paisaje de postal y el privilegio de vivir un invierno auténtico en una estación con una marcada identidad propia, única. Y un detalle que ayer hizo nuestra visita especial: en cada giro (viraje, me corrigen conínuamente...) la nieve polvo se levantaba sola, hacia el cielo. Si te girabas y mirabas atrás, con el sol iluminando las nubes de nieve polvo seca, de miles de pequeños cristales de hielo, acababa dándoles una tonalidad ligeramente amarillenta que, de forma intuitiva, te hacía pensar que aquello no era una nieve polvo normal, era una nieve polvo que parecía oro en polvo.
Imágenes que solo se dan en determinadas circunstancias: una orientación concreta del sol, aire seco y nítido y una nieve polvo tan fina que flota y da vueltas en el aire.
El día que Cambre d’Aze lo tuvo todo
En resumen, un día 10 para una Cambre d’Aze by Trio-Pyrénées con nieve polvo y todo abierto. Y cuando titulamos El día que Cambre d’Aze lo tuvo todo es porque, efectivamente, mientras preparábamos el guion para el vídeo de nuestra jornada en pistas, se dio la casualidad de que no faltó el apunte histórico para recordar aquel 9 de noviembre de 1989, una fecha épica que ahora, con estas fotografías y vídeos, se acompaña de un día de esquí épico e histórico, el del 23 de enero de 2026.
Nuestro vídeo de ayer en Cambre d'Aze en Facebook (en català).
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Nuestro vídeo de la visita: