CREADORES DE SOMBRAS Prólogo: Hohenschwangau

CREADORES DE SOMBRAS Prólogo: Hohenschwangau
Seguimos con la publicación de la continuación de "El Lobo de las Nieves", novela publicada en 2015 finalista al premio Desnivel de literatura de montaña y viajes. La nieve, la montaña, el esquí, la historia...es un cocktail que siempre me ha fascinado. Sirva la cuarentena coronavírica para leer algo nuevo, que espero sea de su interés. Mil gracias por su atención.

PRÓLOGO

Hohenschwangau, Baviera, Alemania.

Sábado 14 de noviembre de 2015

 

La persistente llovizna que la había acompañado durante dos días, dejó paso a una neblina que mantuvo frío el ambiente hasta altas horas de la madrugada. La lúgubre escena empezó a desvanecerse con la llegada de los primeros rayos de un tímido sol que luchaba por abrirse paso por entre gigantes cumulonimbos. Según la predicción, el astro rey no tenía intención de volver a desaparecer durante las próximas cuarenta y ocho horas, algo que la joven que ocupaba una de las habitaciones del Hotel Müller en Hohenschwangau, Baviera, agradeció. Había dormido nueve horas sin interrupción, se sentía en buena forma física y tenía ganas de seguir viviendo la vida con intensidad, flirteando en ocasiones con el inmenso abismo de la locura. Tras la muerte de sus padres, se había convertido en una auténtica superviviente; alguien cuyo carácter y fuerza la empujaban a seguir avanzando, aunque para ello tuviera que pagar un elevado precio.

El histórico Hotel Müller, situado en el número 16 de la Alpseestrassse, seguía siendo un hotel de merecida fama, elegante pero discreto; era el tipo de establecimiento que gustaba frecuentar, donde se hacían pocas preguntas y se podía trabajar en paz. Desayunó a las ocho y veinte unas tostadas de pan inglés con mermelada de higos, un zumo de naranja natural, yogurt con Müsli y un café con leche; abrió su Iphone 6, repasó el correo, su cuenta en Facebook y los Whasap y navegó por varias páginas, aprovechando el WI-FI del hotel. Realizó el check-out a las ocho y media de la mañana; la amable recepcionista le preguntó si había consumido algún producto del mini-bar, le entrego la factura y accedió a guardarle la habitación durante unas horas, con la intención de que pudiera darse un baño al término de su actividad deportiva. Salió del hotel al cabo de unos diez minutos, miró hacia el cielo y cerró la APP del servicio meteorológico de Baviera que había consultado durante el desayuno, acto seguido guardó su smartphone en el bolsillo superior de su mochila de ataque y empezó a caminar a buen ritmo.


Aunque consideraba la famosa Ruta Romántica como un producto turístico excesivamente edulcorado, reconocía la importancia histórica de la misma y tras una semana cargada de trekkings por el sur de Baviera, había decido dejar para su último día de vacaciones la visita a los castillos de Hohenschwangau y Neuschwanstein, mezclándose con los pocos turistas que subían temprano.

 

Vestida con ropa deportiva que mantenía el calor corporal y zapatillas de trail-running, tenia intención de subir primero al castillo de Neuschwanstein, el edificio mas fotografiado de Alemania, dejando para mas tarde la visita a Hohenschwangau, pero antes, decidió correr una media hora por la orilla del Alpsee, cuyas aguas cristalinas ayudaban a paliar el calor de miles de familias en verano. Tras observar a dos niños jugando con sus padres a orillas del lago, terminó su recorrido y sin bajar la intensidad, volvió hacia la Alpseestrasse para dar un giro a la derecha y subir por la Neuschwansteinstrasse, directa hacia el castillo. Al cabo de unos minutos, consultó su guía, decidiendo que el camino del Marienbrücke, el famoso puente desde donde suelen agotarse las tarjetas de memoria de muchas cámaras, lo utilizaría para descender, siguiendo la ruta del Rodelmöglichkeit. Aunque superaba la treintena, seguía sin perder un mínimo ápice de aire juvenil; de complexión atlética, medía algo mas de metro setenta y sus ojos color miel con un toque verde amatista, resaltaban su expresión. La joven poseía una elegancia innata; sabía como destacar su belleza sin llamar la atención, era muy discreta.

 

Invirtió una media hora en llegar a las puertas de Neuschwanstein, estratégicamente enclavado entre bosques frondosos; el castillo se encontraba en las estribaciones de la Ammergebirge, lo que muchos bávaros de la región consideraban como la puerta de los Alpes, destacando por encima del resto las cumbres del Säuling y el Hochplatte, bañadas por un tímido blanco. Agradeció el frío intenso que la acompañaba a primera hora de la mañana, pues no soportaba el calor y dejándose llevar por los recuerdos de su infancia y juventud, inmediatamente recordó a Dick Van Dike enfrentándose a un malvado cazador de niños y también La Bella Durmiente, un clásico de la animación que nunca soportó, pues no creía en príncipes azules. Descubrió gracias a su guía de viaje que Neuschwanstein significa nuevo cisne de piedra, sintiéndose fascinada por la arquitectura de un castillo construido en 1866 por orden del rey Luis II de Baviera, conocido como el rey loco. Justo cuando se disponía a abandonar el castillo tras una visita harto interesante, un grupo de turistas rusos entró en tromba por la puerta principal, precedidos por su guía, una mujer de unos cuarenta años, alta y de piel blanca como la nieve. La mujer les bombardeaba con datos históricos, hablando ruso con marcado acento alemán.

 

 

- ¿Saben  ustedes que este castillo posee una completa red eléctrica, de las primeras en Alemania y el primer teléfono móvil de la historia con una cobertura de seis metros? – la guía disfrutaba hablando.  

-       El diseño de este castillo no es funcional, pero es estético; la cocina del aprovechaba el calor siguiendo reglas elaboradas por el gran Leonardo DaVinci – dijo uno de los turistas en voz alta; la guía le miró con cierto desdén.

 

- Van en manada – la joven recordó las palabras de Sam Neill en Jurassic Park, - tu no podrías viajar así, son dinosaurios…insoportables – pensó.

 

 

    Tras la visita al castillo, salió al exterior y ganó algo de altitud para desviarse  del camino unos metros con la intención de llegar al Marienbrücke (puente), desde donde tomó un par de fotografías; Dejándose llevar por un paisaje bucólico, inspiró profundamente, cerró los ojos y escuchó el sonido del viento. 

- Sin lugar a dudas aquel era un lugar magnífico para practicar yoga – pensó – pero sola, sin nadie a mi alrededor. -

 

Al volver a abrir los ojos observó como los rayos solares penetraban por entre el follaje de los bosques que la rodeaban, mientras la neblina que ascendía lentamente a través de los árboles añadía un halo de magia y misterio al entorno; el efecto lumínico era espectacular. Disfrutó del momento en silencio, inspirando largas bocanadas de aire puro de montaña; por unos instantes, logró desconectar de la realidad, notando como el aire frío penetraba en sus pulmones. Regresó a Hohenschwangau al mediodía con la intención de visitar el castillo del mismo nombre, situado a unos 850 metros de altitud. El castillo de Hohenschwangau sirvió de residencia durante la infancia del rey Luis II de Baviera y fue construido por su padre, el rey Maximiliano II de Baviera, antes de que su hijo mandase construir su capricho personal, de nombre Neuschwanstein. Al cabo de una hora y media volvió a su habitación para preparar su maleta; guardó en ella su mochila de ataque, se desnudó y tras llenar la bañera con agua caliente y sales de baño,  se colocó los auriculares, buscó el ITunes y se relajó en el agua invirtiendo en ello una media hora. Tras el baño con sales, se  secó el cabello, se vistió con un pantalón ajustado de color azul oscuro, unos botines negros, una camisa gris y una chaqueta inspirada en los uniformes de camuflaje del ejército de tierra inglés (Army); informal, pero con un toque elegante. Al llegar a la recepción entregó su tarjeta, se despidió del personal de recepción y salió al exterior. Miró su reloj, levantó la mirada y justo delante del hotel encontró aparcado un Mercedes de color azul oscuro, tal y como rezaban las instrucciones que había recibido hacia varias semanas en Edimburgo.

 

Junto al Mercedes, observó la figura de un hombre de mediana edad, alto, canoso, impecablemente vestido.

 

-       Veo que están perfectamente organizados – dijo ella.

-       Disculpe si no me presento, pero mis clientes pagan mucho dinero para ahorrarse formulismos mientras gestionamos los transportes – dijo seriamente aquel hombre; rudo, pero sin llegar a resultar violento.

-       Hace usted que me sienta una especie de paquete, pero tranquilo, estoy acostumbrada – dijo ella.

-       Mercancía valiosa, si usted me lo permite – dijo el hombre sin nombre.

-       Va mejorando, se esfuerza; digamos que es usted algo mas que un simple contacto que organiza viajes  – La joven sabía estar a la altura de las circunstancias, tenía las suficientes agallas como para no dejarse impresionar fácilmente.

-       Si no me equivoco, siente verdadera pasión por los deportes de montaña – dijo el caballero – una afición peligrosa.

-       Si, creo que es algo que toda mi familia lleva en la sangre – dijo ella – disfrutamos complicándonos la vida.

-       También imparte cursos en la universidad de Edimburgo, y es usted editora de la revista Event Horizon (Horizonte Final), una publicación que ha tenido problemas últimamente debido a ciertos artículos comprometedores. Pero no siempre ha trabajado como profesora y editora, es usted una mujer muy valiente, buscar la verdad y luchar por ella es una iniciativa muy noble, algo que está al alcance de muy pocos.

-       ¿Usted cree? – preguntó la joven  – hoy en día decir la verdad es casi un delito; diría que en muchos países es un delito muy grave.

-       Sus abuelos opinaban lo mismo – dijo el hombre sin nombre.

-       Y acabaron decepcionados con el mundo, con un sistema que con el paso del tiempo, les dio la espalda – replicó ella.

-       Sociología, demografía, geografía, historia, ecología…se ha convertido en poco tiempo en una activista realmente molesta, un activista comprometida que habla con conocimiento de causa, ¿no es cierto? – preguntó el caballero.

-       ¿Algún problema? – contestó ella sin un mínimo ápice de simpatía.

-       En absoluto, no era mi intención ofenderla, solo estaba cotejando la información que me han facilitado sobre usted; se perfectamente cuando alguien está mintiendo.

-       Análisis facial – dijo ella – pupilas, sudor, expresión, tics nerviosos…está usted al día, muy profesional, pero si no le importa, vayamos al grano – dijo la joven mirando su reloj. El hombre no se inmutó y al instante cambió de tema -

-       Este es el vehículo que le hemos preparado, espero que esté familiarizada con los Mercedes Benz  – dijo él caballero. La joven no contestó.

 

Tal y como habían convenido, le hizo entrega de un juego de llaves, mostrándole el vehículo que debería conducir hasta el pequeño aeropuerto de Innsbruck.

 

-       En la guantera encontrará una Walter cargada, creo que ya sabe como funciona, en estos casos siempre nos vemos obligados a tomar precauciones; su familia tenía pocos amigos…

-       En México DF no jugábamos con muñecas. Como bien sabe, no siempre he sido profesora  y editora – dijo ella.

-       También ha vivido un año y medio en Moscú como corresponsal, donde intentaron persuadirla para que no publicara ciertos artículos. Se que está preparada, nunca entrego un arma sin saber quien va a empuñarla – dijo el hombre.

-       Lo que ocurrió en Moscú fue un intento de atentado – añadió la joven. –

-       Creo que la prensa lo pasó por alto ¿no cree? – el hombre la miró fijamente, analizando todas y cada una de las respuestas de la joven.

 

 

-       Me importa una mierda lo que diga la prensa, – por unos instantes, la frente de la joven se llenó de pequeñas arrugas - por aquel entonces tenía 29 años y era mi primer trabajo en Rusia, luego vendrían mas, incluyendo una entrevista bastante polémica con las Pussy Riot  que, evidentemente, no gustó al Kremlin. - El hombre que acompañaba a la joven, asintió con la cabeza.

-       Por no hablar de sus famosos reportajes sobre el Bildelberg, las entrevistas a James Corbett y a Tony Gosling o sus artículos sobre  varias corporaciones farmacéuticas. Sin olvidar la corrupción en los medios de comunicación y el tráfico de armas a escala internacional.  – añadió el misterioso caballero.

-       Ha hecho usted los deberes…- dijo ella mirándole a los ojos. - Digamos que no soy muy buena haciendo amigos, sea por mi carácter o por como me gano la vida.

-       Digamos que no está obligada a hacer amigos, si me permite la observación –  el hombre seguía sin inmutarse.

-       No solo se la permito, sino que la comparto al cien por cien. – en aquel momento, la joven recordó un polémico editorial sobre la objetividad del periodismo actual.

 

 

Event Horizon era una revista realmente molesta para muchos políticos, banqueros y empresarios a nivel global; la prensa libre estaba en vías de extinción y el poder en Europa empezaba a mostrarse harto ante el exceso de sinceridad de un medio de comunicación insobornable, que se sustentaba sin un solo euro de subvención. Desde hacia varios años, las elites mundiales observaban con preocupación la formación de nuevos partidos de centro izquierda en muchos países de la Unión Europea. El aroma antisistema les provocaba nauseas, por tal motivo, varias corporaciones de empresas llegaron a amenazar con cerrar la revista en varias ocasiones. Por fortuna, Event Horizon contaba con buenos abogados y con el favor de una buena parte de la opinión pública. Aunque la revista se apartaba de los postulados de la mayoría de partidos políticos, buscando una independencia que le permitiera navegar con seguridad por aguas turbulentas, lo cierto era que la mayoría de redactores de Event no dudaban en atacar monarquías y gobiernos que cruzaban día tras día la fina línea entre la democracia y el totalitarismo, viajando sin temor hasta el corazón de muchos conflictos. La web de la revista y el blog personal de su editora, que contaba con miles de visitas diarias, se habían convertido en el objetivo de los principales grupos de poder que controlan los gobiernos y los medios de comunicación de la mayoría de lo que entendemos como occidente; el objetivo era remover la mierda hasta que salpique, según palabras de la máxima responsable de la publicación. El último año habían criticado duramente la labor de conocidos periodistas que vendían su alma al diablo a la hora de defender la mala praxis de varias industrias farmacéuticas, llegando incluso a recibir amenazas por parte de los abogados de dos compañías, que no aceptaban de buen grado las críticas en contra.

 

También habían criticado la política informativa de varios medios generalistas, destacando que el principal argumento que esgrimen los directivos de dichos medios es ofrecer información neutral y equilibrada, defendiendo la objetividad y la imparcialidad por encima de todo, algo totalmente falso según la joven que estaba a punto de iniciar un viaje al corazón del Tirol.

 

Ella tenía muy claro que el culto a la objetividad provoca que los corresponsales de guerra presencien tragedias, guerras o dramas humanos, cuyos responsables están perfectamente identificados; la mayoría de crónicas de dichos profesionales, terminaban llegando al público descafeinadas y manipuladas tras atravesar los filtros de jefes de redacción y directivos sin escrúpulos. Por fortuna, ser la editora de su propia revista le permitía sentirse libre a la hora de decidir el tipo de contenido que publicaba cada mes, pero dicha libertad era muy cara de conseguir, pues las vías de financiación estaban experimentando una peligrosa regresión desde hacia un par de años.

 

El sol seguía brillando en el sur de Baviera, la temperatura era fría pero soportable.

 

La joven se abrochó su chaqueta y miró directamente a los ojos del hombre que tenía delante, acercándose hasta tenerlo a menos de cuarenta centímetros. No quería que nadie a su alrededor escuchara la conversación a las puertas del Hotel Müller.

 

-       Sigo viva por muchos motivos, puede que uno de ellos sea porque no

tengo amigos – el hombre la miró a los ojos de un modo que ella recordaba, había visto esa mirada en muchos policías, militares y en mas de un mercenario a lo largo de los últimos cinco años.

Era una mirada que mezclaba la compasión y la impotencia a partes iguales. No había atisbo de odio o rabia en ella, solo tristeza y amargura.

 

-       Tenga mucho cuidado, puedo asegurarle que el legado de su abuela llamará la atención de gente con muy pocos escrúpulos; hablo de indeseables bien organizados; gente que sabe muy bien quien era su abuela y que labor desarrolló junto a sus colaboradores mas cercanos. Durante años se han movido en las sombras, cegados por oscuros intereses que podrían poner su vida y la de sus seres mas queridos en grave peligro; por tal motivo le aconsejo que nunca baje la guardia.

-       Es usted muy amable – dijo la joven esbozando una sonrisa torcida.

-       No bromeo, usted creía conocer muy bien a su abuela, pero hay detalles de su vida cuya importancia desconoce – dijo el caballero con seriedad - Hablo no solo a nivel geoestratégico y de responsabilidad política, sino de algo que va mucho mas allá. No creo que esté al corriente, pero tarde o temprano lo descubrirá.

-       Creo que capto la idea – dijo ella. Su voz ya no sonaba tan convincente.

-       Mi cliente no deja cabos sueltos, ha sido un placer conocerla señorita.

-       Supongo que resultará fútil preguntar quien es su cliente – dijo ella con cierto sarcasmo en la voz.

-       Supone bien. No estoy autorizado a revelar su nombre, pero en breve lo conocerá, es alguien muy cercano a su familia; tenemos mucho trabajo por delante, no es mi intención entretenerla, espero que el tenga un buen viaje hasta Innsbruck y el Pirineo francés – dijo el desconocido.

-       El mundo sería un lugar mucho mejor para vivir sin tanto misterio, pero nosotros no dictamos las reglas. – dijo ella.

-       Moviéndonos siempre por una línea muy fina entre la cordura y la locura – añadió el caballero.

-       Decía el poeta y escritor Charles Bukowski que algunas personas no enloquecen nunca, por tal motivo el artista se preguntaba qué vida verdaderamente horrible debían tener – dijo ella; el hombre enarcó una ceja, sorprendido.

 

La joven cargó su maleta y su mochila en el maletero del Mercedes y sin demorarse, se despidió de su contacto en el sur de Alemania, arrancó el vehículo y dejó atrás el Hotel Müller. - Quien había organizado el viaje desde el sur de Alemania al Pirineo francés, no cometía errores ni se andaba con rodeos – pensó mientras conducía.

 

Observó que el deposito de gasolina estaba lleno, chequeó el ordenador de abordo, climatizó el vehículo a su gusto y encendió el sistema de audio. Con una mano sincronizó su IPhone con el Bluetooth de abordo y cuando la voz de Sia empezó a desgranar las primeras notas de Chandelier, volvió a repasar mentalmente todo lo que había vivido los últimos días, ordenando sus ideas. Las cumbres nevadas, la frondosidad de los bosques y el cielo azul se convirtieron en el escenario perfecto para disfrutar de una conducción tranquila.

 

Tras el fallecimiento de su abuela y mientras se realizaban las gestiones pertinentes antes de la lectura del testamento, la joven había decidido tomarse una semana de vacaciones en Baviera con la intención de realizar una desconexión temporal; su vida necesitaba breves desconexiones, por tal motivo solía refugiarse en el Yoga y la escalada, pero en ocasiones, era necesario ir mas allá. Conocía el Pirineo, los Cárpatos y el Cáucaso, pero los Alpes eran los Alpes, era algo que venía de serie, grabado en su impronta familiar; caminando, escalando o esquiando experimentaba sensaciones y emociones imposibles de describir con palabras. Oriunda de Paris, desde hacía siete años había fijado su residencia en Edimburgo, Escocia, donde se encontraba la sede de Event Horizont. Esta era la segunda vez que visitaba los Alpes bávaros, disfrutando de una tranquilidad relativa, pues su sexto sentido seguía manteniéndola en alerta tras recibir una visita inesperada al salir de una de sus clases en la Universidad de Edimburgo hacía tan solo un par de semanas. La joven compaginaba su labor como editora y activista con la docencia, impartiendo el curso de posgrado de Sociología; disfrutaba desarrollando temas tan interesantes como podían ser el desarrollo sostenible, las migraciones de refugiados y desplazados, los derechos humanos o la evolución cultural de los países emergentes.

Fue durante un breve receso, en la biblioteca de la Universidad, cuando dos hombres de mediana edad se presentaron ante ella; - o eran funcionarios del gobierno o miembros de alguna agencia, pero no tienen pinta de profesores – pensó. Los dos hombres, elegantes y educados, la acompañaron hasta uno de los patios interiores de la universidad. Uno de ellos, vestido con el tradicional kilt escocés, tomó la iniciativa sentándose junto a ella en un banco; el otro hombre permaneció de pié. El hombre del kilt le hizo entrega de una pequeña caja de madera, con un sobre acolchado en su interior, varias fotografías y una carta. Ella observó el contenido de la caja con tristeza, eran tantos los recuerdos que afloraban que necesitó unos minutos para regresar a la realidad.

 

Sin demora, aquel hombre le explicó que era conocedor de la reserva que ella había efectuado para disfrutar de unas vacaciones en los Alpes bávaros y sin que ello afectara a sus planes, la invitaba a asistir a la lectura del testamento de su abuela en una fecha y unas coordenadas que encontraría dentro del sobre que le habían entregado. El albacea del testamento era un hombre de confianza que conocía muy bien a su familia; con total discreción se había ocupado de todos los detalles relacionados con la logística y el alojamiento de la joven, invitándola a aceptar un medio de transporte privado para viajar desde Alemania hasta el sur de Francia. Pero había algo que no encajaba, su instinto la mantenía en alerta y por tal motivo, Inicialmente desconfió de los dos jóvenes funcionarios. Ella sabía como trabajan los correos de las organizaciones que no aparecen en Google; no era la primera vez que alguien establecía contacto sin seguir los cauces habituales y bajar la guardia sería sinónimo de cometer una grave imprudencia. Tras analizar la situación, había decidido abrir el sobre y fue entonces cuando decidió dar credibilidad al asunto.

 

Las instrucciones estaban muy claras: dentro de unos días debería partir de Hohenschwangau y viajar hasta Innsbruck, desde donde volaría hasta el aeropuerto de Girona - Costa Brava para tomar de nuevo un vehículo que la conduciría hasta Eina, una pequeña población situada a los pies del imponente macizo del Cambre d´Ase, en el Pirineo Oriental francés, donde tendría lugar la lectura del testamento. No hacía falta confirmación, sabía la fecha y el punto de encuentro; según las instrucciones que le habían facilitado, el engranaje funcionaría a la perfección. Mientras conducía, la joven recordó que le había llamado la atención una pequeña tarjeta que encontró en el interior del sobre, tal y como rezaba el texto: - es imprescindible que no hable con nadie de este asunto, ni siquiera con sus familiares mas cercanos, su pareja o sus amigos. Solo usted está autorizada a leer lo que encontrará en este sobre – el mensaje ampliaba considerablemente la sensación de misterio. Recordar su particular encuentro en un claustro de Edimburgo trajo a su memoria durante unos minutos paisajes de Escocia que formaban parte de sus recuerdos. La isla de Skye, los Highlands, las luces de otoño, los aromas de la tierra, la humedad… Desde que era una chiquilla, llenaba su vida con recuerdos, momentos únicos, buenos y malos, convirtiendo su cerebro en un enorme disco duro de imágenes imborrables.

1 Comentarios Escribe tu comentario

  • #1
    Fecha comentario:
    02/04/2020 11:35
    #1
    Me ha gustado mucho! gracias!

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    • Gracias!

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