Marta

Marta
¿Crees que Marta tomó la decisión correcta?

A las siete y trece de la mañana, Marta abrió los ojos con la sensación de haber dormido dentro de un saco de patatas… y no precisamente de los buenos, sino de los de almacenaje barato del súper de barrio.

Estirada lánguidamente en la cama, escuchaba los suaves ronquidos que salían del cuerpo inmóvil del chico que tenia a su lado y que parecían el ralentí de una moto vieja aparcada en un garaje de montaña.

Se habían conocido en el parking de la estación al final de ese increíble día de esquí con más de veinte centímetros que habían caído la noche anterior. La conversación que empezó casualmente al tener los coches aparcados uno al lado del otro, siguió con una tarde en un Apres-ski bar

—¿Por qué soy tan imbécil? —pensó—. No me lo puedo creer… otro error más para la colección en el museo del desastre emocional.

El ronquido seguía, pero ahora con un ligero gorgorito final, como si soñara que estaba pasando por nieve primavera.

Él, en la cena posterior había pedido Coca-Cola en vez de vino.¿A quién se le ocurre? Eso, en su mente, ya era una señal: o no tenía clase… o estaba escondiendo algo…o simplemente era un tipo práctico que quería llegar a la primera bajada del día siguiente más fino que la nieve recién caída.

No era guapo-guapo… pero tampoco feo. Un seis con cinco sólido, con potencial de siete con ocho si dejaba de ponerse ropa china barata como si fuera un anuncio de última hora.

Sus formas eran algo bruscas, casi alpinas, como esas paredes que cuando las ves desde la silla dices: “buah, ni de coña”, pero que  al final bajas…porque siempre hay una última bajada que te puede cambiar la vida.

Marta creía que en la nieve podían entenderse. Ahora tocaba averiguar si el resto de la historia tenía el mismo nivel de la noche.

Se levantó sin hacer ruido, preparó café y miró por la ventana: sol radiante, veinte centímetros de polvo fresco y cero viento.

Un día sagrado. Un día que, si creías un poco en el destino, no se podía desperdiciar.

Él apareció arrastrando los pies, despeinado, camiseta térmica de un color indefinible entre verde militar y verde vomitona de zombie.

—¿A qué hora abren los remontes? —preguntó con voz de resaca emocional.

Bien, pensó Marta, no empieza hablando del partido de anoche. Primer mini-punto.

Se sentaron a desayunar.

Él se sirvió huevos, bacon, tostadas, mermelada, dos croissants y un trozo de tarta de manzana.

Ella lo miró con ojos muy abiertos.

—¿No te da miedo esquiar con tanto en la tripa?

—No —dijo él—. La gravedad es mi aliada.

Marta no pudo evitar sonreír. Touché.

Subieron a pistas.

Él hablaba poco.

Ella hablaba mentalmente demasiado.

En la cabina él estaba centrado en la montaña.

Ella intentando averiguar si era un proyecto, una ilusión, o un error por el que que iba a entrar directa en la Séptima Temporada del diario de fracasos afectivos.

Al llegar a la cima, él se ajustó las botas con precisión de relojero suizo y dijo:

—Vale, Marta, bajamos juntos la primera. Prometo no ir demasiado rápido.

—Genial —respondió ella con media sonrisa—. Y yo prometo no analizar tu personalidad entre giro y giro.

Él se quedó quieto un segundo, frunció el ceño… y entonces sonrió:

—Trato justo.

Y arrancaron.

Él bajaba sólido, fluido, agresivo pero elegante;

Ella bajaba con técnica, estilo y ese toque de “no me dejaré impresionar tan fácil”.

Cuando se detuvieron abajo del todo, jadeando en el frío aire de la mañana, él la miró y dijo:

—Tienes buena línea.

—Tú también —respondió ella— Aunque te faltan un par de curvas suaves en la vida real.

Él se rió.

Y ella también.

En ese momento a Marta le quedó claro:

…pero al final bajas…porque siempre hay una última bajada que te puede cambiar la vida...

En la nieve podían entenderse. Ahora tocaba averiguar si el resto de la historia tenía el mismo nivel que el carving.

Pero él esquiaba tan bien…tan endiabladamente bien, que Marta, mirando al techo de la cabina en la nueva subida, dejó escapar un suspiro y pensó para si...

—Vale… tal vez… tal vez valga la pena moldearlo. Como unos esquís bien encerados. Como un freerider que aún no ha entendido que, en la vida, las curvas también se negocian con estilo.

Y allí, mientras él seguía mirando posibles nuevas lineas desde el telecabina, Marta tomó una decisión silenciosa, peligrosa y ligeramente ridícula:

Si él sabía bajar paredes verticales, ella sabría bajarle el ego y  cambiarle el armario, porque, al final, como diría cualquier viejo esquiador con rodillas de titanio:

No importa con quién compartas la cima… lo importante es quién te espera al final del valle.

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11 Comentarios Escribe tu comentario

  • #1
    Fecha comentario:
    03/12/2025 09:20
    #1
    muy chulo el relato :+:

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    • Gracias!
  • #2
    Fecha comentario:
    03/12/2025 09:49
    #2
    Muy buena elección de Marta, un buen esquiador lo vale. Ademas todas hacen lo mismo, mas o menos.

    Buen relato.

    Y mejor temporada. :+: :+:

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    • Gracias!
  • #3
    Fecha comentario:
    03/12/2025 11:43
    #3
    Muy bueno, friki! Pero vamos, Marta ya debería saber que un esquí de slalom no se convertirá nunca en uno de freeride.

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    • Gracias!
  • #4
    Fecha comentario:
    03/12/2025 11:46
    #4
    Lo que no te pasa friki!!!

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    • Gracias!
  • #5
    Fecha comentario:
    03/12/2025 14:54
    #5
    Buena decisión, Marta.

    karma del mensaje: 17 - Votos positivos: 1 - Votos negativos: 0

    • Gracias!
  • #6
    Fecha comentario:
    03/12/2025 16:11
    #6
    #3 nunca hay que subestimar el poder de la mujer.... :) :) :)

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    • Gracias!
  • Coe
    Coe
    #7
    Fecha comentario:
    03/12/2025 18:24
    #7
    Que bueno, Friki.
    Me ha gustado mucho ¡¡¡¡¡

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    • Gracias!
  • #8
    Fecha comentario:
    04/12/2025 07:23
    #8
    Sin conocerse ya en la cama?
    Dar la intimidad a alguien desconocido?
    Quejas después por lo que sucede, machismo, etc.?
    Marta podía tomar decisiones más inteligentes.

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  • #9
    Fecha comentario:
    04/12/2025 08:30
    #9
    #8 el mundo joven de hoy es muy rapido... ademas la iniciativa hoy en dia es de las chicas... y por supuesto la toma de decisones... leela otra vez mas lentamente y a lo mejor ves mas cosas...



    Gracias por leer!


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    • Gracias!
  • #10
    Fecha comentario:
    05/12/2025 12:56
    #10
    jajajaja el relato es muy ajustado a la realidad, luego podremos decir que si machismo escondido, que si feminismo falso.... bah.,

    La realidad es que una mujer generalmente siempre quiere adaptar al hombre y el hombre muy pocas veces. En este relato sublime lo unico que no he visto es... los supuestos 20cm de polvo.... donde están? :diable:

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    • Gracias!
  • #11
    Fecha comentario:
    05/12/2025 18:09
    #11
    #10 fue muy privado... :lol2: :lol2: :lol2:

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    • Gracias!

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