Si en 2025 “viajamos” con Carmela Olmo a Estados Unidos para conocer la estación de Jackson Hole, esta temporada la esquiadora aranesa se ha desplazado hasta las antípodas para pasar allí los meses de verano.
¿Por qué te has decantado por Nueva Zelanda?
Cuando tenía 13 años estuve en esas mismas estaciones de Nueva Zelanda durante nuestro verano, viajando con mi familia para visitar a mi padre, que trabajaba como entrenador en el club de competición de esquí QAST (Queenstown Alpine Ski Club). Durante dos veranos consecutivos pasé un mes entrenando con el club y viviendo con una familia kiwi de la zona. Guardo recuerdos muy especiales de aquella experiencia y siempre pensaba: “cuando sea mayor, volveré aquí”. Aunque en los últimos años parecía algo complicado, finalmente se ha cumplido y he regresado después de 10 años.

Has estado en dos estaciones, Coronet Peak y The Remarkables. ¿Qué destacarías de cada una de ellas?
Las dos son estaciones muy especiales para mí y cada una tiene su propia “especialidad”.
De Coronet Peak destacaría, sobre todo, lo cerca que está de Queenstown y la diversidad de su terreno. Es una montaña de altitud relativamente baja, con un carácter de “montaña rusa”, pistas anchas y bien pisadas, y opciones para todos los niveles, desde verdes hasta negras. Es una estación muy viva y con un fuerte ambiente local, aunque en los últimos años haya llegado mucho turismo. Es habitual ver a los locales empezar el día con los First Tracks, de 8 a 9 de la mañana, deslizándose sobre el corduroy recién pisado antes de ir a trabajar. Además, las vistas desde la estación son espectaculares, y esquiar durante First Tracks y/o Night Ski (de 17:00 a 21:00) con el amanecer o el atardecer es simplemente brutal. Y sí, ¡vuelven a pisar las pistas para el Night Skiing! Según tengo entendido, Coronet Peak ofrece la jornada de esquí más larga del país, combinando First Tracks por la mañana y Night Skiing por la noche.
Por otro lado, Coronet Peak también destaca por su fuerte enfoque en el alto rendimiento. Cuenta con pistas de entrenamiento específicas para equipos de competición de esquí alpino, incluyendo un t-bar (percha) que permite hacer vueltas muy eficientes. Es sede habitual de competiciones FIS y nacionales, y durante la temporada es común ver entrenar a corredores internacionales e incluso de la Copa del Mundo, lo que crea un ambiente único y muy motivador.
The Remarkables, en cambio, tiene una personalidad distinta a la de Coronet Peak. Está un poco más alejada del centro de Queenstown, pero el propio trayecto ya forma parte de la experiencia: una carretera que comienza asfaltada, con curvas que van ganando altura hasta llegar a la base de la estación, ofreciendo vistas impresionantes. Además, gran parte del camino no cuenta con barrera de seguridad, lo que añade un punto extra de aventura. La estación se asienta en un gran bol abierto con forma de embudo, muy característico.
Aunque The Remarkables quizá no tenga tantas pistas como Coronet Peak, sigue ofreciendo pistas anchas y con una progresión muy bien pensada. Sin embargo, lo que realmente la distingue es su fuera de pistas, con excelentes opciones de chutes, caminatas a cumbres y zonas de backcountry. La mayor altitud se nota tanto en la calidad de la nieve como en un terreno más empinado y alpino, razón por la cual acoge la Freeride World Tour Academy y varias competiciones de freeride. Además, cuenta con un snowpark muy completo, pensado para todos los niveles: desde los más pequeños y quienes están empezando, hasta aquellos que buscan progresar hacia el alto rendimiento.
Ha sido toda una experiencia vivir entre ambas estaciones y poder trabajar y esquiar a diario, aprovechando las distintas cualidades y características que ofrece cada una.
Si tuvieras que definir a cada una con una palabra, ¿cuáles serían?
Coronet Peak: hogareña. Es acogedora, familiar, de confianza.
The Remarkables: surfista. Es como una ola, con esa vibra de movimiento constante, como cuando surfeas, vas de aquí para allá, subes, bajas, exploras líneas nuevas, buscas tu propia ola en la montaña.

¿Qué es lo que más te ha llamado la atención del esquí en Nueva Zelanda?
He tenido la oportunidad de esquiar en otras estaciones además de Coronet Peak y The Remarkables, muchas de ellas muy locales y auténticas. Estaciones con "lodges" (cafeterías) y telesillas sencillos, casi como pequeños refugios, y con tipos de remontes clásicos, como los nutcracker (“cascanueces”), que funcionan mediante una pinza articulada que sujeta al esquiador a una cuerda en movimiento. En todas estas pequeñas estaciones, el acceso a las pistas ya es una experiencia en sí misma: carreteras sin asfaltar, sin quitamiedos y con fuertes desniveles, como si fueras a cruzar un puerto de montaña. La mayoría de las veces es necesario llevar cadenas o contar con un 4x4 para poder llegar.
Todo esto me ha parecido una experiencia de esquí muy diferente a la de cualquier otra parte del mundo.
Por otro lado, me ha llamado especialmente la atención la motivación de la gente y esa mentalidad de “disfrutar lo que haya”. Da igual si hay más rocas que nieve: suben igual, siempre con una sonrisa y con ganas de aprovechar cada metro esquiable.
Después de haber pasado los últimos años en Jackson Hole, donde nieva muchísimo más, esa falta de nieve a veces me hacía dudar si, en mis días libres, valía la pena subir a esquiar o hacer otro plan. Pero ver su energía y sus ganas acababa contagiándote.
¿Algo que importarías a las estaciones europeas?
Quizá cómo trabajan la experiencia del cliente. No se trata solo de esquiar, sino de crear una experiencia completa: actividades fuera de la estación, otros deportes y experiencias típicas de la zona, y la posibilidad de pasar la semana disfrutando del entorno sin que todo gire únicamente alrededor del esquí. Esto hace que la visita sea mucho más completa y memorable para el turista.
Por otro lado, desde el punto de vista de estrategia de negocio, están apuntando a ofrecer más clases privadas y de día completo. Aunque son más caras, la satisfacción del cliente es mucho mayor, lo que a medio plazo resulta beneficioso para la estación y para la fidelización de los visitantes.

¿Cuáles son los principales obstáculos que te has encontrado?
Uno de los principales obstáculos que me he encontrado ha sido ese estilo de trabajo más relajado que a veces se volvía caótico. Ajustarme al “easygoing” neozelandés me hizo darme cuenta de que, al final, uno necesita organizarse mejor para no vivir con una sensación constante de urgencia. Quizás no llegar al extremo de los Kiwis, pero sí encontrar un equilibrio entre su calma y mi / nuestra manera más rápida de hacer o querer hacer las cosas.
Si tuvieras que organizar un viaje a este lugar, ¿cuáles serían tus recomendaciones?
Buff… Hay mucho más de lo que yo he podido experimentar en Nueva Zelanda. Pero definitivamente ir a esquiar en los club fields, la mayoría de los cuales están en la Isla Sur. Son estaciones pequeñas y muy auténticas, gestionadas por clubes locales pero abiertas al público, con remontes antiguos, muchos usan rope tows (un tipo de remonte neozelandés), a veces con el sistema “nutcracker”. El terreno suele ser bastante natural, con la mayoría de zonas sin pisar y con mucha posibilidad de caminar (bootpacking) para encontrar bajadas top. Lo ideal es pasar la noche en estas estaciones, reservando alojamiento en montaña: pequeños refugios a pie de pista, con mucho carácter y autenticidad.
Después, probar rutas de esquí de montaña y dormir en refugios es otra experiencia que no se puede perder. Y aunque yo aún no he tenido la oportunidad, hacer heliski en cualquier zona de Nueva Zelanda debe ser increíble.
Más allá del esquí, recomiendo explorar los rincones del país y disfrutar de la diversidad de paisajes y tipos de naturaleza. Cada lugar tiene algo especial que lo hace único, y es una parte fundamental de la experiencia neozelandesa.

Bares y restaurantes favoritos por la zona…
Bares y cervecerías:
Canyon Brewing: Ambiente relajado y buena selección de cervezas artesanales.
Altitude Brewing: Ideal para probar cervezas locales mientras disfrutas de vistas al río.
Gantley’s Tavern: Clásico pub kiwi, con comida reconfortante y buen ambiente.
Restaurantes y comida casual:
Fergburger: Icono de Queenstown, hamburguesas enormes y deliciosas.
The Cow: Restaurante acogedor, famoso por su pasta casera y pizzas al horno de leña.
Chur Fish and Chips: Perfecto para un almuerzo rápido y auténtico, estilo neozelandés.
Slow Cuts: Carnes a la parrilla y platos generosos, perfecto para los amantes de la buena carne.
Cafés y pastelerías:
Arrowtown Bakery: Panadería histórica, ideal para desayunos o brunch con productos frescos.
Hustl. Cafe: Café de especialidad con un ambiente moderno y relajado.
Odelay Cafe: Café y brunch con mucho estilo, buen lugar para recuperar energía antes de esquiar.
¿Cómo es el perfil del esquiador en Nueva Zelanda?
El perfil del esquiador en Nueva Zelanda es bastante variado. Por un lado, a nivel turístico hay muchísima presencia de asiáticos y de australianos, que representan gran parte del público visitante durante la temporada. Es un tipo de esquiador que viene a disfrutar, a probar algo diferente, y a vivir la experiencia del invierno en lugares muy distintos. La mayoría de ellos siendo principiantes.
Y luego está el esquiador local, que diría que se divide en dos perfiles muy marcados: por un lado, el principiante que viene desde las ciudades grandes a pasar unos días en la nieve, y por otro, el esquiador con tradición anglosajona, que suele llevar toda la vida esquiando y tiene una cultura de montaña muy arraigada. Este último grupo es el que más aprovecha los club fields, el backcountry, y las condiciones más desafiantes de la isla.

Alguna anécdota que hayas vivido durante estos meses…
Por una parte, haber vivido un pequeño terremoto en casa. Estaba sentada en el sofá y de repente sentí cómo la casa empezaba a moverse en forma de ola, desde una esquina hasta la otra. Fue muy leve y no pasó nada, pero fue una sensación de mezcla de susto y sorpresa distinta.
Y por otra parte, el viento en las pistas también me dejó anécdotas para recordar. Hubo días en los que, literalmente, tenías que intentar que ni tú ni tus clientes salierais volando… y otros en los que solo estaban abiertas las cintas. Aun así, tocaba sacar la clase adelante, improvisar, adaptarse a las condiciones, y hacer que el tiempo valiera la pena. Al final aprendes a ser muy flexible y a dar buenas clases incluso en días que parecen imposibles.
Echando la vista atrás, ¿qué dirías que has aprendido de esta experiencia?
Echando la vista atrás, he aprendido muchas cosas en dos planos distintos. A nivel más laboral y de oficina, he podido ver maneras de trabajar muy diferentes a las que estaba acostumbrada. Algunas me han parecido positivas y me las llevo como aprendizaje, y otras no tanto, pero me han ayudado a reflexionar y a entender mejor qué métodos son realmente eficientes para mí y para un equipo. Ha sido un aprendizaje constante.
Y desde el punto de vista de instructora, he reforzado la idea de lo importante que es invertir en la formación del equipo. Al final, los instructores somos el punto de conexión directa con el cliente, y si queremos ofrecer una buena experiencia, necesitamos estar bien entrenados, motivados, y con oportunidades de seguir creciendo. Animar a certificarse, ayudar a que cada uno mejore, y tener una buena estructura para asignar instructores según el tipo de cliente son claves para mantener la motivación y la calidad del servicio.

¿Qué consejo darías a alguien que quiera hacer una temporada de esquí en Nueva Zelanda?
Mi consejo para alguien que quiera hacer una temporada de esquí en Nueva Zelanda sería organizarse bien para poder trabajar fuerte durante la temporada y así tener días libres para conocer otras estaciones de esquí. Y, una vez terminada la temporada, recorrer el país.
Nueva Zelanda ofrece muchísimas oportunidades para los amantes del deporte. Si te gusta la bici de montaña, hay senderos increíbles por toda la isla y opciones de bikepacking para recorrer varios rincones. También hay mucha bici de enduro y bike parks, todos con vistas espectaculares. Y si te gusta el surf, las playas locales son auténticas y aptas para todos los niveles.
En general, la isla es perfecta para combinar el esquí con otras actividades deportivas y viajes. Además, recomiendo comprar un coche para moverse cómodamente y poder explorar libremente. En Nueva Zelanda es muy fácil comprar y vender vehículos, y los precios son muy razonables.

