Comenzó en Sierra Nevada y ha trabajado en muchas estaciones del mundo repartidas por España, Austria, y América. En 1993 escribió Esquiar con los pies, el que se ha convertido en el libro de esquí más leído en castellano, que ya va por su quinta edición, y es el primero de la trilogía Esquí moderno aplicado a la montaña y Esquí, rendimiento y emoción.
Además de estos títulos, ha escrito diversos manuales para profesores, como Aprender a esquiar (coautor) y Técnica y metodología del esquí alpino. Pionero en la divulgación sobre esquí en internet, mantiene desde el año 2000 un blog con más de 500 artículos que son consultados continuamente por aficionados y profesionales en El Rincón de Carolo de Nevasport.
¿Cómo ves el esquí en la actualidad?
Tengo una visión muy limitada, claro, pero me da la impresión de que se dirige a un paradigma nuevo. En los años 80 y 90 se produjo la gran eclosión del esquí de masas y, en la segunda década del 2000 la crisis que, ahora, parece haberse recuperado, mostrando, muy resumidamente, dos grupos: una masa grande y muy rentable de visitantes ocasionales que prueban y no vuelven, frente a un pequeño grupo de aficionados fieles que crece muy lentamente. Esto era así también hace 20 años, pero la diferencia ahora, me parece, está en que todo el mundo está mucho más informado gracias a internet. Eso ha generado adaptaciones como, por ejemplo, los cambios repentinos de reservas debidos a la información meteorológica, la selección del material o de las clases de esquí tras comparar calidades y precios, la elección de destinos que antes hubiera sido difíciles de conocer o que parecían poco accesibles, etc. Por poner un ejemplo al azar, pensemos en cuántas personas hubieran siquiera imaginado esquiar en Japón hace 30 años, y cuántas van ahora. Que Japón esté de moda se debe, entre otros factores, a la certidumbre que genera poder conocer hasta el último detalle condiciones, previsiones meteorológicas, alojamientos, material disponible… incluido, jaja, hasta saber el aspecto de la parada del tren que tienes que coger. En resumen, creo que internet, además de lo evidente, genera una certidumbre, una sensación de control y seguridad, que estimula y enriquece nuestro mercado.
Desde tu punto de vista, ¿cuáles son los mayores cambios que ha experimentado este deporte?
Ha habido cambios tecnológicos obvios, además de socioeconómicos. Relacionado con lo anterior, hay también un elemento que podríamos llamar político. En su entorno, el esquí jugó un papel patente –aunque quizás desapercibido- en los cambios sociales del siglo XX. Cuando la burguesía británica empezó a establecerse en los Alpes, a finales del siglo XIX, surgió una industria, no solo hotelera y gastronómica que convirtió zonas paupérrimas en inmensamente ricas, sino también una economía del conocimiento que benefició a todo el que tuviera habilidades relacionadas con la nieve (los profes de esquí somos el ejemplo más claro: solo sabiendo esquiar, ya podíamos ganarnos la vida con personas que, de otro modo, tal vez ni nos hubieran dirigido la palabra en su vida). Las pelis de montaña de la Segunda Guerra Mundial y la posterior prosperidad occidental popularizaron el esquí, pero hasta los años 80 y 90 fue un deporte con cierta carga elitista por los evidentes recursos, en tiempo y dinero, necesarios para practicarlo.
Esas últimas décadas del XX vieron la entrada de los grandes turoperadores turísticos en el mundo de la nieve, que contribuyeron a convertirla en deporte de masas. Simultáneamente, se remontó cierto estancamiento con innovaciones tecnológicas como los “carving”, pero también se importaron modos de hacer de la entonces poderosa industria del surf, de la mano del naciente snowboard. Atrajeron al mundo endogámico y cerrado del esquí a grandes patrocinadores para eventos deportivos, además de un crecimiento de la moda de montaña nunca vista hasta entonces. Esa ebullición captó, a su vez, nuevas inversiones y animó a la industria a innovar, ampliar sus gamas y salir de sus pequeños nichos para integrarse en las grandes industrias del deporte.
Hoy, creo, estamos asistiendo a una “meseta” en esos cambios, que veo enormes, aunque hayan ocurrido poco a poco. Los practicantes se han dividido, a grandes rasgos, en nórdicos, alpinos, snowboarders, “frirraiders”, “fristailers” (lo escribo mal a propósito, jaja), y montañeros de denominaciones diversas, a veces con combinaciones de varios de los anteriores tipos. Si me permites la broma, hace solo 40 años una persona era todas esas cosas juntas, simplemente, subiendo a esquiar y todo con un solo equipo, jaja. Hoy puedes elegir identificarte con una o varias de esas opciones y tienes una inmensidad de oportunidades para equiparte, viajar, etcétera, que ha sido impensable en toda la historia de la humanidad, como decíamos antes.

Profesor desde 1985, ¿en qué se diferencian los técnicos deportivos hoy en día a los de hace treinta años?
Algunos compañeros insisten en que antes todo era mejor, pero creo que son reconstrucciones de la memoria, por así decir. Yo veo eminentemente semejanzas, aunque se han dado algunos cambios debidos a la evolución natural de la sociedad. Es verdad que, como hemos dicho más arriba, la industria se ha transformado considerablemente y es natural que haya habido adaptaciones. El instructor de hoy se enfrenta a una masificación mayor, alumnos, en general, en su mayoría de nivel bajo, que rotan mucho y raramente vuelven a las escuelas tras llegar al paralelo básico. También, la obsesión legisladora de las administraciones actuales hace que los profesores reciban una formación, digámoslo eufemísticamente, más teórica y menos práctica, lo que puede tener algunas consecuencias negativas en los primeros pasos en el oficio.
Se observa que los profes duran mucho menos en la profesión, algo que ya veía cuando trabajaba en Austria hace años: se sacan su primer nivel para ganar unos eurillos y esquiar gratis mientras estudian y, una vez terminada la carrera, ya solo vuelven a la nieve como clientes, no como trabajadores. Esto tiene un efecto indudable sobre la experiencia de la mayoría de las plantillas: en las escuelas hay unos pocos veteranos y el resto son personas con ilusión y ganas de hacerlo bien, pero que están de paso.
Añade a eso el efecto de la temporalidad. Las escuelas deben contratar muchos instructores en temporada alta, pero, al llegar la baja, no hay trabajo para todos. Es comprensible que no se pueda exigir la misma profesionalidad, compromiso, y nivel a un trabajador estable que al que solo va unos días de cada invierno. Esto puede generar la idea de que hay muchos profesores mediocres y extender esa sensación a todo el oficio, pero es un simple sesgo. Lo cierto es que los profesores solemos ser básicamente iguales que hace 40 años, cuando yo empecé: llegamos sin tener ni idea de enseñar y, con el tiempo, si nos gusta, nos comprometemos y vamos haciéndonos cada vez mejores, sea técnica, metodológica, tecnológica, o humanamente. Unos paran antes y otros no paran nunca, tanto de esquiar como de intentar enseñar cada vez mejor. En esto, creo, no hemos cambiado en absoluto. Las diferencias son, en fin, individuales.
¿Qué grandes errores consideras que cometemos los esquiadores?
Como digo desde mi primer libro, escrito en 1993 (casi la prehistoria, jaja) no me gusta hablar de errores, sino de habilidades que se tienen, o no, y que hay que aprender. Los errores se deberían citar, si acaso, de pasada, para contrastarlos con las destrezas necesarias. Para no enrollarme mucho, señalaría tres dimensiones: cualidades técnicas, tácticas, y estratégicas. Técnicamente pondría primero la posición; si no hay una buena posición al inicio del viraje, todo el resto serán trampas. Realmente, el 80% de lo que hace un atleta toda su vida, técnicamente hablando, gira alrededor de una posición equilibrada sobre el esquí exterior. Como segunda cualidad, aunque suene exótico, pondría la paciencia para esperar a notar el canto bajo los pies y la progresividad para emplearlo con eficacia. Sin paciencia nos apresuremos e inclinaremos o rotaremos mucho, o arruinaremos el corte de los cantos en la nieve con las prisas por girar. Luego está la dimensión táctica, cuyas habilidades están relacionadas con la mente y la capacidad de enfocar, calcular, imaginar geometrías, visualizar, activarnos o relajarnos a voluntad sobre el terreno. Finalmente, la dimensión estratégica tiene que ver con los cimientos que adquirimos a largo plazo. Por ejemplo, la condición física, indispensable para esquiar bien y, algo que muchísima gente olvida, la constancia. El aprendizaje de un deporte requiere invertir tiempo y recursos. Si no eres constante y perseverante, seguramente no alcanzarás el nivel que te gustaría, es decir, no te formarás integralmente en esas tres dimensiones. En los más de 500 articulitos que tengo publicados en esta web hablo extensamente de todo ello, así que no quiero sonar pesado, jaja.

¿Qué te hubiera gustado que te hubiesen enseñado para ahorrarte algún que otro disgusto, (o facilitarte más las cosas)?
Cuando empecé a esquiar no había todavía –en la enseñanza del esquí- una idea clara del efecto de la mente en el rendimiento. Igual esquiabas bien sin presión, pero te desmoronabas bajo ella. Me hubiera encantado tener un buen entrenador que me enseñara a usar autoinstrucciones eficaces, a poner el foco en el sitio adecuado, a relajarme respirando, a apartar los pensamientos negativos en la bajada… en fin, todo eso de lo que, precisamente, llevo escribiendo treinta años porque lo eché de menos en su momento. ¡Ah! Y también me hubiera gustado tener un buen preparador físico… Si la cantidad de horas dedicadas a machacarme por mi cuenta hubieran estado bien dirigidas, igual todavía sería un titán, en vez de la colección de lesiones y piezas de titanio que soy hoy, jaja.
¿Cuál consideras que ha sido tu mayor éxito profesional y por qué?
Dedicarme a escribir libros sobre esquí me abrió muchas puertas, entre ellas, Nevasport, donde he publicado cientos de articulitos. Quien tiene vocación de compartir lo que opina, cree o sabe, encuentra ahí un vehículo de una potencia extraordinaria, que transciende lo que puedas hacer en tus clases. Sin escribir, hubiera llegado a unas miles de personas en mi vida. Gracias a la escritura, el número se ha multiplicado por decenas de miles. Una de las experiencias más simpáticas es que alguien que no conoces de nada emplee tus mismas palabras para explicarte algo y te diga, “lo leí en Nevasport”, o “lo aprendí en un librito de esquí que tal y cual”, y resulta que es a ti a quien había leído, jaja. Como digo en la introducción de mi primer libro, lo que cuento no es nada que yo haya inventado porque, casi todo, son conocimientos intemporales y universales sobre esquí, pero eso no quita para que esté orgulloso de haber podido divulgarlo con eficacia.
Y ya en el plano material, mis tres primeros libros me han dado muchas oportunidades profesionales, entre las que destaco el centro para el que trabajo, SAFE, con los que he escrito otros dos manuales, más unas cuantas docenas de textos docentes para técnicos deportivos.

Una estación que cualquier amante del esquí debería conocer.
Es difícil elegir una. A diferencia de mucha gente, me gustan las estaciones pequeñas y poco masificadas. No me importa que tengan remontes viejos o poca oferta de après ski. Con todas las estaciones en las que he trabajado mantengo una conexión emocional, pero tengo especial recuerdo de la zona de Lake Tahoe, entre California y Nevada. Como no todo va a ser esquiar, recomendaría a toda persona con un mínimo de aprecio por el cine norteamericano que combinase unas vacaciones de esquí en California con una gira por su costa oeste. Le resultará extraordinariamente familiar y grata, precisamente por todas las cintas y series que la han retratado y, tal vez, viajando por todos esos lugares icónicos se sentirá, jaja, como dije en uno de mis articulillos “protagonista de su propia película”.
Una anécdota que siempre recordarás.
¡Son tantas! Pero, ya que estamos yendo al pasado, recuerdo que quise impresionar a la primera novia que tuve llevándola por unas canaletas estrechas y empinadas que conocía bastante bien. La nieve no estaba nada fácil esa jornada y, al llegar abajo y mirarla a ella, vi cómo bajaba mucho mejor, más fluida y controlada que yo, jaja, así que, desde ese día, ya nunca más quise impresionar a nadie.
Y algún momento en la nieve que te gustaría olvidar…
Todo el que haya estado tiempo suficiente ha tenido varias experiencias desagradables. Casi siempre por un cúmulo de pequeños errores, o incluso por una cadena de azares, que no es exactamente lo mismo. A veces, un simple desliz, una equivocación y, zas. Pero no hay nada que quiera olvidar; uno es resultado de lo que ha visto y, justamente, recuerda. Eso sí, hay una diferencia entre no olvidar y quedarse colgado en un acontecimiento desagradable. Creo que la cosa, sin ser yo nadie para dar consejos, es extraer el aprendizaje y que, al menos, sirva de algo positivo. Esas experiencias traumáticas nos han servido para ser más conscientes y para trasmitirlo a otros, si se dejan, claro.

El mejor consejo que te han dado.
Los consejos son muy peligrosos porque, lo que sirve para unos, no va para otros e, incluso, lo que pueda servirte hoy puede que ya no sea igual mañana, jaja, pero, sin ponernos filosóficos, y ciñéndonos al esquí, un viejo director, al que aprecio mucho, me dijo, “para esquiar bien tienes que ir siempre a lo más difícil para ti”. Para trabajar la técnica de base tienes cuatro o cinco horas diarias de clases en la que puedes –y debes- concentrarte en hacer buenas demostraciones. Pero, terminadas las clases, para esquiar realmente bien, si no vas yendo poco a poco adonde no se puede, donde no va nadie, si no te desequilibras, si no te caes mil veces, nunca serás realmente bueno. Seguramente esto –combinar la práctica controlada con los desafíos crecientes- no es solo aplicable al deporte, claro.
¿Cuál sería tu après ski ideal?
Depende mucho de los días, pero casi siempre es algo tranquilo, una cerveza con los amigos, o los compañeros, y ya. Descansar para la jornada del día siguiente. De joven trabajé mucho en bares, y la fiesta y el ruido ya no es lo mío. Como buen señor de mi edad, jaja, aprecio mucho más la buena gastronomía o alguna actividad deportiva ligera o de ocio relajado. La fiesta la dejo para las macroestaciones y para quien esté en esa fase de su vida en la que la disfrute. Y, bueno, esto es la teoría. La realidad es que, para los que trabajamos en esto, la mayoría de los días, tras esquiar, lo que toca es abrir el portátil y ponerse a trabajar, bien en las tareas pendientes de ese día o en las de la jornada siguiente, jaja
¿Cómo se presenta esta temporada 2024/2025?
Soy optimista. Este año, la temporada en América tanto del norte como del sur ha sido buena, de modo que aquí podría serlo también. No sé cuántos años me quedan de esquí, así que tengo que aprovechar lo máximo posible las que vengan. Probablemente esta temporada vuelva a organizar los cursos que hacía en los 2000, así que aquí me tenéis, esperando a que empiece.

