Hay días en los que todo se alinea.
Sale el sol. El viento está en calma.
La nieve cubre casi todo lo que alcanza la vista cómo una sábana recien planchada.
No hay huellas.
Estás tú, tus esquís y unos cuantos esquiadores más a tu alrededor sonriendo como niños una mañana de reyes.
Sientes que te lo mereces por haber aguantado la ventisca del día anterior.
La realidad es que es un día complicado y peligroso.
Igual que la mayoría de accidentes relacionados con avalanchas se producen con el Índice de Peligro 3, también la mayoría son con estos días de sol.
La gente va ansiosa a dónde más pendiente hay.
Nosotros empezamos por palas sencillas, bajo la silla Mirador.
La parte baja de Pasarells (sin entrar por zonas cerradas).
Y llegamos a Blanhiblar.
Parece un sueño, haces una bajada y no tienes una huella a la vista.
Enlazando un giro tras otro. Rítmico, casi hipnótico.
Poca pendiente, zonas seguras, disfrutando.
Y desde abajo, inspeccionamos la siguiente bajada, que volverá a ser una gozada.
Y así sin parar hasta las 14:00 casi, que ya exhaustos decidimos retirarnos. Tocaba tarde de coche.
Pero con la sonrisa puesta una semana entera.
Aquí tenéis uno de los vídeos más disfrutones de todo mi canal.
