El sueño de muchos esquiadores es un día soleado con nieve polvo recién caída (¿ya no se dice nieve virgen?). Y cuando digo muchos esquiadores, quiero decir demasiados esquiadores.
Todos nos hemos quejado de que a las 10:30 está todo trillado. En Baqueira he visto a ansiosos atarse las botas en la primera silla para salir remando a toda leche para estrenar Marconi o Escorna.
Lo que debería ser una de las experiencias más placenteras del esquí, me acaba poniendo el cortisol por las nubes porque siento que tengo que llegar a X sitio a estrenarlo para poder disfrutarlo mejor que nadie.
Por no hablar de los riesgos asumidos. Por mucho que el boletín ponga peligro 3 o 4 de aludes, hace sol, estamos en "estación" y hay que petar esa pala antes que nadie. Ya se habrá ocupado alguien de ver si está estable o no. Si podemos subirlo rápidamente a redes, mejor.
Pues recientemente disfruté (o sufrí) un día de powder distinto en Baqueira, y guardo un recuerdo muy grato a pesar de las condiciones.
Cero visibilidad, nevando, a veces nieve húmeda que se pegaba a la lente y una luz plana que daba cero relieve.
Lo que cualquiera consideraría un día de perros.
Mucha gente en la cafetería significa nieve polvo a rabiar casi por cualquier pista. Si te acercabas un poco a los bordes ya te enterrabas hasta las rodillas con facilidad.
Y además todo en terreno de mínima exposición, con una inclinación de 20 a 25º (pistas azules en su mayoría), las avalanchas de placa son físicamente imposibles.
Hay que tener un poco de cuidado si nos metemos por el bosque con los "Tree Wells", el efecto pozo creado por nieve poco compactada cerca de los árboles que nos puede meter en un aprieto. Pero con ir en pareja y estar pendiente del compañero es suficiente.
Esos días exigen esquiar despacio, y con prudencia. Puede que tengas delante una montaña de nieve y no la veas. Toca esquiar por sensaciones.
Me han preguntado cientos de veces por la mejor lente para ese tipo de días, y sinceramente, no hay ninguna que haga magia. Cuando hablo de esquiar por sensaciones me refiero precisamente a relajar la vista y fiarnos de nuestros pies. Ir flexionado y atento a lo que la punta del esquí va notando.
Más resistencia significa que viene una compresión o un bache. Menos resistencia que estamos en el aire y viene un salto o una mini caída. Incluso a veces iba cerrando los ojos cada giro para sentir más.
Mucho giro corto, mucho botecito y esquí suave. Cuando entras en ese estado de flow, te olvidas del frío, la humedad y el viento en la cara. Solo quieres hacer un par de giros más.
Además, es un día sin prisas. Si hay que parar a tomar un café o un chocolate para entrar en calor, no hay problema. Sigue nevando y las pistas van a estar igual cuando volvamos. Cero estrés, puro disfrute.
Aquí os dejo el vídeo de ese día (y del anterior) que disfrutamos durante el viaje de prensa del Freeride World Tour. Si queréis ver el día de powder, pasad a la segunda parte.
