¿Qué dirías si vieras a un motorista trazando curvas a gran velocidad por una pista de aterrizaje de un aeropuerto? Repitiendo giro tras giro de radio similar y símplemente en un vaivén de izquierda y derecha hipnótico. Seguro que no te diría gran cosa. Pensarías que está probando la moto para ver si está a punto. Nadie diría que está disfrutando o haciendo nada destacable.
Pues eso es lo mismo que yo siento cuando veo un esquiador carveando por una pista ancha y despejada. De hecho me genera hasta cierto rechazo.
Carvear se siente muy bien, pero se ve feo
No voy a mentir y decir que yo no carveo. Cuando las pistas y la afluencia de esquiadores lo permite, reconozco que disfruto intentando hacer giros conducidos perfectos, de radio medio y grande. Sentir la fuerza centrípeta intentando sacarme de la trazada y contrarrestarla apretando bien los cantos y dibujando un semicírculo perfecto es muy divertida, diría que casi adictiva.
Pero es empezar a ver los típicos vídeos de redes sociales de esquiadores de nivel alto y ver que todos esquían exactamente igual. Se ponen a carvear y técnicamente son perfectos, con esas caderas que rozan la nieve, como demostrando que cuanto más angules, más molas.
Tema aparte son las fotografías, esas me acaban resultando cómicas directamente. Esas fotos de catálogo que parece que la gente está sentada, que no sé si quieren demostrar más su pericia esquiando o su flexibilidad de cadera. Aunque es cierto que permiten ver bien la marca de los esquís, punto para el carving.
Tema aparte es la competición. Ahí el objetivo es claro. Ser el más rápido, y si para ello necesitas angular al máximo los cantos, bienvenido sea, pero es que incluso viendo un gigante a día de hoy, se ve muchísimo más que conducción. Me encantan esas entradas a puertas derrapando totalmente de lado para luego enganchar los cantos y finalizar los giros. Pura técnica concentrada.
El problema de la seguridad
Pero volvamos a lo nuestro, al esquí recreacional, al de los mortales. El material moderno es una maravilla de la ingeniería, no lo niego. Pero ha democratizado la velocidad a un precio peligroso. Hoy en día, cualquiera con diez o quince días de esquí y una habilidad física media-alta, se pone a 70 u 80 kilómetros por hora esquiando sin dificultad. El esquí hace el trabajo sucio, entra solo en el giro y te escupe con aceleración. ¿El problema? Que la velocidad la tienes, pero la lectura de nieve, la anticipación y los recursos para frenar o esquivar cuando la pista se complica, no.
Dejando a un lado el tema de la seguridad, lo que menos me gusta es la estandarización del esquí. Se enseña carving y parece que todos los pasos previos se dan, como objetivo para llegar a ese paralelo conducido perfecto. No toda la culpa es de las escuelas, al final se amoldan a lo que demanda el alumno. Pero por el camino se pierde el enseñar a disfrutar unos baches, a hacer paradas milimétricas derrapando, a negociar terreno desigual a gran velocidad. Cosas que demuestran tanta pericia como un giro carveado.
La muerte del estilo
Y además el estilo se muere. Ya es imposible reconocer a los esquiadores por su forma de esquiar, todo el mundo hace los mismos gestos optimizados y esquían como robots. Y el resto los intenta imitar como puede. Yo reconocía a mi padre esquiando a kilómetros, no por la ropa, si no por su forma de bajar. Y eso es algo que creo que es triste que se pierda.
Por mi parte seguiré carveando cuando lleve esquís carving y tenga pista libre, pero disfrutaré también con unos giros cortos derrapados bajo el telesilla, luciéndome en una Hollywood Line, o dándole a los baches cuando pueda. Mientras tanto en redes seguiré más a gente que hace cosas distintas, como till_i_break_it con sus trucos mezcla de freestyle moderno y hotdog ballet.
Otro ejemplo de esquiadores únicos son los chicos de Real Skifi en finlandia quitándole los cantos a los esquís para poder hacer rails de madera por la ciudad o haciendo trucos con pesos para demostrar las Leyes de Newton de una forma original. Otro caso especial es el andorrano Noah Albaladejo jugándose los dedos aterrizando trucos en rails cogiendo el esquí. Un truco casi único, que nadie hace, y le sirvió para ganar la última Slvsh Cup de Grandvalira, una competición de freestyle.
Y aquí tenéis el vídeo sobre todo esta reflexión.
