Para entender cómo se ha hecho realidad el primer banger park con airbag en España, entrevisté a Javier Colorado, ingeniero de caminos y la persona que diseñó la rampa. En la entrevista nos cuenta cómo surgió la idea, cómo eligieron el terreno y como se hicieron cálculos necesarios para que todo encajara a la perfección.
El día en el banger park fue genial, ya lo pudisteis ver en el anterior artículo, en el que colgué el vídeo entero del camp de verano y reflexionaba sobre el freestyle y la diversión.
Pero como es habitual, me gusta usar este espacio para dejar otras reflexiones.
Tras una mañana intensa de backflips (o intentos de) nos pusimos a comer sentados en el tubo de PVC que tienen montado con snowflex para sesiones de jibbing, la idea era darle después de comer, pero faltaron fuerzas.
De cualquier manera, me encontré explicando que algo como eso, una barandilla casera, una rampa, y un poco de nieve de pescadería era suficiente durante la década de los 2000 para montar una competición de freestyle en cualquier pueblo.
Me sentía como el abuelo cebolleta contando historietas a los jóvenes, estuve explicándoles como en las fiestas de Oviedo, en 2005 se montó una competición en el Parque de Invierno, el Cab 5 Jibbing contest. Ese año me quedé con las ganas de participar, pero asistió muchísima gente, había varias barandillas, escasa seguridad y sobre todo mucho freestyle.
Sí que recuerdo participar en otra de estas competiciones en la feria de la nieve de Moreda, Nevaria 2009. Ya con un poco más de idea de freestyle, pero símplemente por el hecho de participar, allí había gente de mucho nivel en España.
Porque si ahora los más jóvenes ven el freestyle como algo minoritario o incluso alternativo, en los 2000 fue una auténtica fiebre. Había esquiadores semi profesionales que se tiraban el verano con los esquís a cuestas de una competición a otra porque los premios monetarios solían ser bastante suculentos.
Además los sponsors estaban encantados con que sus riders sumaran podios en eventos, lo cual daba más visibilidad y retroalimentaba a la bestia.
Comparado con aquella explosión, hoy el freestyle parece haber pasado a un segundo (o tercer) plano frente al freeride. Pero iniciativas como la de Freexki, con estructura de club, instalaciones fijas y proyectos serios como este airbag, parecen estar devolviendo ese espíritu.
Al final el freestyle tiene algo que engancha: es divertido, creativo y muy vistoso, tanto para el que lo practica como para el que lo ve. Y el que lo ve, en seguida quiere sumarse.
Quizá no volvamos a aquella época en la que cada ciudad quería tener su rail jam en fiestas, pero sí que parece que el freestyle vuelve a ponerse en el mapa. Y personalmente me alegra mucho, porque es una de las formas más divertidas de esquiar.
