...aquella tarde remota en que su padre la llevó a conocer el hielo.

Carme » Historias en Primera Persona » Publicado el 29/3/2008
Carme nos hace una nueva reflexión sobre su amor a los paisajes nevados.
No han pasado cien años de soledad, aunque la imagen parece de un tiempo remoto. A lo sumo, serán cuarenta y tantos.
Los primeros, de pertinaz sequía franquista. Los últimos, de cambio climático posmoderno. Es que no llueve (ni nieva) a gusto de todos. O, como dicen en mi Madrid de adopción, hay que joderse.
La niña de los mofletes pelargón que mira fijamente el hielo con la clarividencia de quien intuye: "Esto me mola", cuando ni siquiera sabe hablar (ni existe la palabra "mola", excepto en alguna gran avenida de su ciudad), soy yo.
Así que imagino que el paisaje que no se ve es el de Andorra o la Seu, donde vivíamos entonces (de ahí mi afición indeleble a los prados verdes y a las laderas blancas).
Foto:
Album Familiar de Carme. ©