Los niños. O como gastar el doble para esquiar la mitad - y 3
Como ya os contaba en anteriores capítulos de los 10 niños que llevábamos, 5 eran “mayores” (dos de 15, uno de 14, uno de 12 y uno de 11). Si los pequeños nos planteaban unas situaciones “estupendas”, los mayores no les iban a la zaga, ya que hay que tener en cuenta que todos estos estaban en esa época que no se sabe bien cuando empieza ni cuando termina, llamada simplemente “la pavez”.
Cuando los niños ya no son tan niños.

Como ya os contaba en anteriores capítulos de los 10 niños que llevábamos, 5 eran “mayores” (dos de 15, uno de 14, uno de 12 y uno de 11). Si los pequeños nos planteaban unas situaciones “estupendas”, los mayores no les iban a la zaga, ya que hay que tener en cuenta que todos estos estaban en esa época que no se sabe bien cuando empieza ni cuando termina, llamada simplemente “la pavez”.
Este periodo se caracteriza por la búsqueda del equilibrio. Ellos intentan equilibrar el ser niños (que todavía no han abandonado) y el comportarse como mayores (que ya están empezando). Tu buscas el sutil equilibrio que se encuentra, entre razonar todo a base de diálogo, negociación y consenso, o darles un bofetón que los ponga mirando para Cuenca.
Ya a la hora de hacer los primeros planes sobre la salida invernal, algunos nos salieron con los cantares de: “eso de ser pali es un rollo, y mola mucho más el snow” (que te dan ganas de decir: -“Pero chaval, si nunca has probado el snow, ¿cómo sabes que mola más?-). Y la primera bronca: -“vale, comienzo del snow pero con monitor”-, y la contestación: que si no hace falta, que yo ya llevo esquiando un montón de tiempo, que no se que me van a enseñar ya…
Así pues, apunta a la lista: clases de snow, más el alquiler del equipo (y sumamos y seguimos). Por supuesto revisión de la ropa y más compras (hay que ver lo que crecen estos jodios), y ya eligiendo “modelito”, lo que supone, sumar más.
En las pistas creo que daban la turra “normal”: que si porque tengo que llevar casco si casi nadie lo lleva, que porque no me puedo meter por aquí, que esquiar con los viejos es un rollo, buff que muermo que no corréis nada que os adelantan hasta los cuñeros….,
La acusación que más veces oíamos al día era:-“Es que no vais por pistas divertidas”-, que traducido quiere decir, que no íbamos por nieve virgen, ni por tubos, ni por negras zainas, ni por saltos, y por supuesto a toda velocidad. Y daba igual que les explicaras que no había nieve y sólo una pequeña parte de la estación abierta, porque para ellos “esas cosas para divertirse” eran totalmente independientes de la innivación de la estación.
Y en esos momentos te preguntas el porque los trajiste con tres años por primera vez, el porque les has financiado un montón de cursos de tal manera que esquían cien mil veces mejor de lo que vas a esquiar tu aunque tuvieras tres vidas, y porque no será su primera vez y los tienes en una pista verde haciendo cuña como dios manda.

Como en principio recogíamos a los pequeños y estábamos obligados a estar con ellos en las pistas de debutantes, intentábamos que participaran en cierto modo de esa “maravillosa experiencia”.
Era cuestión de utilizar el chantaje. Bien chantaje emocional (mira que contigo también nos pasamos horas y horas en las pistas verdes para que aprendieras y por eso ahora esquías así), bien chantaje económico (vale, si os quedáis un rato con los pequeñajos, esta tarde os pagamos una ronda en el bugerking), aunque a veces era un poco imposible que no saliera la vena dictatorial que todos llevamos dentro (eso que suena ¡por que lo digo yo!).
Aún así no se han portado demasiado mal (otra cosa ha sido verles los “caretos”), y nos han ayudado bastante con los calimeros. Y ahora después, cuando vemos las fotos, no podemos dejar de embelesarnos, y pensar ¡aquí están los campeones!, mientras se nos cae la baba.


Como ya os contaba en anteriores capítulos de los 10 niños que llevábamos, 5 eran “mayores” (dos de 15, uno de 14, uno de 12 y uno de 11). Si los pequeños nos planteaban unas situaciones “estupendas”, los mayores no les iban a la zaga, ya que hay que tener en cuenta que todos estos estaban en esa época que no se sabe bien cuando empieza ni cuando termina, llamada simplemente “la pavez”.
Este periodo se caracteriza por la búsqueda del equilibrio. Ellos intentan equilibrar el ser niños (que todavía no han abandonado) y el comportarse como mayores (que ya están empezando). Tu buscas el sutil equilibrio que se encuentra, entre razonar todo a base de diálogo, negociación y consenso, o darles un bofetón que los ponga mirando para Cuenca.
Ya a la hora de hacer los primeros planes sobre la salida invernal, algunos nos salieron con los cantares de: “eso de ser pali es un rollo, y mola mucho más el snow” (que te dan ganas de decir: -“Pero chaval, si nunca has probado el snow, ¿cómo sabes que mola más?-). Y la primera bronca: -“vale, comienzo del snow pero con monitor”-, y la contestación: que si no hace falta, que yo ya llevo esquiando un montón de tiempo, que no se que me van a enseñar ya…
Así pues, apunta a la lista: clases de snow, más el alquiler del equipo (y sumamos y seguimos). Por supuesto revisión de la ropa y más compras (hay que ver lo que crecen estos jodios), y ya eligiendo “modelito”, lo que supone, sumar más.
En las pistas creo que daban la turra “normal”: que si porque tengo que llevar casco si casi nadie lo lleva, que porque no me puedo meter por aquí, que esquiar con los viejos es un rollo, buff que muermo que no corréis nada que os adelantan hasta los cuñeros….,
La acusación que más veces oíamos al día era:-“Es que no vais por pistas divertidas”-, que traducido quiere decir, que no íbamos por nieve virgen, ni por tubos, ni por negras zainas, ni por saltos, y por supuesto a toda velocidad. Y daba igual que les explicaras que no había nieve y sólo una pequeña parte de la estación abierta, porque para ellos “esas cosas para divertirse” eran totalmente independientes de la innivación de la estación.
Y en esos momentos te preguntas el porque los trajiste con tres años por primera vez, el porque les has financiado un montón de cursos de tal manera que esquían cien mil veces mejor de lo que vas a esquiar tu aunque tuvieras tres vidas, y porque no será su primera vez y los tienes en una pista verde haciendo cuña como dios manda.

Era cuestión de utilizar el chantaje. Bien chantaje emocional (mira que contigo también nos pasamos horas y horas en las pistas verdes para que aprendieras y por eso ahora esquías así), bien chantaje económico (vale, si os quedáis un rato con los pequeñajos, esta tarde os pagamos una ronda en el bugerking), aunque a veces era un poco imposible que no saliera la vena dictatorial que todos llevamos dentro (eso que suena ¡por que lo digo yo!).
Aún así no se han portado demasiado mal (otra cosa ha sido verles los “caretos”), y nos han ayudado bastante con los calimeros. Y ahora después, cuando vemos las fotos, no podemos dejar de embelesarnos, y pensar ¡aquí están los campeones!, mientras se nos cae la baba.

2 Comentarios Escribe tu comentario
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Hacía mucho que no leía esta parte de la historia y ahora en la distancia me parece más real si cabe todavía.
Me gusta, si señora.
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Que razon tienes. Me encanta la forma de planterles el tema. Tienes toda la razon del mundo aunque a veces dan ganas de estrangularlos. Yo procuro irme una semana al año solito para quitarme el estres laboral. Si me los llevo vuelvo peor. Sere un egoista pero solo vivimos una vez y cada vez me cuesta mas ponerme las botas.

