Los niños. O como gastar el doble para esquiar la mitad - 2
Marchando una de crisis
Uno de los inconvenientes que tiene ir con calimeros a esquiar es que por mucho que intentes planificar todo para que quede atado y bien atado, hay una cosa que NUNCA puedes preveer: las crisis.
Llamamos así a aquellas situaciones en las que el interfecto, anclándose en su autodeterminación, prepara la de dios es cristo, con gran teatro y efectos especiales. Suelen tener intensidad distinta, desde la mas suave (enfado negativo) a la máxima (con lloros, gritos y revolcones por el suelo).
Marchando una de crisis
Uno de los inconvenientes que tiene ir con calimeros a esquiar es que por mucho que intentes planificar todo para que quede atado y bien atado, hay una cosa que NUNCA puedes preveer: las crisis. Llamamos así a aquellas situaciones en las que el interfecto, anclándose en su autodeterminación, prepara la de dios es cristo, con gran teatro y efectos especiales. Suelen tener intensidad distinta, desde la mas suave (enfado negativo) a la máxima (con lloros, gritos y revolcones por el suelo).
Aquí os dejo algunas de las que “sufrimos” esa semana y referidas sólo a la estancia en pistas (las del apre-ski me las reservo):
1 día. Crisis de Oscar (4 años). Subimos al jardín de nieve y Oscar prepara el cisma, porque él es mayor y no se quiere quedar en una guardería de pequeños, dónde además no conoce a nadie ni tiene ganas de conocer.
Resultado: dos (sus padres) llegan media hora tarde a su clase particular (qué como son baratas…
2 día. Crisis de Carmen. (5 años). El diluvio universal en forma de lágrimas porque su “mamaíta” no había ido a recogerla al terminar el curso.
Resultado: Una llamada urgente a la “mamaíta” para que venga a recoger a su retoño y corte de pistas a la 1,10 h.
3 día. Crisis de Alba. (7 años). La noche anterior entre los comentarios del día, su madre me comentaba que andaba resentida de aquella parte dónde la espalda pierde su nombre, ya que se cayó al bajar de un telesilla . A Alba le habían avisado el día anterior que ese día comenzaría a subir en las sillas, y cuando llegamos al curso: ¡BUAAAAAAA! Yonoquierosubirenlasillaquemevoyacaer, snif, snif, ¡BUAAAAAA!. Esto acompañado de revolcones varios para divertimento de padres y niños que esperaban que llegarán los monitores. (Cuidadito con lo que comentamos delante de los niños).
Resultado: casi 30 minutos en convencerla de que las sillas son seguras y no había que saltar “desde lo alto” para bajarse de ellas.
4 día. Crisis de Silvia. (4 años) Sale Silvia del jardín para comer con todos a la 1, pero a la hora de entrar de nuevo, se planta con eso de que “verdes las han segao”, y que entrara en el jardín su padre, que lo que era ella ni harta de vino. Resultado: Las bajaditas que se podían hacer de 2,30 a 4 (aproximadamente) canceladas.
5 día. Crisis de Nuria (7 años). Las calimeras del curso “estrella de nieve” (es el curso más elemental después del “baby cursillo”
, han estado toda la mañana en pistas azules y por supuesto les parece más divertido que el rollo de “la pista de la cuerda”, y quieren que volvamos allí.
Pues ¡ala!. Cogemos a las tres mayores, y nos vamos a las pistas azules. La idea era sencilla: un adulto delante para marcar el giro, las tres calimeras detrás, un adulto para cerrar la fila, y otros tres adultos, al quite, por si teníamos caídas. Pero llegamos a una pala un poco más inclinada, que claro, a las 3 de la tarde ya no está como a las 11 de la mañana, sino totalmente barrida, y con unos hielos que ríase usted de los que me ponen a mí en los cubatas. Y Nuria que en uno de los giros pilla una de las placas, y ¡pataplaf!. La verdad es que fue más bien una culetada, pero como el miedo es muy libre, Nuria se nos bloquea y dice que no sigue bajando, que no puede girar, que no se puede poner de pie, que sus esquís no frenan, que ya no sabe hacer cuña (como ya os imagináis, con los consiguientes hipidos y lágrimas).
Resultado: Casi 40 minutos en bajar esa palita (no creo que tuviera ni 15 metros), con grandes dotes psicológicas y muuuuuuuuuuucha paciencia.
Así pues, sin contar el apartamento, ni el viaje, ni las clases particulares, ni los cursillos, ni el alquiler del material, ni el avituallamiento, a mi cada hora de esquí me ha venido a costar aproximadamente unos 15 euros. (Lo que vendría a ser unos 120 "machacantes" el forfait diario).
Pero decirme, después de ver el video que hay a continuación,... ¿A que ha merecido la pena?
Uno de los inconvenientes que tiene ir con calimeros a esquiar es que por mucho que intentes planificar todo para que quede atado y bien atado, hay una cosa que NUNCA puedes preveer: las crisis. Llamamos así a aquellas situaciones en las que el interfecto, anclándose en su autodeterminación, prepara la de dios es cristo, con gran teatro y efectos especiales. Suelen tener intensidad distinta, desde la mas suave (enfado negativo) a la máxima (con lloros, gritos y revolcones por el suelo).
Aquí os dejo algunas de las que “sufrimos” esa semana y referidas sólo a la estancia en pistas (las del apre-ski me las reservo):
1 día. Crisis de Oscar (4 años). Subimos al jardín de nieve y Oscar prepara el cisma, porque él es mayor y no se quiere quedar en una guardería de pequeños, dónde además no conoce a nadie ni tiene ganas de conocer.
Resultado: dos (sus padres) llegan media hora tarde a su clase particular (qué como son baratas…

2 día. Crisis de Carmen. (5 años). El diluvio universal en forma de lágrimas porque su “mamaíta” no había ido a recogerla al terminar el curso.
Resultado: Una llamada urgente a la “mamaíta” para que venga a recoger a su retoño y corte de pistas a la 1,10 h.
3 día. Crisis de Alba. (7 años). La noche anterior entre los comentarios del día, su madre me comentaba que andaba resentida de aquella parte dónde la espalda pierde su nombre, ya que se cayó al bajar de un telesilla . A Alba le habían avisado el día anterior que ese día comenzaría a subir en las sillas, y cuando llegamos al curso: ¡BUAAAAAAA! Yonoquierosubirenlasillaquemevoyacaer, snif, snif, ¡BUAAAAAA!. Esto acompañado de revolcones varios para divertimento de padres y niños que esperaban que llegarán los monitores. (Cuidadito con lo que comentamos delante de los niños).
Resultado: casi 30 minutos en convencerla de que las sillas son seguras y no había que saltar “desde lo alto” para bajarse de ellas.
4 día. Crisis de Silvia. (4 años) Sale Silvia del jardín para comer con todos a la 1, pero a la hora de entrar de nuevo, se planta con eso de que “verdes las han segao”, y que entrara en el jardín su padre, que lo que era ella ni harta de vino. Resultado: Las bajaditas que se podían hacer de 2,30 a 4 (aproximadamente) canceladas.
5 día. Crisis de Nuria (7 años). Las calimeras del curso “estrella de nieve” (es el curso más elemental después del “baby cursillo”
, han estado toda la mañana en pistas azules y por supuesto les parece más divertido que el rollo de “la pista de la cuerda”, y quieren que volvamos allí.Pues ¡ala!. Cogemos a las tres mayores, y nos vamos a las pistas azules. La idea era sencilla: un adulto delante para marcar el giro, las tres calimeras detrás, un adulto para cerrar la fila, y otros tres adultos, al quite, por si teníamos caídas. Pero llegamos a una pala un poco más inclinada, que claro, a las 3 de la tarde ya no está como a las 11 de la mañana, sino totalmente barrida, y con unos hielos que ríase usted de los que me ponen a mí en los cubatas. Y Nuria que en uno de los giros pilla una de las placas, y ¡pataplaf!. La verdad es que fue más bien una culetada, pero como el miedo es muy libre, Nuria se nos bloquea y dice que no sigue bajando, que no puede girar, que no se puede poner de pie, que sus esquís no frenan, que ya no sabe hacer cuña (como ya os imagináis, con los consiguientes hipidos y lágrimas).
Resultado: Casi 40 minutos en bajar esa palita (no creo que tuviera ni 15 metros), con grandes dotes psicológicas y muuuuuuuuuuucha paciencia.
Así pues, sin contar el apartamento, ni el viaje, ni las clases particulares, ni los cursillos, ni el alquiler del material, ni el avituallamiento, a mi cada hora de esquí me ha venido a costar aproximadamente unos 15 euros. (Lo que vendría a ser unos 120 "machacantes" el forfait diario).
Pero decirme, después de ver el video que hay a continuación,... ¿A que ha merecido la pena?
1 Comentarios Escribe tu comentario
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Me arriesgo a decir, que ha merecido la pena sólo con oir preguntar a cualquiera de l@s calimer@s..."¿cúando vamos a la nieve?"
Enhorabuena por los "grandes" peques que teneis y por supuesto, por los geniales papás y mamás que tienen ell@s.
Saludicos

