Chamonix y el macizo del Mont Blanc son la esencia de la montaña con mayúsculas, la cuna del alpinismo y donde los deportes de nieve y montaña son meros entretenimientos humanos, que pasan en un efímero segundo del reloj geológico frente a los millones de años de existencia del colosal paisaje de roca y hielo, que es lo verdaderamente imponente.
Chamonix y el macizo del Mont Blanc son la esencia de la montaña con mayúsculas, la cuna del alpinismo y donde los deportes de nieve y montaña son meros entretenimientos humanos, que pasan en un efímero segundo del reloj geológico frente a los millones de años de existencia del colosal paisaje de roca y hielo, que es lo verdaderamente imponente.
El Aiguille du Midi (3842 m.) visto desde Chamonix con luz poniente. (Fotos: E. Ribas)
Si París es el destino turístico más visitado de Europa, el segundo de Francia es Chamonix. Pero decir Chamonix, no sólo es la ciudad, además es sinónimo de grandes montañas, profundos valles, agujas de granito, aristas de nieve y grandes glaciares que muestran las formaciones más sutiles y también las más tortuosas y quebradas de un hielo que permanece desde principios de nuestra era.
Ningún amante de la montaña puede dejar de conocer el macizo del Monta Blanc y, a ser posible hacerlo ascendiendo, escalando o esquiando en el corazón de estas montañas, donde lo más importante son los paisajes y el ambiente de montaña, mucho más que cualquier actividad turística, deportiva o cultural humana.
Antes de ´Cham`, un día en Baqueira. Perico Lucia en el sector del Tesso dera Mina con una nieve mucho mejor que la encontraríamos en los Alpes.
El viaje
Para allá nos fuimos la pasada semana del 6 al 13 de febrero, haciendo una parada en Baquería para aprovechar el buen día y la buena nieve del sábado 5. Al día siguiente estábamos en ´Cham` cenando con nuestros amigos del valle de Tena, a quienes acompañamos en una semana gloriosa detrás de nuestro guía Ricardo Montoro, quien nos llevó por los lugares más emblemáticos para esquiar en Chamonix.
Aunque la nieve no era la mejor ya que llevaba más de 20 días sin nevar, algo insólito por allí, al igual que las suaves temperaturas que tuvimos, pudimos disfrutar mucho y recorrer los laberintos de hielo y nieve más importantes y las zonas de esquí principales, excepto la zona norte del Brévent y la Flégère por la escasez y la mala calidad de la nieve.
El material de fotos que hemos conseguido es tan grande que os iremos ofreciendo más sobre el Mont Blanc y Chamonix en posteriores capítulos. En esté os hacemos un repaso en imágenes de lo que fue el viaje a grandes rasgos, y las sensaciones que nos proporcionaron los diferentes lugares por donde pasamos. Todo ello lo publicaremos ampliado en el próximo número de Paraísos de Nieve.
Chamonix es la capital de la montaña, el corazón y el origen de todo el alpinismo mundial. Un lugar de culto que hay que conocer si nos gusta la montaña. Una ciudad con todos los servicios y capital del valle del mismo nombre donde viven algunos de los mejores alpinistas y esquiadores del mundo, cuna y escuela de otros muchos a lo largo de la historia.
Vista de la Aguille du Midi desde el centro de la ciudad.
Balmat y Paccard, los primeros que pisaron la cima del Mont Blanc en 1786, permanecen en bronce en la plaza Balmat, señalando permanentemente a la cima de Europa Occidental.
la iglesia de Chamonix, junto a la Oficina de Guías, una institución en la historia de Francia y del alpinismo. En lo alto de la montaña, la pared del Brévent.
La ciudad de Chamonix desde el Pas de Chevre en Les Grands Montets.
Una vista más urbana: el fresco en una fachada de la calle del doctor Paccard donde aparecen los pioneros de la historia del alpinismo...
...Con el detalle de Gaston Refuffat, trepando al balcón.
La gran plaza du Mont Blanc, donde paramos a comer aprovechando el día primaveral...
Pero además de Chamonix, en el valle y sus proximidades hay otros pueblos cargados de tradición alpina, como Vallorcine y su estación, que comunica Chamonix con la suiza Martigni...
...O el bonito pueblo de Courmayeur con su magnífica estación de esquí, en el lado italiano y accesible con el forfait "Unlimited" atravesado el túnel del Mont Blanc, que nos costará sólo 22 euros por vehículo mostrando un forfait para el permiso.
La juventud geológica del macizo del Mont Blanc es lo que permite que se mantengan esos perfiles afilados y las inmensas paredes que van desde las cimas hasta las laderas inferiores con desplomes de miles de metros. Si a esto le añadimos la nieve y el hielo que forman las más increíbles figuras y tapices, no es extraño que estas montañas calen en el espíritu de cualquiera que las vea de cerca.
Desde el Aguille du Midi, en primer plano la cresta de la Agujas de Chamonix y, por detrás, las cimas del Aiguille Verte, les Droites y les Courtes, de izquierda a derecha.
Desde el Aiguille des Grands Montets, las Agujas de Chamonix y al fondo el Mont Blanc de Tacul, el Mont Maudit y el Mont Blanc.
El Aiguille de l´Argentiere y abajo el glaciar del mismo nombre desde Grands Montets.
Perico comenzando el descenso del Valle Blanco bajo la impresionante pared sur del Aiguille du Midi.
La ´famosa` arista del Aiguille du Midi, acceso obligado al Valle Blanco, y al fondo las Grandes Jorasses con la Punta Walker destacando.
Ricardo en las cercanías del refugio de Requin con el Dru y la Verte de fondo.
Fachada sur del macizo del Mont Blanc desde Courmayeur.
Las Agujas de Chamonix con los últimos rayos de sol.
El hielo produce una fascinación parecida a la del fuego, no se cansa uno de mirar sus matices y colores que pueden producir sensaciones tan distintas como variadas son sus formas. Los glaciares del Mont Blanc son un completo museo de esculturas naturales.
Esculturas de forma caótica como esta cascada de hielo en el Glaciar de Tacul muy cerca del refugio de Requin...
...o estas otras con aspecto de icebers en un mar de nieve...
... o las grietas con una plástica original en el glaciar de Argentiere...
...O moles de hielo azul cerca de la morrena del Mer de Glace que nos hace sentir muy pequeños...
...Y amenazantes seracs en un equilibrio precario que nos dieron mucho miedo.
Fuimos a eso, a esquiar, pero hacerlo en el macizo del Mont Blanc es hacerlo muchas veces en áreas de alta montaña donde la prudencia debe prevalecer sobre cualquier otra cosa. Que nadie espere descender el Valle Blanco o el glaciar de Argentiere ´a saco`, sino todo lo contrario, se esquía entre grietas, cortados y seracs así que tranquilidad y aplicar el protocolo de descenso en grupos siempre. Aunque también hay buenos palones y laderas en las estaciones, especialmente en Grands Montets, donde se le puede dar más caña, pero en general, en Chamonix el esquí es exigente y hay que saber por donde se baja.
Perico hacia el glaciar de Argentiere, desde Grands Montets...
...donde disfrutamos de una nieve un poco menos dura que en el resto de zonas.
En el Pas de Chevre, en un día de sol espectacular.
En las amplias laderas de Grands Montets...
...Pedro y Fernando en un paso bastante menos amplio...
...Igor, bajo la mole del frente sur del Mont Blanc de Tacul...
...y Perico, muy cerca de uno de los muchos frentes de seracs que salpican el Valle Blanco...
...Donde se esquía por zonas estrechas y también por terrenos amplios, como este ya muy cerca de la unión entre el glaciar de Tacul y el de Lechaux...
...Aquí, en la zona final dle Valle Blanco donde afloraban las piedras y el hielo azul del glaciar, bajo la aguja iluminada del Dru.
En Courmayeur había algo más de nieve y pudimos ´trastear` más...
...Aquí, parte del grupo bajando hacia el glaciar de Argentier...
...Donde disfrutamos de lo lindo, como Josetxo en un tramo cómodo entre el sol y la sombra de Argentiere,...
...aunque también encontramos buenos tubos, como este al final de un itinerario en Courmayeur de más de 1000 metros de desnivel, que había que bajar de uno en uno en las zonas inclinadas o estrechas...
...y, otras, en mogollón.
...Terreno variado y paisajes variados. Con el glaciar de Le Tour al fondo...
...o con el Chardonet y la Verte en el horizonte.
Algunos de los muchos intensos y buenos momentos del viaje
Las ´eternas` escaleras de Grands Montents o las de Montenvers con las que soñó más de uno...
Las caminatas hasta el comienzo de los descensos...
...El paseo al teleférico del Aiguille du Midi por las calles de Chamonix al amanecer...
...Balmat y Paccard señalando al Mont Blanc...
Ricardo que se le pone el dedo igual que a Balmat cuando ve el Mont Blanc, pero más de dos siglos después...
...Momentos y sensaciones variadas e intensas, como cuando había que pasar de uno en uno zonas estrechas...
...con las amenazantes grietas acechando...
...Y la sensación de cosquilléo en el estómago cuando nos preparábamos en los pasadizos del Aiguille du Midi...
...Para cruzar por la cueva de hielo...
...hasta el exterior...
...y bajar por la arista, donde alguno tuvo un pequeño tropiezo...
...También otros momentos relajados, como en la cantina de la estación de Vallorcine.
...o contemplando las chovas en el refugio de Requin...
...O este juego entre la Verte y las nubes, las únicas que vimos en toda la semana...
...Momentos simpáticos en las calles de Chamonix...
...Momentos para repetir. El Mont Blanc y el valle de ´Cham` son para volver siempre.