Cinco altoaragoneses completan la ruta Chamonix-Zermatt

Ivan M » Competición » Publicado el 14/5/2008
Después de varios meses madurando la idea, los montañeros benasqueses Sergio Orna, Jesús Guillén, Marcos Llanas y Antonio Rivera, acompañados por José Antonio Torrijos, también altoaragonés, emprendieron la alta ruta Chamonix-Zermatt de esquí alpinismo, una prueba que, confiesan, “para cualquier montañero que hace esquí de montaña es de las más atractivas”. La ruta, explican, “une las dos capitales por excelencia del montañismo, Chamonix en Francia y Zermatt en Suiza, además de los dos macizos más importantes de los Alpes, el Montblanc y el Monte Rosa".
Altamente experimentado, el grupo programó concienzudamente la travesía a través de Internet, libros y manteniendo entrevistas con otros montañeros que conocían la zona. El resultado fue dividir el trayecto en cinco etapas, una menos de lo que suele ser habitual, incluso para montañeros expertos. Los altoaragoneses partieron de Argentiere, localidad francesa situada siete kilómetros por encima de Chamonix, en una primera etapa que se adentró enseguida en Suiza. Pese al viento, la primera jornada contó con buenas condiciones.
 | | | Rescatado del interior de una grieta |
El tiempo empeoró el segundo día. La nieve que cubría una grieta hizo que uno de los miembros de la expedición se precipitara en su interior. Aunque fue rescatado por sus compañeros, tuvo que abandonar la travesía y ser trasladado al Hospital de Chamonix. El resto de la jornada, en continuo descenso, prosiguió sin contratiempos.
El tercer día fue el más intenso, ya que el programa contemplaba convertir en una sola etapa lo que habitualmente se realiza en dos jornadas. La expedición altoaragonesa partió a las cuatro de la madrugada y no se detuvo hasta las 18 horas. Además de recorrer varios glaciares y collados, aún tuvieron fuerzas para ascender al pico Roseblanche, a 3.330 metros de altitud.
 | | | Afrontando una de las etapas de la Chamonix-Zermatt |
La nieve volvió a aparecer en la cuarta jornada, dificultando mucho la ascensión hasta los 3.800 metros prevista en la travesía. Aunque sumaron esfuerzos con otros grupos que estaban ese día en la zona, fue una jornada complicada en la que “lo pasamos mal”, confiesan.
La situación no mejoró al día siguiente, ya que seguía nevando con tanta intensidad y el riesgo de avalanchas era tan elevado que haberse aventurado a completar la quinta etapa “habría sido un suicidio seguro”, apuntan. Para garantizar la seguridad, variaron la parte final que no les llevó a Zermatt sino al valle paralelo. Al día siguiente, ya en Chamonix y aunque no estaba en el plan, aprovecharon para descender esquiando el Glaciar del valle Blanco, “sobre medio metro de nieve virgen recién caída”, recuerdan.
Para todos ellos, “ha supuesto una experiencia muy positiva”, comentaba Orna, que les ha permitido “aumentar nuestra experiencia montañera en una excursión marcada por la dureza de la alternancia del buen y mal tiempo”. Aunque rondaron altitudes que oscilaron entre los 2.900 y los 3.300 metros, “la altura no ha sido lo que más duro nos ha resultado –indica Antonio Rivera-, el cansancio venía más por las mochilas tan pesadas que llevábamos”. El grupo benasqués, que realiza salidas anualmente, prepara ya nuevos proyectos para los próximos meses.
Los cinco integrantes que realizaron la alta ruta Chamonix-Zermatt de esquí alpinismo