En busca del maná blanco
Cuando apenas si habíamos tenido tiempo de disfrutar el paquetón de nieve que nos había caído la semana de Reyes, otra vez el agua se encargó de desvanecer nuestras ilusiones.
Durante todo el martes y miércoles de la semana pasada no paró de llover. Era desolador asomarse a la ventana y ver los ríos de agua que bajaban por las calles de Pradollano.
Cuando apenas si habíamos tenido tiempo de disfrutar el paquetón de nieve que nos había caído la semana de Reyes, otra vez el agua se encargó de desvanecer nuestras ilusiones.
Durante todo el martes y miércoles de la semana pasada no paró de llover. Era desolador asomarse a la ventana y ver los ríos de agua que bajaban por las calles de Pradollano.
Los más de dos metros de nieve acumulados en la puerta de casa en pocas horas pasaron a ser sólo un metro de "nieve" húmeda.
Por suerte, el jueves a media mañana el agua cambió a nieve y nevó durante toda la noche. Asi que a la mañana siguiente, preparamos las mochilas, crampones y esquís de travesía y decidimos darnos un paseo en busca de nuestro vital maná, recién caída del cielo, al Pico del Caballo (3015m).
Amaneció un día increíble, totalmente despejado, sin viento, y conforme nos aproximábamos en coche a nuestro destino comprobábamos que todo estaba "aparentemente" cargado de nieve.
Entramos por Nigüelas y nos encontramos la nieve en cotas muy bajas, teniendo que dejar el coche bastante antes de los cortijos. Hubo un par de puntos que pasamos con cierta dificultad, teniendo incluso que tirar de pala para desèjar el carril.
Comenzamos a foquear siguiendo el mismo carril, a ratos por nieve y a ratos por hielo. Pensamos que era normal no encontrar demasiada nieve a esa altitud, pero para nada nos imaginábamos lo que nos íbamos a encontrar más adelante...
Al llegar al cortijo de Echevarría decidimos continuar por el carril de la derecha y entrar al Caballo por la Loma de los Tres Mojones, dejando a la derecha el precioso valle de la Rinconada y el río Torrente.
Al poquito de comenzar a tomar altura, las vistas son increíbles. A un lado la costa y el Mediterráneo, a otro los del Padul.
Hasta el Mirador de la Rinconada de Nigüelas todo marchó estupendamente. Ya teníamos el Caballo a nuestro alcance, pero a partir de este punto todo se complicó.
El viento comenzó a solpar con mucha fuerza, aparecieron las primeras placas de hielo y nos vimos obligados a pegarnos a la arista de la loma, donde si que había algo de nieve acumulada.
Conforme continuábamos avanzando el viento iba aumentando su fuerza, la nieve escaseaba cada vez más y el hielo nos iba ganando la partida. Avanzar era un suplicio incluso con cuchillas ...
Finalmente, agotados del esfuerzo que suponía foquear en tales condiciones, hubo que quitarse los esquís, ponerse los crampones, y continuar andando.
En algunas vaguadas y zonas resguardadas del viento la nieve volvía a aparecer, pero en general todo era una enorme placa de hielo, por lo que cuando ya estábamos a una hora de la cumbre, decidimos darnos la vuelta. Lo que queríamos era esquiar, y más arriba era imposible e incluso peligroso.
Comenzaba la bajada con esquís.
En vez de bajar siguiendo el camino de subida o bien por la Rinconada, decidimos hacerlo por la Dehesa de Durcal, que aparentaba tener mucha más nieve.
La bajada fue divertida, aunque hubo que ir buscando con nieve y aún así, una buena parte hubo que hacerla por el hielo.
La parte final consistió en un tranquilo paseo siguiendo la acequia y el carril que nos devuelven a la zona de los cortijos y de ahí -simpre con los esquis puestos- al coche.
Verdaderamente fue una gran día de montaña, aunque nuestro soñado maná, la nieve polvo, brilló por su ausencia.
Durante todo el martes y miércoles de la semana pasada no paró de llover. Era desolador asomarse a la ventana y ver los ríos de agua que bajaban por las calles de Pradollano.
Los más de dos metros de nieve acumulados en la puerta de casa en pocas horas pasaron a ser sólo un metro de "nieve" húmeda.
Por suerte, el jueves a media mañana el agua cambió a nieve y nevó durante toda la noche. Asi que a la mañana siguiente, preparamos las mochilas, crampones y esquís de travesía y decidimos darnos un paseo en busca de nuestro vital maná, recién caída del cielo, al Pico del Caballo (3015m).
Amaneció un día increíble, totalmente despejado, sin viento, y conforme nos aproximábamos en coche a nuestro destino comprobábamos que todo estaba "aparentemente" cargado de nieve.
Entramos por Nigüelas y nos encontramos la nieve en cotas muy bajas, teniendo que dejar el coche bastante antes de los cortijos. Hubo un par de puntos que pasamos con cierta dificultad, teniendo incluso que tirar de pala para desèjar el carril.
Al poquito de comenzar a tomar altura, las vistas son increíbles. A un lado la costa y el Mediterráneo, a otro los del Padul.
Hasta el Mirador de la Rinconada de Nigüelas todo marchó estupendamente. Ya teníamos el Caballo a nuestro alcance, pero a partir de este punto todo se complicó.
El viento comenzó a solpar con mucha fuerza, aparecieron las primeras placas de hielo y nos vimos obligados a pegarnos a la arista de la loma, donde si que había algo de nieve acumulada.
Conforme continuábamos avanzando el viento iba aumentando su fuerza, la nieve escaseaba cada vez más y el hielo nos iba ganando la partida. Avanzar era un suplicio incluso con cuchillas ...
En algunas vaguadas y zonas resguardadas del viento la nieve volvía a aparecer, pero en general todo era una enorme placa de hielo, por lo que cuando ya estábamos a una hora de la cumbre, decidimos darnos la vuelta. Lo que queríamos era esquiar, y más arriba era imposible e incluso peligroso.
Comenzaba la bajada con esquís.
En vez de bajar siguiendo el camino de subida o bien por la Rinconada, decidimos hacerlo por la Dehesa de Durcal, que aparentaba tener mucha más nieve.
La bajada fue divertida, aunque hubo que ir buscando con nieve y aún así, una buena parte hubo que hacerla por el hielo.
La parte final consistió en un tranquilo paseo siguiendo la acequia y el carril que nos devuelven a la zona de los cortijos y de ahí -simpre con los esquis puestos- al coche.
Verdaderamente fue una gran día de montaña, aunque nuestro soñado maná, la nieve polvo, brilló por su ausencia.
6 Comentarios Escribe tu comentario
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Me quedo
con tus reportajes... Espectaculares lugares conoces.
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que pasada!
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Un gran reportaje.!!Flipante!
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La verdad es que la Sierra esconde lugares alucinantes. Es una pena que esto no este al alcance de los que venimos desde fuera. Yo pagaría por pegarme una jornada como esa.
Saludos desde Palma.
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¡Los vellos como escarpias se me ponen desde aquí tan lejos!!!
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Ufff¡¡¡¡que de hielo!
Precioso repor.
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