El Marqués de Mulhacén

El Marqués de Mulhacén

Javi C.  Javi C. » Historia y leyendas de Sierra Nevada, Historia, Leyendas » Publicado el 25/9/2006
En 1878 se llevó a cabo el trabajo más importante de la geodesia española, el enlace de nuestra red geodésica con la de Argelia.

Se realizó así el deseado sueño de completar la medición de un arco de meridiano, de 28º de amplitud, desde las islas Shetland hasta los confines del Sahara, tal y como había propuesto el general Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero, Marqués de Mulhacén, a la Asociación Geodésica Internacional en 1866.





En 1878 se llevó a cabo el trabajo más importante de la geodesia española, el enlace de nuestra red geodésica con la de Argelia.

Se realizó así el deseado sueño de completar la medición de un arco de meridiano, de 28º de amplitud, desde las islas Shetland hasta los confines del Sahara, tal y como había propuesto el general Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero, Marqués de Mulhacén, a la Asociación Geodésica Internacional en 1866.

El enlace España-Argelia fue una demostración de capacidad tecnológica y científica. Dirigió la operación por España el general Ibáñez y por Francia el coronel Perrier.

Plano general

Los vértices desde los que se hicieron las observaciones fueron:


El convenio redactado entre los dos gobiernos acordaba los siguientes puntos:

Se pensó además en aprovechar la ocasión para hacer observaciones astronómicas a fin de cerrar el gran polígono París-Madrid-Marsella-Argel, para lo que faltaba en tierra la diferencia de longitud entre Argel y M'Sabiha, y por mar la existente entre M'Sabiha y Tetica.

Se construyeron 1.100 metros de caminos de montaña de dos metros de ancho, por los cuales y con grandes dificultades, se pudo izar hasta la altura mayor de la peninsula, o sea, hasta el vértice del Mulhacén, en la cumbre de Sierra Nevada, el enorme bagaje científico que era necesario utilizar.

Círculo azimutal

A primeros de septiembre, nada más instalarse en sus bases, se desató un temporal de viento y nieve. Descendió el termómetro a diez grados bajo cero. Los observadores experimentaron en los cuatro vértices la decepción de no columbrar durante el día de un lado a otro del Mediterráneo las señales que recíprocamente se transmitían.
Ni una sola vez divisaron desde un continente los reflejos de la luz solar que con los heliógrafos se les enviaban desde el otro; y hubiera sido completo el fracaso de la expedición, de no haber utilizado durante la noche las luces eléctricas que mediante potentes reflectores se enviaban mutuamente.

Las observaciones se hicieron por la noche, desde el 9 de septiembre hasta el 4 de octubre, empleando círculos acimutales y lámparas eléctricas alimentadas por generadores movidos a vapor.

Círculo meridiano

Las penalidades que sufrió el personal acampado en el Mulhacén casi no tienen nombre. La presión barométrica fluctuaba alrededor de 500 milímetros, produciendo perjudiciales efectos sobre la salud de los observadores. La temperatura oscilaba enormemente, y tras la puesta de sol comenzada a descender, siendo insoportable el frío a muchos grados bajo cero.

Sobre la nieve congelada por la noche caía durante el día una nueva nevada, que aumentaba el espesor de la que cubría montes y valles. Y por si esto fuera poco, en la mañana del 19 de septiembre, cayó un rayo sobre el vértice del Mulhacén, descomponiendo parte de los aparatos.

A pesar de los naturales intervalos de mal tiempo se lograron medir todos los ángulos del cuadrilátero y culminar el enlace geodésico el cual se considera como el primer enlace geodésico entre continentes.

Por el éxito de esta gran operación geodésica y su repercusión internacional, la reina Regente Mª Cristina le concedió, por Real Decreto de 8 de febrero de 1889, a Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero el título de Marqués de Mulhacén.