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Como ya os contaba en anteriores capítulos de los 10 niños que llevábamos, 5 eran “mayores” (dos de 15, uno de 14, uno de 12 y uno de 11). Si los pequeños nos planteaban unas situaciones “estupendas”, los mayores no les iban a la zaga, ya que hay que tener en cuenta que todos estos estaban en esa época que no se sabe bien cuando empieza ni cuando termina, llamada simplemente “la pavez”.
Marchando una de crisis
Uno de los inconvenientes que tiene ir con calimeros a esquiar es que por mucho que intentes planificar todo para que quede atado y bien atado, hay una cosa que NUNCA puedes preveer: las crisis.
Llamamos así a aquellas situaciones en las que el interfecto, anclándose en su autodeterminación, prepara la de dios es cristo, con gran teatro y efectos especiales. Suelen tener intensidad distinta, desde la mas suave (enfado negativo) a la máxima (con lloros, gritos y revolcones por el suelo).
El bautismo de los calimeros

Entre varios amigos que tenemos hijos de edades aproximadas montamos un viaje a la nieve, porque suponíamos que los niños se los pasarían mejor juntos (gran acierto), y porque entre todos nos podríamos turnar para que unos se quedaran con los niños y otros esquiaran (gran error).
Veremos como unos padres ilusionados con el nacimiento de su primer hijo, les hace pensar en hacerle una habitación a su hijo lo mas parecida a una montaña nevada con sus esquiadores disfrutandola.

Un buen día se levanta la familia y deciden que se van a esquiar a una estación de esquí.
Después de contratar el alojamiento, las clases de esqui y de ver cada dia el tiempo que hará para los dias que se van a esa estación de esquí, se ponen en marcha.
