El bautismo de los calimeros

Entre varios amigos que tenemos hijos de edades aproximadas montamos un viaje a la nieve, porque suponíamos que los niños se los pasarían mejor juntos (gran acierto), y porque entre todos nos podríamos turnar para que unos se quedaran con los niños y otros esquiaran (gran error).
Hay que decir en nuestro descargo que llevábamos 10 niños (2 de quince, 1 de catorce, 1 de doce, 1 de once, 2 de siete, 1 de cinco, 2 de cuatro), y tratar de combinar tantas edades y niveles, fue muy, pero que muy difícil.
Aquí, y para empezar, me voy a dedicar a los 5 peques (de los mayores ya os hablaré porque necesitan un capitulo aparte).
El tema comienza mucho antes de ir a esquiar, como tres meses antes, cuando decides que va siendo hora de que los más chiquititos se inicien en este maravilloso mundo.
Entonces se empieza a decidir la estación. Que no esté demasiado lejos ( a Alpes ni de coña), que sea suficientemente grande ( por que los papis disfruten un poco), que conozcamos como funciona el jardín de nieve, que tengamos referencias de los cursos que organizan, y el apartamento (que esté a pie de pista, porque si hay que coger el coche la mitad de los días tenemos que cambiarlos siete veces antes de empezar a esquiar ya que tenemos problemas de mareos y vómitos con solo oler un coche).
Y luego seguimos con la ropa: algo que no sea muy bueno porque lo van a dejar pequeño enseguida, ni demasiado malo porque sino pasarán frío. Y dos de cada por si se mojan. Y guantes y gorros mejor pon como 10 (mejor que sobre que no que falte) que luego los terminan perdiendo. Y suma y sigue.
También reservamos los cursos, y el jardín. Así que teníamos:
Los dos de 4 años en el jardín de nieve con el baby curset y las mayores (una de 5 y dos de 7) con los cursillos de la escuela de esquí, de 10 a 1 .Todo perfecto. Unos se encargan de llevarlos al jardín y a los cursos, y otros se encargan de recogerlos a la 1, cuando terminan ¿qué puede fallar, con esta previsión tan acertada?
Y comienza el tan ansiado viaje. La canción más oída durante estas maravillosas 11 horas es esa que a los que tengan hijos os sonará: Cuandollegamos, cuandollegamos, cuandollegamos , esa que tiene como estribillo el ¿yafaltapoco?, ¿yafaltapoco?
Y llegamos. Descargamos. Cansados, rotos y vencidos, con unas ganas de pillar una cama quepaqué. Pero como los elementos han venido durmiendo la mitad del camino tienen ganas de marcha y no eres capaz de que cierren los ojos ni con orfidal.
Y comienza el gran día.
Lo perfecto que hasta aquí era todo, empieza a tener flecos. Te sigues levantando a las 8 de la mañana, pero ya no empiezas a esquiar a las 9.
Los despiertas, los levantas, les obligas a que desayunen medianamente bien, los vistes (¿dónde están las gafas de la niña?, me falta un guante, ¿les has dado crema?, y etc, etc, etc) y sales cargadita con tres enanos y sus correspondientes esquís para llevarlos a unos al jardín y a otros a los cursos. Por supuesto ni se te ocurre coger tus botas y tus esquís (ya no tienes mas manos, y con los dientes no los terminaba de sujetar bien). Ya volverás luego a por ellos. Ese “ya volverás luego” supone empezar a esquiar como pronto a las 10,45 o las 11.
Eso sin contar con algún viajecito extra, como cuando te das cuentas ya en el jardín, que Oscar sólo lleva un guante. Y cuando preguntas, él te dice –“Ahí”-. Hay que aclarar que “ahí” para Oscar, es un espacio que puede oscilar entre 20 centímetros y 200 kilómetros.
Oscar fue todo un campeón: Perdió tres pares de guantes en 6 días.
A la 1 cita en las pistas de debutantes para repostar. Llevábamos mochilas con todo lo habido y por haber: bocadillos, chocolate, agua, zumos, batidos, chicles, galletas….parecía que más que de las pistas volvíamos del super. (con lo poco que a mi me gusta esquiar con mochila).
Y a partir de aquí imaginaros, pista verde arriba, pista verde abajo, muy instructivo para los calimeros, pero más bien cansado para los papis (anda, “cuñearos” una pista un par de horas y luego me contáis).
Lo bueno es que las quejas siempre surgían antes o después de comenzar a esquiar: las botas me hacen daño, los esquís pesan mucho, hay que andar mucho rato, estoy cansada/o, llévame aupi .Pero ¡oh milagro! En el momento que se calzaban las tablas todo esto desaparecía por arte de birlibirloque. Ya no estaban cansados, ya no se hacían pis, ya no hacia frío. La cosa se puso seria cuando tuvimos que obligarles a que se quitaran el casco y las tablas para comer y descansar, porque decían que si comían con ello puesto tardaban menos y antes podían seguir esquiando.
Hay que agradecer que a pesar de tener poquita nieve, hemos tenido unos días estupendos de calor, y eso ha favorecido, que diera igual que llevaran el mono abierto o cerrado, que se quitaran o no los guantes, y que disfrutaran mucho más que si las ventiscas hubieran hecho su aparición.
Al fin y al cabo no hemos tenido ni muchas fiebres, ni muchas toses, ni muchos golpes.

Muy bueno yo ya tengo uno y otro que viene en camino, pero aun no conseguimos que se ponga gafas.
Podrias ir preparando otro reportaje como como hacerles entender qu se pongan cada cosa.
Gracias
¿Y la baba que se les caía a los padres cuando los niños empezaban a ir por donde querían y sin arrollar a demasiada gente que???
un saludo
querida torpe me alegra que te haya salido tan bien el primer reportaje. es un placer tenerte de compañera en este gran blog.
un besazo guapisima y felicidades es articulo es de lo mejorcito.
muy chulo.
Me identifico totalmente,mis dos hijos "mayores" de 11 y 8 ya van idependientes....me queda aún el de 4..que pesadilla.... en fin igual hicieron mis padres conmigo..
todo el ...dia esperandolos para k cuando sepan esquiar no te esperen.eso dice mi padre,pero este año esquiaremos tres generaciones y eso vale por muchos dias de esqui buenos
En primer lugar felicitar a Torpe por su "Bautismo" editor, y por su gran articulo, y segundo decir que cada vez tengo más ganas de ver a mi peque entre tanta nieve y esquiar con el.
Torpe...que fantástico artículo!!!Aunq como dice Pepe...uy que poquitas ganas de tene descendencia...jajajjaa
Tengo dos nenes de 4 y 7 años y creo que he encontrado el viaje ideal a la nieve, A la ida nos llevamos un MP4 (pequeño y fácil de transportar) cargado con capítulos de dibujillos que les resulten atractivos, Buscamos un hotel en la Masana, cerca del telecabina de PAL, que tenga párqing y nos olvidamos del coche, subimos a la estación con el telecabina y lo primero de todo a la consigna que está bastante cómoda de acceder "por dentro", alquilamos un armario para no ir cargados. Allí duermen trineo y equipos, y de dia reposa la mochila y las botas de descanso, dejamos la llave al encargado de consigna para que cuando alguno de los dos papis necesite algo no tenga que buscar al otro. desde ese momento ya no llevamos bultos ni peso, subimos y bajamos a pista con el telecabina y solo llevamos la tarjeta de la habitación, efectivo, targeta de crédito y DNIs de todos (incluidos pitufos)
los guantes los enganchamos a la manga del traje y las gafas a la capucha, el gorrito si se lo quitan va detro de la capucha enganchado.
mientras un papi esquía el otro hace muñecos de nieve o supervisa las bajadas en trineo de la pista de trineos que está nada más bajar del tele cabina. Como no hace falta coche para subir si el desayuno se hace eterno un papi sube delante y va esquiando, después cambiamos, hasta que llega la hora de la clase de los pitufos/ jardín de nieve. Entonces al fín solos... rápido a esquiar dos magníficas horas juntos. Si podemos cogemos la clase de 14-16, porque hay menos alumnos y aprenden más. Para ello tenemos que comer a las 13H, cosa que para ellos es ideal porque es su hora de comida del cole, Y además todavía no hay colas en los comedores ni problemas para encontrar mesa (solo hay algún guiri comiendo) Como las pistas cierran a las 17:00, pues no suele haber más clases después de las 16:00 con lo cual si por lo que sea no llegamos puntuales, los nenes no molestan, porque otro turno vaya a entrar. Otra ventaja es que a primera hora suele hacer más frío y los nenes no disfrutan igual, al comer después de jugar a los muñecos de nieve y con el trineo, ya tienen más apetito y al entrar en Jardín de nieve/Clases con el estomaguito lleno tampoco acusan tanto la temperatura. Eso sí cuando salen están KAPUT, les duele todo y tienen hambre, pero les damos una manzana o plátano del buffet del desayuno, que llevamos en la mochila. Ya solo queda dejar el material en el armario ponerse botitas de descanso y bajar de la manita por el telecabina, que está a un paso del hotel. Los nenes ven un pelín de tele con un bocatita de nocilla, (venden en el super de delante del telecabina una nocilla con dosificador ideal para poner en el panecillo que sobró del menú del autoservicio) mientras descansamos, organizamos o dormitamos. Si el Hotel tiene zona de aguas, todos a la pisci antes de cenar, para que cenen como campeones y caigan como marmotas. Si no, pues damos un paseito abrigaditos para abrir el apetito, depende (se puede dar un paseo por el mercadito Navideño de la Masana a partir de las 16:00) o coger el autobús/taxi (para olvidarte de aparcar) delante del telecabina para ir a Andorra de compras. Eso si poca tienda con nenes. Nos llevamos juguetitos de montar tipo construcciones mini o Kenex que quepan en un bolsillo y podamos echar mano en un momento de espera. Desde luego todo puede pasar con niños pero llevamos dos años con esta fórmula y creo que repetimos la próxima temporada. Un abrazo a los papis esquiadores. Julia
Ah se me olvidava... los hoteles del grupo hotansa cuentan con un servicio gratuito de guía de montaña se llama "Himalaya experience" te dan una vuelta de 10-13h por las pistas para que te orientes y conozcas la estación, entonces un dia lo hace un papi y el siguiente el otro, para que así disfrutemos todos. Un abrazo Julia