Que el Sistema Central sea una cadena montañosa de menor envergadura que los Pirineos, Picos de Europa o Sierra Nevada, no significa que en determinadas circunstancias los riesgos a los que se exponen esquiadores o alpinistas sean menores. En este artículo presentamos una colección de imágenes que ilustran lo escrito sobre estos peligrosos fenómenos naturales.


En general se puede afirmar que los riesgos como consecuencia del clima o del estado de la nieve son menores al estar en unas montañas de menor entidad, pero esos riesgos de forma concreta implican la misma exposición para quien se adentra en estas sierras cuando la carga de nieve es importante o el clima es adverso. Dicho de otro modo: una tormenta o una avalancha puede suponer el mismo riesgo en Guadarrama que en el Pirineo o los Alpes, lo que pasa es que al ser una montaña más baja y con cimas más cercanas a núcleos de población, puede haber más facilidades para el rescate y, por lo general, los fenómenos naturales que implican peligro como las avalanchas de nieve son, normalmente, de menores proporciones que en otras montañas más grandes, con más carga de nieve o con suelos más propicios para que se desencadenen los aludes.


Pero que nadie se engañe, las avalanchas en cualquiera de las zonas principales del Sistema Central suelen producirse siempre que la carga de nieve sea suficiente. En la Sierra de Ayllón, en la vertiente sur del pico del Nevero (Navafría), vertiente norte de Cabezas de Hierro, macizo de Peñalara, Circo de Gredos, Galayos, sierra de La Covacha y sierra de Béjar las avalanchas de pequeñas dimensiones se producen todos los inviernos en que la nieve se acumula en más de medio metro (capa media) con ventisqueros y cornisas de más profundidad.


Avalanchas de mayores dimensiones son poco frecuentes, aunque hay que advertir que en el Circo de Gredos y sus proximidades y en la sierra de La Covacha (Barco de Ávila) se pueden llegar a producir desprendimientos, coladas y desplazamientos de nieve (rotura de placas de fondo) de dimensiones medias o incluso grandes si consideramos sus proporciones frente a las dimensiones de las montañas.

Por lo general cuando hablamos de avalanchas existe la tendencia a considerar importantes sólo a las avalanchas de rotura de placa de fondo, aquellas en que el manto de nieve se quiebra y una gran masa de nieve pierde su anclaje desplazándose toda la capa desde la superficie hasta el suelo o hasta una capa inferior de nieve más estable. Posiblemente estas son las más peligrosas y las que producen más víctimas en el Sistema Central y son relativamente frecuentes en las zonas más altas y de orografía más alpina como es el caso del Gredos Central. Pero no hay que olvidar otros tipos de avalanchas de menor tamaño pero mucho más frecuentes como son las de fusión, cuando el calor aprieta y por causa naturales o por el paso de un esquiador se produce una colada de nieve que aumenta de tamaño según desciende por la ladera. Por último y no menos importantes, son los desprendimientos de grandes bloques o neveros, algo frecuente sobre todo en Gredos (más vertical) cuando en primavera o en verano los restos de nieve van perdiendo la sujeción al suelo de granito como consecuencia del calor que irradia la roca quedando inestables y pudiendo desprenderse por sí mismos o como consecuencia del paso de un excursionista.

Muchos se sorprenderían al saber los datos de víctimas de avalancha que temporada a temporada hay en el Sistema Central (casi todos los años hay heridos o muertos como consecuencia de avalanchas o desprendimientos de nieve) y esto serviría para tomarse mucho más en serio a estas montañas y para que el uso de ARVA, pala y sonda estuviese más extendido de lo que está y que lo mismo que crampones y piolet estos elementos de seguridad figurasen en el equipo básico para practicar el esquí de travesía, aunque hay que reconocer que, afortunadamente, la mayoría de los días no son necesarios pero, como dice el refrán, “mejor prevenir que curar”.

Para finalizar y como curiosidad decir que las avalanchas de nieve eran conocidas y temidas ancestralmente por pastores y en la zona de Guadarrama tenían el nombre de “galgas de nieve”, curiosamente en otras partes de la cordillera no hay constancia del uso de esta denominación ni de ninguna otra.

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