
La semana pasada hablábamos de simplificar a la hora de explicar qué hacemos al esquiar, y decíamos que basta con poner presión y quitar presión para llevar a cabo multitud de gestos muy complejos. Bien, hoy toca extendernos un poco más sobre cómo se regula esa presión de la que hablábamos.

El esquí es una cosa complicada, todos lo sabemos, por eso no está de más simplificar y tratar de centrarnos en términos lo más fáciles posibles. En los cursos que impartía para los guías de la Escuela Catalana de Alta Montaña, todo giraba alrededor de dos conceptos: aliarse con la fuerza de la gravedad y, una vez que estamos en equilibrio, simplemente, poner presión y quitar presión a los esquís. Así de simple.

