
Saber dónde tiene uno el centro de gravedad y ser capaz de sentirlo en movimiento puede ayudarnos a esquiar con mayor eficiencia. De hecho, es una de las cosas que están entrenando muchos atletas de diversos equipos con objeto - simple y llanamente - de interactuar mejor con el medio en el que se mueven. Pero ésto no solo sirve para los corredores, y todos podemos incorporar este "truquillo sensorial" a nuestro esquí, muy fácil y rápidamente.

