Lorenzo Cruz, excepcional maestro y uno de los esquiadores más elegantes y, a la vez, eficaces que he conocido, me hizo en una ocasión una observación muy interesante: en las nieves malas, el bastón puede servir para impulsarnos inconscientemente y vencer el exceso de fricción que podemos haber encontrado al final de la vuelta.
Prometí seguir hablando de baches y aquí estoy de nuevo. El otro día dábamos un truco para mejorar nuestra absorción y hoy le toca a la extensión de las piernas. Evidentemente, si no distendemos las extremidades inferiores tras absorber un bache, no vamos a tener luego recorrido en las mismas para amortiguar el siguiente. Pero, aunque es un gesto natural que se aprende con rapidez, no es tan sencillo como parece a simple vista.
Seguimos hablando de la técnica de baches, aunque para esto, ja, ja, quizás sería más adecuado visitar el blog de Robert Puente, nuevo colaborador de Nevasport que estuvo en el Equipo Nacional, participando en pruebas de la Copa de Europa y del Mundo y que atesora, entre otros títulos, varios campeonatos nacionales. En fin, mientras nuestro amigo se decide a publicar sus trabajos sobre freestyle, nosotros seguiremos aportando nuestro modesto granito de arena. La semana pasada hablaba de las razones por las cuales es mejor bajar los baches con los pies más juntos; hoy, le toca a uno de los elementos más importantes y controvertidos de las bañeras: la absorción.
En el foro de técnica hay una interesante discusión acerca de si debemos llevar los pies juntos o separados, que ha devenido en otra sobre la técnica de baches. Efectivamente, en las bañeras, a poco que queramos ir rápido, los pies más juntos (aunque no bloqueados) nos harán esquiar con mayor estabilidad facilitando el equilibrio... ¿Contradictorio? Veamos por qué.
Hoy día, casi todos los entrenadores y las escuelas del mundo están de acuerdo en que una posición alta es más funcional que una excesivamente flexionada. Al margen de las diferentes interpretaciones que se puedan hacer sobre esto y de los diversos grados de flexión que realmente adoptemos en las distintas fases de un viraje, lo que sí está claro es que la sensación que experimentamos cuando vamos centrados sobre los esquís es la de que vamos, por así decirlo, “altos” y, por la misma razón, buscar esa impresión nos reportará buenos beneficios. Veamos el porqué de ello.
En otros artículos hemos visto cómo el buen uso del bastón nos puede reportar beneficios variados: centrarnos, mantenernos focalizados hacia el valle, flexionar las articulaciones, etcétera, y todo ello con el simple hecho de concentrase en clavar a la máxima pendiente. Hoy vamos a ver un truquillo que nos puede ayudar en las palas fuertes y empinadas, allí donde normalmente queremos llevar a cabo un esquí – digamos – más conservador.
Comenzamos hoy una nueva serie sobre cosas que se oyen frecuentemente en las charlas de cafetería que, en mi opinión, no se corresponden con la realidad. Hoy le va a tocar al famoso “dedo gordo” ése que parece que hace mucho en el esquí y que, sin embargo, mal empleado, puede traer más problemas que beneficios.
El año pasado dediqué varios artículos a hablar sobre la paciencia necesaria para desencadenar los virajes. Ya estemos esquiando fuera de pista, haciendo un viraje de gigante a toda velocidad o incluso esquinado en los baches, debemos tomarnos con calma la transición entre las curvas para poder iniciar la siguiente vuelta con precisión. Una forma muy gráfica de conseguir ser pacientes es imaginar que lo que hacemos en la nieve con los esquís no son exactamente semicírculos, sino espirales, ya que las curvas que describimos al esquiar son, precisamente, elipses.
Cuando uno entrena a deportistas muy jóvenes tiene que ser creativo y encontrar las palabras adecuadas para transmitir éste o aquél concepto. Luego, ja, ja, resulta que el truquillo que utiliza con chavales de nueve años lo aplica a los adultos y funciona igual de bien, aún tratándose de imágenes concebidas para ser comprendidas por los niños. Éste es el caso de lo que muchos compañeros llaman “la posición del gorila”.
Bueno, terminamos hoy con nuestra serie de articulillos sobre el uso del esquí interior. Hemos insistido mucho en que sus problemas acostumbran a desaparecer con una buena técnica de base y que el origen de los errores en el esquí interior suele estar, principalmente, en una mala posición o en un exceso de inclinación. Sin embargo hay ocasiones en los que, efectivamente, el esquí interior se utiliza mal. Veámoslas hoy.
Seguimos hablando del esquí interior, aunque no sin recordar que lo importante es el exterior, ja, ja… en fin, no se me enfaden, pero nunca lo repetiremos lo suficiente: sin una buen a técnica de base y, sobretodo, sin una buena posición, es inútil preocuparse de lo que pasa con el esquí del monte; es más, probablemente, cuando solucionemos nuestros problemas de base, lo más seguro es que el esquí interior también funcione bien, y de manera inconsciente y natural. Pero vayamos a lo nuestro:
Decía la semana pasada que no hay que preocuparse mucho por el esquí interior. Más bien al contrario, ya que éste funcionará correctamente como consecuencia de utilizar bien el exterior, que sigue siendo el importante. No obstante, ya que el interior “también existe”, je, je, y puede perjudicarnos, enumeraba una serie de problemas o de síntomas que podían delatar un mal uso de los mismos. Veamos hoy uno de estos problemas, las piernas en X o en A. Ésta es la típica postura de rodillas más juntas que los pies y que puede deberse a distintas causas.

