Reconozco que yo soy el primero que las usa, pero cada vez que leo un artículo de esquí lleno de palabrejas en el pérfido “inglé” (rider, teaser, snow y cosas así) me acuerdo de las películas de Alfredo Landa, en los tiempos de Franco, chapurreándole a las guiris en Torremolinos palabras en franchute, que era lo que se llevaba entonces, mientras hacía un ridículo tremendo queriendo parecer lo que no era. También me acuerdo de la gente de mi pueblo cuando volvía de Madrid hablando en plan fino, con muchas eses, intentando hacerse los elegantes, cuando lo único que conseguían así era hacerse los pedantes. Que no os engañen tíos, renegar de los orígenes de uno, de su cultura, de la lengua de sus padres, solo puede esconder complejos, estupidez o ignorancia. O las tres cosas.
Lo cachondo del asunto es que en EEUU, por poner un ejemplo de exponente mundial en esquí moderno, nuestro idioma les suena la mar de exótico y atractivo, y por eso a mil productos les ponen nombres en español o grupos como Offspring, por citar uno de tantos, meten siempre alguna cuñita hispana en las letras de sus canciones. Mi hermano y yo tenemos una bici fabricada en California que se llama “El conquistador de montañas” (así, como suena) y lleva unos frenos, también norteamericanos, que se llaman “El Camino”. Si escriben ustedes un correo electrónico a la fábrica y les preguntan por qué todas sus bicis tienen el nombre en castellano les contestarán, con un poco de guasa, que allí se ha hablado ese idioma durante más de trescientos años, y que el inglés apenas lleva ciento cincuenta, lo cual es verdad. Lo alucinante es que el mensaje te lo escribe un yanqui de veinticinco años más rubio y más blanco que la leche, orgulloso - o al menos consciente - del origen hispano de la cultura occidental su tierra.
Nosotros, sin embargo, nos ponemos que no cagamos con cualquier palabreja en inglés. A veces es inevitable, por supuesto, ya que la lengua es algo vivo y evoluciona tomando préstamos de aquí y de allí, enriqueciéndose con palabras que expresan mejor algunas cosas que el idioma propio; pero una cosa es usar de vez en cuando alguna voz extranjera y otra muy distinta hacer el papanatas, como Alfredo Landa en las pelis de la transición o como el primo cateto recién llegado de la capital.
Y, en fin, miles de guiris queriendo aprender y hablar el idioma que compartimos más de cuatrocientos millones de hispanoparlantes y nosotros a contracorriente, haciendo bueno eso tan español de avergonzarse de lo propio y postrarse ante lo ajeno. A lo mejor es solo una moda sin importancia; o a lo mejor tiene algo que ver con los complejos, la estupidez o la ignorancia. O con las tres cosas. Yo, personalmente, juas, juas, es por estas tres últimas por lo que uso a veces tantas palabrejas.
Carolo © 2007

