
Una de las clásicas discusiones del foro de técnica trataba de esclarecer las razones por las que un esquí puede comportarse de manera inestable. Varias de las respuestas sugerían que podría tratarse de una mala alineación de las botas y los esquís con las extremidades inferiores, lo que suele tener unas consecuencias muy negativas sobre el rendimiento. Hoy vamos a tratar de analizar un poco este problema.

La semana pasada hablábamos de simplificar a la hora de explicar qué hacemos al esquiar, y decíamos que basta con poner presión y quitar presión para llevar a cabo multitud de gestos muy complejos. Bien, hoy toca extendernos un poco más sobre cómo se regula esa presión de la que hablábamos.

El esquí es una cosa complicada, todos lo sabemos, por eso no está de más simplificar y tratar de centrarnos en términos lo más fáciles posibles. En los cursos que impartía para los guías de la Escuela Catalana de Alta Montaña, todo giraba alrededor de dos conceptos: aliarse con la fuerza de la gravedad y, una vez que estamos en equilibrio, simplemente, poner presión y quitar presión a los esquís. Así de simple.

El año pasado estuve trabajando los fines de semana en el Club de Esquí Virgen de las Nieves, donde arrancamos un programa de entrenamiento para adultos que, aunque sin pretensiones competitivas, tuvo bastante éxito... Si nos fijamos en el resto de Europa o en Norteamérica, los programas MASTER suelen tener casi tantos (a veces más) integrantes como los de infantiles o juveniles; no estaría de más añadir este producto a la oferta de los clubes y, por parte de los aficionados mayores de 30 años, plantearse el tomar parte de uno de estos grupos que entrenan y se divierten cada fin de semana bajo un plan de instrucción.

Ayer tuve la suerte de que cayera en mis manos el nuevo libro de Robert, Técnica y pedagogía del Esquí Alpino. Sin duda, un magnífico, riguroso y completo trabajo sobre la progresión de la enseñanza. El libro, además de todo lo relacionado con lo que promete su título, contiene interesantes reflexiones sobre la enseñanza y el aprendizaje de esquí. Aunque aún no me ha dado tiempo a leerlo, seguro que va a ser un trabajo que no pueda faltar en la biblioteca de cualquier aficionado y de todos los profesores.
Seguimos hoy analizando el derrapaje como recurso - cuando las circunstancias lo requieren- para esquiar con mayor eficacia y seguridad. Algunos de los comentarios del anterior artículo ya sugerían algo de lo que vamos a hablar hoy: las diferentes formas de derrapar y de aplicar esto a nuestro esquí libre o a los trazados. Con un derrapaje vamos a conseguir fundamentalmente tres cosas distintas que nos pueden ayudar durante el descenso: una frenada momentánea, un cambio de dirección o, finalmente, un cambio de altura (bajada) en la línea que llevamos. Para clasificar estos tres recursos tácticos tendremos también que poner "apellido" a cada tipo de derrapaje: así, distinguiremos entre derrapaje lateral o diagonal, derrapaje redondeado y derrapaje pivotado. En español tenemos solo el término derrapar pero, en inglés, idioma a veces (sólo a veces, je) más gráfico que el nuestro, utilizan tres palabras distintas: sliding, slipping y skidding. Aprovecharemos este artículo para explicar estos términos y sus equivalencias en cada idioma y, así, quizás comprenderemos mejor a qué se refiere el artículo de LeMaster que nos sirvió de referencia.
A petición del JEFE me dejo caer por aquí con un articulillo sobre técnica, no sin antes pedir disculpas a los sufridos y fieles lectores por mi ausencia de varios meses (la cosa está muy mala y he tenido muchos líos y trabajo). El artículo en el que estaba interesado Pepe trata sobre el derrapaje, por supuesto controlado, en la técnica moderna de competición. Ron LeMaster, del que ya hemos hablado en repetidas ocasiones en este blog, lo explica extraordinariamente en este artículo que vengo a comentar: Skid with finesse to be fast.

Con motivo de los Campeonatos del Mundo Junior de Formigal tuvimos la ocasión de entrevistar al amigo de Nes, Thomas Andersen, ski-man del equipo noruego y que fue service del propio Svindal. Es una perla de información sobre material de esquí tanto para aficionados como profesionales, donde nos desvela algunos secretos sobre ese carísimo y, a veces, desconocido y maltratado material que llevamos en los pies.
En su página web, nuestro amigo Nes hace un interesante análisis de una curva teniendo en cuenta no solo la técnica, sino también la interactuación con el medio y el terreno. Me parecen muy bienvenidas este tipo de aproximaciones que reparan en que hay muchos más elementos en el rendimiento deportivo aparte de la mera técnica. En ésta, en concreto, Nes habla de la acción y de la reacción, relacionando el comportamiento del material, el terreno y nuestra respuesta corporal.
No paro de leer en los foros que si hay que cantear, que si meter cantos, que si patatín y que si patatán. Otra leyenda urbana. Si el canteo no va unido a la presión sirve más bien de poco; a veces, es incluso perjudicial. El esquí gira, entre otras cosas, por tres razones, por el efecto direccional que le demos nosotros, por el efecto direccional que él mismo tiene (es decir, por su línea de cotas) y por la presión que se ejerce sobre ellos y que hace que se comben y adopten una curvatura. El canteo, pues, influye sólo sobre una de ellas y, sin presión, ni siquiera tiene efecto.
El solo peso de nuestro cuerpo ya ejerce algo de presión, pero esto no es suficiente en todos los casos, así que la mayoría de las veces deberemos preocuparnos más de regular la fuerza que ejercemos activamente contra el suelo (o la que ejercen las fuerzas externas) que del ángulo de canteo que estamos adoptando. Si sólo nos preocupamos de cantear, probablemente nos quedaremos retrasados; en los planos iremos la mar de bien pero, en cuanto la cosa se complique no podremos controlar nuestro vehículo.
Finalmente, diremos que eso de "meter cantos" es algo bastante confuso y que hay que explicar muy detenidamente, porque a lo largo de la curva cambia la posición en que estamos respecto del plano de la pista y, en consecuencia, el ángulo de canteo cambia, lo queramos o no. Por ejemplo, al inicio de la curva el ángulo es totalmente distinto que en la máxima pendiente o que al final de la vuelta, y esto puede ocurrir sin que hagamos absolutamente nada por meter o "sacar" los cantos, simplemente con la intención de cambiar de dirección. Pero esto ya lo explicaremos en otro articulín.
Hasta la semana que viene ¡Buenas huellas!

Siempre es bien recibido un nuevo trabajo sobre esquí. Nuestro amigo Robert Puente acaba de sacar una auténtica enciclopedia sobre nuestro querido deporte. Conociendo su trayectoria y su arraigo en el mundo de la montaña, este libro debe de ser imprescindible en nuestras estanterías ¡Enhorabuena por el parto machote, y mucha suerte!
Se suele pensar que por llevar el centro de gravedad más bajo se va a tener más estabilidad; así, mucha gente esquía muy agachada con la sensación subjetiva de que van a ir más seguros. Ello puede ser válido para un coche o una bicicleta, por ejemplo, pero en los humanos (en los bípedos en general) la cuestión no es tan sencilla, ya que nuestra estructura músculo esquelética y nuestro sentido del equilibrio están diseñados, nada menos que por la Madre Naturaleza y tras miles de años de evolución, para moverse llevando el centro de gravedad alto, y no bajo. Interesante ¿Verdad?


