Voy a contar este relato, de lo que para mí es un día de ski ideal, enlazando además cuento cosas del viaje a Aspen que hicimos en el puente de la constitución.
Pues me fui a Aspen (diréis “joder, ¡vaya un pijo!”, pero recibimos una oferta que no pudimos rechazar).
Primero, a modo de introducción, os voy a contar el día de ski ideal (ha habido alguno)
Te levantas temprano, con ganas de ir a esquiar, abres las persianas y primera alegría del día, cielo azul intenso, soleado a tope, en plena sintonía con el blanco luminoso de la nieve.
Te aseas, desayunas en cantidad porque nos espera un largo día y además si no te alimentas, te da la pájara.
Te calzas las botas, coges los esquís y vas a pistas.
Segunda alegría, pisas nieve recién caída. Es una sensación que me encanta.
Vas al remonte, no hace viento, casi no esperas (una ventaja que tiene esquiar fuera de España), te subes y vas flipando con el paisaje, laderas cubiertas por el manto blanco salpicadas por árboles (el verde de los árboles, cubierto de nieve recién caída, es foto de postal).
Llegas a la cumbre de la estación y vuelves a alucinar, la silueta de las cumbres nevadas recortandóse en el cielo azul.
Después de unos minutos admirando las vistas, comienzas a bajar suavemente, que hay que calentar, una vez entras en calor, comienza la pasión del esquí. Te deslizas por pendientes suaves con nieve recién caída (schssss, schssss) que hace que todo sea más fácil. Bajas en schuss a toda velocidad porque más adelante ves una pequeña cuesta arriba, que si no lo haces en schuss te obligaría a remar.
Canteas por pendientes difíciles, aquí no hay colchón de nieve recién caída, pero luchar por mantenerte en pie es emocionante, subidón de adrenalina. Cada vez bajas más deprisa, porque el cuerpo te lo pide. Empiezas a hacer chorraditas, un salto por aquí, un derrape por allá.
Vuelves al remonte y ahora toca pista entre árboles. Un pasadón, si para mí esquiar es una pasada, esquiar entre árboles es lo más, te paras una y otra vez cuándo puedes a mirar por dónde has bajado, la espesura de árboles a cada lado. Y en Aspen, lo normal son pistas entre árboles, porque cómo nos dijeron, el nombre de Aspen se refiere al árbol de allí.
Media mañana, el sol aprieta, has bajado bastante y apetece un refrigerio. Momento buenísimo, te vas a una terraza, te sientas repantingado en una hámaca tomando el sol, con una rubia en la mano (cerveza, porque el género femenino está muy difícil). Totalmente relajado, vuelves a la batalla.
Anochece y toca retirarse de pistas. Comienza el aprés-ski. Preparación de merienda-cena abundante, porque se ha gastado mucho, mientras revives en charla animosa con los amigos los momentos que has vivido. “¿Has visto las nubes? Daban ganas de tirarse de cabeza”, “menudo salto has hecho” “me he metido una hostia ke te cagas”,...
Cenamos y nos vamos a kopear (no mucho). Nos vamos a dormir, que mañana vuelve a tocar.
Éste, es el día 10, que no siempre es así:
Viento gélido, ventisca, niebla, pistas heladas, nieve en mal estado al final del día, te toca algunas veces pero, yo por lo menos, lo llevo bien, la nota, para mí, no baja de 8, porque el ski me encanta, a no ser que se junten todas, que entonces toca quedarse en el apartamento.
Habréis notado que la descripción del día 10 es válido para cualquier estación, así que vamos con Aspen.
ESTACIONES
Esquiamos en dos estaciones (las dos que estaban abiertas, aunque hay cuatro), Aspen y Snowmass, dónde estábamos alojados. Snowmass tiene 88 pistas con 221 km mientras Aspen tiene 76 pistas con 103 km.
Snowmass distaba 15 km de Aspen
Las cotas max-min de Snowmass son 3.753-2.619 m, las de Aspen son 3.417-2.422 m. La pista más larga de Snowmass son 6.71 km y la de Aspen es 4.8 km
La pena es que al ser principio de temporada, no tenían todas las instalaciones abiertas.
Las estaciones tenían un servicio que no he visto en Francia, es el de guardaskis al aire libre, en la base de la estación, además con la peculiaridad de que si al día siguiente quieres ir a Aspen, lo dices y allí que te lo llevan.
Tienen otro servicio, que es contar con un voluntario (suele ser gente ya jubilada, que imagino será una forma de que les salga el acceso más barato), que te enseña la estación de ski.
ALOJAMIENTO
El alojamiento, el mejor que he tenido esquiando (los alojamientos de las estaciones suelen ser pequeños para la gente que vamos, en esto de buscar lo barato en el ski es dónde más se aprovechan).
Era un chalé adosado (pero grupos de 2 o 3 adosados cómo mucho) dentro de una urbanización (la urbanización se llamaba Tamarack).
El chalé tenía 2 plantas. En la planta de abajo salón-comedor (con sofá cama), cocina americana totalmente equipada (microondas, vitro, lavavajillas, lavadora, nevera) y cuarto de baño completo. En la planta de arriba, 2 dormitorios con 2 camas cada uno y cuarto de baño completo. El salón y uno de los dormitorios contaban con simulación de chimenea a gas, que eran una gozada.
La única pega (por decir que no todo era perfecto), era que no estaba a pie de pistas, es decir, no podías salir ni llegar esquiando.
Jacuzzi
La urba contaba además con un servicio de jacuzzi al aire libre. El jacuzzi con sus vestuarios estaría a 1 minuto andando del chalé. Hacía un poquito de fresquito, cuándo ibas hacia allí, pero luego la sensación de estar bañándote en agua caliente, con nieve alrededor, se la recomiendo a todo el mundo.
Mapache
Estando un día cocinando, vimos cómo pasaba por la ventana una sombra. Abrimos la puerta para ver qué era y allí estaba, un mapache que se había acercado al olor de la comida, y que debía tener más hambre que miedo, porque hizo ademán de entrar, lo que nos obligó a cerrar la puerta.
ASPEN
Un día, por la noche, nos fuimos a la ciudad de Aspen. Decoración navideña muy bonita (todos los árboles estaban engalanados con iluminación de colores). Muchas tiendas en el centro. Buena cerveza, buenas hamburguesas y buena música en un garito en el que entramos. Bueno, lo de la hamburguesa merece mención aparte, porque los americanos, otra cosa no, pero las hamburguesas las hacen con un arte, y no las del Mcdonalds o del Burger, sino las auténticas hamburguesas, de auténtica ternera, se me hace la boca agua con volver a recordarlas.
TRANSPORTE
Hago mención al transporte, porque es una cosa que me dejó asombrado. Yo nunca había hecho transbordo (Madrid-Filadelfia y Filadelfia-Denver) en poco menos de 3 horas. Pasas el control, recoges el equipaje y lo dejas en una cinta, que ya se encargan de embarcarlo ellos (así pasó que a mi hermano le extraviaron el equipaje, pero destacar su profesionalidad, porque lo recuperó al cabo de 24 horas).
Bueno, pues el que haya llegado hasta aquí, puede ir diciendo “me merezco un birra porque he aguantado el relato de EduGoiko hasta el final,
Eso es to..., eso es to..., eso es todo amigos,
Edu
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