Algunos aspectos de la enseñanza del esquí alpino (y el snowboard)
Con este artículo justo Uslé pretende acercar aspectos didácticos y pedagógicos a los profesionales de la enseñanza, transmitiendo con un lenguaje claro y cercano sus experiencias. A este trabajo seguirán otros que trataran temas tan interesantes como los aspectos sociológicos de los deportes de invierno o Pasado, presente y futuro de la profesión de técnico en deportes de invierno, que esperamos asimismo que también sean de vuestro interés.
“La educación es lo que queda después que cada uno olvida lo que aprendió en la escuela”, Albert Einstein.
PRESENTACION
En este nuevo trabajo sobre el esquí, Justo Uslé interrumpe brevemente la biomecánica y la mecánica del esquiador, y comenta algunos aspectos de la enseñanza de los deportes de nieve que, a buen seguro, interesaran a los profesores. De esta forma, Justo nos dice que…
…”Hablar de enseñanza del esquí, ahora que empieza la temporada, lo considero más importante para el enseñante que la propia técnica. Haremos una serie de reflexiones acerca de nuestro trabajo como profesores, que ni mucho menos pretende ser un tratado de enseñanza y, estad tranquilos, que no voy con ello a volver a explicar la cuña y cosas por el estilo, simplemente, se trata de unas reflexiones que quizás algunos profesores se habrán hecho, pero puede que muchos otros estén actuando sin preguntarse muchas veces qué es lo que están haciendo. Para los primeros los siguiente les resultará entretenido, y para los segundos, vaya mi deseo de que les pueda servir de algo, al fin y al cabo no se trata más que aplicar puro sentido común".
1.- POR QUÉ LA GENTE ESQUÍA Y TOMA CLASE
Al ponerme las botas, a veces frías y húmedas, todas las mañanas, siempre me he hecho la misma pregunta, ¿cómo es posible que haya gente que tenga que pagar un pastón por esto?, ¿cómo comprender a la gente que se gasta el dinero en ponerse unas botas que hacen daño, fijarlas a un instrumento que no se controla, normalmente para caerte y volverte a levantar? Llegué a la conclusión que el esquiador era un neurótico o de otra forma no se comprendía.
La gente con la que has hablado te habrá contado que es un deporte muy bonito, que se hace en un marco espléndido que es la montaña, etc y los chicos te dirán que es “guay” y, en definitiva, algo tendrá cuando la temporada pasada han visitado nuestras veintiocho estaciones cerca de siete millones de personas.
La realidad es que el que esquía espontáneamente y, ojo, que no son todos, (algunos vienen forzados, especialmente muchos niños,) en realidad, repito, buscan el secreto que esconde deslizar. Deslizar……. Desliz……Dessss...... “escaparse en el tiempo, evadirse”. A la gente le va la velocidad, y además, ¿quién no se pone un reto? Sobre todo, cuando deslizamos nos evadimos de la vida cotidiana, olvidamos los problemas de nuestro trabajo, somos más felices, y es como una pequeña droga.
Ahora bien si el secreto está en deslizar, cuanto más mejor ¿no?, y para eso se necesita pendiente, por lo que entonces el esquiador es un consumidor de desnivel. Parémonos aquí y hagamos un pequeño cálculo: el coste de una persona durante cinco días esquiando en una estación como Sierra Nevada, el hotel, forfait, material, viaje, restauración, etc.. se acerca a los 150 euros al día; un esquiador de nivel intermedio en buenas condiciones puede hacerse 4.000 metros de desnivel diarios, es decir, que como este es el objeto de su diversión cada metro de desnivel le ha costado 0,0375 euros, cómo este hombre habrá empezado de cero y al final del primer día, y en el mejor de los casos se ha podido bajar una pista de 150 metros, el metro le ha costado ese día 0,375 euros, luego gracias al cursillo de esquí de esa semana en el que ha logrado ser esquiador de nivel intermedio ha podido rentabilizar la clase multiplicando su inversión por diez.
Resumiendo, desde que empezó a esquiar: Primer día de clase, baja 150 metros…..coste 1 euro/metro Segundo día de clase, baja 400 metros…..coste 0,375 euros/metro Quinto día de clase, baja 4.000 metros…..coste 0,0375 euros/metro.
Es difícil sacar más rentabilidad al dinero, ni Botín, que tomando una buena clase de esquí. Si ese hombre repite un par de semanas más y llega a bajar más de 8.000 metros en un día… ¡53 veces más barato el metro de desnivel que cuando empezó!
Profesores: el producto más rentable que hay para un cliente de una estación es una buena clase de esquí. Empieza la temporada, preparamos nuestro material, observamos el cielo, los mapas del tiempo, las noticias de la Estación, y empezamos a verla blanca. Esperamos la nieve y después esperamos al cliente.
2.- ¿Y CÓMO ES EL CLIENTE?
Cliente: persona que está bajo la protección de otra (RAE, en su tercera acepción)
Bajo un stress de preparación del viaje, cansado, con toda la familia ya en el coche, no encontrar el alojamiento adecuado, con prisa para sacar los forfaits para el día siguiente, alquilar el material, probarse las botas ¡HORROR!!, madrugar al día siguiente, colocarse en la cola, preguntar varias veces y al final se encuentra en la Escuela donde le envían a un lugar que desconoce junto con mucha gente para hacerle una prueba ¡TERROR!!!, prueba que llaman SELECCIÓN…… por Dios, ¿ no es posible evitar este trago?
Como en la película de Almodóvar “Hable con ella”, el interesado en principio te dirá que verdaderamente no quiere esquiar, que lo hace porque se ha empeñado su marido, su madre o el novio.
Rápidamente deduciremos que la persona no está motivada, así que vamos a dejarla que se relaje y disfrute, que aprenda “un poco” y si conseguimos al final que le vaya gustando, habremos logrado un verdadero milagro.
Y que me decís del niño que llora inconsolablemente (berrea). Si miras alrededor verás a su madre quieta, mirándole, o al padre, atento y vigilante, siendo esa la causa de que el niño quiera llamar su atención… Y la solución pasará por el “Señora, por favor, déjeme el niño a mi solo, que aquí ya me ocupo yo”.
Y que decimos de la debilidad humana, la emulación de la pareja y frente al conjunto de amigos. En una encuesta que realizó el Sindicato de Monitores franceses en el año 1975, descubrió como resultado que impresionar a alguien era la razón por la que el 75% de los adultos tomaban clase.
Durante años di clase a una señora que esquiaba francamente bien, con unas buenas condiciones físicas e intelectuales y una profesión brillante, su marido, abogado, nunca tomaba clase, esquiaba bien pero solo. Un día me tomó clase, algo que me extrañó, y la pregunta que me hizo al final de la clase me lo aclaró todo: “dime la verdad,¿a que yo esquío mejor que mi mujer?”
3.- ¿CÓMO SE APRENDE A ESQUIAR?
Que es diferente a cómo se enseña a esquiar.
Es realmente difícil acordarnos qué pasó por nuestra mente cuando aprendimos nuestros primeros pasos en el esquí. La inteligencia lamina las experiencias pasadas en busca de las soluciones actuales, pero que duda cabe que tenemos que saber, los profesores, cual es el proceso con el que una persona se hace con la técnica suficiente. La enseñanza que hemos recibido nos lo ha dado hecho, y sin explicarnos por qué, nos ha soltado toda una metodología que nosotros sin saber para qué, a su vez se la hemos soltado al cliente. Yo solo recuerdo cuando empecé el hielo, la niebla y la nieve dura, intentándome levantar y cada vez con mas problemas hasta volver a caer. La verdad, no sé como pude aprender.
“Aprender”: Acción que puede ser considerada como una modificación adaptable y duradera del comportamiento.
Los soportes teóricos para saber cómo se aprende se han tomado de la psicología experimental, y se ha llegado a la conclusión de que se aprende bajo tres mecanismos que operan en conjunto:
1.- un mecanismo de aprendizaje por la acción, cualquiera que sea la pedagogía empleada. La acción es indispensable, como la del animal que aprende a adaptarse a la situación, y la diferencia está en que el aprendizaje animal no supone la memorización, y simplemente es una abstracción del resto de las cuestiones teóricas tomándose el gesto de una acción ante una determinada circunstancia como por ejemplo, la defensa. El ser humano necesita repetir el gesto hasta automatizarlo y esto, debemos saber que tiene un límite, llegado el cual no debemos insistir más.
2.- un mecanismo de aprendizaje por observación. Al decir observación queremos decir imitación del prójimo. No es lo mismo la observación del que está aprendiendo que del que está enseñando. El primero trata de repetir el gesto del profesor, de ahí la importancia relativa de la demostración.
3.- un mecanismo de aprendizaje por transmisión oral, donde al final el alumno se aprende una pequeña lista de instrucciones que intenta realizar.
Como la capacidad de atención del niño es mucho menor que la del adulto, su enseñanza se tiene que ceñir exclusivamente a los dos primeros mecanismos.
Lo mismo que hay mecanismos para aprender, hay factores que condicionan este aprendizaje:
a.- la motivación. Aprender un deporte supone tener ganas, ya hemos hablado de ello y hay muchos factores que desmovilizan, como el cansancio físico, la mala adaptación a las condiciones de la montaña y del equipo, incluso el llevar la contraria al padre.
b.- el progreso. Hay algo que favorece la motivación como la noción de que se está progresando, adaptándose a nuevas situaciones.
Pero para que haya progreso lo primero es que el alumno se haya construido un nuevo sistema de equilibrio, y de no ser así se bloqueará y será incapaz de dar un paso. Se encuentra con los pies atados al suelo, intenta andar como ha hecho siempre y no puede, si se retrasa se cae hacia atrás, si se ladea hacia un lado se cae hacia ese lado, todo es un problema. El equilibrio está en el oído y por ahí es por donde debe trabajar el profesor, con mucha ayuda psicológica que de seguridad. “Habla con ella” y mírala a los ojos, por favor quítate las gafas, estate próximo.
Cuando enseñamos un ejercicio, para nosotros trivial, como separar los esquís tenemos que pensar que lo primero que trata de hacer el alumno adulto es localizar en qué parte del cuerpo se deben ejercitar unas acciones musculares, llamándosele a esto “proceso de disociación”, y en el caso que nos ocupa será suficiente que el alumno comprenda que para levantar el pie con el esquí paralelo al suelo es más fácil separar los esquís y posteriormente dar un paso lateral.
Cuando unimos varias acciones (no más de tres, por favor), el problema está en realizarlas en un orden determinado, es decir, primero me apoyo en los bastones, luego separo los esquís y finalmente me doy impulso hacía adelante. Esto lo llamamos “proceso de coordinación”.
Y aquí esta la dificultad. Al novato se le acumula el trabajo, ”abro el esquí, y las manos también, quiero salir adelante y me doy impulso, peor, porque me voy para atrás ….", y en este plan, a esto ,los expertos lo llaman la yuxtaposición de las acciones, e impide organizarlas en el tiempo, es decir sincronizarlas. Por favor, no les castiguen entonces con los llamados ejercicios auxiliares, no auxilian nada, es mejor tener paciencia, e ir aumentando el ritmo de la acción , y al final se producirá el resultado.
Si estas acciones las hacemos de una forma automática como un gesto único sin obligarse a concentrarse en cada uno de ellos, diremos que hemos llegado a automatizar la acción. Para ello será necesario la repetición en movimiento, y vamos, a esquiar, que de eso se trata!!!. No olvidéis una obviedad: a esquiar se aprende esquiando.
En la automatización, también existen mas fases, como un estado de concentración, en el que el alumno se fija en los gestos, y recita las recetas que le dieron, pero su concentración le hace desviar su vista a las espátulas, sin levantar la cabeza del suelo, esperando que esto le controle el deslizamiento. Una vez superada esta etapa, con vuestra ayuda, levantara la cabeza, y tomará una amplia visión del campo frontal, empezando aquí el verdadero automatismo, y a disfrutar del esquí, de los compañeros, del paisaje, etc...
Asimismo, deberemos tener en cuenta los factores que dificultan el aprendizaje. El principal es tener que construir un sistema de equilibrio nuevo, que lleva su tiempo, pero que cuando se aprende, pasa como con la bicicleta, no se olvida. Otro factor es la técnica endiablada, antinatural, que en los niveles altos, en la competición, puede ser cuestión de virtuosismo.
Esto de la técnica y su enseñanza, a la que personalmente he dedicado mucho tiempo, tiene sus problemas en el principiante, y no hay que abusar de ella, ya que puede tener efectos contraproducentes, y desde luego, evitarla como tal en los niños. Hablaremos de estos mas adelante, pues se trata de un tema interesante.
4.- EL PROFESOR DE ESQUI
Decía Cervantes del soldado, ” mucha la dureza, larga la pena , y corta la paga..”, y algo así podíamos decir con respecto a nuestra profesión, pero sin embargo, las satisfacciones , que son muchas, hacen olvidar lo anterior, y si no ,¿como llevamos tanto tiempo en esto?.
Enseñar es transmitir, y para esto hacen falta dos cosas: que el receptor (el cliente) esté receptivo y quiera aprender, y que el transmisor (el profesor) sea comunicativo, quiera enseñar. Por supuesto, el código de transmisión que empleen ambos deberá ser el mismo. Así de sencillo.
Por ello, el profesor ha de estudiar al cliente, captar su interés, y enseñar lo que esté necesitando, aunque no lo diga, en lugar de soltarle el rollo de la cuña a la primera de cambio; cuantos buenos ratos podríamos facilitar, y enseñar mejor, con un poco de psicología.
Para captar el interés del alumno, el contacto es fundamental. Cada profesor tiene sus maneras, algunos disfrutan con el trato cercano en especial las profesoras infantiles cuando reciben a los niños. ¡Que placer contemplarlo, el cariño con que les acogen, como toman su manita y les ayudan con los esquís!.
Hay otros mas expeditivos, y se ahorran el tramite, quedando el alumno perplejo; un poco de cordialidad, hombre, no tengas prisa, como decía mi amigo (Qepd) Paco Rabal en su interpretación de Juncal, “las prisas son para los delincuentes y los malos toreros”.
Mirad que escena: me encuentro en el punto de encuentro, un “profesor” sale con una clase particular de un señor y apenas le mira; vámonos, le dice, y se dirige a un telesilla. El señor le sigue, yo le observo y veo que no tiene nivel para coger el remonte, me quedo preocupado, pensando que hará para bajarlo. No hubo problema, apareció el señor, poco después…en moto.
La presencia del profesor, se ha DE NOTAR, desde el primer momento, desde su presentación ha de ser estimulante para la jornada que se avecina, con el uniforme limpio, afeitado, en buena forma física, con educación e inmediatez, sin lejanía, reconfortando al grupo, dando a entender que haber venido a esquiar , y tomar una clase, no ha sido mala idea, si no todo lo contrario.
Sus cualidades más importantes, han de ser:
Competencia técnica, bagaje y conocimiento técnico, sus herramientas de trabajo han de ser amplias, con cierta cultura general y formación. Reconocida experiencia, habilidad para desenvolverse ante cualquier situación imprevista. Si difícil es enseñar lo que se domina, imaginemos lo que debe ser enseñar lo que no se sabe: directamente sería una estafa.
La vocación de enseñante es importante, y el deseo de comunicar y el placer que produce, darán estimulo al alumno. Aquí va implícita una cualidad importante del profesor, la de animador, lo que supone un dinamismo constante, una búsqueda de situaciones diversas que activen al grupo. La característica más importante del profesor yo la resumiría como la disponibilidad que se tiene para los alumnos, siendo clave disponer del profesor, de forma activa, y no que el profesor disponga de los alumnos de forma pasiva pues, de este modo no colaboraran, perdiéndose el interés. Hay que saber motivar, querido.
La actitud del profesor en su trabajo, juega una parte importante del éxito, y por ello debe mantener una especie de benevolencia, para saber escuchar, y en todo caso, como he dicho, animar. Los aprendizajes deportivos, a veces son un poco frustrantes, se dan errores que provocan caídas, y puede parecer ridículo y para el alumno, incluso, una pequeña vejación por no saberlo hacer, y ver que otros lo hacen. Esto de por si es suficiente sanción como para que el profesor critique al alumno, y no lo ayude Siempre ha de tomar una actitud que levante el animo, ser benevolente, y no un tirano.
La otra actitud importante es la de observación. Practico el golf, y he tenido que recibir clases, como todo el mundo. La gran diferencia que observo entre un profesor de golf y otro de esquí, es la actitud permanente de observación del profesor de golf. Cada golpe es analizado, sus causas y sus consecuencias, corrigiendo sobre la marcha, no hay una tabla rígida de progresión, como se propone en el esquí al alumno desde el primer día, es más elástica, basada en el efecto éxito – fracaso, que tan buenos resultados finales proporciona.
Cada movimiento del alumno ha de ser analizado, de forma que este comprenda en tiempo real su error, para que corrija. Una vez pasada la demostración del alumno, este se ha olvidado porque lo ha hecho mal, y de nada sirve la corrección si pasa mucho tiempo.
El profesor siempre ha de permanecer atento a lo que se esta haciendo, de forma personalizada, dando confianza.
Hablemos ahora de la autoridad del profesor: no olvidar jamás, que el profesor representa siempre un modelo de comportamiento técnico y humano, que el alumno tratará de imitar. El impacto de lo que haga y diga el profesor es importante, muy importante en la imagen que tiene el alumno de el, eso es lo que le da autoridad, crea atención y confianza en lo que dice, y en los niños les crea, verdadera devoción. Esta autoridad es necesaria en el curso del aprendizaje pero ha de ser ejercida puntualmente, no de forma permanente, que hará la clase plomiza, académica, un rollo, vamos, muy lejos de la animación que ha de tener la práctica de este deporte. El profesor deberá conocer los límites de su poder frente al alumno, y utilizarlos solamente en los casos de seguridad, con esta no se juega.

En definitiva: la autoridad no se debe imponer, viene sola.
5.- UNA SESION DE ESQUI, Y UNA CLASE DE ESQUI
Que no es lo mismo. La clase puede ser independiente, pero mejor será si va acompañada de una sesión de esquí, es decir si va incluida en el tiempo que el profesor dedica al alumno. De esta forma habrá mas tiempo para practicar, corregir y disfrutar de tres horas de esquí es magnífico.
El tiempo se mide sobre todo con la cantidad de esquí realizado, evitando los tiempos muertos, en colas de remontes o paradas innecesarias. La sesión tiene que ser muy dinámica, variando los escenarios y los ejercicios, pero para no cometer errores graves en atención a la seguridad hay que tener presente los biorritmos de cualquier sesión deportiva existiendo tres etapas: una de final de calentamiento, otra de máxima actividad, y una amortiguación de la tensión.
La sesión ha de empezar con una puesta en forma y si son principiantes, el mejor calentamiento es andar hacia un punto de reunión, buscando el sitio donde daremos la clase, el DÓNDE, con una marcha a pie, ayudando a llevar el material a la señora mayor o a niños muy cansados; esto hay que hacerlo también para los esquiadores intermedios, aunque aquí lo mejor será una pequeña y fácil bajada, despacio, tanteando el terreno, el estado de la nieve, chequeando el material, si las botas están bien ajustadas, etc.. Desde el momento que el profesor observe detenidamente a los alumnos, defina el nivel de cada uno y sus ventajas e inconvenientes para el aprendizaje, ya puede arrancar un plan de trabajo. Si los alumnos son más expertos bastará con unas sesiones de estiramientos, para continuar con unas bajadas largas controladas y continuas. Repito, la cantidad de esquí y evitar los tiempos muertos es lo más importante en una clase.
Las etapas didácticas se hacen intercalando momentos dentro de la sesión y estos instantes los adivinamos al encontrar el terreno idóneo para el ejercicio que queremos hacer, la tranquilidad y la seguridad del sitio en cuestión. En la etapa de máxima actividad no se debe de dar tregua, y a la más mínima señal de fatiga debe empezar el declive, para ir buscando la relajación y al final, todos tranquilos a casa.
Lo más importante es que no haya habido ningún percance, que el alumno haya disfrutado de la sesión de esquí y se encuentre cansado, con lo que dormirá bien y esperará la clase del día siguiente con alegría. Si no ha sido así, si el esquiador no ha hecho esfuerzo, lo hará a la noche, probablemente saliendo de farra…….. y a la mañana siguiente se levantará tarde, sin ganas, es posible que pierda la clase y echará la culpa de su fracaso al profesor por no haberle esperado.
Si hay un biorritmo diario también lo hay semanal, las estadísticas de las clínicas de las estaciones son muy elocuentes, y es curioso, pero suceden más accidentes los días impares, que pensándolo bien es lógico puesto que el primer día se esté frío y desentrenado, el segundo se coge el ritmo pero cansado, y el tercero está bajo, el último el quinto día quiere aprovechar y después de la clase hacer una demostración a sus amigos de lo que ha aprendido… y a la clínica.
La lección es algo del tiempo que dedicamos al estudio de un movimiento, por lo tanto es una situación que pedagógicamente está definida por el análisis del movimiento, siendo la más tradicional en la enseñanza del esquí, donde hay algo diferente del concepto clásico. Se nos ha enseñado que al final esto es como la instrucción militar, algo así como una tabla de ejercicios para hacer la instrucción; y esto, no es así. Es cierto que cada lección tiene como fin fundamental enseñar algo a los alumnos pero también busca perfeccionar un gesto que se está en trance de adquirir. Por lo tanto hay que evitar caer en el perfeccionismo. Cada gesto del esquiador, cada movimiento, es un elemento que le permite ir más lejos en la adquisición de SU TECNICA, insisto en lo de SU, porque cada alumno tiene su propia técnica, y por lo tanto hay que ser elástico con el concepto de ejercicio que los profesores hemos aprendido. No es lo mismo un giro en cuña mediante el desarrollo del efecto direccional del esquí exterior con rotación de cadera y pie adelante del profesional, que un giro derrapado que haga cambiar la dirección de la bajada del alumno que en definitiva es lo que se pretende.
Por otra parte el ejercicio debe apoyarse en conocimientos adquiridos anteriormente, que en caso de un éxito rápido hay que saber explotarlo, ejercitándolo en bajadas continuas en esta nueva situación.
Hay dos momentos clásicos en la enseñanza, el de la explicación y el de la demostración. En el primero se ha llegado a hacer una especie de cátedra aburrida sobre lo que el profesor sabe de técnica , algo que no le interesa a nadie, y en lo segundo una demostración perfecta constituye la prueba de la distancia que separa al profesor del alumno, algo que éste interpretará como aquello que no logrará nunca. Los movimientos del profesor deberán ser correctos, pero al nivel del alumno, para que éste lo pueda asimilar e intentar repetir. El profesor no ha de estar muy alejado del alumno, no es Dios, es sencillamente su profesor.
Donde más queda demostrada la capacidad de un profesor y su capacidad docente es con los principiantes. Aquí las ayudas verbales, las psicológicas y en definitiva, quitarle drama al asunto, siendo el objetivo fundamental. Los conceptos técnicos sobran totalmente. Hablarle de la fuerza centrífuga a un principiante que está intentando entrar en la cuña es como explicarle el manejo del GPS al que está aprendiendo a montar en bicicleta.
Esta persona lo que necesita es que se la eche una mano, así de claro, y esa mano puede ser quitarse uno las gafas y los bastones, ponerse junto a ella casi de frente y tomarla de la mano de la que queremos que ejecute el giro. Si la miramos fijamente a los ojos, si nuestra voz es cálida y persuasiva, la persona habrá dado el giro, su primer giro. No olvidemos que el arte de enseñar es el arte de la seducción.
Justo Uslé Álvarez. justo.usle@terra.es
PRESENTACION
En este nuevo trabajo sobre el esquí, Justo Uslé interrumpe brevemente la biomecánica y la mecánica del esquiador, y comenta algunos aspectos de la enseñanza de los deportes de nieve que, a buen seguro, interesaran a los profesores. De esta forma, Justo nos dice que…
…”Hablar de enseñanza del esquí, ahora que empieza la temporada, lo considero más importante para el enseñante que la propia técnica. Haremos una serie de reflexiones acerca de nuestro trabajo como profesores, que ni mucho menos pretende ser un tratado de enseñanza y, estad tranquilos, que no voy con ello a volver a explicar la cuña y cosas por el estilo, simplemente, se trata de unas reflexiones que quizás algunos profesores se habrán hecho, pero puede que muchos otros estén actuando sin preguntarse muchas veces qué es lo que están haciendo. Para los primeros los siguiente les resultará entretenido, y para los segundos, vaya mi deseo de que les pueda servir de algo, al fin y al cabo no se trata más que aplicar puro sentido común".
1.- POR QUÉ LA GENTE ESQUÍA Y TOMA CLASE
Al ponerme las botas, a veces frías y húmedas, todas las mañanas, siempre me he hecho la misma pregunta, ¿cómo es posible que haya gente que tenga que pagar un pastón por esto?, ¿cómo comprender a la gente que se gasta el dinero en ponerse unas botas que hacen daño, fijarlas a un instrumento que no se controla, normalmente para caerte y volverte a levantar? Llegué a la conclusión que el esquiador era un neurótico o de otra forma no se comprendía.
La gente con la que has hablado te habrá contado que es un deporte muy bonito, que se hace en un marco espléndido que es la montaña, etc y los chicos te dirán que es “guay” y, en definitiva, algo tendrá cuando la temporada pasada han visitado nuestras veintiocho estaciones cerca de siete millones de personas.
La realidad es que el que esquía espontáneamente y, ojo, que no son todos, (algunos vienen forzados, especialmente muchos niños,) en realidad, repito, buscan el secreto que esconde deslizar. Deslizar……. Desliz……Dessss...... “escaparse en el tiempo, evadirse”. A la gente le va la velocidad, y además, ¿quién no se pone un reto? Sobre todo, cuando deslizamos nos evadimos de la vida cotidiana, olvidamos los problemas de nuestro trabajo, somos más felices, y es como una pequeña droga.
Ahora bien si el secreto está en deslizar, cuanto más mejor ¿no?, y para eso se necesita pendiente, por lo que entonces el esquiador es un consumidor de desnivel. Parémonos aquí y hagamos un pequeño cálculo: el coste de una persona durante cinco días esquiando en una estación como Sierra Nevada, el hotel, forfait, material, viaje, restauración, etc.. se acerca a los 150 euros al día; un esquiador de nivel intermedio en buenas condiciones puede hacerse 4.000 metros de desnivel diarios, es decir, que como este es el objeto de su diversión cada metro de desnivel le ha costado 0,0375 euros, cómo este hombre habrá empezado de cero y al final del primer día, y en el mejor de los casos se ha podido bajar una pista de 150 metros, el metro le ha costado ese día 0,375 euros, luego gracias al cursillo de esquí de esa semana en el que ha logrado ser esquiador de nivel intermedio ha podido rentabilizar la clase multiplicando su inversión por diez.
Resumiendo, desde que empezó a esquiar: Primer día de clase, baja 150 metros…..coste 1 euro/metro Segundo día de clase, baja 400 metros…..coste 0,375 euros/metro Quinto día de clase, baja 4.000 metros…..coste 0,0375 euros/metro.
Es difícil sacar más rentabilidad al dinero, ni Botín, que tomando una buena clase de esquí. Si ese hombre repite un par de semanas más y llega a bajar más de 8.000 metros en un día… ¡53 veces más barato el metro de desnivel que cuando empezó!
Profesores: el producto más rentable que hay para un cliente de una estación es una buena clase de esquí. Empieza la temporada, preparamos nuestro material, observamos el cielo, los mapas del tiempo, las noticias de la Estación, y empezamos a verla blanca. Esperamos la nieve y después esperamos al cliente.
2.- ¿Y CÓMO ES EL CLIENTE?
Cliente: persona que está bajo la protección de otra (RAE, en su tercera acepción)
Bajo un stress de preparación del viaje, cansado, con toda la familia ya en el coche, no encontrar el alojamiento adecuado, con prisa para sacar los forfaits para el día siguiente, alquilar el material, probarse las botas ¡HORROR!!, madrugar al día siguiente, colocarse en la cola, preguntar varias veces y al final se encuentra en la Escuela donde le envían a un lugar que desconoce junto con mucha gente para hacerle una prueba ¡TERROR!!!, prueba que llaman SELECCIÓN…… por Dios, ¿ no es posible evitar este trago?
Como en la película de Almodóvar “Hable con ella”, el interesado en principio te dirá que verdaderamente no quiere esquiar, que lo hace porque se ha empeñado su marido, su madre o el novio.
Rápidamente deduciremos que la persona no está motivada, así que vamos a dejarla que se relaje y disfrute, que aprenda “un poco” y si conseguimos al final que le vaya gustando, habremos logrado un verdadero milagro.
Y que me decís del niño que llora inconsolablemente (berrea). Si miras alrededor verás a su madre quieta, mirándole, o al padre, atento y vigilante, siendo esa la causa de que el niño quiera llamar su atención… Y la solución pasará por el “Señora, por favor, déjeme el niño a mi solo, que aquí ya me ocupo yo”.
Y que decimos de la debilidad humana, la emulación de la pareja y frente al conjunto de amigos. En una encuesta que realizó el Sindicato de Monitores franceses en el año 1975, descubrió como resultado que impresionar a alguien era la razón por la que el 75% de los adultos tomaban clase.
Durante años di clase a una señora que esquiaba francamente bien, con unas buenas condiciones físicas e intelectuales y una profesión brillante, su marido, abogado, nunca tomaba clase, esquiaba bien pero solo. Un día me tomó clase, algo que me extrañó, y la pregunta que me hizo al final de la clase me lo aclaró todo: “dime la verdad,¿a que yo esquío mejor que mi mujer?”
3.- ¿CÓMO SE APRENDE A ESQUIAR?
Que es diferente a cómo se enseña a esquiar.
Es realmente difícil acordarnos qué pasó por nuestra mente cuando aprendimos nuestros primeros pasos en el esquí. La inteligencia lamina las experiencias pasadas en busca de las soluciones actuales, pero que duda cabe que tenemos que saber, los profesores, cual es el proceso con el que una persona se hace con la técnica suficiente. La enseñanza que hemos recibido nos lo ha dado hecho, y sin explicarnos por qué, nos ha soltado toda una metodología que nosotros sin saber para qué, a su vez se la hemos soltado al cliente. Yo solo recuerdo cuando empecé el hielo, la niebla y la nieve dura, intentándome levantar y cada vez con mas problemas hasta volver a caer. La verdad, no sé como pude aprender.
“Aprender”: Acción que puede ser considerada como una modificación adaptable y duradera del comportamiento.
Los soportes teóricos para saber cómo se aprende se han tomado de la psicología experimental, y se ha llegado a la conclusión de que se aprende bajo tres mecanismos que operan en conjunto:
1.- un mecanismo de aprendizaje por la acción, cualquiera que sea la pedagogía empleada. La acción es indispensable, como la del animal que aprende a adaptarse a la situación, y la diferencia está en que el aprendizaje animal no supone la memorización, y simplemente es una abstracción del resto de las cuestiones teóricas tomándose el gesto de una acción ante una determinada circunstancia como por ejemplo, la defensa. El ser humano necesita repetir el gesto hasta automatizarlo y esto, debemos saber que tiene un límite, llegado el cual no debemos insistir más.
2.- un mecanismo de aprendizaje por observación. Al decir observación queremos decir imitación del prójimo. No es lo mismo la observación del que está aprendiendo que del que está enseñando. El primero trata de repetir el gesto del profesor, de ahí la importancia relativa de la demostración.
3.- un mecanismo de aprendizaje por transmisión oral, donde al final el alumno se aprende una pequeña lista de instrucciones que intenta realizar.
Como la capacidad de atención del niño es mucho menor que la del adulto, su enseñanza se tiene que ceñir exclusivamente a los dos primeros mecanismos.
Lo mismo que hay mecanismos para aprender, hay factores que condicionan este aprendizaje:
a.- la motivación. Aprender un deporte supone tener ganas, ya hemos hablado de ello y hay muchos factores que desmovilizan, como el cansancio físico, la mala adaptación a las condiciones de la montaña y del equipo, incluso el llevar la contraria al padre.
b.- el progreso. Hay algo que favorece la motivación como la noción de que se está progresando, adaptándose a nuevas situaciones.
Pero para que haya progreso lo primero es que el alumno se haya construido un nuevo sistema de equilibrio, y de no ser así se bloqueará y será incapaz de dar un paso. Se encuentra con los pies atados al suelo, intenta andar como ha hecho siempre y no puede, si se retrasa se cae hacia atrás, si se ladea hacia un lado se cae hacia ese lado, todo es un problema. El equilibrio está en el oído y por ahí es por donde debe trabajar el profesor, con mucha ayuda psicológica que de seguridad. “Habla con ella” y mírala a los ojos, por favor quítate las gafas, estate próximo.
Cuando enseñamos un ejercicio, para nosotros trivial, como separar los esquís tenemos que pensar que lo primero que trata de hacer el alumno adulto es localizar en qué parte del cuerpo se deben ejercitar unas acciones musculares, llamándosele a esto “proceso de disociación”, y en el caso que nos ocupa será suficiente que el alumno comprenda que para levantar el pie con el esquí paralelo al suelo es más fácil separar los esquís y posteriormente dar un paso lateral.
Cuando unimos varias acciones (no más de tres, por favor), el problema está en realizarlas en un orden determinado, es decir, primero me apoyo en los bastones, luego separo los esquís y finalmente me doy impulso hacía adelante. Esto lo llamamos “proceso de coordinación”.
Y aquí esta la dificultad. Al novato se le acumula el trabajo, ”abro el esquí, y las manos también, quiero salir adelante y me doy impulso, peor, porque me voy para atrás ….", y en este plan, a esto ,los expertos lo llaman la yuxtaposición de las acciones, e impide organizarlas en el tiempo, es decir sincronizarlas. Por favor, no les castiguen entonces con los llamados ejercicios auxiliares, no auxilian nada, es mejor tener paciencia, e ir aumentando el ritmo de la acción , y al final se producirá el resultado.
Si estas acciones las hacemos de una forma automática como un gesto único sin obligarse a concentrarse en cada uno de ellos, diremos que hemos llegado a automatizar la acción. Para ello será necesario la repetición en movimiento, y vamos, a esquiar, que de eso se trata!!!. No olvidéis una obviedad: a esquiar se aprende esquiando.
En la automatización, también existen mas fases, como un estado de concentración, en el que el alumno se fija en los gestos, y recita las recetas que le dieron, pero su concentración le hace desviar su vista a las espátulas, sin levantar la cabeza del suelo, esperando que esto le controle el deslizamiento. Una vez superada esta etapa, con vuestra ayuda, levantara la cabeza, y tomará una amplia visión del campo frontal, empezando aquí el verdadero automatismo, y a disfrutar del esquí, de los compañeros, del paisaje, etc...
Asimismo, deberemos tener en cuenta los factores que dificultan el aprendizaje. El principal es tener que construir un sistema de equilibrio nuevo, que lleva su tiempo, pero que cuando se aprende, pasa como con la bicicleta, no se olvida. Otro factor es la técnica endiablada, antinatural, que en los niveles altos, en la competición, puede ser cuestión de virtuosismo.
Esto de la técnica y su enseñanza, a la que personalmente he dedicado mucho tiempo, tiene sus problemas en el principiante, y no hay que abusar de ella, ya que puede tener efectos contraproducentes, y desde luego, evitarla como tal en los niños. Hablaremos de estos mas adelante, pues se trata de un tema interesante.
4.- EL PROFESOR DE ESQUI
Decía Cervantes del soldado, ” mucha la dureza, larga la pena , y corta la paga..”, y algo así podíamos decir con respecto a nuestra profesión, pero sin embargo, las satisfacciones , que son muchas, hacen olvidar lo anterior, y si no ,¿como llevamos tanto tiempo en esto?.
Enseñar es transmitir, y para esto hacen falta dos cosas: que el receptor (el cliente) esté receptivo y quiera aprender, y que el transmisor (el profesor) sea comunicativo, quiera enseñar. Por supuesto, el código de transmisión que empleen ambos deberá ser el mismo. Así de sencillo.
Por ello, el profesor ha de estudiar al cliente, captar su interés, y enseñar lo que esté necesitando, aunque no lo diga, en lugar de soltarle el rollo de la cuña a la primera de cambio; cuantos buenos ratos podríamos facilitar, y enseñar mejor, con un poco de psicología.
Para captar el interés del alumno, el contacto es fundamental. Cada profesor tiene sus maneras, algunos disfrutan con el trato cercano en especial las profesoras infantiles cuando reciben a los niños. ¡Que placer contemplarlo, el cariño con que les acogen, como toman su manita y les ayudan con los esquís!.
Hay otros mas expeditivos, y se ahorran el tramite, quedando el alumno perplejo; un poco de cordialidad, hombre, no tengas prisa, como decía mi amigo (Qepd) Paco Rabal en su interpretación de Juncal, “las prisas son para los delincuentes y los malos toreros”.
Mirad que escena: me encuentro en el punto de encuentro, un “profesor” sale con una clase particular de un señor y apenas le mira; vámonos, le dice, y se dirige a un telesilla. El señor le sigue, yo le observo y veo que no tiene nivel para coger el remonte, me quedo preocupado, pensando que hará para bajarlo. No hubo problema, apareció el señor, poco después…en moto.
La presencia del profesor, se ha DE NOTAR, desde el primer momento, desde su presentación ha de ser estimulante para la jornada que se avecina, con el uniforme limpio, afeitado, en buena forma física, con educación e inmediatez, sin lejanía, reconfortando al grupo, dando a entender que haber venido a esquiar , y tomar una clase, no ha sido mala idea, si no todo lo contrario.
Sus cualidades más importantes, han de ser:
Competencia técnica, bagaje y conocimiento técnico, sus herramientas de trabajo han de ser amplias, con cierta cultura general y formación. Reconocida experiencia, habilidad para desenvolverse ante cualquier situación imprevista. Si difícil es enseñar lo que se domina, imaginemos lo que debe ser enseñar lo que no se sabe: directamente sería una estafa.
La vocación de enseñante es importante, y el deseo de comunicar y el placer que produce, darán estimulo al alumno. Aquí va implícita una cualidad importante del profesor, la de animador, lo que supone un dinamismo constante, una búsqueda de situaciones diversas que activen al grupo. La característica más importante del profesor yo la resumiría como la disponibilidad que se tiene para los alumnos, siendo clave disponer del profesor, de forma activa, y no que el profesor disponga de los alumnos de forma pasiva pues, de este modo no colaboraran, perdiéndose el interés. Hay que saber motivar, querido.
La actitud del profesor en su trabajo, juega una parte importante del éxito, y por ello debe mantener una especie de benevolencia, para saber escuchar, y en todo caso, como he dicho, animar. Los aprendizajes deportivos, a veces son un poco frustrantes, se dan errores que provocan caídas, y puede parecer ridículo y para el alumno, incluso, una pequeña vejación por no saberlo hacer, y ver que otros lo hacen. Esto de por si es suficiente sanción como para que el profesor critique al alumno, y no lo ayude Siempre ha de tomar una actitud que levante el animo, ser benevolente, y no un tirano.
La otra actitud importante es la de observación. Practico el golf, y he tenido que recibir clases, como todo el mundo. La gran diferencia que observo entre un profesor de golf y otro de esquí, es la actitud permanente de observación del profesor de golf. Cada golpe es analizado, sus causas y sus consecuencias, corrigiendo sobre la marcha, no hay una tabla rígida de progresión, como se propone en el esquí al alumno desde el primer día, es más elástica, basada en el efecto éxito – fracaso, que tan buenos resultados finales proporciona.
Cada movimiento del alumno ha de ser analizado, de forma que este comprenda en tiempo real su error, para que corrija. Una vez pasada la demostración del alumno, este se ha olvidado porque lo ha hecho mal, y de nada sirve la corrección si pasa mucho tiempo.
El profesor siempre ha de permanecer atento a lo que se esta haciendo, de forma personalizada, dando confianza.
Hablemos ahora de la autoridad del profesor: no olvidar jamás, que el profesor representa siempre un modelo de comportamiento técnico y humano, que el alumno tratará de imitar. El impacto de lo que haga y diga el profesor es importante, muy importante en la imagen que tiene el alumno de el, eso es lo que le da autoridad, crea atención y confianza en lo que dice, y en los niños les crea, verdadera devoción. Esta autoridad es necesaria en el curso del aprendizaje pero ha de ser ejercida puntualmente, no de forma permanente, que hará la clase plomiza, académica, un rollo, vamos, muy lejos de la animación que ha de tener la práctica de este deporte. El profesor deberá conocer los límites de su poder frente al alumno, y utilizarlos solamente en los casos de seguridad, con esta no se juega.

En definitiva: la autoridad no se debe imponer, viene sola.
5.- UNA SESION DE ESQUI, Y UNA CLASE DE ESQUI
Que no es lo mismo. La clase puede ser independiente, pero mejor será si va acompañada de una sesión de esquí, es decir si va incluida en el tiempo que el profesor dedica al alumno. De esta forma habrá mas tiempo para practicar, corregir y disfrutar de tres horas de esquí es magnífico.
El tiempo se mide sobre todo con la cantidad de esquí realizado, evitando los tiempos muertos, en colas de remontes o paradas innecesarias. La sesión tiene que ser muy dinámica, variando los escenarios y los ejercicios, pero para no cometer errores graves en atención a la seguridad hay que tener presente los biorritmos de cualquier sesión deportiva existiendo tres etapas: una de final de calentamiento, otra de máxima actividad, y una amortiguación de la tensión.
La sesión ha de empezar con una puesta en forma y si son principiantes, el mejor calentamiento es andar hacia un punto de reunión, buscando el sitio donde daremos la clase, el DÓNDE, con una marcha a pie, ayudando a llevar el material a la señora mayor o a niños muy cansados; esto hay que hacerlo también para los esquiadores intermedios, aunque aquí lo mejor será una pequeña y fácil bajada, despacio, tanteando el terreno, el estado de la nieve, chequeando el material, si las botas están bien ajustadas, etc.. Desde el momento que el profesor observe detenidamente a los alumnos, defina el nivel de cada uno y sus ventajas e inconvenientes para el aprendizaje, ya puede arrancar un plan de trabajo. Si los alumnos son más expertos bastará con unas sesiones de estiramientos, para continuar con unas bajadas largas controladas y continuas. Repito, la cantidad de esquí y evitar los tiempos muertos es lo más importante en una clase.
Las etapas didácticas se hacen intercalando momentos dentro de la sesión y estos instantes los adivinamos al encontrar el terreno idóneo para el ejercicio que queremos hacer, la tranquilidad y la seguridad del sitio en cuestión. En la etapa de máxima actividad no se debe de dar tregua, y a la más mínima señal de fatiga debe empezar el declive, para ir buscando la relajación y al final, todos tranquilos a casa.
Lo más importante es que no haya habido ningún percance, que el alumno haya disfrutado de la sesión de esquí y se encuentre cansado, con lo que dormirá bien y esperará la clase del día siguiente con alegría. Si no ha sido así, si el esquiador no ha hecho esfuerzo, lo hará a la noche, probablemente saliendo de farra…….. y a la mañana siguiente se levantará tarde, sin ganas, es posible que pierda la clase y echará la culpa de su fracaso al profesor por no haberle esperado.
Si hay un biorritmo diario también lo hay semanal, las estadísticas de las clínicas de las estaciones son muy elocuentes, y es curioso, pero suceden más accidentes los días impares, que pensándolo bien es lógico puesto que el primer día se esté frío y desentrenado, el segundo se coge el ritmo pero cansado, y el tercero está bajo, el último el quinto día quiere aprovechar y después de la clase hacer una demostración a sus amigos de lo que ha aprendido… y a la clínica.
La lección es algo del tiempo que dedicamos al estudio de un movimiento, por lo tanto es una situación que pedagógicamente está definida por el análisis del movimiento, siendo la más tradicional en la enseñanza del esquí, donde hay algo diferente del concepto clásico. Se nos ha enseñado que al final esto es como la instrucción militar, algo así como una tabla de ejercicios para hacer la instrucción; y esto, no es así. Es cierto que cada lección tiene como fin fundamental enseñar algo a los alumnos pero también busca perfeccionar un gesto que se está en trance de adquirir. Por lo tanto hay que evitar caer en el perfeccionismo. Cada gesto del esquiador, cada movimiento, es un elemento que le permite ir más lejos en la adquisición de SU TECNICA, insisto en lo de SU, porque cada alumno tiene su propia técnica, y por lo tanto hay que ser elástico con el concepto de ejercicio que los profesores hemos aprendido. No es lo mismo un giro en cuña mediante el desarrollo del efecto direccional del esquí exterior con rotación de cadera y pie adelante del profesional, que un giro derrapado que haga cambiar la dirección de la bajada del alumno que en definitiva es lo que se pretende.
Por otra parte el ejercicio debe apoyarse en conocimientos adquiridos anteriormente, que en caso de un éxito rápido hay que saber explotarlo, ejercitándolo en bajadas continuas en esta nueva situación.
Hay dos momentos clásicos en la enseñanza, el de la explicación y el de la demostración. En el primero se ha llegado a hacer una especie de cátedra aburrida sobre lo que el profesor sabe de técnica , algo que no le interesa a nadie, y en lo segundo una demostración perfecta constituye la prueba de la distancia que separa al profesor del alumno, algo que éste interpretará como aquello que no logrará nunca. Los movimientos del profesor deberán ser correctos, pero al nivel del alumno, para que éste lo pueda asimilar e intentar repetir. El profesor no ha de estar muy alejado del alumno, no es Dios, es sencillamente su profesor.
Donde más queda demostrada la capacidad de un profesor y su capacidad docente es con los principiantes. Aquí las ayudas verbales, las psicológicas y en definitiva, quitarle drama al asunto, siendo el objetivo fundamental. Los conceptos técnicos sobran totalmente. Hablarle de la fuerza centrífuga a un principiante que está intentando entrar en la cuña es como explicarle el manejo del GPS al que está aprendiendo a montar en bicicleta.
Esta persona lo que necesita es que se la eche una mano, así de claro, y esa mano puede ser quitarse uno las gafas y los bastones, ponerse junto a ella casi de frente y tomarla de la mano de la que queremos que ejecute el giro. Si la miramos fijamente a los ojos, si nuestra voz es cálida y persuasiva, la persona habrá dado el giro, su primer giro. No olvidemos que el arte de enseñar es el arte de la seducción.
Justo Uslé Álvarez. justo.usle@terra.es
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